Portada :: Cuba :: Hasta siempre Comandante!
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-12-2016

Fi(d)eles a su ejemplo

Luis Toledo Sande
Rebelin


Desde el seno mismo de la obra revolucionaria que l fund, de distintos modos se ha dicho que nadie volver a tener en Cuba la autoridad que dcadas de consagracin a su pueblo concentraron legtimamente en Fidel Castro. Al vaticinio se suma la comprensin de que se trata de un ser humano cuyos cargos podrn o debern necesariamente ser ocupados por otros, pero l de tan excepcional es insustituible. El propio Ral Castro, que por mritos propios y de manera constitucional lo remplaz al frente del Partido y de los consejos de Estado y de Ministros, ha proclamado que nicamente un equipo de trabajo podra dar continuidad a la brega que protagoniz el lder cuya existencia fsica ha cesado.

Pero el requerimiento colectivo ni empieza ni termina en las estructuras gubernamentales y partidistas: concierne a todo el pueblo, llamado a seguir con tanta disciplina como exigencia participativa y crtica, creativa, no como una mera masa obediente, a quienes lo dirijan hoy y en el futuro. Aunque el Comandante respondi, como responde todo ser humano, a condiciones histricas, y en su caso ello resulta especialmente ostensible a la luz de su descomunal relevancia, insistir en considerarlo el lder histrico de la Revolucin pudiera limitar la nocin de su alcance.

Lejos de agotarse en la historia entendida como pasado, ese alcance es fuerza impulsora que lo sobrevivir. Fidel contina siendo, sin linderos frustrantes, el gua por antonomasia de la obra revolucionaria a la que l dio vida entregndole la suya. Pero la capacidad de supervivencia de su legado no sera plena, o pudiera desdibujarse, si se confiara a la inercia, a lo mecnicamente espontneo. En estos das de duelo Ricardo Alarcn de Quesada, soldado de la Revolucin guiada por el Comandante en Jefe, lo ha dicho para una entrevista de la televisin en trminos que el autor del presente artculo no podra superar, por lo que intenta reproducirlos de memoria: A partir de ahora la vida de Fidel est en nuestras manos.

Sin descartar hacerlo sera propio de un pensamiento aldeano, mezquino la contribucin que en otros lares se est en condiciones de aportar o se est aportando ya, puesto que l personific al internacionalista en ideas y en actos, la vida que Fidel pueda seguir teniendo, y no solo en Cuba necesitamos que tenga, se encuentra medularmente en manos de su pueblo. A este lo convoca la responsabilidad de cultivar su presencia, ms que su memoria, no de modo abstracto o como rito improductivo, sino procurando, da a da, que la patria siga el camino de soberana y justicia social que l fertiliz con denuedo y sabidura desde antes incluso de preparar y dirigir los hechos fundacionales acometidos el 26 de julio de 1953.

Con l fsicamente vivo nos sentamos amparados por una fuerza irradiante: por la autoridad poltica y moral que brotaba de l y no era fruto de formalidades jerrquicas, sino de su indetenible tesn revolucionario, con el cual, al tiempo que actuaba, imantaba a las masas. Tal era, es , la autoridad en la que el pueblo intua, saba, que radicaba su poder para propalar hechos e ideas, o frenar desde sus entornos ms inmediatos hasta la nacin toda tendencias o actitudes que pudieran daar un proyecto cuya legitimidad no se garantiza con la buena voluntad si a esta no la calzan, orgnicamente, los actos que garanticen su eficacia. Menos an asegurarn su realizacin los fueros del mercado, los valores imperantes en un mundo donde campean las tentaciones del acomodamiento, modos de vida signados por el individualismo, las ansias de lucro y el slvese quien pueda.

El proyecto que Fidel fragu estara condenado al fracaso si se le separase de la sed de equidad y el fundamento tico heredados conscientemente por l de Jos Mart, su mentor directo, en quien supo ver son sus palabras al ms genial y universal de los polticos cubanos y al gua eterno de nuestro pueblo. Esa es asimismo la estirpe del propio Fidel, revolucionario que, por serlo plenamente, no se conform con lo posible y se plante lo imposible.

As lo hizo Mart al proponerse metas que cualquier pragmtico de su tiempo habra considerado inalcanzables: librar a su patria del viejo colonialismo y del sistema de colonizacin que los Estados Unidos imperialistas se disponan a ensayar en nuestra Amrica, contra el cual el fundador del Partido Revolucionario Cubano se propona lograr que la independencia de Cuba ayudara a salvar el equilibrio del mundo, e incluso el honor dudoso y lastimado de la que entonces era potencia emergente y creca como el monstruo que es.

Atento a las lecciones de Mart, Fidel hall en la obra del Maestro la claridad con que este advirti que en aquella nacin se gestaba a finales del siglo XIX el imperialismo contra el cual esencialmente hizo l todo cuanto hizo y hara , segn declaraciones testamentarias suyas: el mismo imperialismo que hoy sigue en pie. Aunque lo administren presidentes de elegante astucia u otros que encarnen una decadencia estilo neroniano propia de un imperio en declive, contina siendo un peligro mayor para la humanidad y empeado en apoderarse de Cuba. Que lo haga con agresividad flagrante o con tcticas diplomticas supuestamente refinadas no pasa de ser episodios de su esencia imperial. Frente a esa realidad contina aportando luz el pensamiento del Fidel que saba denunciar a quienes pretendieran pasar por amigos o hermanos sin serlo.

