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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-12-2016

Ha sido el 8 de noviembre un nuevo 11 de septiembre?
Estados Unidos, el pas ms peligroso de la Tierra

Tom Engelhardt
TomDispatch

Traduccin del ingls para Rebelin de Carlos Riba Garca


Las elecciones que cambiaron todo y podran ser el factor decisivo de la Historia

Durante dcadas, Washington tuvo la costumbre de utilizar la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en ingls) para sabotear a gobiernos del pueblo, ejercidos por el pueblo y para el pueblo que no eran de su gusto y reemplazarlos con gobiernos sumisos [elija el tipo de su preferencia: junta militar, shah, autcrata, dictador...] en todo el planeta. Hubo el tristemente clebre golpe de Estado organizado por la CIA y los ingleses que en 1953 derrib al gobierno democrtico iran de Mohammad Mosadegh y en su lugar coloc en el poder al Shah (y a su polica secreta, la SAVAK). En 1954, hubo el golpe de Estado de la CIA contra el gobierno de Jacobo Arbenz que instal a la dictadura militar de Carlos Castillo Armas; tambin en 1954, hubo la accin de la CIA para hacer que Ngo Dinh Diem se hiciera con el mando en Vietnam del Sur; en 1961, hubo la conspiracin CIA-belgas para asesinar al primer ministro Patrice Lumumba el primero de ese pas, que se concret finalmente en la dictadura militar de Mobutu Sese Seko; en 1964, hubo el golpe de Estado realizado por los militares y respaldado por la CIA que derrib al presidente elegido democrticamente Joo Goulart y entreg el poder a una junta militar; y, por supuesto, en septiembre de 1973 (el primer 11-S), hubo el golpe de Estado militar, respaldado por Estados Unidos, que derroc y asesin al presidente de Chile, Salvador Allende. Bueno, el lector ya est hacindose una idea...

De este modo, en su calidad de gua de lo que entonces se llamaba el Mundo Libre, Washington ha trabajado sin cesar y a su antojo. A pesar de que esas operaciones eran llevadas a cabo en forma encubierta, cuando llegaban a conocerse, los estadounidenses, orgullosos de sus tradiciones democrticas, generalmente han permanecido imperturbables en relacin con lo que en su nombre la CIA haba hecho a las democracias (y a otros tipos de gobierno) ms all de sus fronteras. Si Washington otorgaba repetidamente el poder a regmenes de un tipo que los estadounidenses hubiramos considerado inaceptables para nosotros mismos, en el contexto de la Guerra Fra, no se trataba de algo que nos quitara el sueo.

Esas acciones han permanecido como mnimo encubiertas; esto sin duda muestra que no se trataba de algo que pueda pregonarse con orgullo a la luz del da. Sin embargo, en los primeros aos de este siglo surgi otro modo de pensar. En la estela de los ataques del 11-S, la expresin cambio de rgimen adquiri categora de normalidad. Como un curso de accin posible, ya no haba nada que debiera ocultarse. En lugar de ello, la cuestin fue discutida abiertamente y llevada adelante a la luz plena de la atencin meditica.

Washington ya no recurrira a una CIA que conspiraba en la oscuridad para deshacerse de algn gobierno aborrecido y poner en su lugar a otro ms manejable. En lugar de eso, en se calidad de nica superpotencia del planeta Tierra, con unas fuerzas armadas presumiblemente ms all de toda comparacin o desafo, la administracin Bush reclamara el derecho de desplazar sin rodeos, expeditiva y descaradamente a los gobiernos que ella despreciaba mediante el sencillo empleo de la fuerza militar. Despus, la administracin Obama tomara el mismo camino recurriendo a los lemas intervencin humanitaria o responsabilidad de proteger (R2P, por sus siglas en ingls). En este sentido, el cambio de regmenes y la R2P se convertiran en una abreviatura del derecho de la derecha de Washington de derrocar gobiernos a plena luz del da mediante misiles de crucero, drones y helicpteros Apache, por no hablar de las tropas, si eran necesarias (por supuesto, el Irak de Saddam Hussein sera el primer objeto de exposicin; le seguira en importancia la Libia de Muhammar Gaddafi).

Con esta historia y los resultados de las ltimas elecciones en la mente, hace poco tiempo empec a preguntarme si acaso, en 2016, el pueblo estadounidense haba dejado a un lado a la CIA y empezado como posibilidad a hacer l mismo lo que la Agencia (y ms recientemente las fuerzas armadas de Estados Unidos) haba hecho a los dems? En otras palabras, en la ms extraa de las elecciones de nuestra vida, puede ser que solo hayamos visto algo parecido a un golpe de Estado democrtico en cmara lenta o alguna forma de cambio de rgimen en el mbito nacional?

