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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-12-2016

Fidel y su generacin
Un anlisis histrico latinoamericano

Patricio Quiroga Z.
Rebelin


Viernes 25, 2:00 AM: Ral Castro anuncia al mundo la muerte de Fidel.

Martes 29, Despedida-Homenaje en la Plaza de la Revolucin.

Mircoles 30, Inicio de la Caravana de la Victoria (en reversa).

Domingo 4, llegan sus cenizas al cementerio de Santa Ifigenia en Santiago de Cuba, donde estn los restos de Jos Mart, culminando la historia de varios procesos.

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En efecto, Fidel y su generacin concluyeron, en un proceso ininterrumpido, el acto independentista que encabez J. Mart uniendo la independencia nacional (1898) con el inicio de la construccin del socialismo. Entre la independencia y el inicio de la revolucin (1953) medi tan solo medio siglo, lo que entrelaz las tareas de formacin del moderno Estado-nacin y las de la construccin de una nueva sociedad, hecho acelerado por el paso de una revolucin nacional-popular (1959) a socialista luego del desembarco de una fuerza contrarrevolucionaria cubana preparada en Estados Unidos (1961). De esa manera, la declaracin del carcter socialista de la revolucin dio inicio a un proceso que ubic a Cuba en el centro de tres gravitantes actos; a saber; el del paso al socialismo en un pas de la periferia, la apertura de un nuevo ciclo en la historia continental, y la transformacin de la pequea isla en un referente mundial. Tres factores, que entrecruzados con la vida del Comandante lo convierten en un hito referencial nico.

La declaracin del carcter socialista de la revolucin coincidi con una tendencia histrica altamente compleja y que solo puede ser entendida en ese contexto. El paso de una revolucin con mucho de nacionalismo a la etapa socialista se concert con acontecimientos muy importantes tras la segunda guerra mundial como fueron la consolidacin de un sistema socialista que intentaba desprenderse del dominio del sistema-mundo y de una economa mundial, hegemnicos desde el siglo XVI. Pero, esta era una parte de la medalla, la otra la constituy el fin del sistema colonial del capitalismo en el estadio del capital monoplico y el consiguiente desarrollo de los movimientos de liberacin nacional. Por otra parte, la recomposicin universal del capitalismo de posguerra, caracterizado por los procesos de industrializacin acelerados por el desarrollo del capitalismo de Estado, haba configurado una poderosa clase obrera, especialmente en los pases centrales y algunos perifricos, en tanto sectores de la semiperiferia clamaban an por la independencia. En este contexto, considerado como de cambio mundial, se hizo presente la revolucin cubana.

La revolucin de los barbudos fue una revolucin que se transform en una especie de faro para los condenados de la tierra, en palabras de F. Fanon. Pero, el camino no fue fcil, como lo refleja una rpida mirada al ao I de la revolucin. La imposicin de polticas socio-econmicas de carcter igualitarista, acompaadas con la confiscacin de compaas petroleras, elctricas y telefnicas norteamericanas, sumadas a la decisin de impulsar nacionalizaciones y dar curso a la reforma agraria, agro la relacin con el pas del norte. No obstante, Fidel viajara a las Naciones Unidas y se entrevistara con R. Nixon. La reaccin de la Casa Blanca fue rpida y se inici con la suspensin de la cuota de azcar en el mercado norteamericano y con atentados de gran magnitud, hechos reforzados a mediados de 1960 con un segundo embargo que abarc todo el comercio, preludio de una tormenta mayor cuando en una situacin de extrema tensin una fuerza de invasin se dirigi a Cuba desembarcando en Baha de Cochinos en abril de 1961.

Entonces, bajo estas difciles condiciones (bloqueo, subdesarrollo, aislamiento, inexperiencia) se inici la construccin de una nueva sociedad en el hemisferio sur, fenmeno excepcional tambin por la cercana geogrfica con Estados Unidos, aspecto que fue reconocido por una izquierda mundial que redobl sus esfuerzos por apoyar el cambio. Empero, la fortaleza principal de este proceso reside en la ligazn entre dos momentos histricos, el de la independencia y el de la construccin del nuevo Estado.

