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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-11-2016

Deportacin, parlisis y miedo

Higinio Polo
Rebelin


Hace tiempo que en toda Europa suenan las alarmas, y que, en muchos pases de la Unin, amplios sectores sociales observan las actitudes xenfobas, racistas e intolerantes propias de la extrema derecha, a veces, con indiferencia (como si no fuera un asunto que les afectase) y, a menudo, con simpata, asumiendo el discurso fascista que seala al extranjero, al refugiado, al pobre, como una amenaza, como un enemigo, como alguien que merece la humillacin y el castigo, la crcel o la deportacin.

La crisis econmica, con el recetario neoliberal y la poltica de austeridad y eliminacin de derechos laborales y cvicos que han impulsado la mayora de gobiernos europeos; los nuevos nacionalismos y movimientos de extrema derecha, y la ciega subordinacin de la Unin Europea a Estados Unidos, con el apoyo (abierto, resignado o tcito) a las guerras lanzadas por Washington en Oriente Medio, que han trado la crisis de los refugiados, configuran las hechos ms importantes que han hecho estallar las costuras de Europa, sumida hoy en una gravsima crisis. Porque la crisis no la han causado los atentados terroristas, a pesar de su gravedad en Copenhague, Pars, o Bruselas; ni los refugiados que llegan a Europa: ellos son una de las consecuencias de la irresponsable poltica exterior que Occidente ha impulsado.

Un somero examen de la situacin en Europa constata el reforzamiento de la extrema derecha: desde Francia, donde el Frente Nacional se ha convertido en el principal partido del pas, hasta Alemania, donde la aparicin de Pegida y de AfD (que ha obtenido buenos resultados en las recientes elecciones regionales alemanas, sobre todo en Sajonia-Anhalt), los dos pases que forman el eje de la Unin, pasando por la mayor parte del continente. La extrema derecha holandesa se ha convertido en la principal fuerza poltica del pas. En Hungra, la deriva del gobierno de Orban, con sus propuestas abiertamente xenfobas, le lleva a afirmar que quienes llegan a sus fronteras huyendo de la guerra no son refugiados, sino una amenaza para los hngaros. La pendiente hacia la extrema derecha ha llevado incluso a la Academia Hngara de Ciencias a tomar la decisin de cerrar el Archivo Lukcs en Budapest, en una muestra ms de la persecucin de los instrumentos y del imaginario de la izquierda

En Polonia, el nuevo gobierno de Beata Szydło (con Kaczyński en la trastienda), cabalga tambin el nacionalismo y el rechazo a los extranjeros, adems de intentar borrar de la historia del pas el recuerdo de los dignos brigadistas internacionales que combatieron al fascismo en Espaa. La imposicin del feroz ajuste en Grecia, con la rendicin de Syriza y Tsipras, mantiene un fuerte partido fascista, Amanecer Dorado. Incluso en Francia, la contaminacin de las txicas ideas de la extrema derecha ha llevado a Hollande a impulsar una ley que anule la nacionalidad francesa en algunos casos de terrorismo; propuesta que, en origen, lanz el Frente Nacional de Le Pen. Por su parte, el gobierno dans ha aprobado la confiscacin de bienes a los refugiados para que sean ellos mismos quienes paguen los gastos que Dinamarca tenga atendindolos. Es un robo legal, una vergenza, una ignominia que empieza a recordar el robo de los objetos de valor a los deportados protagonizado por los nazis en el infierno de la guerra de Hitler. Todos esos gobernantes, como Orban, mantienen que la oleada de refugiados slo traer delincuencia y terrorismo a Europa, y otros, como el gobierno britnico, se niegan a aceptar refugiados, al tiempo que la sesgada poltica informativa de grandes medios informativos consigue, al mismo tiempo, que una parte de los ciudadanos dirija su ira no hacia banqueros y gobernantes, cmplices de la gran estafa de la crisis econmica, sino hacia los refugiados pobres.

Organizaciones como el Partido Popular dans, el Frente Nacional francs, el Partido del Progreso noruego, el Partido Popular suizo, la Lega Nord italiana, el UKIP britnico, el Partido de los Autnticos Finlandeses, el Partido por la Libertad holands, el FP austraco, los Demcratas suecos, la Alternativa para Alemania (AfD), entre otros, atizan el miedo y la desconfianza hacia los refugiados y los inmigrantes, presionando a los gobiernos. Junto a ello, la abierta tolerancia de los gobiernos blticos (en Estonia, Letonia y Lituania) con los grupos de extrema derecha, y, algunos, abiertamente nazis, que lleva a celebrar pblicamente hechos protagonizados por el ejrcito hitleriano en la II Guerra Mundial y a organizar desfiles de los veteranos de las SS, en abierta complicidad con los gobiernos, mientras aumenta la represin contra la izquierda y contina la conculcacin de los derechos cvicos de la minora rusa en los tres pases blticos. Por no hablar, fuera de la Unin Europea, del cmplice silencio de la gran mayora de gobernantes europeos ante el horror de Kosovo, y ante la actividad de los grupos nazis y de extrema derecha en Ucrania, cuyo golpe de Estado fue inspirado por Estados Unidos y la Unin Europea, para despus apoyar al gobierno golpista de Yatseniuk y Poroshenko. La terrorfica matanza de Odessa, hace apenas dos aos, donde los nazis quemaron vivos en el edificio de los sindicatos, a decenas de personas, ni siquiera fue criticada por Washington y Bruselas, cuyos responsables frecuentaron a dirigentes de los partidos de extrema derecha fascista Svoboda y Pravy Sektor. En la Unin Europa, apenas la izquierda comunista ha denunciado la represin en Ucrania, la ignominia del golpe de Estado, la impunidad de los grupos nazis que recorren el pas. Ni la derecha, ni la socialdemocracia, ni la mayor parte de esa nueva izquierda surgida de la confusin, ha considerado importante impulsar la solidaridad antifascista con Ucrania, pese a hechos tan graves como la ilegalizacin del Partido Comunista de Ucrania. As se ha llegado a la situacin actual, donde la impunidad con que actan las organizaciones nazis hace que sean habituales hechos como los de Lviv, donde un grupo de ms de doscientos fascistas atacaron y apedrearon el hotel donde iba a celebrarse un encuentro de homosexuales.

La parlisis de la Unin Europea viene de lejos, y su silencio ante el atropello a los derechos democrticos en los nuevos miembros del Este de Europa, ha sido acompaado por la inoperancia para combatir los brotes fascistas y xenfobos en el conjunto de la Unin. Sin olvidar que sus pases miembros aceptaron que la CIA norteamericana, con la connivencia de gobiernos e instituciones europeas, organizase centros clandestinos de detencin, y a veces de tortura, en Europa: en Lituania, Rumania, Italia, Espaa, entre otros pases, los sicarios de la CIA encerraron e interrogaron brutalmente a personas detenidas en distintos pases, que fueron trasladadas ilegalmente en el marco de la lucha contra el terrorismo.

A la crisis griega y la amenaza de salida de Gran Bretaa (a la hiptesis del Grexit, se aadi el Brexit), con la suspensin prctica del acuerdo de Schengen que suprimi los controles fronterizos entre veintisis pases europeos, se aade la disolucin del proyecto federal europeo: a las tradiciones reservas nacionalistas y de partidos conservadores, se une una parte de la izquierda que apuesta por la liquidacin del euro (como en Grecia), y, tal vez, de la propia Unin, hiptesis que en el marco de una crisis econmica de la que no se vislumbra la salida, alertan de la voladura de la Unin Europea. Mejorara la suerte de los trabajadores la disolucin de la Unin Europea? Al margen de la evidencia de que la actual Europa neoliberal y las estructuras creadas desde el Tratado de Roma suponen duras hipotecas para la poblacin, y de que el debate sobre las escasas posibilidades reales de abordar su reforma en el actual escenario poltico lleva a algunas fuerzas a optar por su desmantelamiento, es muy dudoso que las fuerzas populares afrontasen unas mejores perspectivas con la desaparicin de la Unin Europea, por no hablar de que los distintos pases afrontaran una mayor, y tal vez definitiva, subordinacin ante Estados Unidos, adems de la desaparicin prctica de Europa como protagonista en las grandes cuestiones internacionales.

En las urnas y en las calles, la extrema derecha es cada vez ms visible, y, muchas veces, pasa a la accin. Las agresiones contra refugiados en Alemania, las inquietantes y vergonzosas escenas de la polica de algunos pases reprimiendo violentamente a quienes huyen de las guerras y la devastacin causada en Oriente Medio (en Siria, en Iraq, en Afganistn, en Libia, en Yemen) por Estados Unidos, con el apoyo europeo, forman parte de ese degradado paisaje moral donde se debate una agnica Unin Europea. Aquel hombre que orinaba sobre una mendiga en el puente de SantAngelo de Roma; los seguidores futbolsticos que humillaron a otros mendigos en Barcelona, o los entusiastas partidarios de un equipo de ftbol holands que se divertan lanzando monedas en la Plaza Mayor de Madrid a mujeres que pedan limosna, rindose de su pobreza, en un gesto de tan feroz inhumanidad, debe llevar a preguntarse dnde estamos, que est ocurriendo. Porque, aunque esas escenas se olvidan con rapidez, revelan que el odio y la indiferencia ante el sufrimiento ajeno han arraigado en Europa: esos seguidores del equipo de ftbol holands que humillaron a las mendigas de la plaza Mayor de Madrid, en una situacin idnea y con el poder en sus manos, se comportaran como los esbirros nazis de las SS.

Ahora, Europa, atenazada por el miedo, ha optado por un vergonzoso acuerdo con Turqua para la deportacin de los refugiados, que ha llevado a Amnista Internacional a denunciar que el convenio entre Bruselas y Ankara es una violacin histrica de los derechos humanos. Ese acuerdo con Turqua es similar al suscrito con Marruecos, y ya empieza a tener consecuencias: las patrullas costeras turcas han agredido con palos a precarias embarcaciones de refugiados que intentan llegar a las islas griegas, y la propia actitud del gobierno de Erdogan no llama, precisamente, a la tranquilidad: su exaltado nacionalismo reprime ferozmente a la poblacin kurda del Este del pas; bombardea a los kurdos sirios; es cmplice del incendio y la guerra en Siria, donde arma y financia a grupos terroristas; e influye en el conflicto entre Armenia y Azerbeijn por Nagorno Karabaj, atizando las reclamaciones azeres.

Algunos analistas advierten de que tal vez diez millones de refugiados intentarn llegar a Europa a lo largo del ao 2016, y aunque otros observadores rebajan la cifra, las perspectivas alarman a los responsables de la Unin Europea y a los gobiernos, que temen la reaccin de una parte de los ciudadanos, sin reparar en que el conjunto de la Europa comunitaria ha acogido a poco ms de un milln de personas, mientras que los pases de Oriente Medio albergan a la mayora de los refugiados: Turqua a ms de tres millones, Jordania a dos millones y medio, y el pequeo Lbano (que tiene una poblacin de cuatro millones de habitantes) a un milln y medio. La Unin Europea, que se comprometi a acoger a slo 160.000 personas, aunque ha incumplido sus compromisos, simula ignorar su responsabilidad conforme a la Convencin sobre el Estatuto de los Refugiados , firmada en Ginebra en 1951, que estipula con claridad las obligaciones de los gobiernos. Para justificar su clamoroso incumplimiento, los gobiernos europeos alegan falta de recursos, aunque eso no les ha impedido dedicar ayudas millonarios al sistema financiero, al tiempo que apretaban el dogal a la poblacin y daban prioridad a los pagos a grandes inversores y deudores sobre las necesidades de la poblacin europea ms pobre. Por fortuna, miles de voluntarios suplen con su esfuerzo la falta de atencin de los gobiernos a los refugiados, y una parte de la poblacin contribuye con ayudas, alimentos, ropa, a paliar la catstrofe humana. La Comisin Europea cree que llegada de refugiados ser uno de los asuntos determinantes para Europa en las prximas dcadas.

Ese es panorama que ha dejado la conjuncin de la crisis econmica, las guerras imperialistas norteamericanas en Oriente Medio y el acoso a las organizaciones de izquierda y sindicatos obreros en todo el continente: a la destruccin de derechos sociales y obreros dirigida por gobiernos de derecha y gabinetes socialdemcratas; a la imposicin de enormes sacrificios a la poblacin, que ha visto aumentar la explotacin y ha visto reducidos sus salarios; a la precarizacin del trabajo y la ruptura de los mecanismos de solidaridad; a la destruccin o el debilitamiento de las organizaciones obreras y de izquierda (sustituidas, a veces, por partidos que han adoptado el neoliberalismo: el ejemplo italiano con el Partido Democrtico de Renzi no es el nico) gracias a una permanente deslegitimacin impulsada desde todos los resortes del poder econmico, y, tambin, a la aparicin de nuevos partidos de confuso discurso que huyen de las tradiciones de la izquierda y que suponen, ms que la recuperacin de la iniciativa, la manifestacin del desconcierto, se aade el horizonte de un escenario poltico dominado por la derecha y la extrema derecha, como ha ocurrido en las recientes elecciones polacas, donde las hiptesis de gobierno se repartan entre la derecha de la Plataforma ciudadana de Tusk y la extrema derecha del partido Ley y Justicia (PiS) de Duda y Kaczyński. Algo similar podra ocurrir en Francia, donde la prdida de espacio social por la izquierda abre la hiptesis de un enfrentamiento entre la derecha de Fillon y la extrema derecha de Le Pen para las elecciones presidenciales de 2017. Ese reforzamiento de la extrema derecha y de los partidos fascistas, contrasta con la debilidad de la izquierda europea, inmersa en la dispersin, la ilegalizacin (el Partido Comunista de Ucrania ha sido prohibido), y con la construccin de instrumentos formalmente opositores que ni siquiera se atreven a romper de forma clara con el neoliberalismo y con las ataduras militares de Europa: la tcita aceptacin de la OTAN por Podemos es un ejemplo.

En una reciente entrevista, Perry Anderson ilustraba la aparicin de fuerzas reales o potenciales de oposicin con los ejemplos de las manifestaciones en Brasil durante las competiciones futbolsticas de 2014, con las manifestaciones de Estambul y Hong-Kong y, en Europa, con la aparicin de Podemos en Espaa. No parece que sean destacamentos relevantes, ni tan siquiera de izquierda en algunos casos, sino ms bien episodios efmeros o espejismos. Slo algunos partidos de izquierda y organizaciones progresistas trabajan para combatir el nuevo monstruo fascista que asoma en tantos lugares de Europa. La indiferencia ante el sufrimiento de los refugiados mostrado por los gobernantes europeos, las escenas de Idomeni, las risotadas de la plaza Mayor de Madrid, son un sntoma de los peligros que acechan, y que anuncian los llamamientos patriticos, los viejos y nuevos nacionalismos, el rechazo a los extranjeros, la violacin del derecho internacional y del imperativo deber de socorro a quienes huyen de la guerra de que ha hecho gala la Unin Europea, ignorando los convenios internacionales suscritos y la obligacin de respetar los derechos humanos de los refugiados.

Europa se llena de xenofobia, de centros de detencin ilegales, de policas y aduaneros, de cmaras de vigilancia, de ataques a centros de acogida, de alambradas. Europa no quiere refugiados de las guerras, mientras la extrema derecha y el fascismo cabalgan sobre el odio al diferente, al pobre. Miles de personas que huan de las guerras imperiales de Oriente Medio han muerto ahogadas, forzadas a peligrosas travesas, y seguirn muriendo mientras Europa no habilite vas legales y seguras. Las escenas de los refugiados viviendo entre el fango de los campos fronterizos griegos, los nios perdidos, las miradas de indefensin, la inhumana respuesta de Europa al sufrimiento ajeno.

Mientras el populismo y el nacionalismo vuelven a recorrer el continente, el fascismo reaparece como un indicio que no debe trivializarse porque el fanatismo asociado a tantos exaltados xenfobos y, a veces, seguidores del ftbol podra derivar rpidamente en grupos abiertamente violentos, fascistas: ya ocurri en Yugoslavia en los aos noventa, donde los primeros enfrentamientos que dieron paso a la guerra civil fueron protagonizados por los extremistas ms fanticos de los equipos de ftbol. Cuando la movilizacin de la extrema derecha europea presiona a los gobiernos y marca la agenda poltica, la izquierda se debate confusa, temerosa. Organiza la solidaridad y el combate a la xenofobia, pero la respuesta se revela dbil, incapaz, por ahora, de cambiar el escenario. La vieja receta fascista de levantar alambradas de espino en las fronteras ha sido adoptada por muchos pases europeos. La inhumana Francia de Daladier y Bonnet que encerr a decenas de miles de republicanos espaoles, que haban combatido al fascismo, entre campos de arena y cercas de reclusos en las playas de Argels-sur-Mer, Saint-Cyprien y Gurs, es la Europa de hoy que detiene y encierra a tantos refugiados en los campos griegos, para deportarlos despus, en el momento en que parece sucumbir a la parlisis y al miedo, y Estados Unidos sigue arrojando dinamita al voraz incendio de Oriente Medio.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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