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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-11-2016

Razones para abolir la prostitucin

Isabel Salud, Cristina Sim, Enrique Dez, Jose Luis Centella y Maite Mola
Rebelin


La violencia de gnero extrema, como es el uso y violacin de mujeres por dinero, est en contra de los derechos humanos y no debe ser considerada un trabajo que justifique su continuidad y que quienes la promueven y se benefician de ella sean considerados empresarios del sexo convirtiendo en negocio legal la violacin de mujeres y nias.

Aquellas personas a quienes importe la integridad, la salud y la seguridad y los derechos humanos de quienes son prostituidas deben apoyar las iniciativas tendentes a la abolicin de esta violencia de gnero extrema, como han hecho pases como Suecia o ms recientemente Francia.

La prostitucin no es, como se han inventado muchos hombres para justificarse, la profesin ms antigua del mundo, sino la forma de explotacin y de violencia de gnero que se invent para tener a las mujeres al servicio sexual de los hombres y que debe ser abolida. Lo que las mujeres prostituidas tienen que soportar equivale a lo que en otros contextos correspondera a la definicin aceptada de acoso y abuso sexual. El hecho de que se pague una cantidad de dinero puede transformar ese abuso en un empleo, al que se le quiere dar el nombre de trabajo sexual comercial?

Es ms, si regulamos la prostitucin como una profesin ms, cmo vamos a educar en igualdad, sabiendo que sera un posible nicho laboral futuro para nuestras hijas y compaeras de pupitre?, qu modelo de sociedad en igualdad estaremos contribuyendo a construir?

Si regulamos la prostitucin como una profesin, integrndola en la economa de mercado, estamos diciendo que esto es una alternativa aceptable para las mujeres y, por tanto, si es aceptable, no es necesario remover las causas, ni las condiciones sociales que posibilitan y determinan a las mujeres a ser prostituidas. A travs de este proceso, se refuerza la normalizacin de la prostitucin como una opcin para las pobres.

Tenemos que cambiar el foco de anlisis y centrarnos en el protagonista de esta forma de violencia de gnero que permanece oculto y casi siempre pasa desapercibido e invisibilizado. Debemos preguntarnos por qu los hombres acuden a la prostitucin actualmente? En una poca de libertad sexual como la actual, todos los estudios y resultados coinciden en que los hombres usan la prostitucin como un ejercicio de poder y sumisin sobre otra persona, con la que no tienen que tener ninguna consideracin porque la pagan y debe estar a su servicio, convirtindola en objeto de consumo. Muchos hombres, en las relaciones sociales y personales, experimentan una prdida de poder y de masculinidad, y no consiguen crear relaciones de reciprocidad y respeto. Son stos los hombres que acuden a la prostitucin, porque lo que buscan en realidad es una experiencia de dominio y sumisin. Este grupo de hombres parecen tener problemas con su sexualidad y la forma de relacionarse con el 50% del gnero humano, que creen que debe de estar a su servicio.

Es sorprendente que en pleno siglo XXI los proprostituidores sigan justificando la prostitucin como necesidad inevitable de los hombres, dado que, segn ellos, en especies que tienen reproduccin sexual, el sexo es, por razones obvias, uno de los deseos ms fuertes y ubicuos. Presuponer que la necesidad sexual masculina es una necesidad biolgica que no puede ser puesta en cuestin, similar a las necesidades de nutricin, contradice manifiestamente el hecho comprobado de que las personas, mujeres y hombres, pasan largos periodos de sus vidas sin relaciones sexuales y sin llegar al fatal desenlace que habra tenido la privacin de alimento! Esta es la concepcin del capitalismo neoliberal, donde si tienes suficiente dinero y poder, puedes elegir libremente en el mercado, en el que todo se compra, usar a otras personas para obtener suficiente sexo, o el tipo de sexo que desean.

Pero la justificacin del negocio de la violencia sobre las mujeres a travs de la violacin y uso de sus cuerpos va mucho ms all, para quienes buscan, en definitiva, justificarse. Consideran que esta violencia debe ser considerada un trabajo con mejor remuneracin y una jornada ms corta, que entraa ms habilidad e incluso un toque ms humano que ocho horas diarias en una lnea de montaje o dando vuelta hamburguesas. Parece que estos varones proprostitucin nunca han tenido que sufrir dar vueltas a hamburguesas, mientras simultneamente te violaban reiteradamente viejos babosos o psicpatas violentos, que tenan el suficiente dinero para gritarte mientras tanto que lo has elegido libremente porque esto es mucho ms fcil, so guarra. En su cabeza no comprenden que nada tiene que ver un trabajo, por muy penoso que sea, con una violacin, por muy sofisticada o adornada que se la quiera presentar como dar placer fsico y tambin apoyo emocional a personas necesitadas. Una violacin es una violacin, lo adorne como lo adorne Agamenn o su porquero.

