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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-12-2016

Fidel Castro y la revolucin posible

Astor Vitali
Rebelin


Pedantes son las posiciones polticas que ocupan la mayor parte de la plana mayor de la maquinaria de medios masivos: defensores y detractores. La una defiende a rajatabla la figura de un lder "indiscutible". La otra versa acerca de todos los "crmenes" de un monstruo equiparable con algo peor que el demonio en su pequea isla del infierno. Nada de esto ayuda a pensar a una de las mayores figuras revolucionarias del siglo XX.

Fidel Castro Ruz fue un hombre de dos pocas: es un hombre de su poca y es tambin otro de pocas futuras. Las prcticas culturales del lder revolucionario son las de los hombres y las mujeres de su generacin. Esperar otra cosa es caer en una suerte de pensamiento idealista y religioso, por ende, anti revolucionario. Las crticas que puedan hacerse respecto de prcticas polticas hoy rechazadas en el contexto de lo polticamente permitido (a esta altura del siglo XXI) y otras yerbas podran ser atendidas ya que se trata de un hombre de otro tiempo donde los cdigos polticos eran, ni ms ni menos, que los de la "prolongacin de la guerra a travs de otros medios" (para ponerlo en trminos elocuentes. Cabe aclarar que quien suscribe estas palabras adhiere a la idea de que no se puede hablar de paz en tanto haya hambre y desigualdad).

Pero a su vez la visin estratgica que siempre ha estado presente en su mirada poltica lo convirti en un hombre de perspectiva a largo plazo, de inmediata lectura sobre el destino fatal que guarda para la humanidad el capitalismo y, a su vez, de esperanza en el gnero humano en tanto constat que es posible y concreto hacer cambios revolucionarios en un sentido contrario al autodestructivo que prima en la actualidad.

Es Fidel, entonces, un hombre de su poca y, a su vez, de una poca futura donde la justicia social es regla y la conciencia ley.

Tantos son los aos de Historia reciente en los que Fidel particip que cualquier anlisis de tipo artculo breve resulta incompleto e implica un desarrollo extenso y exhaustivo. No ha pasado el tiempo para realizar semejante tarea. Sin embargo, hay algunos aspectos esenciales de la vida poltica de Fidel Castro que son evidentes y queremos destacar.

El principal, para esta poca, es el de correr el lmite de lo posible. Fidel Castro una y otra vez y es patente en sus intervenciones- corre el lmite de lo polticamente correcto y polticamente acordado como posible para cada poca. No se trata de una poltica que no mida las condiciones objetivas en la que se desenvuelve. Por el contrario, se trata de una de profundo anlisis y plena conciencia de las condiciones objetivas (estudio, estudio, estudio: no improvisacin) y la construccin de un plan de accin de trabajo sobre la lucha por las subjetividades, que es en definitiva lo que puede sostener un proceso: la batalla de ideas. Tal vez las cuestiones ideolgica y cultural -su apuesta a esos ejes- sea uno de los mayores aportes frente a las posturas economicistas. Los economicismos promueven anlisis unilaterales como si los cambios y nuevas estructuras no fueran realizados por hombres y mujeres con subjetividades concretas adems de intereses contrapuestos en tanto pertenecientes a clases sociales antagnicas.

En cada momento de la Historia, Cuba ha tenido posiciones ms crticas de lo permitido con respecto a sus socios y enemigos. Y aun cuando no fueran publicabas como opiniones, la dirigencia cubana construa esos esos conceptos en la prctica concreta. Al estalinismo cuestion su economicismo, entre otras cosas. A las distintas versiones del capitalismo las desafi abiertamente incluso en circunstancias desfavorables. Evidenci ante todas las clases sociales los aspectos falaces del discurso capitalista.

Podemos hablar de una rebelda consiente que es menos emulada que reivindicada. Hoy, es caracterstica de muchas izquierdas la disciplina poltica (la militar es saco de otro costal), el ejercicio acrtico, la dependencia econmica de sus cuadros, en definitiva, la implementacin de un sistema de aplicacin de polticas que no emanan de la organizacin popular sino de dirigencias rancias sin contacto con el pueblo y con verdades auto reveladas. Se confunde a los partidos, las ideas y las personas en un espiral de dependencia e inmovilizacin que anula iniciativas- ms propias de un conjunto de scouts que de aspirantes a revolucionarios.

La muerte de Fidel implica la muerte del ltimo (hasta el momento) dirigente revolucionario con influencia mundial que no emergi por mrito de obsecuencia partidaria o de silencios dentro de una organizacin sino, muy por el contrario, por sus caractersticas de crtico, de inconforme, de impulsor de nuevas iniciativas, de buscador de maneras de llegar a los objetivos, de autocrtica (al menos interna, aunque encriptada).

Si se hace memoria respecto a las caractersticas de los y las dirigentes que hicieron historia de las revoluciones socialistas encontramos de inmediato que no hay uno/a que se destaque por burcrata sino por su opuesto: Lenin, Trotsky, Luxemburgo, Maritegui, Che, Fidel constituyen un caprichoso paneo que habla de rebelda consiente. Podramos, como contrapartida, mencionar a Stalin como mximo referente disciplinador que es un lugar comn til- pero, sin demasiado esfuerzo, cualquiera en su lugar de accin concreto puede dar cuenta de un gran cmulo de dirigentes insustanciosos de organizaciones de izquierda nominal de ayer y de hoy en Nuestra Amrica.

No se trata de alentar el irrespeto del improvisado que cuestiona todo sin argumento y que al firmar su ficha de afiliacin asumi que con ese intrascendente acto fue ungido con verdades que el resto de los mortales no tiene. Hablamos de la reaccin ante lo injusto, de la no mecanizacin de lo que hay que hacer si se verifica que se trata de rdenes unilaterales sin fundamento en el contacto con las bases, de la responsabilidad consciente del revolucionario o la revolucionaria de no hacer nada por que s sino de hacer todo con plena conciencia.

El tema militar es otro asunto, dejamos entrever hace unas lneas. Porque a esta altura del siglo XXI todo el mundo sabe (si quiere saber) que no se pueden transpolar los criterios militares a la construccin y definicin de los criterios y proyectos polticos. Una cosa es la accin militar concreta que requiere la disciplina propia de la prctica militar, en caso de conflicto armado. Otra cosa es el aprovechamiento de centralismos absurdos por parte de oscuros dirigentes sin brillo propio que buscan en sus lugares de pobres burcratas convertirse en referencias sin haber dirigido absolutamente nada, sin haber construido una sola cosa que haya influido en la realidad concreta en sentido revolucionario (a veces, ni siquiera en sentido reformista).

Dejando de lado esto, el mensaje fidelista de estudiar, de formarse, de trabajar incansablemente, de hacer esfuerzos por basarse en el materialismo dialctico e histrico, de invocar a la ciencia como metodologa (siempre que no se trate de seguir recetas exitosas en otros lares sino en bsqueda de la experiencia propia), de ponerse al frente de las tareas (es decir, el dirigente como sujeto de mayor responsabilidades en lugar de sujeto de privilegios) es un mensaje ms declamado que aplicado.

Para ser ms explcitos, quien suscribe no comparte la totalidad del pensamiento y el accionar de Fidel Castro como se sugiere en muchos casos que hay que hacer frente a las directivas del lder mximo. Hay razones fundadas para encontrar errores y diferencias en las prcticas polticas del Partido Comunista de Cuba. Podramos preguntarnos acerca de su poltica exterior y el resultado que ha dado a las organizaciones de izquierda en qu condiciones de resistencia y capacidad ofensiva se encuentran hoy luego de alinearse muchas acrticamente- a los procesos progresistas-capitalistas?

Hago explcitas estas diferencias porque no debe asustar hacer explcitas las diferencias. Debe asustar la inexistencia de diferencias y an ms: la auto censura y el miedo. Eso es contra revolucionario.

Por estos das estamos saludando a un verdadero revolucionario. Decimos verdadero porque se trata de una revolucin no declamada sino de un testimonio de que la revolucin posible. La revolucin posible es la anttesis del posibilismo de los partidos autodenominados revolucionarios. Es el mayor legado de un revolucionario que supo atinar y convertirse en smbolo para millones.

Un verdadero revolucionario no es santo, mago o semi Dios. Es un hombre o es una mujer del pueblo, de carne y hueso, con limitaciones concretas y humanas, que logra despojarse de las veleidades de la militancia pequeo burguesa (auto referencial, pedante, sectaria) y contacta con lo sustancial del pueblo, de sus dirigentes y de su poca. Es un hombre comn dispuesto a hacer lo posible por cambiar todo.

Repetir y no hacer bsquedas propias no es revolucionario. Endiosar es contra revolucionario. Ser idealista sin pensar cmo modificar la realidad concreta no es revolucionario. Ser intelectual sin aprender de la praxis es un pasatiempo burgus venido a menos. Ser asistencialista sin un proyecto comn para transformar las condiciones de clase es un pasatiempo pequeoburgus mata culpa, en boga.

Pienso que esas simples conclusiones son tambin legado de Fidel para una generacin (la ma) que debe pensar y actuar sin manuales y con una estado ideolgico de la conciencia de clase calamitoso (victoria cultural capitalista). Sin mirada a largo plazo y un plan de accin estratgico revolucionario de todas las corrientes que se planteen cambios revolucionarios (cambios revolucionarios) no hay posibilidad de salir de la coyuntura mediocre del menos peor o el slvese quin pueda.

Gracias Fidel, digo desde el sur del continente, porque a causa del accionar de dirigentes como vos, an hoy podemos decir que la buena noticia es que se puede.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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