Portada :: Venezuela
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-11-2016

Un balance de 2016
El ao ms largo

Reinaldo Iturriza Lpez
Rebelin


I.-
A finales de agosto pasamos un par de das en Puerto La Cruz. Venamos de Margarita y decidimos hacer una pausa para saludar a la familia antes de continuar el viaje de regreso a Caracas. Diez das antes habamos salido de casa llevando un pequeo mercado con nosotros, porque viajbamos con muy poco dinero, pero sobre todo porque estbamos seguros de que nos costara mucho trabajo conseguir alimentos en la isla, sin hablar de los precios, histricamente ms altos que los de la capital. Dos das en Los Robles fueron suficientes para darnos cuenta de lo equivocados que estbamos: conseguamos pan, leche lquida o queso con relativa facilidad, en contraste con la situacin a la que nos habituamos en Parque Central, pero adems a precios similares o ms bajos que los de Caracas. Pocos das despus fuimos a comprar vegetales y frutas: cebolla, tomate, lechoza, cambur, pia. En Caracas lo comprbamos casi todo al mismo precio, con el aadido de que lo hacamos en el lugar con los precios ms accesibles que conocamos: en cualquier supermercado, los tomates o las pias duplicaban y hasta triplicaban el precio. Cada vez tenamos menos dudas de que, a diferencia de cualquier otra coyuntura durante los ltimos quince aos, el ataque contra la economa nacional se expresaba con mayor virulencia en Caracas.

Llegamos a Puerto La Cruz por la tarde, dormimos en el apartamento de los suegros y al da siguiente, muy temprano, fuimos a comprar algunas pocas cosas para hacer tres, tal vez cuatro comidas. Desorientados, por mala fortuna o por la razn que fuera, terminamos en el peor lugar posible: la Avenida Principal de Lechera, y probablemente en uno de los peores lugares de toda la avenida, un lugar de nombre Le March, un automercado con pretensiones de bodegn, mini-market o como quiera que se les llame a los establecimientos comerciales que ofrecen a su distinguida clientela productos importados a precios impagables por el comn de los mortales. No ms entramos nos dividimos, a ver qu conseguamos. Camin al lado de una cola de quince o veinte personas que cargaban, cada una, dos, tres, cuatro paquetes de arroz y azcar. Me extra no tanto que se consiguieran estos productos, sino las marcas: no conoca ninguna. Al fondo del local, del lado izquierdo, haba dos pilas de paquetes: una de arroz y otra de azcar. Dos empleados del automercado los ofrecan para la venta, a precios exorbitantes, entre los dos mil y tres mil bolvares. Tambin ofrecan aceite, a un precio similar. Importados de Colombia y Brasil. No tan caros como los precios del mercado paralelo e ilegal, pero mucho ms caros que los precios regulados. La escena era tan repulsiva que decidimos irnos. Saliendo del local escuch a una seora que justificaba todo aquello: Carsimos, s! Pero, bueno, tambin es que sta es una zona exclusiva.

Regresamos a Caracas con la cabeza puesta ya no en el contraste entre la situacin de Caracas y la de Margarita, sino en el contraste entre Los Robles y Parque Central y la zona ms rica de todo el estado Anzotegui. Sabemos perfectamente que en Caracas, como en muchas otras ciudades de Venezuela, abundan los lugares del tipo Le March, y que los hay muchsimo ms exclusivos, pero ellos pertenecen a un universo al que no pertenecemos nosotros y al que nunca hemos deseado pertenecer. Supongo que intentar comprar alimentos en Lechera en agosto de 2016 nos afect tanto como haber vivido en San Antonio de Los Altos en 2002: ahora, como entonces, observamos al monstruo desde dentro y atestiguamos la podredumbre moral que predomina en las burbujas que habitan las clases medias y altas.