Por eso, desde este enfoque, tenemos que afirmar categricamente que el denominado eufemsticamente intercambio consentido de sexo por dinero entre adultos, por los colectivos proprostitucin, ni es intercambio, ni es consentido, ni es sexo y, cada vez de forma ms frecuente, ni siquiera es entre personas adultas.

En primer lugar, la prostitucin jams se da en condiciones de libertad; nunca es objeto de un contrato de compraventa entre personas iguales en derechos y libertades. Est sobradamente demostrado que no hay intercambio, sino ejercicio de poder y sometimiento. El que ejerce quien puede comprar y someter a sus deseos a otra persona que necesita el dinero. No hay consentimiento, pues no hay libertad ni igualdad para establecer la relacin, pues una parte es la que ejerce el poder mediante el dinero con la que compra y somete a la otra parte, que es la que se ve obligada a dejarse usar para satisfacer los deseos del otro, si quiere conseguir el dinero que necesita.

Incluso en el supuesto de que alguien declarara que elige la prostitucin de forma libre, podemos considerar una eleccin libre la explotacin y la violencia de gnero? En nombre de una concepcin del ser humano como persona, del bien comn y del respeto a los derechos humanos, la humanidad ha juzgado necesario con frecuencia poner lmites a la libertad individual (venta de rganos, esclavitud, uso abusivo de drogas, etc.), estableciendo que hay prcticas, por muy libremente que se quiera decir que se han asumido, que van en contra de los derechos humanos ms elementales. No obstante, conviene recordar que los usuarios masculinos de la prostitucin no se preocupan de saber si la prostituta se considera libre, cuestin que no les inquieta lo ms mnimo. En este sentido, no se puede desvincular el trfico de mujeres con la legalizacin de la prostitucin, porque el trfico es una consecuencia de la oferta y la demanda que rige el negocio de la prostitucin.

En segundo lugar, la prostitucin no es sexo. Porque la prostitucin, se justifique como se quiera justificar, no deja de ser una violacin reiterada, no una relacin sexual en libertad e igualdad. No se vende la actividad o el producto, como el cualquier trabajo, sino el propio cuerpo sin intermediarios. Y el cuerpo no se puede separar de la personalidad. Adems, slo alguna afortunada podr poner lmites, pero la mayora tendrn que satisfacer a los prostituidores porque pagan (un cliente a quien una prostituta le negara un acto sexual particular o una relacin sin preservativo, podr siempre alquilar a otra mujer ms necesitada que acceder a su demanda). El punto de vista segn el cual las intrusiones repetidas en el cuerpo y los actos sexuales tolerados, pero no deseados, pueden ser vividos sin perjuicio es, por lo menos, dudoso. Las mujeres han referido en numerosas ocasiones sus estrategias para terminar rpidamente con el cliente, porque si las prostitutas necesitan y desean el dinero de la prostitucin, no desean la sexualidad prostitucional que, en tanto que tal, es una forma de violacin remunerada. Solo la conciben como sexo quienes han reducido la sexualidad al tradicional modelo de genitalidad varonil, que solo piensa en satisfacer sus propios deseos, al precio que sea.

Por supuesto, el lobby empresarial que est detrs de todas estas polticas de la justificacin de la violencia sexual prostitucional, financia a algunas prostitutas para que salgan en los medios de comunicacin afirmando que lo hacen porque quieren, que nadie las obliga. Como si el hecho de que algn esclavo reclamara para s seguir sindolo, justificara que se tuviera que regular la esclavitud como nuevo trabajo y futuro nicho laboral para las y los pobres. Sin embargo, estas pocas mujeres que salen una y otra vez en todos los programas de los medios de comunicacin sobre el tema, les sirven como justificacin y coartada para afirmar constantemente que la regulacin de la prostitucin como una profesin es lo que desea la mayora de quienes lo ejercen. Es evidente que viven completamente al margen de la experiencia brutal de quienes la sufren cotidianamente y ni siquiera se han detenido a revisar las investigaciones al respecto ni los datos reales de las organizaciones que trabajan con mujeres que estn siendo prostituidas.

