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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-12-2016

Putin, presidente USA

Armando B. Gins
Rebelin


Si eres crtico con el rgimen neoliberal, eres potencialmente un antisistema terrorista. Si votas contra el binomio conservador-socialdemcrata, no cabe duda alguna de que eres un peligroso populista. Sin matices. Terrorista y populista.

Ahora nos llega para completar la triloga del storytelling de la globalizacin capitalista, la nueva superproduccin, ideada en la trastienda ideolgica de la CIA, de que Vladimir Putin es el nuevo presidente de facto de EE.UU. bajo la apariencia rubicunda, estrafalaria y yanqui de Donald Trump.

Terrorista, populista y ruso-sovitico. Quin da ms en el delirio de las elites financieras y multinacionales en su propsito de estructurar un relato de fantasa para seguir detentando el poder universal sobre las mentes y las actitudes polticas de la inmensa mayora de la poblacin mundial?

A pesar de que parecen relatos infantiles de escasa enjundia intelectual destinados a series intrascendentes para tebeos semanales, los tres cuentos mencionados son efectivos: de trama simple y argumento maniquesta, a un lado los buenos y al otro los malos. Su eficacia en el inconsciente colectivo resulta formidable. Es lo que viene haciendo Hollywood y la publicidad comercial desde hace muchsimo tiempo. Tenemos bien ahormados los cerebros para comprar estas historias febriles y disparatas sin rechistar.

El capitalismo est ganando tiempo con esta estrategia de urdir arquetipos malvados (todo muy viejo y de manual, por cierto) contra los que dirigir las mentalidades acosadas por la precariedad vital y las ms que evidentes injusticias del sistema. La maniobra de distraccin es extraordinaria, a bombo y platillo, a lo grande, siendo el fundamento de todos los discursos oficiales a escala internacional de las diferentes instituciones sobre las que gravita la responsabilidad de que nada cambie para asegurarse el neoliberalismo un reinado prolongado durante las prximas dcadas.

Y, mientras tanto, el mundo gira alrededor de la desigualdad creciente, la hambruna endmica de la periferia, las guerras locales atizadas por la geoestrategia interesada de los pases ricos y las riadas de inmigrantes econmicos y refugiados polticos que no hallan un camino decente para salir del atolladero de un presente dramtico sin visos de un digno futuro en el horizonte inmediato.

Ante ese mundo heterogneo de pobreza permanente y sufrimiento sin solucin, las clases trabajadoras occidentales, muy daadas por el neoliberalismo de rapia de los ltimos aos, no son capaces de inventarse una alternativa coherente que enfrente las causas que han creado la realidad que hoy padecemos. Lo que intentan las elites por todos los medios a su alcance es que nadie tome conciencia de la verdadera situacin sociopoltica, desviando las miradas hacia culpables imaginarios: los otros, los que viven en harapos, los que huyen de las bombas, las mujeres feministas, los radicales izquierdistas, los sindicalistas reivindicativos, los de distinta sexualidad, los no blancos y los no cristianos.

Este fundamentalismo de las elites permite a los banqueros, a los polticos profesionales y a los directivos de los principales emporios multinacionales que dominan el mercado continuar en sus poltronas y seguir amasando beneficios astronmicos sin que la culpabilidad manifiesta de sus nocivas conductas roce siquiera un pice su moral personal o corporativa.

Mantener activo el nacionalismo, la xenofobia, el racismo y el machismo dentro de unos conductos ideolgicos controlables a discrecin, permite que la feroz lucha social por sobrevivir no produzca estallidos de relevancia que pongan en cuestin el orden establecido.

En este combate sordo de todos contra todos, las clases pudientes quedan fuera de las iras de la masa. Es ms fcil y accesible directamente, sin intermediarios ni excesivas elucubraciones racionales, matar a una mujer, lanzar diatribas contra una musulmana por llevar burka o hiyab, escupir a un inmigrante, patear a un marginado, partirle la cara a un gay o una lesbiana o un transgnero o insultar a un rbitro de ftbol y liarse a puetazos contra los hooligans del equipo adversario que hacer frente a la realidad laboral y poltica in situ contra el enemigo comn: el capitalismo y su egosmo empresarial, la derecha recalcitrante y su corrupcin inveterada o la izquierdita nominal que rinde vil vasallaje a los mercados burstiles.

Tomar conciencia de la compleja realidad no es tarea sencilla. El miedo guarda la via. El siglo XX nos ha dejado tantos fracasos revolucionarios y reformistas que casi todas las personas tenemos interiorizada una sensacin de desidia intelectual. Preferimos que el sistema piense por nosotros antes que intentar producir por s mismos un pensamiento atrevido y contracorriente.

La cultura de la velocidad y del instante impide reflexionar con paciencia y empatizar con el otro. Somos consumidores compulsivos de relatos y cuanto ms fuera de la realidad estn, mayor ser su capacidad de derribar nuestras defensas crticas. Una ficcin bien narrada nos atrapa al momento y nos hace volar muy lejos del yo atrapado en la neurosis de la competitividad obligada.

La nueva pelcula navidea (y familiar) ya luce en las pantallas del mundo global: el prfido Putin moviendo los hilos invisibles del innombrable mueco Trump, un thriller psicolgico siniestro a la vez que conmovedor. Lo produce la CIA, ah es nada.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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