No pasaron dos meses cuando, a mediados de octubre, fue puesto en marcha el Plan de Abastecimiento Complementario (PAC) en ocho puntos de Caracas. Precios exorbitantes, aunque no tanto como los del mercado paralelo e ilegal. Por ms que intentamos, no fuimos capaces de desentraar la racionalidad poltica y econmica de la iniciativa. Tal vez entendimos, pero no quisimos aceptarlo. Tal vez preferimos hacer como que no entendamos. Luego de meses escuchando a voceros del equipo econmico afirmar que no haba otra alternativa sino el ajuste de precios como precondicin para que los alimentos aparecieran, el PAC en Caracas vino a ser como la consumacin de una derrota material y simblica. Haba que ajustar precios, quin puede dudarlo. Pero los precios resultantes, la no normalizacin de la distribucin de alimentos, la persistencia del ataque contra la economa nacional por parte de las fuerzas econmicas que controlan el mercado, sugieren que, ms que un simple ajuste de precios, se trat de una peligrosa concesin: una cuasi liberacin de precios que, lejos de aplacarlas, fortaleci an ms a las lites econmicas rebeladas contra la democracia venezolana.

En el campo de lo simblico el retroceso es hondo y se expresa ntidamente en los cambios operados en el sentido comn: Que aumenten los precios, pero que se consigan los productos, el problema son los subsidios, hay que acabar con la regaladera. No es que antes fueran pocos quienes se expresaban de tal manera. El problema es cmo este sentido comn ha ido ganando terreno. Hasta hace poco resultaba muy sencillo sustraerse de aquel universo de valores y adems muy gratificante combatirlo de manera entusiasta. Hoy ese universo es cada vez ms el nuestro. Como si nuestro mundo estuviera a punto de ser engullido por un agujero negro. Como si Venezuela se estuviera convirtiendo, poco a poco, e irremediablemente, en una gigantesca Lechera.

II.-
El chavismo no slo no ha sido derrotado: durante este largo 2016 ha vuelto a demostrar que sabe aprovechar muy bien las ventajas que otorga el antichavismo. Ensoberbecida por el triunfo electoral de diciembre de 2015, parte de la clase poltica antichavista incurri en el despropsito de ponerle plazo a la salida de Nicols Maduro de la Presidencia: seis meses como mximo. Lo cierto es que el referndum revocatorio nunca encabez la lista de opciones. Demaggica a extremos insospechados, prometi a su base social algo que no sera capaz de cumplir. Dicha falsa promesa obedeci, adems, a dos razones: a la brutal disputa interna por el liderazgo poltico de la oposicin, pero sobre todo a la subestimacin de la fuerza del pueblo chavista. Muy difcil estimar correctamente la fuerza de un sujeto poltico cuya existencia se niega de manera sistemtica.

El pueblo chavista volvi a aprovechar la ventaja que supone la subestimacin de su propia fuerza, pero adems decidi emplearse a fondo: resisti cada embate, cada provocacin, y lo sigue haciendo. El chavismo no ha renunciado a sus deseos de pelear. Pero el precio que ha debido pagar ha sido muy alto y negarlo sera irresponsable.

Ahora mismo, el chavismo est atravesando por un importante proceso de mutacin. Esta mutacin se expresa, entre otras cosas, en la progresiva desafiliacin poltica de las mayoras populares. No estoy seguro de que sea correcto hablar de despolitizacin creciente. Al contrario, sospecho que una poblacin muy politizada se siente cada vez menos identificada con la clase poltica en general y con la clase poltica chavista en particular. Esta severa crisis de las mediaciones polticas produce el efecto de una retirada popular de la poltica, que viene a sumarse a la retirada parcial del espacio pblico como consecuencia del boicot a la economa nacional, que a su vez ha dado paso al predominio de lgicas de supervivencia. La misma retirada se ha traducido en una tendencia a desplegarse en otros frentes: el bachaqueo es uno de ellos. Otro sera el productivo: individualidades, pequeos grupos familiares o comunitarios y organizaciones populares que se han desplegado en pequeas y medianas extensiones de tierra cultivable para producir algunos rubros, casi siempre para el consumo a pequea y mediana escala. Como se viene haciendo costumbre afirmar, el difcil trance histrico ha sacado a relucir lo peor y lo mejor del pueblo venezolano. Estos frentes ilustraran esta verdad elocuentemente.