Los desafos eran y son ingentes. Pero cuando un pragmtico al que no habra por qu negarle necesariamente buenas intenciones le aconsej a Mart que no se desperdiciara en los propsitos que haba abrazado como programa de vida cuando segn el pragmtico no haba en Cuba atmsfera de revolucin, el revolucionario radical le respondi: Usted ve la atmsfera; yo, el subsuelo. Tambin Fidel tuvo la mirada de zahor necesaria para calar en las honduras de la historia y vislumbrar el porvenir.

Aun si cupiera tal vez reconocer alguna razn prctica en el pensamiento regido por el pragmatismo sin ignorar que este, en races y en proyeccin, es propio del sistema capitalista, una realidad contundente se yergue para desautorizarlo desde la base. Gracias a que Mart se plante imposibles histricos tales, con trincheras de ideas y con una bien organizada guerra de liberacin nacional de implicaciones planetarias, y a que Fidel asumi resueltamente esa herencia en su tiempo, existe hoy la Cuba soberana capaz de proponerse construir una sociedad justa.

Fidel puso toda su creatividad poltica, su fertilidad ideolgica, su capacidad de lucha, en camino de dar continuidad, para salvar a Cuba e impedir que el Apstol muriese, a las metas que este abraz y las circunstancias, incluida su muerte, le impidieron lograr. A un empeo similar est convocada por la historia, por la vida, la mayora revolucionaria del pueblo cubano para que su Comandante no muera. Ello significa, entre otras cosas, no renunciar al propsito de que no haya un nio sin aula, aunque para instruirlo, por vivir aislado en las montaas, sea necesario mantener una escuela en la cual l sea el nico alumno.

Esa decisin, que abona el futuro de la patria, es parte de una revolucin hecha con los humildes, por los humildes y para los humildes, en la senda que Mart seal, e hizo suya, al echar su suerte con los pobres de la tierra. Nada de eso debe terminar en simple consigna, sino seguir siendo brjula, y tambin para afirmar ese propsito ser fundamental mantener vivo a Fidel.

En general, lo que para el pueblo cubano significa la partida de su lder precedida por realizaciones que el contexto histrico y deficiencias internas le imposibilitaron a la vanguardia patritica cubana de finales del siglo XIX consumar pudiera compararse con lo que para una familia representa la muerte de un padre extraordinario a cuyas autoridad y grandeza se ha confiado la suerte del hogar. Cuando ese padre falta, la familia tiene una disyuntiva: o se resigna a perder el rumbo y a hundirse en el quebranto y la disolucin, o sus integrantes se unen resueltamente para elevarse a la continuidad reclamada por el ejemplo heredado del padre.

Solo una disposicin tal, que no cabe dejar solamente en manos de gobernantes y funcionarios por muy brillantes y honrados que estos fuesen, le permitir al pueblo cubano mantener en pie el legado de su Comandante. Se trata de un logro indispensable para seguir el camino gracias al cual lleg Cuba a ser lo que crecientemente ha sido desde el alba de 1959: una honrosa anomala sistmica en un mundo donde predominan las reglas capitalistas, las fuerzas imperiales. Lograr que Cuba fuera un pas normal habra sido fcil: bastaba dejarla a merced del mercado y de la voracidad imperialista de la cual su pueblo fue capaz de librarla, guiado por la vanguardia revolucionaria que Fidel condujo y alumbr.

Ese logro sera insuficiente si no se afincara en un funcionamiento que no solo d a Cuba un erario prspero y sustentable, sino tambin las condiciones de un pas plenamente vivible con una alegra cotidiana que no debilite la necesaria capacidad de sacrificio. Se requiere para ello, a no menor altura que la eficiencia econmica y material, una eticidad firme que caracterice a una ciudadana honrada en su conjunto y en la accin diaria, individual, de sus integrantes, en quienes el afn revolucionario estara manco sin la correspondiente disciplina en las normas de convivencia.

Fines tales no se conseguiran si se dejara morir el legado del Comandante. Para las metas que l se traz como base para el bienestar material y moral del pueblo no servir el pragmatismo economicista, para el que todo puede reducirse a finanzas y saldos. Unas y otros deben tenerse en cuenta, atenderse; pero, si se quiere que sirvan de veras a los afanes de la justicia social y la dignidad humana, no han de considerarse fines, sino requisitos para asegurar la soberana de la nacin y los grandes ideales redentores.

De ah la importancia de cultivar la pasin con que, frente a la prdida fsica del lder, la gran mayora de su pueblo honra su memoria y expresa la decisin de mantenerlo vivo. Eso reclama que entre todos seamos Fidel, que tengamos como gua de conducta su estatura histrica y poltica, lo cual sera tonto entender como que cada uno de nosotros las emular. La cuestin est en que seamos fi(d)eles a su ejemplo, a su obra, a su tesn, a su voluntad de desafiar y vencer imposibles.

As como para el ateo Ernesto Guevara, otro grande de su estirpe, el Patria o Muerte poda repetirse como un Ave Mara pursima en una obra de transformacin que une a los llamados no creyentes y a los creyentes, ante la expresa voluntad popular de mantener vivo a Fidel, de conservar activa la brjula de su ejemplo, cabe decir con fuerza de reclamo: Amn!

Fuente: http://bohemia.cu/nacionales/2016/11/fideles-a-su-ejemplo/

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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