Portada :: Cuba :: Hasta siempre Comandante!
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-12-2016

Para merecer decir Somos Fidel!

Luis Toledo Sande
Cubarte


En la Plaza de la Revolucin Jos Mart, el pasado 29 de noviembre, mientras se le renda homenaje multitudinario al lder fallecido cuatro das antes, Nicols Maduro cont que, pocos aos atrs, en medio de una conversacin premonitoria en muchos sentidos, Fidel les dijo a l y a Evo Morales: Yo hice ya mi parte. Ahora les toca a ustedes. Ms all y ms ac de esos dos polticos sudamericanos formados sobre sus propias races nacionales y culturales, y en la estela emancipadora que inici la Revolucin Cubana, el reclamo del Comandante en Jefe puede tomarse como dirigido en especial a su propio pueblo, que debe leerlo tambin as: Ahora les toca, les sigue tocando a ustedes, mucho ms an que hasta el presente.

El ejemplo de Fidel tiene toda la fuerza necesaria para continuar siendo, a despecho de la muerte, un viga guiador de la patria. Hasta el preciso instante en que fue inhumado, y sin que se pueda hablar de ello como de una accin pasada o ya interrumpida, estuvo brindndole aportes fundamentales a su patria, al empeo revolucionario que l encabez para liberarla, para que nunca ms vuelva a ser presa de colonizadores, imperialistas y opresores externos o vernculos de ninguna ndole.

Antes de que se depositaran sus cenizas en un mausoleo cuya austeridad es asimismo un digno tributo a su memoria, a su presencia, el ltimo de sus aportes fue la revelacin de un hecho fundamental: en el seno de su pueblo de la mayora de sus compatriotas, aunque esa la realidad va ms lejos an hay reservas de patriotismo y vocacin revolucionaria que la propaganda enemiga, y acaso cierta inercia intestina, o los agotamientos causados por una vida cotidiana poco amable, podan hacer suponer que menguaban. Tal revelacin confirm la existencia de una extraordinaria riqueza til con vistas a realizar lo mucho que falta por hacer.

Para hacerse entender mejor, si no fuera porque tal expresin, signada por la herencia de la contabilidad pragmtica, le desagrada en la mdula, este articulista dira que esa revelacin encarna un inmenso capital humano. Pero, al margen de la expresin que se prefiera usar o se desestime, lo que Fidel aport hasta el final de su trnsito fsico no se debe tomar como un cheque sin fondo. Es un prstamo generoso, s, pero dignamente comprometedor, y se ha de aprovechar plena, honrada, inteligentemente para garantizar algo de lo que sera muy costoso que el pueblo cubano se viese privado: la supervivencia de su gua, un gua insustituible, aunque sus cargos con nombres iguales o diferentes sean y deban ser ocupados por otras personas.

Aunque no quiere el autor de estos apuntes repetir lo contenido en Fi(d)eles a su ejemplo, que circula en distintos medios, no eludir reiterar sintticamente lo que all glos del general de ejrcito Ral Castro Ruz: nicamente un equipo de trabajo podra dar continuidad a la brega que protagoniz un lder cuya autoridad no volver a tener nadie en Cuba. En esa realidad se inscribe en la decisin colectiva que el pueblo ha proclamado ante la prdida del lder: Yo soy Fidel!, o Somos Fidel!, gritos que a su vez demandan meditacin.

La permanente y lcida participacin a que est llamada la sociedad cubana para realizar su destino y salvaguardar su consistencia poltica y tica debe ser, mucho ms todava que el necesario condicionamiento de la autoridad de quienes a partir de ahora tengan la misin de orientarla, una fuerza impulsora que asegure la buena marcha del pas. La periodista Mara Victoria Valds Rodda public por estos das en Bohemia Digital (http://bohemia.cu/nacionales/2016/11/los-tres-regalos-y-las-tres-lecciones-de-fidel/) un artculo sobre los tres regalos y las tres lecciones que ella recibi en encuentros con Fidel. Todos son de inters, pero quizs ninguno ms que el primero, ocurrido cuando ella tena diez aos.

Hija de Ral Valds Viv, entonces embajador de Cuba en el Vietnam que le daba al mundo el ejemplo de su resistencia, al cabo vencedora, contra la criminal agresin de los Estados Unidos, la nia presenci la visita del Comandante a la Embajada cubana en aquel pas. Para ilustrar la idea que aqu se intenta plasmar basta decir que en un momento el Comandante que vena de un recorrido intenso, arduo y peligroso, cruz las piernas y, en busca del descanso necesario, las puso sobre la mesa de la salita. En ese momento Mara Victoria Rodda, madre de la nia, a pesar del amor que le profesaba al lder de la Revolucin Cubana, dej ver el ceo fruncido y la mirada dura, su disgusto, y el Comandante no tard en bajar los pies de la mesa.

No se qued en eso el lder. La testimoniante recuerda que l, antes de marcharse, la llam y en un susurro le dijo: Haz caso a lo que dice mam. Ella tiene razn, y que ese da aprendi ella una leccin vital: la importancia de los detalles. Los hechos, incluida la humildad del lder que reaccion como lo hizo ante el disgusto apenas insinuado por aquella mujer que ya tampoco existe, confirma adems la importancia de que los gobernantes tengan ante s como complemento no es necesario siquiera hablar de contrapartes o contrapesos la resolucin, la sinceridad y, llegada la hora, el coraje del pueblo que les haga saber si han puesto los pies sobre la mesa, si han hecho algo que no es lo mejor, o que resulta incorrecto.

Esa actitud ser tambin un deber de la sociedad cubana, de su mayora revolucionaria, en primer lugar, para mantener vivo y en la mejor capacidad de influjo el ejemplo del Comandante. Ello hacer pensar una vez ms en el grito antes citado, segn el cual todos, al menos la aludida mayora, somos Fidel . Otro similar, Seremos con el Che!, suscitaba la preocupacin, entre otras personas, de una herona que pensaba en hechos tan inevitables como que no todos los nios y las nias que repetan y an repiten esa consigna terminaran siendo personas adultas seguidoras, en su conducta diaria, del ejemplo del Guerrillero Heroico. Pero el lema contina siendo vlido como expresin de un desidertum, de una meta a la que sera lamentable, para no decir ms, renunciar.

De igual modo, proclamar Yo soy Fidel! se legitima solamente si de veras expresa la decisin de seguir su ejemplo, de luchar para hacer realidad los sueos que l abraz creativamente guiado por las lecciones de Jos Mart y los reclamos de la realidad. Ello supone un esfuerzo permanente y eficaz para erradicar debilidades que se expresan en la mala actitud ante el trabajo, la corrupcin y la indisciplina social; alcanzar la eficiencia econmica indispensable y poner coto al afn de xitos egostas propalado como norma de vida por la maquinaria cultural del capitalismo, a la que sera ingenuo negarle efectividad: diariamente se anota en el mundo victorias fcticas que mellan la condicin humana.

El Comandante, su ejemplo, mereca y merece que en sus honras fnebres el pueblo dijera, como expresin de voluntad revolucionaria: Somos Fidel!. Pero a partir de ahora le toca al mismo pueblo demostrar, con hechos, que merece repetir ese lema, y no permitir que pare en una consigna sin sustancia y carente de los efectos transformadores que la Revolucin necesita para no dejar de serlo.

Ni siquiera es solo cuestin de callarles la boca a los aspirantes a orculos que andan por el planeta, a veces haciendo uso de su condicin de otrora revolucionarios, difundiendo pronsticos como aquel que se crey gur y carga con el fracaso de haber vaticinado hace un montn de aos ya la hora final de Fidel Castro . Lo que nos convoca es asegurar la marcha de una obra revolucionaria que no responde a la medida de pragmticos, corruptos, acomodados y burcratas incapaces o capaces de actuar mal, aunque unos y otros puedan haberle hecho ya no poco dao.

Hasta ahora se han estrellado contra la realidad quienes han vaticinado la desaparicin de la Cuba revolucionaria tras la muerte del lder y el trnsito de la denominada generacin de los histricos, como si hubiera ser humano en este mundo que no estuviera insertado en la historia. Cuando en 2006 el Comandante se enferm, algunos buitres se apresuraron a darse a conocer sin mscaras y celebraron su muerte. Otros, ms cientficos y elegantes, reforzaron la prctica de sembrar insidias y dieron su vaticinio sobre una supuesta Cuba poscatro. Entonces el dibujante Ares, que sabe tanto de artes visuales como de la mente humana es siquiatra de formacin, en respuesta a tales profetas cre un cartel que reproduce con sesgo de infinitud, como representacin de Cuba, la imagen de Fidel combatiente.

La obra grfica, que por su propsito inmediato asumi como ttulo contestatario aquel vaticinio, va siendo o pudiera ser rebautizada de distintos modos, que en esencia hablaran o hablan de una Cuba con Fidel multiplicado . La fortuna contenida en la revelacin de fuerza patritica y revolucionaria que la muerte del Comandante en Jefe ofreci al mundo, no se debe dilapidar ni dejar que se disipe en la inercia, en la pasividad, en la resignacin a defectos que pudieran destruir la Revolucin desde dentro, como l mismo afirm en el Aula Magna de la Universidad de La Habana el 17 de noviembre de 2005. Solamente conjurando e imposibilitando la consumacin de ese peligro se har realidad el grito que se sostiene como acto de fe y de certidumbre revolucionarias: Viva Fidel!.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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