Es necesario hacer algunas precisiones respecto de esta crisis de representacin poltica. En primer lugar, sta no constituye ninguna novedad histrica. Hacia mediados de los 90, la intelectualidad europea de izquierdas comenz a usar el trmino de pensamiento nico para referirse a este fenmeno, al que consideraban el correlato poltico de la hegemona neoliberal en boga desde inicio de los aos 80. Cmo interpretar el ascenso de figuras como Donald Trump o la creciente popularidad de polticos de ultraderecha en varios pases de Europa: como signos del agotamiento de la onda expansiva neoliberal o como la radicalizacin de sus lneas de fuerza ms antipolticas? Sea como fuere, el chavismo es, sin duda alguna, producto de la crisis de representacin. Es la respuesta poltica del pueblo venezolano frente a tal crisis. Es la manera como la clases populares en Venezuela se movilizaron para hacerle frente al agotamiento de las formas tradicionales de representacin poltica. Parte de las fuerzas econmicas e incluso polticas que, al final de cuentas, terminaron haciendo parte del antichavismo, intentaron, en su momento, capitalizar esta crisis de representacin. Sin ningn xito, como es evidente.

La oligarqua venezolana, los partidos reunidos en la Mesa de la Unidad Democrtica, el gobierno de Estados Unidos, sus aliados polticos y econmicos en el continente y el resto del mundo, siguen sin ser capaces de capitalizar polticamente la misma crisis de representacin poltica, tal y como se expresa en el actual momento histrico. Y esa es otra de las razones por las cuales Nicols Maduro contina en la Presidencia. Sobre todo durante los ltimos cuatro aos, el antichavismo ha sido muy eficaz minando las bases sociales del chavismo, destruyendo poco a poco los vnculos sociales construidos por la revolucin bolivariana. Pero est muy lejos de constituirse en una alternativa poltica real para la mayora de la poblacin. El antichavismo es, fundamentalmente, una fuerza destructiva, destituyente. Una fuerza que durante 2016, y desde la Asamblea Nacional, volvi a mostrar su verdadero rostro, que moviliza a una parte minoritaria de la base social del antichavismo, la misma que fue radicalizndose conforme avanzaban los meses y el Gobierno no caa, y que exiga marchar sobre Miraflores al costo que fuera. No hay que desestimar el detalle del verdadero rostro del antichavismo: desde 2006, cuando Manuel Rosales fue el candidato presidencial opositor, el liderazgo no era ejercido por una figura plenamente identificada con lo peor del pasado poltico en Venezuela: Henry Ramos Allup.

Pero en el campo popular y revolucionario las cosas no estn mucho mejores. Habiendo insurgido contra las formas tradicionales de representacin poltica, slo caba esperar del chavismo la superacin de la vieja cultura poltica y el predominio indiscutible de lgicas democrticas participativas y protagnicas. Y vaya que logr avanzar a pasos agigantados durante algn tiempo. Ms recientemente, sin embargo, slo cabe hablar de franco retroceso. La obstinacin en desconocer esta tendencia peligrosamente regresiva no hace sino agravar el problema. La burocracia poltica, en buena medida despolitizada, pragmtica al extremo, distrada en disputas grupales y limitndose a asegurar sus cuotas de poder a travs de redes clientelares, tiene el control casi total del partido, de sus equipos polticos. La falta de iniciativa que le caracteriza, su desconexin de las dinmicas territoriales y, en general, su nivel de postracin frente a los problemas cotidianos de la poblacin han llegado a tal punto que slo un muy severo estremecimiento interno hara que recuperara algo de la vitalidad perdida. Un verdadero sacudn.

