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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-12-2016

Democracia boliviana en perspectiva

Arturo D. Villanueva Imaa
Rebelin


En otro artculo realic algunas reflexiones acerca de la democracia en el Estado Plurinacional de Bolivia. All se efecta un rpido repaso sobre el actual estado de situacin de la democracia en los ltimos 10 aos. (Ver: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=217900&titular=democracia-en-el-estado-plurinacional-).

Aqu intentar efectuar un anlisis sobre las perspectivas que surgen como resultado de los acontecimientos y el contexto nacional, en un periodo que parte de mediados de los aos 80, (cuando se impuso el modelo y gobiernos neoliberales), hasta la actualidad. Es decir, se tratar de efectuar un abordaje a partir de los hechos, antes que de principios, valores o visiones (de carcter ms intelectual, conceptual o esquemtico), que pueda tenerse sobre la democracia. El propsito es escudriar el tipo y las caractersticas que la democracia ha ido tomando en nuestra realidad, para perfilar el futuro.

Se ve la conveniencia de efectuar este tipo de abordaje, en el entendido de que la democracia es un constructo que responde ms a la dinmica de los acontecimientos histricos y sociales, antes que constituir un referente imaginario que responde a preocupaciones intelectuales o conceptuales (cosa que por supuesto no es desdeable en s misma). Por consiguiente, lo que se quiere resaltar es la forma, los mecanismos y la dinmica de los acontecimientos que dan lugar a la conformacin y construccin de un determinado tipo de democracia en los hechos, antes que remitirse a un imaginario que surge ms bien de lo que pudiera esperar o desearse para que se produzca en la realidad.

Hay una diferencia sustancial entre concebir y propugnar una idea de democracia emergente de la imaginacin de algn intelectual, o extrada del modelo de una sociedad (como por ejemplo del estilo uruguayo, chileno o ingls), que construir una forma de democracia que responda a la propia realidad y la manera cmo los acontecimientos sociales han generado su forma de gobierno.

EL DESCABEZAMIENTO Y LA DESMEMBRACIN MATERIAL E IDEOLGICA.

La situacin actual de la democracia en Bolivia, es imposible entenderla sin tomar en cuenta la Marcha Nacional por la Vida de los mineros en el ao 1986. Este acontecimiento histrico marc no solamente la demolicin material e ideolgica del proletariado y la clase obrera boliviana (que eufemsticamente termin relocalizada; es decir despedida, dispersa y atomizada a lo largo del pas), sino que en trminos democrticos acab con la fuerza de contrapeso que la Central Obrera Boliviana (COB), la Federacin Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia (FSTMB) y las clases obreras haban creado y constituido frente al poder del Estado y las tentaciones autoritarias y despticas que regularmente surgan en asonadas golpistas.

Esta derrota que impuso el largo periodo neoliberal en Bolivia hasta finales del siglo XX, tambin implic un largo periodo de desideologizacin y desmontaje de las organizaciones sociales que haban quedado hurfanas de su referente poltico y organizativo, que hasta ese momento representaban la poderosa COB y la FSTMB.

Desde entonces, hasta que estallan las revueltas sociales de la Guerra del Agua (en el ao 2000) y Octubre Negro (en el 2003) [1] /, la relacin entre el Estado y la sociedad se haba caracterizado por dbiles acciones interpelatorias en vista del vaco dejado por la COB, y la consecuente predominancia de gobiernos y regmenes que aprovecharon esa especie de anomia organizativa y la ausencia de su referente popular, para apostar por el neoliberalismo y la enajenacin de la nacin y el Estado.

Dispersos y atomizados, a los sectores sociales que formaban parte de la COB y otras organizaciones matrices, no les quedaba otro camino que expresarse y pugnar (en muchos casos aisladamente), por la reivindicacin y conquista de sus derechos que eran sistemticamente conculcados por el modelo impuesto (con el respaldo y entusiasta iniciativa de los organismos internacionales, que no dudaron en hacer prevalecer sus directrices).

