Portada :: Cuba :: Hasta siempre Comandante!
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-11-2016

Y en eso se fue Fidel

Santiago Alba Rico
Cuarto Poder


Ha habido que esperar al ao 2016 para que acabara el siglo XX. Ocurri ayer, cuando Fidel Castro, el Comandante inmortal de la revolucin cubana, libr y perdi su ltima batalla -como cumple a todo ser humano- a los 90 aos de edad. Desde 2006 no era ya presidente de su pas y desde 2010 tampoco mxima autoridad del ejrcito: en esa fecha se ascendi a s mismo a soldado de las ideas. Pas los ltimos aos retirado de la vida pblica leyendo peridicos sin parar, obsesionado por el destino de la humanidad como especie. A los 90 aos, genio o jardinero, ministro o camionero, uno se convierte irremediablemente en un abuelito. Con ms memoria en su cabeza que algunos ordenadores y ms historia en su cuerpo que muchas bibliotecas, Fidel tena, s, preocupaciones de abuelito planetario y, retirado del ejercicio directo del poder, volcado en sus reflexiones, haba ido alejndose de la geopoltica, cuyos arcanos manej como ningn otro estadista del siglo pasado, para concentrar toda su atencin en la amenaza nuclear, el cambio climtico y los progresos de la ciencia. La ltima vez que lo escuch en La Habana cerr su intervencin en tono apocalptico y, al mismo tiempo, combativo: Si a la Humanidad le quedan diez aos, habr que ponerse a luchar, no a llorar.

Fidel encabez una revolucin clsica del siglo XX y, en las condiciones ms adversas, mientras Amrica Latina sucumba al imperialismo estadounidense y a sus dictaduras ancilares, logr superar invasiones y bloqueos para dejar ahora, 58 aos despus, una Cuba descascarillada, pero viva, que duda entre el abandono y la revisin de su legado. Por el camino han quedado algunas contradicciones econmicas y polticas mal resueltas en medio de una historia de dificultades, alivios y tropiezos: el cepo sovitico y la crisis de los misiles, el quinquenio gris y su represin cultural (1971-1975) , el hundimiento econmico del perodo especial (1991-1994), las crisis migratorias, el providencial gobierno de Chvez en Venezuela, la doble moneda, los lineamientos econmicos que reintrodujeron en 2010 las relaciones de mercado, el retorno de miles de cubanos que haban abandonado el pas, las reformas de consecuencias imprevisibles conducidas por la misma clase dirigente que hizo la revolucin y a espaldas de esas nuevas generaciones que reclaman protagonismo, el restablecimiento -en fin- de relaciones diplomticas con EEUU, hito inseparable de muchas promesas y muchas amenazas. La gran victoria de Fidel ha sido la supervivencia de Cuba a 58 aos de acoso imperialista, una victoria rubricada en la ltima Asamblea General de las Naciones Unidas, donde por primera vez no hubo un solo voto -ni siquiera el de Washington- a favor del bloqueo. Fidel, que sobrevivi a 11 presidentes estadounidenses, ha visto cmo se debilitaba, al mismo tiempo que su salud, la hegemona mundial del gigante imperialista que ha marcado la vida, en la isla y en Miami, de varias generaciones de cubanos.

El siglo XX acab ayer y Fidel -junto con Lenin y Churchill constituye sin duda su figura ms seera e influyente. Nunca un pas tan pequeo habr dejado tanta huella en el mundo a travs de un solo hombre. Nunca un anciano superviviente en mil refriegas habr dejado a sus espaldas tanta admiracin y tanta nostalgia, como si fuera -en la estela del Che o de Camilo Cienfuegos un joven hroe precozmente muerto en la batalla. El siglo XX de la descolonizacin, de la dignidad recuperada del llamado Tercer Mundo, de las luchas anti-imperialistas, no puede entenderse sin l. Fidel es para Amrica Latina lo que Mandela para frica, lo que Ho Chi Min para Asia, lo que Nasser para el mundo rabe y, si los sobrevivi a todos ellos, su sombra se alarga tambin ms lejos. Si miramos hacia atrs desde la exacta y tramposa perspectiva de la hamaca sin tiempo, podemos sealar los errores y las limitaciones, pero nadie con un mnimo de decoro -ese sustantivo tan martiano- podr negar, repasando algunas acciones decisivas, que esas acciones estuvieron bien (como pens Dios del mundo recin creado) o que, de haber estado vivos y con conciencia en esa poca, tambin nosotros las hubiramos celebrado, acompaado o apoyado: haba que estar en el Moncada, haba que estar en Sierra Maestra, haba que estar en Playa Girn; y haba que estar, luego, en la lucha contra el apartheid en frica y en las misiones mdicas del Shara, de Venezuela o de Pakistn; y haba que estar siempre en la resistencia contra el bloqueo y sus crmenes cotidianos; y en la defensa cotidiana de la sanidad y la educacin. Con esa mampostera Fidel levant en la isla un asidero para la utopa, un rompeolas contra el imperialismo y una humansima chapuza social. Su grandeza tiene que ver con su resistencia frente a un enemigo omnipotente; y tambin con su capacidad para convertir su pequeo pas, a veces a expensas de su propia gente, en un ejemplo universal para todos los pueblos sufrientes del mundo. Sin Fidel y sin Cuba hay ciertas cosas que no se podran ni siquiera haber pensado: la legitimidad de la rebelin, la dignidad de los subalternos, la soberana de los pequeos. Ms que el Fidel real, de una astutsima inteligencia bien ceida a la orografa de la Guerra Fra, fue esta hormigueante mirada desde abajo -de los que luchaban y luchan por la soberana- la que lo convirti en una leyenda viva y, a los ojos de EEUU, en una amenaza que haba que destruir. Cuba, con su ejrcito de mdicos y su arsenal de vacunas solidarias, siempre fue mucho ms amenazadora para EEUU que al revs. Es Obama quien ha comprendido por fin -a la espera del imprevisible Trump- que unos EEUU debilitados slo pueden vencerla con turistas y no con misiles.

