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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-12-2016

Fidel, hoy y siempre

Marta Harnecker
Rebelin


Querido Fidel,

1. No quiero hablar de ti sino hablar contigo, porque t sigues estando presente entre nosotros y lo estars siempre.

2. Me excuso por tratarte de tu, pero te siento tan cercano que he sentido la necesidad de hacerlo.

3. T sabes que mi segunda patria es Cuba, pas que me acogi a m como a miles de compatriotas, con los brazos abiertos cuando era perseguida en Chile por tratar de construir una sociedad humanista y solidaria inspirada en tus enseanzas. Y sabes que pude formar en tu pas un hogar feliz con uno de tus ms fieles compaeros.

4. Fidel t has servido de aliento e inspiracin a los pueblos de Amrica latina y del mundo.

La poltica como el arte de hacer posible lo imposible

5. Siempre entendiste que la poltica no era el arte de lo posible la visin conservadora de la poltica sino el arte de hacer posible lo imposible, no por una actitud voluntarista, sino por entender que la poltica es el arte de construir una correlacin de fuerzas social, poltica y militar que permita transformar las condiciones actuales de la lucha haciendo posible en el futuro lo que en el momento presente aparece como imposible.

6. Contra el fatalismo que reinaba en la izquierda de aquella poca, demostraste que era posible vencer a un ejrcito regular a pesar de la sofisticacin de su armamento. Usando la tctica guerrillera del ataque por sorpresa al enemigo en sus puntos ms dbiles, lograste acciones victoriosas que debilitaron su fuerza militar, pero sobre todo, que minaron su moral.

7. Pero, el camino de las armas no fue para ti un objetivo en s, sino slo un medio. Pensabas como Mart que es criminal quien promueve en un pas la guerra que se puede evitar; pero que tambin lo es quien deja de promover una guerra que se presenta como inevitable.

8. Tu gran mrito histrico fue haber sabido definir con claridad cul era el eslabn decisivo que permitira asir toda la cadena y de esa manera hacer triunfar la revolucin, y eso no era otra cosa que la lucha contra el dictador Batista y el rgimen que l encarnaba. Veas claramente la necesidad de unir el mximo de fuerzas sociales para derrocar esa tirana. No era posible pensar slo en los sectores revolucionarios, haba que pensar tambin en convocar a los sectores reformistas y an a aquellos sectores reaccionarios que tuvieran la ms mnima contradiccin con el dictador.

9. Admirabas en Mart no tanto las proezas que haba realizado en el campo de batalla, como la gigantesca proeza de unir a los cubanos para la lucha. Estabas convencido de que sin ese esfuerzo Cuba sera todava una colonia espaola o una dependencia de los Estados Unidos.

10. Y para lograr esta amplia unidad tuviste es que ir cediendo en cuestiones programticas.

11. En el Programa del Moncada ( 16 de octubre de 1953 ) planteaste slo medidas de tipo democrtico‑burgus y aunque proponas medidas que afectaran a los intereses norteamericanos, nunca hiciste una declaracin formal antiimperialista. Ms tarde, en el Pacto de la Sierra (12 de julio de 1957), fruto del acuerdo entre los representantes burgueses y los rebeldes en la Sierra, no se menciona la participacin de los obreros en las utilidades de las empresas, ni la participacin de los colonos en el rendimiento de la caa. Tampoco se habla de la confiscacin de los bienes malversados ni de la nacionalizacin de los trusts elctrico y telefnico que junto con la aplicacin consecuente de la reforma agraria, se transformaran de hecho en medidas antiimperialistas, todas medidas que figuraban en el Programa del Moncada. Finalmente, en el Pacto de Caracas (20 de julio de 1958), el programa mnimo se reduce a las medidas ms esenciales: castigo a los culpables, defensa de los derechos de los trabajadores, orden, paz, libertad, cumplimiento de los compromisos internacionales y bsqueda del progreso econmico, social e institucional del pueblo cubano.

12. En lo que nunca cediste fue en cuestiones de fondo, aquellas que considerabas podan estancar el desarrollo del proceso revolucionario: rechazaste siempre tanto la injerencia extranjera en la lucha nacional como el golpe militar interno; y siempre te negaste a conformar un frente que excluyera a alguna de las fuerzas representativas de un sector del pueblo.

Unidad de las fuerzas revolucionarias

13. Nadie como t luch por la unidad de las fuerzas revolucionarias y el pueblo.

14. Nos enseaste que la revolucin es una guerra y que para enfrentarla en mejores condiciones el ideal es tener un comando nico que sea capaz de orientar los combates definiendo claramente cul es el enemigo estratgico y el enemigo inmediato, la forma que debe adoptar la lucha, la situacin actual en que ella se encuentra y la poltica a seguir para ganar cada vez ms adeptos contra ese enemigo inmediato.

15. Pero tambin nos advertiste que una cosa es el ideal y otra la realidad y que hay que comenzar a trabajar con lo que hay.

16. Nos enseaste que hay que buscar primeramente la unidad de las fuerzas revolucionarias y slo despus de realizar un esfuerzo en este sentido te planteaste una unidad ms amplia. Sin embargo, no fuiste rgido en eso, el no logro de esa meta en forma inmediata no te detuvo en tu avance hacia la unidad ms amplia.

17. Insististe en que no deberamos empezar por ponernos metas mximas sino mnimas.

18. Nos advertiste que pretende gestar una unidad de las fuerzas revolucionarias prematuramente, cuando todava no estaban dadas las condiciones para ella, slo dara por resultado una unidad formal que poda hacerse trizas ante cualquier adversidad.

19. Sabiendo la realidad poltico‑ideolgica de Cuba, preferiste evitar las discusiones tericas convencido de que la aplicacin de una estrategia correcta, sera ms convincente que muchas palabras.

20. Y otra cosa muy importante, fuiste capaz de valorar en forma correcta el aporte de todas las fuerzas revolucionarias sin fijar cuotas de poder ni en relacin a su grado de participacin en el triunfo de la revolucin, ni en relacin a la cantidad de militantes que se posea. Combatiste siempre cualquier complejo de superioridad.

21. Insististe en que la revolucin tena que estar por encima de todo lo que cada uno de ustedes haba hecho en el pasado, que lo importante era lo que todas esas fuerzas hicieran juntas en el porvenir y por eso no cobraste derechos de autor, y, a pesar de que el Movimiento 26 de Julio era reconocido por la inmensa mayora del pueblo como el artfice de la victoria, tu abandonaste la bandera de tu movimiento para asumir la bandera de la revolucin.

22. Cun distinta sera nuestra realidad latinoamericana hoy si hubisemos tomado en cuenta tus orientaciones!

23. Contra el fatalismo de los analistas internacionales de la poca, demostraste que se poda intentar empezar a construir el socialismo muy cerca de las costas de la ms grande potencia imperialista mundial, y que se poda resistir a las constantes agresiones externas a pesar de sus efectos negativos sobre la vida cotidiana del pueblo, porque por encima de todo eso estaba la dignidad de un pueblo que haba conquistado su derecho a hacer su propia historia.

Un lenguaje apropiado

24. Querido Fidel, tambin aprendimos de ti cmo haba que hablarle al pueblo. No solo haba que hacerlo con absoluta honestidad, sino usando las palabras que la gente sencilla pudiese comprender.

25. Por eso consideraste que, en medio del ambiente macartista y anticomunista que reinaba en tu pas y en el mundo, era un absurdo hacer declaraciones de fe marxista‑leninista. No haba que hacer declaraciones, haba que actuar y demostrar en los hechos lo justo de los planteamientos revolucionarios.

26. Y tambin por eso consideraste que el factor unificador del Movimiento 26 de Julio no poda ser la ideologa marxista‑leninista, que haba sido asimilada slo por los cuadros ms avanzados del Movimiento, sino la lucha contra Batista por una va nueva, armada, y que esa lucha deba conducir a transformaciones sociales radicales, tanto en el plano poltico como social y a la conquista de la verdadera soberana nacional.

Sueos revolucionarios truncados

27. Por ltimo, aprendimos de ti y de la revolucin cubana que muchos sueos de los revolucionarios no pueden materializarse, no porque no se sean ideas nobles y buenas, no porque falte de voluntad en sus filas, sino porque el enemigo alertado de los objetivos perseguidos obliga a tomar otros caminos. Un hecho muy ilustrativo es el deseo inicial de la revolucin cubana una vez terminada la guerra contra Batista de transformar los cuarteles en escuelas. T no traicionaste ese bello ideal. Fue la constante agresin del gobierno estadounidense la que oblig a tu pas a posponer su concrecin, llevndolo a construir la fuerza militar ms poderosa de Amrica Latina en proporcin a su nmero de habitantes. La direccin de la revolucin comprendi que prepararse para la guerra era la mejor forma de evitarla.

28. Yo fui testigo al visitar por primera vez Cuba a mediados de 1960 de cmo un cuartel en la Sierra Maestra se haba transformado en una escuela. Pero no slo esa idea se haba plasmado en una realidad tangible, sino que ya en esos tempranos tiempos estaba presente otra de las grandes caractersticas de tu conduccin revolucionaria: la solidaridad con todos los pueblos del mundo. Esos niitos de 10 a 12 aos, al saber que yo vena de Chile a visitarlos y que en mi pas haba ocurrido recientemente un terremoto, me contaron que estaban esperando la llegada de un grupo de nios chilenos para acogerlos en Cuba mientras se reconstruan sus casas daadas por el sismo. Nunca podr olvidar dicha experiencia: era sorprendente cmo nios tan pequeos estaban informados de lo que pasaba en nuestros pases y como se haba logrado despertar en ellos un sentimiento de solidaridad hacia el sufrimiento de otros pueblos.

29. Tambin fui testigo aos ms tarde de cmo en cada edificio de microbrigada que se construa en La Habana, sus trabajadores cedieron uno de sus departamento a una familia chilena perseguida por la dictadura de Pinochet.

30. Estos son pequeos testimonios de solidaridad internacional, pero all estn tambin de las grandes epopeyas como la de Sud frica y la de Angola, donde miles de cubanos lucharon cuerpo a cuerpo con sus hermanos africanos para vencer la opresin que sufran sus pueblos.

31. Para terminar quiero decirte con toda honradez que no siempre estuve de acuerdo con todas las medidas que tomaste o las ideas que propusiste, pero son tanto ms las que compart que no creo necesario detenerme en aquellas en esta ocasin.

Fidel espero que compartas conmigo la idea de que la mejor forma de homenajearte es que nos comprometamos a hacer nuestros tus combates, a caminar en tu misma direccin. As ya no habr un Fidel, habr miles, millones y, ms temprano que tarde, se irn abriendo ms y ms las grandes alamedas por donde transitarn hombres y mujeres libres constructoras de ese mundo humanista y solidario en el que has soado.◄

Nota de la autora : Un desarrollo mucho ms amplio de las ideas de Fidel acerca del frente poltico y la unidad de las fuerzas revolucionarias se encuentra en mi libro: La estrategia poltica de Fidel: Del Moncada a la victoria escrito en 1985. Ver: http://www.rebelion.org/docs/89864.pdf

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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