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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-12-2016

Uruguay
Las supuestas exequias de la reforma constitucional

Emilio Cafassi
La Repblica


El domingo pasado intentaba trazar desde esta pgina un somero balance del reciente congreso del Frente Amplio uruguayo (FA) que pas a cuarto intermedio. El mismo da, el periodista Leonardo Pereyra haca lo propio pero en el diario El Observador. Ya desde los ttulos se podran advertir las diferencias. Mientras l rotulaba que el FA enterr la reforma constitucional a dos metros bajo tierra, por mi parte enfatic que la fuerza poltica haba comenzado a realizar la fantasa de la elaboracin colectiva. Debo reconocer que mis conclusiones -para este caso puntual, a diferencia de tantos otros inversos- convergan con mi propio deseo. Me pregunto si en el caso de Pereyra no suceda algo similar, si no celebraba ntimamente la tal inhumacin de la iniciativa reformista. Porque con mayor extensin an, el mismo autor se haba explayado en la edicin de ese matutino del 20 de noviembre en un texto cuyos ejes parecan dictados por la esquiva Unidad Popular, cuya delectacin ante las limitaciones o fracasos frentistas resulta indisimulable. Enumeraba una ristra de banderas arriadas, aunque con diferente sintaxis a la del grupo de izquierda. Su prosa contena una concepcin tcita de la poltica, como ineluctable secuencia desde el cortejo seductor al electorado hasta la posterior degradacin naturalizada en la defraudacin con la que acompaaba el inventario crtico. Se trata de una idea ms o menos tradicional y conservadora -aunque sincera- del poder como pesada losa sobre los cambios, siempre ms proclive a las medias astas pragmticas y la impotencia transformadora. Sin embargo, en ese artculo se exponan varias sinuosidades y debilidades reales del gobierno frentista, como en las consignas o intervenciones del grupo de izquierda autoexcluido del FA. Tanto las del periodista cuanto las del grupo, resultan advertencias para tener muy en cuenta y encarar soluciones, no celebraciones.

En cualquier caso, la salida de ese grupo de militantes es una ms de las deudas a incorporar en el arqueo poltico del FA, como tambin sobre la que debera reflexionar este fragmento poltico centrifugado al que aludo. Porque la mdula de la cuestin programtica y hasta de gestin gubernamental para fuerzas de izquierda no es exclusivamente el rumbo exacto o el resultado, sino la arquitectura organizativa que le permita a cada integrante incidir para rectificar derivas o superar limitaciones. Es decir, para construir fuerza colectiva que logre transformar fcticamente la realidad, no slo poder denunciar sus miserias e ignominias. No es bueno para el FA perder revolucionarios, ni lo es para los excluidos permanecer en el ostracismo testimonialista en nombre de una supuesta pureza autodefinida, que por lo general es un slo un velo semitransparente sobre los simplismos y las flaquezas imaginativas. Menos an puede decidirse la construccin de una alternativa poltica, segn se gane o pierda un debate interno, all donde existan reglas consensuadas. No hay una sola evidencia de que en el FA se expulse a combativos ni que se les impida la opinin, las iniciativas o la posibilidad de incidencia. S la hay de la inexistencia de canales de interaccin regular entre los organismos de base y de estmulo a su actividad y participacin que genera distancia entre dirigentes y dirigidos aunque no haya llegado a ser an abisal. Desbloquear las obturaciones intercomunicativas y realimentar el funcionamiento de los comits de base, debera ser una prioridad colectiva, hasta por instinto de supervivencia.

Pero volviendo al balance del congreso, la lectura de Pereyra debe al cristal de la Unidad Popular no slo el catlogo de incumplimientos, sino la tesis tcita del bloqueo estructural de rectificaciones, o peor an, la de la expropiacin de toda capacidad decisional por parte de una camarilla dirigencial apartada de los ideales originarios. Para Pereyra la mayora de la coalicin considera que la iniciativa est muy por debajo de las prioridades del pas de lo que deduce el enterramiento con el que titula. Habr estado acreditado en el congreso? Porque personalmente pude escuchar en las sesiones plenarias y de comisiones dudas varias respecto a las prioridades, pero no encontr un solo sepulturero, quizs porque no di con el dirigente del grupo de Sendic que le habra confiado esa voluntad que extiende hacia buena parte de la dirigencia. Sin embargo, s compart opiniones con algunos altos integrantes del poder ejecutivo de la gestin pasada que lejos de querer soterrar la iniciativa que convoc al congreso, aspiran a otorgarle el mximo impulso. Le asiste la razn sin embargo cuando recuerda que la decisin del camino reformista qued en manos del Plenario Nacional (PN), pero el nico camino para poder concluir necesariamente el descarte de la iniciativa convocante del congreso es reproduciendo el estereotipo maniqueo que da por sentado que la presencia de los dirigentes es ms fuerte que la de los militantes como si entre ambos hubiera una oposicin de intereses y una distancia irreconciliable. No creo que el PN pueda decidir si se impulsa o no la reforma y por qu camino, antes de que el congreso culmine de definir los principios y valores que sustentarn la iniciativa, y muy particularmente el captulo V dedicado al concepto de ciudadana. El FA no puede persistir desguarnecido frente a la burocratizacin, el desnimo y la desmovilizacin, cosa que no creo que el PN desconozca.

Creo inversamente que la dinmica del congreso mostr otra sinergia, complejidad y espritu crtico, que est muy lejos de las previsibilidades y del control de dirigentes. En los debates y en las enmiendas de ambos documentos, lejos de arriarse banderas se izaron en alto muchas de ellas e inclusive se implantaron nuevos mstiles. No niego que en algunos sectores importantes de los niveles ms altos de direccin la prudencia y hasta la molicie ganen peso, pero el FA viene logrando actualizarse cuando recibe presin de sus bases, de los movimientos sociales y la sociedad civil. Uno de los fundamentos para pasar a un cuarto intermedio fue precisamente el de dar oportunidad a las bases para recrear su nivel de debate, organizacin y movilizacin. No slo para tener oportunidad de elaborar con tiempo y cuidado enmiendas de los captulos faltantes, sino para poder pensar y ejecutar alternativas organizativas que recreen el momento de apogeo, inclusivo y convergente de sus mejores pocas. Lo que presupone tambin dirigencias receptivas a las demandas y presiones de bases y movimientos.

Debe reconocerse sin embargo, que en el contexto de la amplia pluralidad de enfoques tericos e ideologas hay opiniones que desaconsejan impulsar cambios polmicos y complejos en la esfera poltica y jurdica, enfatizando que deben abordarse medidas econmicas y sociales en un contexto de enorme dificultad por la dinmica recesiva mundial y la perspectiva de nuevos cercamientos proteccionistas en pases centrales. Simplificndolo, no sera el momento. Pero tambin, apelando a idntica sntesis, estamos quienes sostenemos que justamente por las escasas posibilidades de trascender significativamente la tendencia regresiva internacional administrando el capitalismo en una direccin fuertemente progresista con demandas crecientes de atencin social, es el momento de superar la miseria poltica de la democracia liberal-fiduciaria introduciendo cambios radicalmente sustantivos en la participacin de los afectados en las decisiones que los incumben y en el mandato y control de los representantes. Y ambas opiniones, si bien pueden tener mayor predisposicin en algunos sectores respecto a otros, cortan transversalmente a buena parte de las organizaciones integrantes del FA e inclusive a las bases y los dirigentes. De lo contrario no se explicara ni la aparicin formal de la iniciativa de cuarto intermedio pergeada por un puado minsculo de militantes tanto independientes como algunos sectorizados la noche del sbado, ni menos an el resultado de la votacin.

Pero tambin hay argumentos pragmticos que exigen revisar la dinmica poltica tanto frentista como nacional, inclusive desde la ms estrecha y egosta preocupacin electoral. Vase si no el artculo que en este diario public William Marino el 1 de diciembre con las cifras de votacin del presupuesto participativo y sus cidos comentarios sobre los cambios de significantes que devinieron cambios de significados convergentes con la desmovilizacin ciudadana, tanto como las del viernes pasado, aunque debera celebrar el cuarto intermedio para revertir las tendencias pesimistas.

Cualquiera sea la resolucin que se adopte en abril, incluyendo la que vaticina Pereyra, el FA saldr fortalecido. Porque an a pesar de lo poco propicio que resulta un verano para debatir y organizarse, se robustecer la vida de las bases y habr inevitablemente reclamos de revisin de la dinmica organizativa, e inclusive experiencias innovadoras que se pondrn en movimiento con o sin permiso. Y tendr ms vida la reanudacin del congreso porque adems de un dispositivo de poder colectivo, esa instancia es la verdadera celebracin.

Quizs el entierro de la iniciativa reformista resulte slo un malentendido como el de aquella cancin El muerto vivo de Gonzlez Arena tan popularizada en Espaa por Peret y por estas tierras en la versin en vivo de Serrat y Sabina.

No estaba muerto, estaba de parranda.

Emilio Cafassi. Profesor titular e investigador de la Universidad de Buenos Aires

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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