Detrs de quienes justifican la violacin reiterada como sexo con los discursos de la regulacin y hablan de esta violencia prostitucional como industria del sexo, casi siempre acaba apareciendo la patronal de los proxenetas. No olvidemos que a quienes beneficia realmente la regulacin de la prostitucin es, no solo a estos proxenetas que pasaran a denominarse empresarios del sexo, dndoles un bao de respetabilidad, sino tambin a las redes de trata de blancas que se convertiran en corporaciones empresariales, que cotizaran en bolsa convirtiendo en industria la violacin de casi cuatro millones de mujeres, y tambin a los clientes, puesto que esto les colocara en una situacin de normalidad.

No podemos dejar de recordar una y otra vez que hay prostitucin porque hay trfico de mujeres. Lo mismo que la esclavitud es la que gener el trfico de esclavos. Es inseparable la prostitucin del trfico. Slo quienes tienen intereses en mantener y lucrarse del trfico, justifican la prostitucin como un trabajo, claro, para las mujeres pobres.

Por eso no es de extraar que utilicen como argumento definitivo para justificar la empresarializacin de la prostitucin el econmico: el ingreso que supondra para las arcas del Estado el pago de impuestos de esta actividad profesional. Y en esto coinciden, por supuesto, los sectores ms conservadores (como el gobierno conservador de Nueva Gales del Sur de Australia o el del Partido Popular de Espaa) con los sectores ms neoliberales proprostitucin como Amnista Internacional. Convirtiendo de esta forma la violacin de mujeres en una actividad profesional amparada y justificada por un Estado proxeneta que calla porque cobra. Esta es la visin de futuro de los derechos humanos que defiende el lobby empresarial proxeneta y quienes les justifican y amparan.

La solucin pasa, no por prohibir, como plantean maniqueamente los pro-prostitucin, sino por abolir. Como lo ha hecho Suecia, o ms recientemente Francia. En primer trmino, por supuesto, pedimos que se aplique la ley y se persiga la trata y a los inductores y proxenetas que estn campando por sus fueros, los clubes, los burdeles de carretera, que todo el mundo conoce. Pero el cambio de enfoque que se pretende con la abolicin supone centrar las medidas en la erradicacin de la demanda, a travs de la denuncia, persecucin y penalizacin del prostituidor (cliente): Suecia penaliza a los hombres que compran a mujeres o nios con fines de comercio sexual, con penas de crcel de hasta 6 meses o multa, porque tipifica este delito como violencia remunerada.

En ningn caso se dirige contra las mujeres prostituidas, ni pretende su penalizacin o sancin. La novedosa lgica detrs de esta legislacin se estipula claramente en la literatura del gobierno sobre la ley: En Suecia la prostitucin es considerada como un aspecto de la violencia masculina contra mujeres, nias y nios. Es reconocida oficialmente como una forma de explotacin de mujeres, nias y nios, y constituye un problema social significativo.., la igualdad de gnero continuar siendo inalcanzable mientras los hombres compren, vendan y exploten a mujeres, nias y nios prostituyndoles. Adems otro elemento esencial de la ley sueca y de la ley francesa es que proveen amplios fondos para servicios sociales integrales dirigidos a cualquier prostituta que desee dejar esa ocupacin; tambin proveen fondos adicionales para educar al pblico para contrarrestar el histrico sesgo masculino.

La prostitucin siempre ha existido, dicen. Tambin las guerras, la tortura, la esclavitud infantil, la muerte de miles de personas por hambre. Pero esto no es prueba de legitimidad ni validez. Tenemos el deber de imaginar un mundo sin prostitucin, lo mismo que hemos aprendido a imaginar un mundo sin esclavitud, sin apartheid, sin violencia de gnero, sin infanticidio ni mutilacin de rganos genitales femeninos.

Isabel Salud es Diputada Nacional de Izquierda Unida; Cristina Sim es Secretaria General del Movimiento Democrtico de Mujeres; Enrique Dez es Presidente Estatal de la Asociacin ZeroMacho Hombres por la Abolicin de la Prostitucin; Jos Luis Centella es Secretario General del Partido Comunista de Espaa y Maite Mola es Coordinadora del rea Federal de la Mujer de Izquierda Unida.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de las autoras mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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