El neoliberalismo tuvo varios aos para regodearse por su arremetida. Sin embargo y sin proponrselo, ni sospechar; al desmembrar y fraccionar a la COB que durante dcadas se haba constituido en el contrapeso necesario de la sociedad frente al poder del Estado, el neoliberalismo estaba logrando todo lo contrario de lo que se haba propuesto y todo lo contrario de lo que sus intereses aconsejaban. Es decir, abrieron una nueva fase de mltiples y diversos conflictos que estallaban en las situaciones y los lugares ms inesperados. All, los sectores sociales (que anteriormente canalizaban en forma unitaria su protesta por medio de la COB), terminaron rechazando y poniendo en jaque la democracia pactada que le haba servido a las lites dominantes tradicionales para gobernar y turnarse en el poder.

Descabezada y fraccionada material e ideolgicamente la COB, el largo periodo neoliberal solo tuvo la oposicin de incipientes sectores sociales que emergan tmidamente por la sistemtica conculcacin y violacin de sus derechos y el tcito desconocimiento y descalificacin de sus organizaciones matrices que literalmente haban sido destruidas. Tan brutal haba sido el golpe contra las clases obreras y sus organizaciones matrices, que los sectores sociales no solo perdieron un referente ideolgico, sino que tuvieron que rehacerse partiendo de la desmovilizacin provocada por el neoliberalismo. Es decir, volver a rearticularse habiendo perdido el horizonte y partiendo de la elemental reaccin cuando se vulneran derechos bsicos. La iniciativa para perfilar un nuevo tipo de sociedad y Estado, haba quedado embargada en manos del neoliberalismo. Y el neoliberalismo, a su turno, no tuvo mejor idea que enajenar el Estado, sus recursos y la misma nacin.

Como secuencia natural del nuevo modelo impuesto, se produca el sistemtico achicamiento del aparato del Estado (y consiguientemente de sus facultades, o las posibilidades de crear una fuerte institucionalidad por ejemplo), porque se decidi favorecer a los intereses privados (nacionales y extranjeros), entregndoles las facultades para organizar y apropiarse de las empresas, los recursos naturales y la economa del pas, atendiendo las directrices neoliberales y privatizadoras que ordenaban los organismos internacionales y las empresas transnacionales.

A medida que se produca la paulatina pero sistemtica enajenacin de las empresas, los recursos y el propio Estado nacional; los sectores sociales y sus demandas fueron cobrando cada vez mayor fuerza, esta vez sin la necesidad de contar con un nico referente organizativo como era la COB en el pasado. A pesar de la eventual dispersin inicial de las luchas, probablemente el mayor logro de este proceso signado por las demandas sectoriales (muchas veces con carcter corporativo y excluyente), haya sido la construccin y fortalecimiento de espacios de deliberacin, interpelacin y accin colectivas. Como correlato, esta fuerza era movilizada en las calles, primero para que sean escuchadas y atendidas sus demandas y, posteriormente, (cuando la acumulacin y potencia social alcanzaron la fuerza necesaria), para establecer la agenda nacional de transformaciones.

RECONFIGURACIN Y MOMENTO CONSTITUTIVO.

La democracia en este punto, tal y como se haba inscrito en el imaginario social, evidentemente estaba cercada y jaqueada. El Estado no solo estaba polticamente deslegitimado por la recurrencia permanente a los pactos electorales que burlaban la voluntad del pueblo, sino que haba sido sistemticamente achicado por sus propios detentores que decidieron ponerlo al servicio de intereses privados y transnacionales. Es decir, era imposible reclamar un mnimo de respeto, porque sencillamente el pueblo perciba que ese ya no era su Estado, sino todo lo contrario, un ente al servicio de intereses antinacionales.

A diferencia de lo que ocurri el 86 con el asedio militar, el cerco y la amenaza de bombardeo a la Marcha por la Vida que termin desmembrando y fraccionando ideolgica y materialmente a la COB; las revueltas populares del 2000 y 2003, deben ser entendidas como un verdadero momento constitutivo. Dicha coyuntura no solamente marca la derrota y expulsin de intereses transnacionales y corporativos, as como el establecimiento de una agenda popular que estableca el mandato de la Constituyente y las nacionalizaciones; sino porque el propio concepto y praxis de la democracia adquiere un nuevo sentido. Se trata de lo que podra denominarse como una democracia plebeya, mucho ms arraigada a la participacin directa, la deliberacin y la decisin que el pueblo y los sectores sociales tomaban para s en la accin y las movilizaciones, rescatando una larga tradicin asamblestica, las propias formas de decisin comunitaria y los innumerables episodios de lucha social. Muy en contrario de lo que los sectores reaccionarios y conservadores quieren hacer creer (para defender y preservar sus mezquinos intereses), como si se tratase de acciones subversivas y conspirativas contra orden democrticamente establecido; en realidad constituyen una respuesta alternativa y legtima, ante la pretensin y tcito intento neoliberal de embargarla y enajenarla en manos de intereses extranjeros y antinacionales.

Es por eso que el desenlace posterior que termin en la Asamblea Constituyente y la aprobacin de una nueva Constitucin Poltica del Estado (muy a pesar de haber sido viciada posteriormente por modificaciones acordadas con la derecha y la reaccin conservadora), no puede ser considerada como un acontecimiento despreciable, fortuito o aislado, puesto que se trata de un momento histrico de confluencia colectiva, que deja de ser una reivindicacin o demanda sectorial, para convertirse en una voluntad nacional que marca un momento constitutivo de una nueva fase democrtica.

Por eso, no por nada se insertan en la Constitucin las nuevas formas de democracia comunitaria y participativa (adems de la representativa que corresponde a la antigua visin liberal y republicana), as como la configuracin de un nuevo tipo de Estado.

PERSPECTIVAS A FUTURO.

A 7 aos de la aprobacin de la nueva Constitucin y ms de 10 del gobierno que fue elegido mayoritariamente para encarar y cumplir aquellos mandatos populares y constitucionales, la democracia y la relacin Estado pueblo, ha adquirido caractersticas y connotaciones diferentes a las esperadas.

Los sectores sociales y populares que se constituyeron innegablemente como los protagonistas para la apertura y puesta en marcha de aquel proceso de cambio y transformacin, han terminado cooptados, prebendalizados y corrompidos por el manejo clientelar de una buena parte de sus dirigentes, que a su turno han permitido el secuestro y usurpacin de su independencia organizativa y poltica, que constitua la nica herramienta para garantizar el control social sobre la gestin gubernamental y el Estado.

Como retribucin a la desmedida pretensin de conservar y reproducir el gobierno cueste lo que cueste, que (traicionando y abandonando las tareas de transformacin y cambio), se ha convertido en el principal objetivo del gobierno del Presidente Evo Morales y los sectores sociales oficialistas que lo respaldan; se ha generalizado la prctica del cuoteo y la asignacin de puestos legislativos y canonjas en todo el aparato del Estado y sus instituciones. Los cargos y prebendas son repartidos entre sectores afines y dirigentes, como pago por las adhesiones y el respaldo electoral que les permite reproducirse y crear las nuevas lites econmicas y polticas del pas.

Antes que ejercer el control social en base a la independencia organizativa y poltica que les haba permitido ganar la fuerza y potencia necesarias en el pasado; los sectores sociales y sus dirigentes, permitieron su cooptacin para convertirse en funcionarios y burcratas del Estado. De esa manera se condenaron a una suerte subsuncin y sometimiento a los intereses electorales para conservar el poder a como d lugar, que se haba adueado del gobierno.

El resultado de esta perversa distorsin del proceso de cambio (incluyendo las novedosas formas democrticas que se perfilaban), ha sido la corporativizacin del poder y la prdida de independencia (organizativa e ideolgica) de los sectores sociales que prefirieron medrar por cuotas de poder en el aparato del Estado. As, perdieron toda oportunidad para ser el contrapeso indispensable que controle los excesos de poder y el gobierno (as como sus desvaros y tentaciones autoritarias y prorroguistas). Tampoco pudieron exigir el cumplimiento de aquella agenda nacional que estaba orientada a construir una nueva democracia y un nuevo Estado.

Por eso se puede sostener que los sectores oficialistas y el propio gobierno se han extraviado y persisten terca y obstinadamente, en el propsito de reelegir otra vez ms (y muy a pesar de haber perdido un referndum nacional que mayoritariamente decidi que no), nada menos que para cumplir y ejecutar una agenda salvajemente extractivista y desarrollista que se encuentra en la antpoda del mandato popular y Constitucional.

Tal es el extravo y la traicin, que las propias megaobras, el incesante despilfarro de los recursos pblicos, el salvaje extractivismo (incluida la quema, como el propsito de inundar grandes extensiones de bosques y biodiversidad), as como la incesante tarea de endeudar el pas con el argumento de conseguir inversiones extranjeras; constituyen el ments principal y la ms grande prueba de que han hecho todo, menos cumplir aquello que manda la Constitucin y ni siquiera las elementales y bsicas tareas para garantizar derechos esenciales para la vida, como el agua para la gente.

A ms de 10 aos de gobierno, parece que aquella idea de construir una manera diferente de gestionar el Estado y la democracia, cuya lgica se empate con la construccin de un nuevo paradigma que se enfrente y resista al sistema capitalista; hubiese quedado en el pasado. Peor an, queda(ra) demostrado que un verdadero gobierno del pueblo (demos=pueblo; kratos=gobierno), nunca puede constituirse como parte del aparato del Estado, porque se burocratizar, pervertir y jerarquizar las decisiones que le competen a la comunidad y el mismo pueblo (tal como se puede apreciar de la actual gestin gubernamental). Que el poder corrompe si es que no est del lado del pueblo y en sus bases.

Es decir, que existe un correlato directo entre la forma de gobierno y el tipo de democracia que se ejerce, dependiendo de si el poder reside y permanece en el pueblo, o ms bien es secuestrado por el Estado y el aparato de gobierno (aun cuando diga hacerlo a su nombre).

En el primer caso, cuando el poder y la capacidad de decisin residen en el pueblo, se sientan las bases y condiciones para horizontalizar el Estado, anulando la jerarquizacin burocrtica que tiende a imponer intereses sectarios. En este caso, en la medida en que la sociedad y sus organizaciones sociales ejercen libre e independientemente la capacidad de participar y decidir, entonces cuentan y tienen las condiciones para constituirse en un verdadero contrapeso que evita y controla las tentaciones autoritarias y despticas, al mismo tiempo de conservar su capacidad propositiva.

En el segundo caso, cuando el poder es absorbido en el Estado y el aparato de gobierno, naturalmente se tiene a reducir y coartar las libertades que constituyen la fuente de acumulacin y secuestro del poder en manos de los grupos o sectores que se han hecho cargo (o han tomado) el gobierno. No es casual que todo proceso democrtico en el marco del sistema capitalista, de manera natural, tender a desplazar unos sectores para catapultar y perfilar nuevos actores emergentes y nuevas lites. Se reconstituye el tejido social y se tiende a reproducir un nuevo ciclo de acumulacin econmica, con nuevos sectores beneficiados y la emergencia de nuevas lites dominantes. Bajo este rgimen democrtico (incluida la versin republicana y liberal que propugna la construccin del Estado de derecho, el fortalecimiento de la institucionalidad y la vigencia de los derechos humanos), se perpeta el criterio de construir poder sobre la sociedad (por eso aparece como importante la institucionalidad o la independencia de poderes que equilibren), y no construir libertad y autodeterminacin para devolverle al pueblo la capacidad de decisin y autogestin. En realidad y muy a pesar de que idlicamente se la quiera mostrar como un rgimen perfecto de equilibrios por contrapeso, respeto a los derechos humanos, fortaleza institucional basada en el estado de derecho; finalmente mantiene aquella jerarquizacin tan til para preservar las decisiones y el poder en manos de unos pocos (y con ella la corrupcin y los males consiguientes del sistema).

Retornando a lo que ocurre en la realidad nacional y comprobada la distorsin y manoseo de un proceso que haba despertado tantas esperanzas, como sacrificadas luchas sociales; la sociedad desencantada con los sectores sociales y el propio gobierno por su franca traicin, ha ido construyendo innumerables colectivos, redes, plataformas, grupos de diverso propsito e inters, para hacer patente su presencia.

Desengaados y en muchos casos furiosos por el desempeo, la cooptacin y el envilecimiento de los dirigentes, as como del caudillismo predominante que se lo entiende como uno de los peores males de las organizaciones y los sectores sociales, porque nicamente han servido de escalera para acomodarse y usufructuar del poder y el mando; diversos movimientos sociales se organizan (inclusive fugazmente), para infinidad de propsitos.

Una caracterstica resaltante es su rechazo a la formalizacin, una institucionalidad forzada y la definicin de jerarquas y jefes, para hacer prevalecer la horizontalidad, el respeto a la diferencia y el disenso y la voluntad para alcanzar objetivos concretos. Es como si existiera un escarmiento respecto de las institucionalidades organizativas, las jerarquas y los caciques.

Se trata de una potente como innumerable fuerza que se manifiesta peridicamente haciendo conocer su criterio en diversos campos, logrando coincidencias masivas en temas de inters nacional.

As como no se puede hablar de una militancia (mucho menos permanente y continua, de acuerdo al modo clsico), destacan grupos y colectivos que se han dado a la tarea de resolver por propia iniciativa problemas que les ataen directamente, as como impulsar iniciativas comunitarias de autogestin que encaran la satisfaccin de necesidades que el Estado o el aparato de gobierno y las instituciones competentes no realizan, ni cumplen.

Se trata de movimientos sociales que aunque su caracterstica es la dispersin, al tener problemas comunes, sufrir la desatencin del Estado, o formar parte de aquellos colectivos histrica y tradicionalmente excluidos y desamparados, suelen confluir en movilizaciones de mayor envergadura y establecer alianzas coyunturales.

Este germen, cada vez ms influyente y masivo a medida que el gobierno y los sectores sociales afines van encapsulndose y pretendiendo retener el poder a cualquier costo, no expresan ni parecen tener ninguna afinidad con una alternativa democrtica al estilo occidental, mxime si se extrapola lo sucedido con movimientos similares que decidieron lo que decidieron en EE.UU. Colombia, Inglaterra, etc. En todo caso, parece claro que aquella idea de una democracia idlica con Estado de derecho, institucionalidad, jerarquas y preservacin del orden (conservador) constituido, etc., no parece ser parte de su imaginario y la forma de gobierno que quieren, aunque en el corto plazo tengan que volver a acudir a las urnas para elegir un nuevo gobierno.


Notas

[1] / Es ampliamente conocido que se trata de movilizaciones populares cuya envergadura y trascendencia implicaron, en el primer caso, la expulsin de una corporacin transnacional que pretenda privatizar y apropiarse de un recurso vital como es el agua, as como anular el acceso, uso y ejercicio del derecho al agua que constituye un recurso esencial para la vida. Y en el segundo caso, agendar el proceso Constituyente, as como establecer el mandato de la nacionalizacin de los recursos hidrocarburferos y las empresas estratgicas del pas, que finalmente fueron instituidos en la Constitucin Poltica del Estado.

Arturo D. Villanueva Imaa, Socilogo, boliviano. Cochabamba, Bolivia. Noviembre 30 de 2016.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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