La victoria de Fidel, ya imborrable, es la inversin de las proporciones: la hazaa de llegar a ser el ms grande representando a los ms pequeos, el ms duradero representando a los ms frgiles. Fidel, sin embargo, tambin fracas. Su fracaso tiene que ver con la construccin fallida de un hombre nuevo que necesitara dormir y comer tan poco como l, que correra tan deprisa como l y que soportara, como l, todos los sacrificios. Buena parte del pueblo cubano lo adoraba y lo admiraba -lo adora y lo admira- pero no se parece a l. Bajo su mando Cuba construy, eso s, una vanguardia admirable de atletas morales -militantes e intelectuales- que, como me deca en una ocasin el gran periodista Enrique Ubieta, haban asumido la tarea agobiante de conciliar un ideal con la defensa de un Estado real siempre en peligro. Esa tensin es admirable, pero imposible en el tiempo, y ms en condiciones de subdesarrollo econmico y agresin exterior; y de la mano de una burocracia entrometida y vieja (en edad y en concepcin). Fidel fracas, como no poda ser de otro modo, a la hora de resolver esa paradoja eterna que el helenista marxista Luciano Canfora sealaba en uno de sus libros: el impulso revolucionario no se transmite, ni por va gentica ni por va pedaggica. Simplemente se pierde. Ya que la experiencia a lo sumo se puede explicar, pero no transmitir: es individual e irrepetible. Cuando obstinadamente se intenta prolongar por va pedaggica su vitalidad de generacin en generacin, muy pronto esa pedagoga es percibida como retrica y, por tanto, rechazada. Fidel sigui creyendo que todo era cuestin de pedagoga y de ejemplaridad y fue incapaz por eso mismo de imaginar una Cuba revolucionaria sin revolucionarios. Una Cuba revolucionaria sin tutela fundacional. Una Cuba revolucionaria sin l. Para Cuba, podemos decir, el problema ha sido paradjicamente que, en la tensin entre el Ideal y el Estado, Fidel impuso muchas veces el ideal sobre el Estado.

Despus de aguantar cincuenta aos Fidel fue el primero en darse cuenta de que lo nico que haban hecho en cincuenta aos era eso: aguantar. No es poco; y es mucho -y hasta una proeza poltica y moral- a 120 millas de Florida y en medio del naufragio del continente. Pero en su famoso discurso de noviembre de 2005 en la Universidad de la Habana Fidel se atrevi a decir lo que otros escamotebamos o amagbamos: que an no tenemos ni idea de qu es eso del socialismo. Fidel se ha muerto sin haber hecho el socialismo y sin decirnos cmo se hace el socialismo. Sabemos lo que es el capitalismo, el fascismo, el racismo, el patriarcado, pero no el socialismo. Su revolucin fue del siglo XX y no se puede repetir. Nos leg un ejemplo pero no un sistema. Deja hurfanos incluso a sus enemigos en un mundo en el que Cuba, en pleno reflujo de Amrica Latina y del planeta entero, no es ya el modelo. Lo jodido es que tampoco tenemos otro. Urge, pues, articularlo y proponerlo, recordando quizs la formulacin sinttica que precisamente un gran historiador cubano, Julio Csar Guanche, defensor hasta la crtica de su revolucin, nos propone en uno de sus libros: la posibilidad de desplazar la poltica hacia el mundo de la distribucin democrtica de la economa contra la explotacin del trabajo y contra la monopolizacin de fuentes materiales de existencia social y personal y hacia la distribucin democrtica de la propia poltica a favor de la acumulacin de poder popular ciudadano contra la acumulacin de cualquier tipo de poder burocrtico y/o mercantil. A esto lo llamo socialismo, pero otras personas pueden llamarlo simplemente democracia. En Cuba, en Espaa, en EEUU, en Siria, seguir esa senda -llammosla democracia- ser la mejor manera de recordar a Fidel y mejorar su legado. Hasta siempre, Comandante.

Santiago Alba Rico es filsofo y columnista.

Fuente: http://www.cuartopoder.es/tribuna/2016/11/26/y-en-eso-se-fue-fidel/9334

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter