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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-12-2016

Tnez: memoria y democracia

Santiago Alba Rico
Gara

El autor analiza las sesiones ofrecidas por televisin en las que los tunecinos pudieron escuchar testimonios de tortura y desapariciones relatadas en voz alta por las vctimas. Si no se puede decir en voz alta aqu hubo una dictadura, es que esa dictadura no est completamente superada, sostiene.


Durante tres aos la Instancia Verdad y Dignidad ha visto entorpecidos y hasta saboteados sus trabajos de informacin y recopilacin por parte del ancien rgime, reciclado ahora en el Gobierno

En medio del caos regional y del ensombrecimiento general, la pequea y olvidada Tnez sigue dando buenas noticias. He esperado algn eco en la prensa y, ante el ensordecedor silencio, me siento impelido a recordarlo. Hace veinte das los propios tunecinos se vieron sorprendidos sacudidos, golpeados, conmovidos por los testimonios de tortura y desaparicin relatados en voz alta por vctimas de las dos dictaduras (la de Bourguiba hasta 1987, la de Ben Ali hasta 2011), testimonios retransmitidos en directo por cuatro canales de televisin. Fueron dos sesiones de cuatro horas, el jueves 17 y el viernes 18 de noviembre, en horas de mxima audiencia, que los ciudadanos individuales olvidarn ms o menos deprisa, pero que marca un umbral simblico de difcil retorno. Establecida legalmente como institucin del Estado en diciembre de 2013 por el entonces Gobierno de coalicin encabezado por Ennahda, la Instancia Verdad y Dignidad, cuya misin es facilitar el proceso de justicia transicional, ha recibido 62.000 denuncias de torturas y desaparicin y ha grabado ya 11.000 testimonios. Son algunos de estos testimonios, ahora en vivo, los que pudieron escucharse en el club Elyssa de Sidi Bou Said, ex residencia privada de Leila Trabelsi, esposa del exdictador, convertido para la ocasin en escenario simblico de esta terapia de grupo dir el abogado y periodista Riadh Guerfali contra la barbarie presente y venidera.

No ha sido fcil llegar hasta aqu. Durante tres aos la Instancia Verdad y Dignidad (IVD) ha visto entorpecidos y hasta saboteados sus trabajos de informacin y recopilacin por parte del ancien rgime, reciclado ahora en el Gobierno de Nid Tunis y en la figura del presidente de la repblica, Beji Caid Essebsi, ministro del Interior de Bourguiba en los aos en que la Polica torturaba a la izquierda del grupo Perspectives. Asimismo, polticos y medios de comunicacin afines al Gobierno no han dejado de arremeter del modo ms sucio contra la presidenta de la IVD, Sihem Bensedrin, prestigiosa opositora a Ben Ali, a la que, izquierda y derecha, han calificado de revanchista, islamista, inmoral, incapaz e incluso loca. Ha sido el popular diario Achuruq el que ha llevado el peso de esta campaa contra Bensedrin, a la que acusa de promover cmo no la fitna o guerra civil, pero tambin el siempre oficialista La Presse ha cuestionado desde el principio su neutralidad y capacidad para conciliar el respeto a las vctimas con la responsabilidad poltica y la necesidad de no abrir heridas. Nada que en la Espaa de las fosas comunes con cerrojo y las cunetas asesinas no nos resulte trgicamente familiar. En el camino de la IVD ha habido que dejar a un lado asimismo la tentativa de aprobar la llamada ley de reconciliacin, una declaracin oficial de punto final y rehabilitacin del antiguo rgimen, felizmente tumbada por la movilizacin ciudadana.

Del mismo modo y como expresin final de este rechazo a la IVD y a su presidenta, cabe aadir que el Gobierno no autoriz el uso del Palacio de Congreso para las audiciones pblicas y que, mientras los dirigentes de Ennahda y del Frente Popular, vctimas de la dictadura, estuvieron presentes en primera fila, ni el presidente de la Repblica ni el primer ministro ni el presidente del Parlamento, miembros todos de Nid Tunis, respondieron a la invitacin de Sihem Bensedrin, quien se muestra tajante a la hora de sealar responsabilidades polticas: quieren reconstruir el Estado benaliano; no quieren nuestra Constitucin. Frente a las acusaciones de revanchismo, la presidenta de la IVD recuerda que slo cinco de las 11.000 vctimas ya escuchadas pretenden abrir procesos penales; la mayora abrumadora est dispuesta a perdonar si sus torturadores les piden perdn. Esta fue, por ejemplo, la actitud de Sami Brahem, prisionero poltico y hoy investigador en el Centro de Estudios Econmicos y Sociales, quien durante la sesin del jueves 17 cerr su declaracin invitando a sus verdugos a presentarse al da siguiente y pedirle disculpas por lo que le hicieron. Sin embargo, todas las demandas de conciliacin y arbitraje enviadas al Ministerio del Interior y solicitadas por las propias vctimas se lamenta Bensedrin han sido rechazadas: se atrincheran en el negacionismo.

Es cierto que las audiciones histricas del mes de noviembre iluminan un pas dividido: un pas dividido entre verdugos y vctimas. Las vctimas entre las que la IVD reconoce tambin las colectivas, incluidas algunas regiones lo son, lo siguen siendo, porque an no han podido hablar, mientras no puedan hablar. Hay que dejarles hacerlo. Como declaraba sin lgrimas ni aspavientos Ourida Kaddouss, cuyo hijo fue asesinado en Regueb durante la represin de 2011, es mi hijo quien os ha dado la democracia. Mi hijo muri por Tnez y por la bandera tunecina y quiero que se le haga justicia. Las madres transmiten un dolor que es fcil hacer propio. Ese es tambin el caso de la de Kamel Matmati, desaparecido en 1991 y muerto bajo tortura pocos das despus de su desaparicin, pero cuya muerte slo se ha reconocido en 2016 y al que sus familiares an no han podido enterrar: Queremos que nos devuelvan su cuerpo y que los culpables rindan cuentas.

Aparte el citado Sami Brahem, torturado en el Ministerio del Interior y en la crcel de todos los modos imaginables durante ocho aos y al que lo que ms sigue doliendo es la humillante bofetada de Boukassa (nombre de guerra de uno de sus torturadores), particular mencin merece la declaracin de Gilbert Naccache, conocido intelectual, escritor y militante de izquierdas, fundador del grupo Perspectives que pas 11 aos en las prisiones de Bourguiba. Su testimonio ofreci a los oyentes un anlisis histrico de la continuidad entre las dos dictaduras y de la de stas respecto de la ocupacin francesa: La modernizacin de Tnez fue en realidad una prolongacin del colonialismo. Naccache, que se sum a la revolucin en 2011 y que desde entonces no ha dejado de luchar contra sus reflujos, declar solemne: Una jornada como sta compensa en s misma muchas de las frustraciones de los ltimos cinco aos.

Las audiciones pblicas de la IVD, que se reanudarn el prximo 17 de diciembre, no servirn para resolver los problemas econmicos y polticos de Tnez. No acabarn con la corrupcin, la fractura entre regiones, el paro juvenil o la inflacin y la deuda; ni tampoco con los recortes de libertades que, so pretexto del combate contra el terrorismo, la poblacin va trgicamente naturalizando. Pero hay situaciones en las que lo simblico tiene carne e introduce efectos; y ms cuando encuentra tanta oposicin por parte de un ancien rgime que revela as su poderosa existencia entre bastidores. El arranque pblico de la justicia transicional debe servir a los tunecinos para al menos tres cosas. La primera, como recordaba Sihem Bensedrin, para frenar la nostalgia de la dictadura, creciente y proporcional al deterioro de las condiciones de vida, y apartar cualquier futura tentacin dictatorial. La segunda, en directa relacin, para recordar que la tortura no es algo del pasado; que hoy, segn la OCTT (Organizacin contra la Tortura), sigue siendo la rutina en comisaras y crceles del pas; y que ninguna amenaza a la seguridad puede hacernos tolerantes o indiferentes frente a ella.

Pero hay una tercer dato relevante. Lo sealaba con acierto Patrizia Mancini, periodista italiana afincada en Tnez y responsable de la pgina tunisia-in-red: La voz de las vctimas ha logrado rescatar del olvido en el que haban cado las palabras de la revolucin: trabajo, libertad y dignidad. Reviviendo el dolor sereno de los torturados, los tunecinos han revivido tambin la larga lucha contra los verdugos que convergi en la sacudida colectiva de 2011, esas jornadas de jbilo comn cuya existencia a veces se pone en duda y que muchos ciudadanos de este pas empezaban a querer olvidar. La revolucin sigue viva, acab su testimonio Gilbert Naccache. Esta frase, y las de los otros testigos, la devuelven a la vida.

De Tnez, pequea y olvidada, se habla siempre como de un smbolo: donde empez la primavera rabe, donde resiste la democracia. Es un smbolo, s, pero tambin una leccin que deberan aprender algunos pases ms grandes. La justicia, se dice, es un derecho de las vctimas, pero se olvida que es, sobre todo, un derecho de los verdugos, a los que se reincorpora as al seno del nuevo contrato social y de la vida colectiva. Sin reconocimiento de las vctimas, sin reconocimiento de los verdugos, no hay verdadera reconciliacin ni verdadera democracia. Si no se puede decir en voz alta y no lo proclaman todas las instituciones aqu hubo una dictadura, es que esa dictadura no est completamente superada. Tnez, en este sentido y con independencia de lo que pase a partir de ahora, vuelve a ir un poco por delante de Espaa.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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