En un nivel ms superficial, otros fenmenos se han manifestado a lo interno del chavismo durante 2016. Por una parte, est la forma muy particular como este proceso de desafiliacin poltica se expresa en la clase media chavista. Como me desenvuelvo en un entorno predominantemente clase media, me ha tocado padecerlo muy de cerca y con mucha frecuencia, sobre todo durante el primer semestre. Ms all de lo anecdtico, que en realidad no aporta nada, me parece importante anotar que en este caso la desafiliacin est asociada principalmente con prdida de estatus o privilegios. Esto nos obliga a revisar, una vez ms, muchos de nuestros supuestos, claramente equvocos: como aquel segn el cual la formacin acadmica universitaria garantiza mayores niveles de politizacin. Antes al contrario, la institucionalidad universitaria, incluida la creada en revolucin, parece seguir siendo concebida, fundamentalmente, como una oportunidad para el ascenso social, y continua funcionando como un espacio que promueve el desclasamiento. En los casos ms extremos, cuando la desafiliacin da paso a la identificacin con el antichavismo, se hace presente la caracterstica virulencia de los conversos: denostan de Maduro mientras reivindican el legado de Chvez, evidentemente como forma de justificar su conversin. Parte importante de la masa crtica contra Maduro provendra de la clase media conversa.

Un fenmeno que ha pasado ms desapercibido, y que se manifiesta, al menos en parte, como respuesta a la manera como se expresa la desafiliacin poltica en la clase media chavista, es el de los irreductibles. Yo mismo he llegado a considerarme uno de ellos. Quienes sufrimos esta suerte de complejo de irreductibilidad incurrimos en el grave error de considerar al desafiliado como dbil, equivocado o incluso traidor. Slo nosotros somos fuertes, slo a nosotros nos asiste la razn, slo nosotros somos leales. El problema con nosotros, los irreductibles, es que cada vez somos menos y ms los desafiliados. Estamos condenados a convertirnos en reducto porque abandonamos cualquier vocacin hegemnica: no somos capaces de sumar porque no sabemos u olvidamos o no tenemos voluntad para lidiar con la diferencia, con el que piensa distinto, incluso, y en ocasiones pareciera que menos que menos, si se trata de otro chavista. Ntese cmo es que esto supone desaprender la forma chavista de hacer poltica. Slo nosotros somos chavistas y mientras ms claros estamos, menos claro est el resto del mundo. Presumimos de nuestra autoridad moral. No nos interesa la pedagoga, aleccionamos constantemente. Somos infinitamente soberbios: actuamos como una partida de idiotas compitiendo por quin muere primero con las botas mejor puestas. Este complejo de irreductibilidad afecta a la clase media que todava resiste, a la burocracia poltica y al funcionariado que anda en el mismo plan de resistir y que no tiene nada que perder salvo sus cuotas de poder, pero tambin a lo ms lcido del chavismo: el chavismo de corazn.

Sobre el chavismo de corazn ya escrib en diciembre de 2015 (1). Antiburocrtico, anticlientelar, durante 2016 lo he visto protagonizando las iniciativas ms audaces y exhibiendo una claridad poltica que ya quisiramos fuera la norma en nuestro liderazgo poltico. Es muy improbable que comprenda ms que algunos pocos centenares de miles, lo que podra parecer una cifra insignificante en un pas con treinta millones de habitantes. Sin embargo, son estos hombres y mujeres quienes sostienen, literalmente, la revolucin bolivariana. No hay poltica de contenido revolucionario del Gobierno bolivariano que no los tenga como principales protagonistas, y permanecen, en el territorio, muy a pesar de todas las dificultades, disputndole a los poderes fcticos, incluidos los que medran a lo interno del chavismo, garantizando un grado mnimo de vnculo social, de organizacin, de vitalidad, de aliento, a partir del cual tendramos que ser capaces de reordenar y sumar fuerzas.

III.-
La patria se desangra en alcabalas y peajes. Una verdadera contrarrevolucin es la que estn protagonizando funcionarios policiales y efectivos militares que, muchas veces a la vista de todos, roban para permitir el flujo de alimentos y otros productos. sta es una de las expresiones ms ignominiosas del proceso de franco deterioro de los vnculos sociales, de la sociabilidad construida en revolucin. Una de las tantas que no se puede atribuir al antichavismo. Impngase la autoridad democrtica en alcabalas y peajes y se habr ganado la mitad de la guerra.

IV.-
Durante los primeros meses de 2016 la derrota pareca inminente. El tiempo se acababa. Contra todo pronstico, el presidente Nicols Maduro logr imponer el dilogo. S, la poltica chavista, la que practica su clase poltica, es cada vez ms una poltica cupular. Pero es un error calificar la mesa de dilogo como un espacio en el que un puado de cpulas negocia de espaldas al pas. Con la mesa de dilogo ha terminado imponindose la alta poltica y la que ha sido siempre, debo insistir, la bandera del Presidente. Al menos temporalmente, Maduro ha sido capaz de neutralizar al antichavismo ms violento y puede que al chavismo ms irreductible y, en consecuencia, ms proclive a la baja poltica. Ha sido una victoria de la poltica, a secas, y como tal hay que celebrarla, por ms reservas que tengamos. Parece claro que la inmensa mayora del pas est realmente harto de la diatriba entre polticos y desea que unos y otros se concentren en resolver lo que, de manera muy eufemstica, el lenguaje periodstico y la encuestologa llaman problemas econmicos. El pas real. No el pas imaginario que construyen a conveniencia todas las encuestadoras, sin excepcin.

V.-
Hoy disponemos del tiempo que no nos alcanzaba a comienzos de ao. La pregunta es: tiempo para qu? Una manera de verlo es que, por los momentos, tenemos poco ms de seis meses hasta la prxima contienda electoral, lo que quiere decir que, guardando las distancias, estamos en una situacin similar a la de comienzos de 2016. Poco ms de seis meses para que la poltica econmica retome su carcter decididamente popular, democrtico, revolucionario. Poco ms de seis meses para que se produzca el necesario sacudn poltico a lo interno. Caso contrario, podramos estar a las puertas de un nuevo, y tal vez catastrfico, revs electoral, antesala de nuevas y ms dolorosas derrotas. El tiempo es para aprovecharlo.

VI.-
El chavismo todo, pero en particular su liderazgo poltico, debe ser capaz de hablarles a las mayoras populares. A todas: chavistas y antichavistas. Convocarlas a una cruzada dirigida a neutralizar a quienes promueven el odio como forma de ejercicio de la poltica. Para esto no basta con hablar de paz. No es cuestin de retrica. Hay que reconstruir el sentido perdido. Recomponer los vnculos sociales fracturados, restituir los derechos econmicos vulnerados, recuperar el orgullo mancillado.

VII.-
En agosto pasado (2), puesto a valorar el liderazgo de Nicols Maduro, consider necesario hacerles frente a quienes, desde dentro del chavismo, jugaban a presentarlo como un hombre dbil e incapaz de timonear el barco. Tal apreciacin, sobre todo si evitaba hacer mencin de la lucha de clases, y de la forma que sta asume a lo interno del chavismo, me pareca ligera a irresponsable. Hoy reitero esa posicin. Y quisiera agregar: si hemos llegado a esta fecha, eso se debe a dos cosas: a la voluntad de lucha del pueblo venezolano y a Nicols Maduro. S, el hombre es presa de las circunstancias, con frecuencia luce impotente y tal vez sea cierto que ms que lo hecho, es lo que ha dejado de hacer. Pero en esto tambin cierro filas con el chavismo de corazn, sin pensarlo dos veces: una de las cosas que no ha hecho Nicols Maduro es defraudar al pueblo venezolano. Ojal pudiera decirse lo mismo de muchos de quienes lo rodean.

Referencias:

(1) Chavismo de corazn. 18 de diciembre de 2015.
https://elotrosaberypoder.wordpress.com/2015/12/18/chavismo-de-corazon/

(2) Chavismo y revolucin. Qu pasa en Venezuela? 29 de agosto de 2016.
https://elotrosaberypoder.wordpress.com/2016/08/29/chavismo-y-revolucion-que-pasa-en-venezuela/

* Reinaldo Iturriza Lpez fue Ministro del Poder Popular para la Cultura y Ministro del Poder Popular para las Comunas y Proteccin Social de la Repblica Bolivariana de Venezuela


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter