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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-12-2016

Para que la democracia sea democracia

Luis Toledo Sande
Cubarte


Desde que se acu para nombrar una forma de funcionamiento social en la Grecia culta y frtil, pero esclavista, el trmino democracia etimolgicamente, poder del pueblo ha venido cargando con realidades y embustes, logros y manquedades, en proporciones varias. As y todo, constituye un desidertum de la mayor importancia para la humanidad. Pero causa espanto el atolladero a que ha llegado su uso en las versiones privilegiadas en el mundo por los medios imperantes, instrumentos de los poderosos.

En medio de una realidad en que los intereses imperiales fomentan guerras, genocidios, actos terribles como los sufridos por las masas de emigrantes echados de sus tierras por los conflictos blicos y la pobreza que estos agravan, cuando en muchas partes asoman las garras del fascismo, sobran ejemplos para ilustrar la falsedad de quienes medran falseando y haciendo fracasar la democracia. Dos casos palmarios son el de los Estados Unidos, autopromovido e incluso aceptado por muchos como supuesto paradigma de la democracia, y el de Espaa, en pose de imitar el modelo estadounidense.

El primero de ellos sobresale como tutor mandn, OTAN mediante; el segundo, como engendro pattico, como zarzuela mala. Ambos ignoran los derechos de los pueblos, incluidos los suyos, y en el europeo las fuerzas dominantes o vicedominantes, porque se supeditan a las del Norte imitan a la potencia que hoy las coyundea y en 1898 humill a sus predecesoras. Para colmo, se ha implantado como supuesto recurso para garantizar la estabilidad preparado por el cabecilla fascista que sumi al pas en sangre y luto y urdi la transaccin democrtica nada menos que una monarqua, forma de gobierno caduca raigalmente incompatible con la democracia verdadera.

All alternan en la casa de gobierno el partido cuya cpula ha traicionado los rtulos socialista y obrero de su nombre, y el que, tambin usurpando una denominacin que no le pertenece, popular, encarna la continuidad del llamado Bando Nacional, el que llev al poder al caudillo asesino. Tal es el partido que recientemente ha logrado seguir habitando La Moncloa, tras episodios comparables en la imaginacin cubana como un San Nicols del Peladero carente de gracia, trgico.

En los Estados Unidos la ms reciente campaa por el voto presidencial mostr una vez ms, reforzada incluso, la realidad descrita por Jos Mart al hablar de poltica y elecciones en esa nacin: no se ha peleado a lo pgil, sino a lo serpiente. En la pugna se enfrentaron otra vez los representantes del partido demcrata y el republicano, nombres tan intercambiables en esencia como las organizaciones polticas designadas con ellos.

En la continuidad del secular modo de hociquear en la contienda por ocupar la Casa Blanca se enfrentaron, de un lado, una intervencionista que envuelve en porte elegante su alma asesina y, del otro, un ser que, con su burda catadura neroniana, encarna la decadencia, peligrosa y en marcha, del imperio. Su desempeo, si no lo liquidan por el camino, llegar al igual que llegara el de su adversaria si ella hubiera ganado hasta donde se lo permitan los dueos del negocio terrible que l representar como presidente.

Modelos tales encarnan miseria moral para los pueblos del mundo en cualquier poca, y mxime cuando las reglas impuestas se emplean en funcin de estratagemas neoliberales como las que han primado en el Brasil de un turbio golpe de estado parlamentario. Tambin en Argentina, donde la derecha capitaliz recursos en los cuales se incluy una falaz maquinaria propagandstica.

As las fuerzas de la reaccin consiguieron que el pueblo apareciera como protagonista de un hecho costoso para la inmensa mayora: ponerse la soga en su pescuezo con la eleccin de un presidente que obedece al imperio y a la oligarqua intestina, de la que forma parte. Como la maniobra perpetrada en Brasil, la de Argentina corrobora cun antidemocrtica puede ser, capitalismo por medio, la llamada democracia.

Esos triunfos de la derecha tras los cuales es fcil adivinar o ver el empuje de fuerzas que en el Norte son capaces de alternar, cuando les conviene, la zanahoria que manipulan y el garrote que las caracteriza la han envalentonado todava ms en el afn de derrocar gobiernos que no le hacen el juego al imperio ni, por tanto, a ella. Ocurre en la Bolivia del Movimiento al Socialismo y en el Ecuador de la Revolucin Ciudadana y, sealadamente, en la Venezuela del proyecto bolivariano.

Los dirigentes revolucionarios en ese pas, ahora con Nicols Maduro al frente y tambin apoyados por la mayora de la poblacin, han conseguido contener, con un denuedo que asombra y conmueve, la ofensiva contrarrevolucionaria y criminal apoyada por el imperio. Es una ofensiva comparable al menos con la que en Chile frustr por la fuerza el experimento pacfico del gobierno de la Unidad Popular, encabezado por Salvador Allende.

Hasta ahora la diferencia entre ambas realidades la va marcando el hecho de que en Venezuela no ha prosperado un golpe militar como el representado por Augusto Pinochet en Chile. Pero los intentos de acabar con el afn bolivariano se comprobaron fehacientemente incluso en vida de Hugo Chvez, contra quien se orquest un golpe respaldado por fuerzas forneas. En ellas descoll el Partido Popular espaol y, sobre todo, el imperio al que esa organizacin poltica sirve, como sirven los cabecillas de la contrarrevolucin que acta dentro de Venezuela.

Agredida, bloqueada, calumniada, asediada por ese mismo imperio, que viola los derechos humanos y la legalidad internacional, Cuba se ha mantenido firme, gracias a una Revolucin a la que el pueblo le ha dado un apoyo ampliamente mayoritario, y no por casualidad ni como fruto de un supuesto milagro. Esa Revolucin lleg al poder tras una lucha armada que le permiti desmantelar la maquinaria gubernamental impuesta por una burguesa que calcul mal al irse para los Estados Unidos, suponiendo que pronto volvera para recuperar su posicin. El pueblo, por su parte, vio en la obra revolucionaria un rumbo verdaderamente democrtico.

El 16 de abril de 1961, en el entierro de los mrtires de los bombardeos con que en la vspera la CIA intent destruir parte importante de las fuerzas con que Cuba podra defenderse contra la invasin desatada el 17, el lder Fidel Castro Ruz declar que la Cubana era ciertamente una Revolucin de los humildes, con los humildes y para los humildes: es decir, encarnaba en los hechos el poder del pueblo, esencia de la democracia.

Desde el alba de 1959 el pueblo cubano tena evidencias de que se estaba cumpliendo el Programa del Moncada. Lo mostraba cuanto se haca en el terreno de la educacin y la salud, en el laboral y en el de la dignidad basada en la conquista de la soberana que el imperio le haba arrebatado al pas en 1898, con la oportunista intervencin que impidi que Cuba alcanzara la victoria que mereca contra el colonialismo espaol.

Para defender a su patria contra la invasin mercenaria, preparada y financiada por la CIA, y que fue aplastada en menos de setenta y dos horas, lucharon en Playa Girn soldados y milicianos pueblo uniformado que saban necesario salvar y cuidar logros como la Campaa de Alfabetizacin en marcha, gracias a la cual el ao 1961 finaliz con la proclamacin de Cuba como pas libre de analfabetismo. Ese fue el bautizo grandioso de una obra educacional en ascenso, que preparara al pueblo para defender sus derechos contra todas las fuerzas que quisieran arrebatrselos.

Hace unos aos, en medio de las calumnias contra Cuba, profesionales de diferentes pases dialogaban en un debate, y uno de ellos digamos que equivocado, vctima de la campaa meditica que la nacin caribea ha tenido que enfrentar sin descanso durante ms de medio siglo tild de dictatorial al gobierno cubano. Entonces una colega espaola, haciendo acopio de claridad y de fina irona, le respondi: Pues se le debe impartir un curso al gobierno de Cuba para que aprenda a ser una dictadura, porque mal va el dictador que lo primero que hace es buscar y conseguir que su pueblo se instruya.

La obra de educacin, cultura y ciencia desarrollada por la Revolucin Cubana con un denuedo superior a sus recursos materiales, no solamente le ha dado al pas una fuerza laboral altamente capacitada. Tambin lo ha dotado de un ejrcito el pueblo preparado para enfrentar con armas y pensamiento, en trincheras de piedra y de ideas, las campaas enemigas, y para hacerlo con la claridad de quien sabe dnde est lo que debe defender. Una Revolucin que rinde culto filial a Jos Mart sabe, como dijo l, que ser culto es el nico modo de ser libre.

Algunos habrn credo, o posado como que lo crean, y hasta intentado propalarlo como cierto, que la fuerza de esa Revolucin haba desaparecido o se difuminaba en medio de carencias internas provocadas por un criminal bloqueo que perdura. Pero no les habr quedado ms remedio que ver la reaccin de la inmensa mayora de este pueblo ante la muerte de su Comandante, las claras, resueltas expresiones de la voluntad de mantener vivo su legado y continuar una obra revolucionaria irreductible a los designios del mercado y al sometimiento en que los imperialistas quisieran y en vano han intentado sumir a Cuba. Habrn podido ver tambin la solidaridad de los pueblos del mundo con ella.

Tanto como la Revolucin Cubana tiene el derecho y el deber de defenderse, y hacerlo con la mayor lucidez posible, asume igualmente la misin de salvar la cultura de la nacin, que en ella tiene as la defini el Comandante su mayor escudo. Esa cultura no se agota en la riqueza artstica y literaria cosechada: abarca un patrimonio ms amplio, en el que estn inscritos los valores ticos que han sido y han de seguir siendo el pilar de la obra revolucionaria y del acervo cultural de la nacin en su conjunto.

No es fortuito, sino orgnico, el llamamiento de la propia direccin de la Revolucin al pueblo para que fortalezca su participacin activa y consciente en el ejercicio de la democracia. Sin l, la Revolucin sera un logro bamboleante, fcilmente derribable con sacudidas mucho menores que las propulsadas contra ella por las fuerzas imperiales. De ah la necesidad de fortalecer el funcionamiento democrtico, participativo, con que el pueblo la lleva a cabo, y no contentarse con saber que ante la grandeza y la ndole popular de su obra deberan al menos guardar silencio, si tuvieran pudor, los voceros de la falaz democracia burguesa que intentan desacreditarla.

Los lemas Yo soy Fidel y Somos Fidel! expresan apoyo, voluntad de participacin en el cuidado cotidiano de las conquistas y los requerimientos de la Revolucin. Significan que, lejos de menguar, esa voluntad crece ante la ausencia fsica del dirigente en quien el pueblo intua que poda delegar en gran medida, con plena confianza, la responsabilidad de mantener bien orientada la Revolucin. A partir de ahora no debe quedar resquicio al que no llegue el sentido colectivo, a fondo, de la democracia plena que se necesita para que el legado revolucionario perdure en marcha hacia un futuro que debe y merece ser victorioso.

No se sirve en Cuba, ni se ha de servir, a rejuegos para que accedan al poder millonarios o aspirantes a millonarios que representan a los opresores y ellos mismos lo son. La cultura revolucionaria de la nacin garantiza que aqu no haya magnates que encuentren espaldas de pobres sobre las cuales sentarse. Eso, cualesquiera que sean los ropajes con que el opresivo sistema se vista, ocurre diariamente en los pases que, dominados por el capitalismo, presiden a escala planetaria la violacin de los derechos humanos.

Esa realidad es medularmente ajena a un pueblo como el de Cuba, preparado para saber cules son sus derechos, y defenderlos. Se trata de un pueblo instruido, formado como debe serlo crecientemente en el conocimiento de su historia, y de la historia de sometimiento en que lo quisieran hundir otra vez y para siempre los mismos que lo sumieron en ella desde 1898 hasta el 1 de enero de 1959, y ahora lo invitan a olvidarla.

No olvidar su historia la Revolucin que ha abierto caminos necesarios para que ciertamente democracia signifique democracia, no campaas de serpientes al servicio de la opresin nacional e internacional.

Fuente: http://www.cubarte.cult.cu/es/article/47512

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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