Solo el tiempo lo dir, pero he aqu un indicio de esa posibilidad: por primera vez, una parte de la seguridad nacional intervino directamente en las elecciones de Estados Unidos. En este caso, no fue la CIA sino nuestro principal organismo de investigacin en el entorno nacional: el FBI. En su interior, como hoy lo sabemos, se ha despotricado y conspirado contra uno de los dos candidatos a la presidencia antes de que su director, James Comey, con franqueza incluso, con descaro entr en la disputa cuando faltaban 11 das para el desenlace. Y lo hizo con un asunto que, aun en su momento, pareca al menos flojo si no sencillamente falso y se llev por delante firmes tradiciones del FBI respecto de los periodos electorales. Al hacerlo, es por cierto muy probable que esa intervencin haya cambiado el curso del proceso eleccionario, un tpico en el resto del mundo pero un momento nico en este pas.

La administracin de Donald Trump, que en estos momentos se est llenando de racistas, islamfobos, iranfobos y un surtido de colegas multimillonarios, ya tiene el aire de un gobierno en formacin crecientemente militarizado y autocrtico, que favorece a militaristas blancos y poco dados al humor, que no se toman las crticas a la ligera y reaccionan rpidamente ante un golpe. Adems, el 20 de enero, este equipo ver que tendr en sus manos unas enormes potestades represivas de todo tipo, unas potestades que van desde la tortura hasta la vigilancia generalizada, unas potestades que han sido extraordinariamente institucionalizadas a partir de los aos posteriores al 11-S en coincidencia con el surgimiento del estado de la seguridad nacional como el cuarto poder de gobierno, unas potestades que algunos de ellos estn claramente impacientes por probar.

Retroceso e impulso hacia adelante: la historia de nuestro tiempo

Despus de que Washington decidiera en 1979 encargar a la CIA el pertrechamiento, la financiacin y el adiestramiento de los ms extremistas y fundamentalistas musulmanes afganos (y otros) para que la Unin Sovitica se enfrentara con una situacin parecida a la sufrida por Estados Unidos en Vietnam, hicieron falta 22 aos para que la inversin estadounidense en los radicales islmicos se hiciera notar en casa con toda su fuerza. En la cuenta de las reacciones habra una instalacin militar estadounidense en Arabia Saud hecha saltar por los aires, dos embajadas de Estados Unidos atacadas con bomba y un destructor estadounidense gravemente averiado en el puerto de Aden. Pero fueron las atentados del 11-S los que de verdad pusieron la reaccin enemiga en el mapa de este pas (y, muy apropiadamente, convirti el libro de Chalmers Johnson* con ese ttulo en un xito editorial). Esos ataques de al-Qaeda, cuyo costo estimado no pas de los 400.000 dlares apuntaron a tres edificios paradigmticos: el World Trade Center (la representacin del poder econmico de Estados Unidos), en Manhattan; el Pentgono (el poder militar), en Washington; y, presumiblemente, la Casa Blanca o el Capitolio (el poder poltico), hacia donde sin duda se diriga el avin del vuelo 93 de United Airlines cuando se estrell en un campo de Pennsylvania. La intencin de estos ataques, realizados por 19 secuestradores areos saudes en su mayor parte, era asestar un golpe devastador a la autoestima estadounidense, y lo consiguieron.

En respuesta, la administracin Bush lanz la guerra global contra el terror (GWOT por sus siglas en ingls, uno de los peores acrnimos de la historia), conocida tambin por sus furibundos promotores como la Guerra Prolongada o la Cuarta Guerra Mundial. Considere el lector esta guerra, que incluy en ella la invasin y ocupacin de dos pases Afganistn e Irak como una especie de impulso hacia adelante, o una segunda inversin enorme y de largo plazo de tiempo, dinero y vidas de extremistas islmicos, que no hizo otra cosa que consolidar ms an el fenmeno en nuestro mundo, ayudar a reclutar ms militantes y a propagarlo en todo el planeta.

Para decirlo con otras palabras, la relativamente modesta inversin de 400.000 dlares de Osama bin Laden llevara a que Washington literalmente se lanzara a derrochar billones de dlares en unas guerras e insurrecciones que no han hecho ms que extenderse y a poner en su mira a organizaciones terroristas cada vez ms cambiantes del Oriente Medio y frica. El resultado de aos de acciones blicas que han escapado a todo control y llevado al desastre a una vasta regin ha acabado en lo que yo he llamado el imperio del caos y propiciado un tipo de reacciones enemigas en el mbito nacional, reacciones que cambiaran y distorsionaran la naturaleza del gobierno y la sociedad de Estados Unidos.

Hoy en da, despus de 37 aos de la primera intervencin en Afganistan y 15 aos despus de la segunda, en la estela de unas elecciones en este pas, la reaccin contraria respecto de la guerra contra el terror sus mandos, su mentalidad, sus obsesiones, su ansiedad por militarizarlo todo ha llegado a casa con mucha fuerza. De hecho, acabamos de tener lo que algn da quiz sea visto como las primeras elecciones al estilo 11-S. Y, con ellas, vistas las enloquecidas propuestas de expulsar o registrar a los musulmanes, o a quienes se les parezcan. La guerra literal contra el terror est amenazando con aposentarse tambin en casa con toda intensidad. Sabiendo lo que sabemos sobre los resultados en tierras distantes en los ltimos 15 aos, esto de ninguna manera puede ser una buena noticia (por ejemplo, segn un informe muy reciente [de The Daily Beast] el temor a ser perseguidos est creciendo entre los musulmanes que trabajan en el Pentgono, la CIA, y el departamento de Seguridad Interior; con los sentimientos islamofbicos que ya se hacen notar en la administracin Trump que se esta formando, es posible concluir que esto no acabar bien).

El factor decisivo de la Historia?

El 12 de septiembre de 2001 era muy difcil tratar de adivinar qu consecuencias tendra en Estados Unidos y el mundo el impacto producido por los ataques del da anterior, por eso no tiene sentido perder el tiempo en especular adnde nos conducirn en los aos venideros los acontecimientos del 8 de noviembre de 2016. En el mejor de los tiempos, la prediccin es un ejercicio arriesgado; generalmente, el futuro es un agujero negro. Pero hay una cosa que parece ser probable en medio de las tinieblas: con los generales (y otros oficiales de alta graduacin) que han conducido las fracasadas guerras de Estados Unidos estos ltimos aos dominando en la estructura de la seguridad nacional de una futura administracin Trump, nuestro imperio del caos (incluyendo tal vez el cambio de rgimen) ciertamente ha llegado a casa. Es algo razonable ver el triunfo de Donald Trump y su fraccin de derecha corporativista o populismo multimillonario y la marea de creciente racismo blanco que ha acompaado a este racismo como un impacto estilo 11-S en el mundo de la poltica, aunque acabe siendo una versin en cmara lenta del acontecimiento que propici su aparicin.

Al igual que con el 11-S, una historia larga y cargada de reacciones hostiles precedi a la victoria de Donald Trump del 8 de noviembre. Esa historia incluye la institucionalizacin de la guerra permanente como una forma de vida en Washington, el crecimiento de un poder autnomo y la preeminencia del estado de la seguridad nacional; todo esto acompaado del desarrollo y la legalizacin de los poderes ms opresivos del Estado, entre ellos la invasiva vigilancia de todos los tipos imaginables, el regreso, desde los campos de batalla ms remotos, de la tecnologa y la mentalidad de la guerra permanente y la capacidad de asesinar a quienquiera que la Casa Blanca elija matar (incluso a ciudadanos estadounidenses). Adems, en relacin con las reacciones contrarias, en el mbito nacional sera necesario incluir el resultado del fallo de 2010 llamado Citizens Unites (Ciudadanos unidos) del Tribunal Supremo, que permiti liberar pasmosas sumas de dinero corporativo y del 1 por ciento que est en la cspide de una sociedad cada vez ms desigual para llenar las arcas de un sistema poltico (sin el cual habra sido impensable la existencia de una presidencia y un gabinete de multimillonarios).

Tal como escrib a principios de octubre, ...una parte significativa de la clase trabajadora blanca siente como si sea econmicamente, sea psicolgicamente tuviera la espalda contra el muro y ya no quedara un sitio adnde ir. Es evidente que en estas circunstancias, muchos de esos votantes han decidido que estn preparados para lanzarse literalmente contra la Casa Blanca; estn dispuestos a aprovechar el derrumbe del tejado, incluso aunque ste les caiga encima.. Entonces, tomemos la eleccin de Donald Trump como el triunfo del terrorista suicida en este caso, el trabajador blanco enviado al Despacho Oval para que, como dicen todos ahora muy educadamente, sacudir las cosas.

En un momento que, en tantos sentidos, est lleno de extremismo y en el que los yihadistas del estado de seguridad nacional estn claramente dispuestos a todo, es posible quizs que las elecciones de 2016 acaben siendo el equivalente en cmara lenta a un golpe de Estado en Estados Unidos. Donald Trump, como otros populistas de derecha antes que l, tiene un temperamento con tendencia no solo a la demagogia (como lo demostr en la campaa presidencial), sino tambin al autoritarismo en su versin estadounidense, sobre todo desde que en los ltimos aos en trminos de prdida de derechos y de reforzamiento de los poderes del Estado este pas ya se ha movido hacia la autocracia, aunque esta realidad sea poco percibida.

Fuera cual fuera la forma en que los acontecimientos del 8 de noviembre hayan sido presentados a los estadounidenses, hay una cosa que cada da es ms cierta acerca del pas que gobernar Donald Trump. Olvidemos a Valdimir Putin y su destartalado petro-estado: en este momento, el pas ms peligroso del planeta es el nuestro. Conducido por un hombre que aparte de la forma de manipular a los medios (en lo que es un genio innato) sabe bien poco y, al menos en parte, por los frustrados generales provenientes de la guerra estadounidense contra el terror, es probable que Estados Unidos sea un pas ms extremo, beligerante, irracional, obsesivo; un pas que cuenta con unas fuerzas armadas poderosamente pertrechadas, financiadas en un nivel cada vez mayor al que ningn otro pas puede siquiera acercarse y con pasmosos poderes para intervenir, interferir y reprimir.

No es un cuadro muy atractivo. Aun as, es apenas una introduccin a lo que indudablemente debera ser considerado lo ms importante del Estados Unidos de Donald Trump: con todo lo que sabemos de la historia golpista de la CIA y la tradicin de cambios de rgimen por la fuerza de las armas, podra tambin Estados Unidos hacer pedazos un planeta? Si, en lo ms alto de lo que ya es el segundo pas emisor de gases de efecto invernadero del mundo, Trump lleva adelante las futuras polticas energticas que prometi durante la campaa electoral desfinanciar las ciencias relacionadas con el clima, denunciar o ignorar los acuerdos contra el cambio climtico, quitarle importancia al desarrollo de energas alternativas, dar luz verde a los oleoductos y al fracking, alentar an ms otras formas de extraccin de combustibles fsiles y repensar completamente a Estados Unidos para convertirlo en la Arabia Saud de Amrica del Norte, estar efectivamente iniciando una accin de cambio de rgimen contra el planeta Tierra.

Todo lo dems que pueda hacer la administracin Trump, incluso introducirnos en un periodo de autocracia estadounidense, formara parte inherente de la historia de la humanidad. Los despotismos vienen y van. Los dspotas surgen y mueren. Las rebeliones estallan y fracasan. Las democracias un da funcionan y un da dejan de funcionar. La vida contina. Sin embargo, el cambio climtico no tiene nada que ver con todo eso. Puede formar parte de la historia del universo, pero no de la historia humana. En cambio, puede ser un factor decisivo en la Historia. Lo que nos haga la administracin Trump en los venideros aos puede dar lugar a un periodo muy negro pero ser algo pasajero, al menos en comparacin con la posible desestabilizacin total de la vida sobre la Tierra y de la historia tal como las hemos conocido en los ltimos miles de aos.

Esto, por supuesto, eclipsa al 11-S. En ltima instancia, el triunfo electoral del 8-N podra llegar a ser el impacto de una vida, de cualquier vida, durante muchsimos aos. Este es el peligro que est ante nosotros desde ese da; no nos equivoquemos, puede ser devastador.

* El ttulo (en ingls) del libro de Ch. Johnson es Blowback: The Costs and Consequences of American Empire, que podra traducirse como Retroceso: el costo y las consecuencias del Imperio estadounidense. (N. del T.)

Tom Engelhardt es cofundador del American Empire Project, autor de The United States of Fear y de una historia de la Guerra Fra, The End of Victory Culture. Forma parte del cuerpo docente del Nation Institute y es administrador de TomDispatch.com. Su libro ms reciente es Shadow Government: Surveillance, Secret Wars, and a Global Security State in a Single-Superpower World.

Fuente: http://www.tomdispatch.com/post/176216/tomgram%3A_engelhardt%2C_the_most_dangerous_country_on_earth/#more

Esta traduccin puede reproducirse libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor, al traductor y Rebelin como fuente de la misma.




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