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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-10-2005

Repasando la historia

Azmi Bishara
Al Ahran Weekly

Traducido para Rebelin por Sinfo Fernndez


Desde el momento en que EEUU inici su campaa contra la regin [rabe] amparado en la consigna de la democracia, sus abanderados neo-conservadores se han mostrado incansables en su insistencia en que se puede aplicar la democracia y la libertad por todo el universo considerndolas, en efecto, como piedras angulares de algn designio csmico divino. Esta especie de juegos malabares metafsicos sobre la libertad tiene reminiscencias del joven Marx y en general de los neo-hegelianos, tras la primera oleada de alzamientos populares democrticos que se produjeron en Europa en 1848. Segn se aplican ahora contienen muchas implicaciones revolucionarias, especialmente el pretendido rechazo de la idea racista de que la civilizacin islmica o cualquier otra cultura, si vamos a eso- es contraria a la democracia. La democracia es siempre valida, sin importar la poca y el lugar, es buena para todos los estados y las sociedades. Eso es lo que Bush ha ido proclamando una y otra vez, la ms reciente en su discurso del 6 de octubre ante la Dotacin Nacional para la Democracia (*).

Qu es lo que resulta difcil de entender en esa afirmacin? No es precisamente el trotskysmo pervertido de los neo-conservadores, con su versin de revolucin permanente alimentando la exportacin de la democracia. Lo que resulta difcil de entender, es cmo, en trminos de poltica exterior, se han colocado junto a los que normalmente estaran al otro lado. Leer a Samuel Huntington, una vez que empez a escribir acerca del choque de civilizaciones en Foreign Affaire en 1993, y Bernard Lewis antes de l, es deducir que la civilizacin islmica, como cultura y sistema de valores, es contraria a la democracia. Esa idea es presumiblemente antittica ante los preceptos de los neo-cons. Por qu entonces nunca les escuchamos criticar a Huntington o Lewis? Por qu siguen todava cruzando sus caminos e intercambiando ideas en los mismos centros estratgicos de investigacin y crculos polticos?

Si nos empantanamos en las argucias tericas de esa gente no vamos a poder ver el bosque. Ambos grupos, en efecto, forman parte de una nica tendencia en la poltica exterior estadounidense. Un grupo de tericos conservadores del choque de civilizaciones mantiene que el Islam es, de forma inherente, hostil a la democracia, fomenta el odio y hacer sonar tambores de guerra, mientras que el otro grupo proporciona pretextos para ir a la guerra.

A diferencia de lo que dicen los neo-cons en la actualidad sobre el hecho de que la democracia tiene, en su opinin, que ser impuesta en el mundo islmico por la fuerza, el argumento de los segundos, que los neo-cons apoyan de forma implcita, es que el Islam es inherentemente hostil a la democracia. La relacin entre los dos es mucho ms cercana de lo que los jvenes neo-cons y los venerables profesores conservadores de la universidad desearan imaginar.

En la prctica, la idea de extender la democracia se convirti en la justificacin retroactiva para la invasin de Iraq una vez que se demostr la falsedad de los pretextos de las armas de destruccin masiva y de los ostensibles lazos de Saddam Hussein con el terrorismo y con el 11-S. Los EEUU estaban preparados para considerar la democracia de forma pragmtica, en lugar de emplear un sistema de valores listo para exportar. Exactamente igual de pragmticos se muestran en sus relaciones con los regmenes rabes, a los que no clasifica en consonancia con ningn tipo de estndar democrtico sino, como el reciente discurso de Bush mostr, sobre la base de si son amistosos u hostiles, moderados o radicales. De forma clara, en la bsqueda de los intereses estadounidenses, democracia y perdurabilidad de principios democrticos no son precisamente los criterios principales que usa Washington en sus asuntos con esa parte del mundo y, cuando las situaciones empiezan a crujir, esas sutilezas intelectuales se dejan completamente de lado.

Una actitud similar prevaleci durante la poca de la Guerra Fra. Los neo-cons han estado pidiendo excusas a los rabes desde entonces por las polticas estadounidenses de guerra fra que hacan la vista gorda ante la naturaleza de los regmenes de los aliados estadounidenses, en detrimento de las fuerzas de la democracia y de los defensores de los derechos civiles y humanos en esos pases. Pero entonces era tan urgente confrontar el gran peligro sovitico de la poca que EEUU no podan permitirse el lujo de prestar atencin a detalles tales como los abusos de derechos humanos y otros males de las dictaduras. Ahora que abogan por exportar la democracia, precisamente al mundo rabe, han creado la imagen de un peligro global monoltico, por lo que las exigencias de la nueva guerra, que han iniciado bajo la bandera de la democracia, pueden requerir fraguar alianzas que ignoran la democracia. Cualquier comparacin entre el discurso de Bush ante la Dotacin Nacional para la Democracia de hace dos aos, en la cual su llamamiento para extender la democracia traa a la mente las ideas de Huntington sobre los tres signos de la democratizacin, y su reciente discurso en la misma institucin en la que habl de la necesidad de combatir el terrorismo islmico y el fascismo islmico, lleva a la conclusin de que Washington ha entrado en una nueva fase de identificacin de enemigo.

La paz es ahora sinnimo de victoria total sobre el nuevo enemigo. Bush insiste continuamente en distinguir entre el Islam y el enemigo que se aprovecha del Islam. Pero, quin es exactamente ese enemigo? Bush lo compara con aquellos otros fanticos de la historia, desde Hitler a Stalin y Pol Pot. Como ellos, el nuevo enemigo tiene objetivos totalitarios. Su objetivo ltimo es establecer un imperio islmico radical que se extienda desde Espaa hasta Indonesia. Tan fervoroso se pone Bush al hacer estas comparaciones y conclusiones que incluso se toma el trabajo de citar a Abu Musab Al-Zarqawi y a Osama Bin Landen.

La sanguinaria ideologa de los radicales islmicos es el gran desafo de este nuevo siglo proclam Bush. Imaginen el impacto de esta declaracin hecha por el dirigente del nico imperio del planeta sobre todo el que odie a EEUU.

El otro peligro contenido en el discurso de Bush es que, al comparar la confrontacin contra este enemigo a la confrontacin contra el fascismo y el comunismo, justifica alianzas con fuerzas no democrticas. Y dnde nos lleva eso? Volvamos a la casilla nmero uno. Se libra una guerra en aras de la democracia ignorando la creencia de que el despotismo engendra terrorismo y de que esa democracia es la nica va para combatir el terrorismo. Entonces la guerra y la ocupacin consiguiente contribuyen a aumentar la escala del terrorismo hasta el punto de que deviene aceptable alinearse con fuerzas despticas para derrotarlo. Los neo-cons realmente se han superado a ellos mismos.

El discurso de Bush ante la Dotacin Nacional para la Democracia constituye una manifestacin importante de la ideologa de su administracin en poltica exterior. Tras las dificultades que esta administracin est teniendo que enfrentar por el Huracn Katrina, el nombramiento que ha hecho Bush de su abogado personal como juez del Tribunal Supremo y las desilusiones de los neo-cons en poltica domstica, el discurso intentaba claramente fortalecer el control ideolgico de la administracin a nivel domstico. Sorprende poco, pues, que vomitara tantas ideas preconcebidas sobre el Islam que han sido promulgadas por la prensa popular en EEUU para despus refinarlas y volverlas a empaquetar en un discurso presentado ante el pblico estadounidense bajo la autoridad del dirigente de la nica superpotencia mundial.

Cualquiera que compare este discurso con los pronunciados anteriormente en el mismo lugar no dejara de sentirse noqueado por lo mucho que se mencion el terrorismo en el ltimo discurso y lo poco que se habl de democracia. Los redactores del discurso de Bush son conscientes de la gran cantidad de ilusiones que se han evaporado en los ltimos dos aos. Se daban cuenta de que tenan que despistar al pblico estadounidense con un rodeo lleno de divagaciones sobre las polticas que han hundido en el lodo a las fuerzas estadounidenses en Iraq y han llevado al aumento de vctimas entre esos soldados. Ese fue el itinerario presentado a las audiencias con un enemigo diferente a cualquier otro anterior. El terrorismo es un mal tan inmenso que incluso eclipsa las formas de gobierno que lo engendran. El terrorismo es el eje del mal. Ha creado, si nos dejamos llevar por esa retrica, un tiempo histrico totalmente nuevo. No es slo un mal, es el mal absoluto. No surgi de ninguna razn identificable y no puede abordarse de forma racional porque no reclama algo ante lo que se pueda responder razonablemente. Unicamente se doblega si se le aniquila, y lo que quiere es aniquilar a EEUU, o al modo de vida occidental, o a la democracia, o al progreso y la libertad. Es un movimiento marginal elitista que busca imponer sus puntos de vista sobre las masas, como ocurri con los movimientos totalitarios del pasado, y no se detendr hasta implantar su dominio, confiando en que la gente en Occidente es tan dbil y decadente que ser fcil levantarse contra ella esto ltimo apoyndose en una cita de Al-Zarqawi. Finalmente, el discurso termina arribando a Iraq. El terrorismo se ha extendido en Iraq con el objetivo de abortar la transicin hacia la democracia. Cuanto ms determinados estn los EEUU en asegurar el xito de esa transicin, ms desesperados estarn los terroristas. La cuestin aqu es preparar al pueblo para la suma de sacrificios que EEUU va a tener que asumir, no a causa la ocupacin, sino a causa del enemigo.

Si EEUU abandonara ahora Iraq, continu Bush, como se fue y desapareci de Somalia y del Lbano, dejara Iraq en manos de Al-Zarqawi y Bin Laden (Un breve recordatorio: no haba Zarqawis ni Bin Ladens en Iraq antes de la ocupacin estadounidense).

El discurso supera todas las fronteras entre la realidad y la fantasa. Tomemos, por ejemplo, el modo en que Bush interpola la advertencia citada por los opositores a la guerra de que la invasin desencadenara la violencia terrorista. A diferencia de ellos, Bush no se refiere a los antecedentes polticos y sociales que precedieron la invasin. En lugar de hacerlo, dice: Es difcil derrotar a una red militante porque florece como un parsito sobre el sufrimiento y la frustracin de los otros. Los radicales explotan los conflictos locales para construir una cultura de la victimizacin, en la cual siempre hay alguien a quin echar la culpa y siempre la violencia es la solucin. Explotan el resentimiento y la desilusin de los jvenes y de las mujeres, reclutndoles como instrumentos de terror a travs de las mezquitas radicales.

Pero, cul es la naturaleza del sufrimiento que esos radicales explotan? No tenemos informacin sobre ese aspecto ni sobre sus fuentes. Y sobre los conflictos locales de los que se sirven? Uno presume que es una referencia a la ocupacin israel.

Una cultura de la victimizacin en la cual siempre es el otro el que tiene la culpa y siempre es la violencia la solucin? En resumen, no culpa a la ocupacin estadounidense, culpa a la resistencia de la ocupacin como fuente de terrorismo.

La distorsin y la hiprbole alcanzan el climax en la siguiente frase: Algunos han manifestado que el extremismo se ha fortalecido a causa de las acciones de nuestra coalicin en Iraq, pretendiendo que nuestra presencia en ese pas ha causado o desencadenado de alguna forma la ira de los radicales. Yo les recordara que no estbamos en Iraq el 11 de septiembre de 2001, y Al Qaeda nos atac a pesar de todo. El odio de los radicales exista ya en Iraq como una realidad y seguir existiendo despus, Iraq no es ms que una excusa. El gobierno de Rusia no apoy la Operacin por la Libertad de Iraq y no obstante hubo terroristas que mataron a ms de 180 escolares rusos en Beslan.

Nadie ha sugerido nunca que el motivo de los ataques del 11-S fuera la presencia estadounidense en Iraq. Pero la administracin Bush aprovech la oportunidad para sugerir que Iraq estaba implicado en ese ataque para poder tener un motivo para llevar a cabo la invasin. Recuerdo que Richard Clarke, el coordinador contra el terrorismo de la Casa Blanca en aquella poca, declar, en un testimonio ante el Congreso, que se senta fsicamente enfermo de ver cmo Rumsfeld y Wolfowitz no haban parado de promover, desde el da de los ataques, la guerra contra Iraq. Cualquier iraqu podra decirles que el propsito de EEUU al invadir Iraq no era luchar contra el terrorismo. Iraq fue invadido y ocupado a pesar del hecho de que el rgimen de Sadam no tena conexiones con el terrorismo. Como en el espantoso y salvaje ataque a la escuela de Beslan, dejando a un lado el hecho de que siguiendo la tradicin rusa Putin respondi como Bruce Lee en una tienda china, el incidente no tuvo nada que ver con Rusia, que no apoyaba a la Operacin por la Libertad de Iraq, y s con Chechenia.

En su discurso, Bush trata de desviarse del tema de la presencia de EEUU en Arabia Saudi y de la ocupacin israel de Palestina. Estas no son las tragedias de una intervencin exterior o de una injusticia prolongada y sistemtica, sino ejemplos de la letana de excusas para la violencia de los terroristas, a la par que la derrota de los talibanes o de los cruzados hace mil aos. Y, por ejemplo, mientras la ocupacin israel no sea ms que un pretexto para la violencia terrorista, no hay razn para poner fin a esa ocupacin.

En su discurso ante la Dotacin Nacional para la Democracia de hace dos aos, Bush dijo que al igual que la democracia estadounidense hunda sus races en el parlamentarismo britnico, igualmente podran la Dotacin Nacional, y la propia administracin de Bush, seguir el discurso de Ronald Reagan ante las dos Cmaras del Parlamento britnico. En aquel discurso Reagan anunci que la marea se diriga contra el mal del comunismo sovitico. Hace dos aos, los redactores de los discursos de Bush insertaron hbilmente algunos comentarios chistosos sobre la sofisticada reaccin europea ante la aparente ingenuidad de Reagan, la cuestin es que, independientemente de cun estpido pueda parecer un presidente estadounidense i.e. Bush- cuando lee un discurso escrito para l, puede estar jugando, en efecto, un gran papel histrico al enfrentarse a un mal que slo entiende el lenguaje de la fuerza. En efecto, Bush estaba diciendo a su audiencia que l puede parecer idiota y despistado, pero que sus palabras son tan profticas como las de otro presidente idiota, Ronald Reagan. Y todo esto es tan slo la superficie de lo que debe ser el mayor timo de la historia.

N. de T.:

(*) La Dotacin Nacional para la Democracia, NED en sus siglas en ingls, es una organizacin no lucrativa que proclama dedicarse a formar a la gente para la democracia y administra fondos monetarios a tal fin. Fue fundada en 1983. Aunque es administrada por una organizacin privada, se financia bsicamente a travs del Congreso estadounidense.

Versin original en ingls:

www.weekly.ahram.org.eg/2005/765/op2.htm




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