Luego, con una revolucin bloqueada, con bandas contrarrevolucionarias operando en los Montes Escambray, con objetivos por superar (analfabetismo), en otras palabras con una revolucin que luchaba por la supervivencia, los cubanos dieron inici a la dcada larga en Amrica Latina (1959-1974). Luego de la I y II Declaracin de La Habana, proclamada por Fidel (1960, 1962), la revolucin intent tomar el cielo por asalto con el apoyo a diversas guerrillas en el continente (Guatemala, Venezuela, Per, etc.). En ello haba una doble racionalidad: la supervivencia y la contribucin a la revolucin mundial, contexto en que, uno de sus mximos lderes ofrendo su vida en Bolivia, como fue el sacrificio del Che. La dcada larga se caracteriz por el ejercicio de una solidaridad sin lmites. La isla ofreci escuelas y medicina, ajust el consumo de productos para enviarlos a pases en lucha, y en el caso de Chile desvi sus barcos con el dulce producto para abastecer a nuestra poblacin sometida al mercado negro que asfixiaba a la Unidad Popular sin pedir nada a cambio y respetando la otra opcin que surga, la va poltico-institucional de S. Allende. Luego, en el contexto abierto por una nueva recomposicin mundial del capitalismo (1974) vendra el ciclo de adaptacin que preserv la supervivencia de la revolucin afectada por la desaparicin del campo socialista (1989).

El impulso cubano cambio, incluso, el pensamiento histrico. La mismsima historia contempornea, entendida como parte de la historia universal (concepto eurocntrico) abandon el campo reemplazada ahora por la historia del tiempo reciente latinoamericano iniciada con la revolucin que condujo el Movimiento 26 de Julio y que se est haciendo cargo del estudio de los dolores y alegras de Nuestra Amrica.

Con la guerra fra como teln de fondo, la decisin de enfrentar el sistema-mundo capitalista condujo a los cubanos a organizar la transformacin contribuyendo a la fundacin de la Tricontinental (1966) con participacin de 512 representantes provenientes de 82 pases, los cuales crearon para llevar adelante la utopa la Organizacin de Solidaridad Para Asia frica y Amrica Latina (OSSPAAAL), reforzando la solidaridad con nuestro continente con la creacin de la Organizacin Latinoamericana de Solidaridad (OLAS). De esa manera, Cuba abri sus puertas a la revolucin mundial sobre la base de una apreciacin terica en boga en las izquierdas de aquellos aos. En efecto, estas haban concluido que se estaba iniciando la transicin universal del capitalismo al socialismo.

Consideracin sustentada en una serie de transformaciones revolucionarias que se estaban produciendo en Asia (China, Vietnam), frica (Guinea Bissau, Tanzania), Medio Oriente (Palestina, Egipto) etc., situaciones a las que agregaban los esfuerzos de la izquierda francesa e italiana por acercarse al poder en el centro del sistema-mundo. En congruencia iban apareciendo una serie de dirigentes encabezando la rebelin mundial, entre ellos, Mao, Mandela, A. Cabral, T. Lima, A. Netho. En este contexto compatriotas chilenos viajaron a Cuba en su calidad de profesionales para contribuir con sus conocimientos (1962), otros recibieron instruccin integrados a la guerrilla boliviana. Baracoa y Pinar del Ro los acogieron. Espantados por el Plan Camelot (injerencia norteamericana), la expansin de la guerra contrarrevolucionaria, la reunificacin de la derecha bajo conduccin nacionalista con una invitacin a reconstruir el Estado desde una ptica autoritaria, los excesos represivos, la derechizacin del gobierno demcrata cristiano, conspiraciones al interior de las fuerzas armadas, y dos sucesivas frustraciones electorales producidas por maniobras de ltima hora, tomaron la decisin de convertir nuestro pas en un santuario de apoyo a la experiencia guerrillera.

En los campos de Punto Cero otro puado, junto a brasileos o mozambiqueos recibiran la formacin de les llev a sucumbir con la Unidad Popular, derrota tras la cual volvi a formarse un numeroso contingente para enfrentar la dictadura, es lo que se llam la tarea militar. Entonces, no hay de que avergonzarse o arrepentirse, aquella fue una opcin tomada en torno a consideraciones tericas y polticas que feneci ante el cambio del tiempo histrico que sobrevino con la recomposicin mundial del capitalismo (1974), giro reforzado por la derechizacin de occidente (1981), el hundimiento del socialismo (1989), el de los movimientos de liberacin nacional (1990) y el debilitamiento de la clase obrera por la transicin a la hegemona del capital financiero que desalojo la industrializacin de zonas del centro, de la periferia y semiperiferia. Dicho de otra manera perdi nitidez el sujeto histrico que impulso el cambio entre 1945-1974.

En fin, pasadas estas etapas en diversas latitudes la solidaridad se expres en el desarrollo de la ciencia mdica que en consuno con la preparacin de miles de mdicos ha enfrentado con brigadas solidarias secuelas de tifones, pestilencia y terremotos. Eso explica la presencia, en los funerales, de sudafricanos agradecidos por la formacin de combatientes, eso explica el dolorido discurso de los venezolanos agradecidos por el apoyo mdico o el lamento de los delegados bolivianos ayudados a combatir la ceguera. Los avances pedaggicos son tambin objeto de observacin especialmente en el nivel de las didcticas. Entre estas presencias, matizadas por griegos y nicaragenses, esta tambin una afirmacin en la lucha por la paz y por sobre todo por la determinacin en la persistencia de mantener una tipologa social en poca de derrumbe socialista.

Pero, all estn los grandes logros, la edificacin de un nuevo tipo de sociedad alejado del modelo econmico y del sistema poltico recomendado por los pases centrales. Ah est imperecedera la lucha anticolonial forjada en frica y con presencia, en las luchas de liberacin nacional en Angola, Mozambique, Guinea Bissau, Namibia, Sudfrica, Etiopa etc. Ah est, un pequeo pas que sobrevivi al desplome del socialismo a fines de los ochenta, estribando el secreto de la pervivencia en el apoyo de su pueblo desde la primera hora.

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Como puede apreciarse el peso histrico de Fidel y la revolucin ha sido enorme. Tal contribucin, independientemente del punto de vista que se sustente, merece respeto. El impacto del fallecimiento del Comandante Fidel Castro Ruz incita a reflexionar. El desgarro de su muerte se transforma en un momento propicio para la meditacin y para confrontar algunos enunciados y actitudes-comportamientos, algunos de los cuales, estn contribuyendo a vaciar de contenido la historia del tiempo reciente. Momento oportuno tambin para pensar el futuro.

Durante nueve das hemos presenciado el dolor de un pueblo. Durante nueve das hemos sido testigos del respeto profundo de lderes polticos, religiosos e intelectuales de talla mundial. Durante nueve das hemos presenciado el recogimiento de la izquierda universal. En medio de esta agona, durante nueve das, hemos visto, al mismo tiempo, el agravio, la descalificacin y el desconocimiento mnimo de los hechos histricos.

Como puede apreciarse la vida de Fidel es la representacin de un largo y extenso perodo histrico, no comprender este enunciado permite que la pareja relativismo/revisionismo histrico se aduee de la escena. El relativismo se desembaraza de la historia y de la sociologa comparada y rebaja la comparacin al enunciado fenomenolgico (al hecho), pone dos formaciones sociales en un mismo nivel sin diferenciar entre sociedades con distintos sistemas polticos. As, sin mayor precisin, se comparan sistemas polticos, modelos econmicos y personajes histricos, punto de partida para iniciar el proceso de revisin de la historia tergiversando el pasado desde el presente, haciendo un uso pblico, en trminos de Habermas, de una historia tendenciada. Ahora bien, esto es posible; en primer lugar, por los estragos que caus el pensamiento nico (neoliberal) en la izquierda chilena, impacto que posibilit su trnsito al liberalismo, para luego, intentar compartir/corregir el neoliberalismo; y, en segundo lugar, por la complacencia de la Concertacin, con la irrupcin posmoderna con la consecuencia del vaciamiento del tiempo y el entendimiento fragmentado de los procesos sociales.

Estas combinaciones han llevado a la aparicin de pensamientos difusos. Ejemplos de estas nuevas maneras de pensar abundan, quedando claro que muchos de los actores de la escena poltica han adaptado su forma de ver la realidad a la demanda poltica. En otras palabras, viven-su-ideologa, es decir, asumen una representacin de la vida sin llegar a pensar cmo piensan el tiempo reciente.

Un ejemplo de esto es lo que pareciera ser el bochorno intelectual de un joven diputado UDI, quin en un concurrido programa de televisin, luego de denostar a la revolucin cubana y a Fidel, no pudo contestar una pregunta respecto al rol de A. Pinochet escudndose en el argumentonac en 1980. Grave, con esa explicacin tampoco podra tener una opinin sobre B. OHiggins o de la infausta guerra del salitre de 1879. En otras palabras, hasta podramos dudar de su amor por nuestro pas. Pero eso no es todo, estamos ante un pensamiento dbil, un pensamiento que no se plantea los problemas de la historia y de la poltica y no porque dudemos de las facultades intelectuales del diputado, sino porque el pensamiento dbil tienen una doble explicacin; (por un lado) es un pensamiento fragmentado, incapaz de ligar los diversos procesos que constituyen la historia, (por otro) es expresin de una formacin recibida sobre la base de la historia oral trasmitida por la va de la familia y el entornolo que pone en duda la enseanza de la historia del tiempo reciente en nuestro pas.

El pensamiento dbil, entonces, no resuelve los problemas que depara el devenir y la consecuencia es la parlisis del pensamiento, el fracaso de la reconciliacin y el rencor por el-otro.

Aunque, en parte de la otra vereda tambin es posible presenciar el pensamiento obstruido. Es decir, un pensamiento atascado al que un obstculo (mental, identitario, nostalgia) le impide dar el paso que lo resitu ante la nueva realidad. Es la actitud de aquellos que se han refugiado en el tesoro de sus recuerdos, como dira H. Arendt. Aquella es la figura que aparece junto al smbolo y los colores de otro momento. Sin reconocer que Cuba cancel en 1990 la opcin de la lucha armada contra la dictadura, sigue presentndose con los colores del Patria o Muerte (verde olivo), la simbologa de los colores (rojo y negro) y la negra boca del arma. En fin, no se trata de abandonar el recuerdo de aquellos que pusieron el pecho por escudo en tan difciles momentos. Una cosa es el recuerdo del pacto por la liberacin, otra es encapsularse en aspectos de esa gesta y rumiar rencorosamente contra la conversin; otra es apoyarse en esa experiencia para volver a tejer los hilos sociales y polticos que los guen a nuevas jornadas de lucha, an es tiempo!

Se trata de reconocer el parntesis de la derrota, de trascender el tesoro de los recuerdos y pasar a un nuevo estadio de actividad poltico-social que acerque a la utopa.

Empero, ms complejo es el pensamiento converso me refiero a la corriente que desde la izquierda abandono el leninismo, luego el marxismo y finalmente el allendismo, para finalmente asumir el credo liberal/neoliberal para derivar posteriormente en mero pragmatismo poltico. Pero, este no es un grupo cualquiera, aqu residen el corazn de la renovacin y el grupo dirigente que ha conducido, junto al PDC, los gobiernos desde 1990. Ahora bien, al respecto no puede dejar de mencionarse que a estos sectores, ya avanzada la transicin, se sumaron otras tendencias que se desideologizaron y ayudaron a hacer efectivo el maridaje, como dira E. Hobsbawm, entre el pensamiento socialdemcrata y (ahora) el neoliberalismo con el resultado del vaciamiento de la idea de la transformacin considerando que toda alteracin puede conducir a una crisis sistmica, como afirma F. Gonzlez. Estamos, entonces, ante un grupo dirigente transformado en la elite del sistema poltico, un fragmento social que se avergenza de su pasado y pide perdn por analizar la revolucin cubana con conceptos de aquellos das, pero que no trepida en encabezar la representacin chilena a los funerales del Comandante en Jefe.

Este sector es el responsable de la molestia social a que ha conducido la aparicin de un nuevo tipo de Estado (neoliberal) y a la poliarqua (una cuasi democracia), en conceptos de R. Dahl.

Ahora bien, la primera actitud-comportamiento indica que la derecha chilena est paralizada en el marco de la guerra fra. La segunda seala la existencia de un parntesis doloroso (por la derrota) que seguramente ceder en el ciclo que se inicia por la aceleracin de la molestia ciudadana. La tercera es el reflejo de la miseria acomodaticia.

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Pero, no todo es descorazonador, en medio de la despedida definitiva del jefe guerrillero, tambin hemos recibido la incitacin a pensar ms all del momento presente. En ese sentido, Ernesto Benado, en una columna de opinin que lleva por ttulo Fidel y el futuro del socialismo, ha puesto sobre la mesa un tema gravitante, el de la pertinencia de pensar ni ms ni menos que en el futuro del socialismo.

La revolucin cubana, en aquellos aos, vino acompaada de un componente terico-poltico que revitaliz la polmica. La izquierda latinoamericana viva una situacin complicada. En Guatemala haba sido derrotada la experiencia de J. Arbenz (1954), en Chile el FRAP haba perdido una oportunidad histrica (1958), en Per la izquierda era desolacin, en Argentina una esperanza buclica. En otras palabras, las izquierdas eran ms bien organizaciones de denuncia del desarrollo capitalista. El marxismo languideca bajo la influencia de la ortodoxia sovitica y las estrategias de los partidos comunistas vivan el extravi de las tesis de la liberacin nacional. El impulso de los aos treinta se haba estancado y radicaba ms bien en la obra literaria de Neruda (Chile), Vallejo (Per), Guillen (Cuba) y Amado (Brasil). Pero la ola literato-cultural no pudo reponer la propuesta de J. C. Maritegui condenado al silencio por el Bur Sudamericano de la Internacional. Bajo estas condiciones los cubanos rompiendo con las tesis del fatalismo geogrfico impulsaron nuevos temas; a saber, la dimensin valrica en la lucha por el poder y construccin de la nueva sociedad, la idea del cambio global, pensamientos acompaados por una nueva mirada sobre la formacin social latinoamericana con el desplazamiento de la caracterizacin feudal de esta por su carcter capitalista, la modificacin del esquema marxista del rol de la clase obrera, reforzado como indicaba la Segunda Declaracin de la Habana, por campesinos, estudiantes e indioscon las armas de la libertad, propuestas que culminaban con el realce y pertinencia de la revolucin socialista a partir de un proceso ininterrumpido.

Estas contribuciones seran reforzadas en 1975 cuando sobre la base de la teora del eslabn ms dbil concluyeron que este se haba desplazado a frica actuando en consecuencia con el reforzamiento de la Lnea del Frente y la lucha por el cambio en Etiopa. Pero, esos triunfos en el frente internacional, acompaado del apoyo a las luchas centroamericanas no lograron paralizar el proceso de la recomposicin capitalista que, en 1974/75 contuvo en Amrica Latina la ola de cambios, preludio del giro mundial de la pareja Thatcher/ Reagan en 1981, y que en 1989 llev al fin del socialismo e instaur un periodo de cuatro dcadas de triunfo capitalista. Estos giros descorazonaron a un sector importante de la izquierda, mermada adems- por los duros golpes recibidos, por eso no es de extraar la cooptacin sistmica a travs del credo liberal y del acercamiento a la tercera va, es decir la propuesta socialdemcrata.

Aqu estriba la importancia de la propuesta de Ernesto Benado, integrante en 1962 del grupo de chilenos que se acerc a La Habana para conocer in situ la revolucin y coordinar formas de cooperacin profesional. La invitacin no puede llegar en mejor momento, la recomposicin iniciada en 1974 no logr despegar en su totalidad y ha sobrevivido a travs de innumerables crisis intermitentes. Pero, a partir de 2008, esa tendencia se agrav creando en los ltimos aos una emergencia mundial que se expande desde el centro a la periferia, situacin que demanda un debate que se hace ineludible porque lo que est en juego es la vigencia del pensamiento socialista y especialmente la de sus partidos histricos, transformados en baluartes del sistema de dominacin.

Es evidente que los pases de Europa central y oriental que proclamaron la construccin del socialismo no lograron establecer sistemas polticos que dieran satisfaccin a la idea de participacin de los ciudadanos, ya Hungra (1956) y Checoeslovaquia (1968) lo haban advertido. El crecimiento anual cercano al 4% tap durante aos la crisis que sobrevino sobre la economa a partir de 1986, preludio del derrumbe. Por otra parte, los sueos africanos fueron detenidos por la combinacin del alza del petrleo y las cadas de los precios de las materias primas, asimismo se derrumb la ilusin industrializadora e irrumpi el tutelaje del FMI, adquiriendo un nuevo rumbo la guerra fra con el paso de la bipolaridad a la unipolaridad con la consiguiente proliferacin de guerras. Ahora bien, en este contexto, chinos y vietnamitas han preservado un sector socialista en coexistencia con importantes franjas capitalistas, ser esta la nueva inspiracin? Dudas y preguntas que nos pone directamente en la discusin propuesta por E. Benado, fue un error haber comenzado la revolucin en la periferia y no en el centro desarrollado como postul Marx?, fueron pases socialista los que se derrumbaron a estamos frente a un modo de produccin estatista?, era posible la emulacin/competencia econmica en circunstancias que la economa-mundo era primaria a economas locales subordinadas?

En fin, la desaparicin fsica de Fidel se est transformando en un aliciente para deliberar sobre el tiempo venidero pensando tambin temas como, cules son los errores cometidos por la revolucin?, cmo profundizar la relacin democracia/socialismo?, cmo contribuir a su engrandecimiento?

Patricio Quiroga Z., historiador chileno

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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