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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-12-2016

Venezuela, dilogo o conflicto?

Alejandro Fierro
celag.org


Hay etapas polticas en las que se requiere dilogo para lograr los objetivos trazados. En otras, por el contrario, prevalece la necesidad de conflicto para alcanzar las metas. Se opte por uno u otro camino, lo realmente importante es ese objetivo que se quiere conseguir. La idoneidad de una u otra eleccin slo vendr dada por la consecucin del resultado.

Tradicionalmente, el chavismo ha demostrado gran habilidad para discernir qu era necesario en cada momento. Hugo Chvez ciment su proyecto de pas evidenciando el conflicto entre unos pocos que lo tenan casi todo y las mayoras que apenas posean nada. Era la dicotoma oligarqua-pueblo, que de inmediato fue asumida por las clases populares. Hizo bien Chvez en utilizar el conflicto y no el dilogo. Por conflicto no se entiende necesariamente violencia, sino firmeza en las posiciones para la consecucin de un bien irrenunciable. Poco haba que hablar con quienes tenan secuestrados los recursos del pas en su propio beneficio. El resultado final le dio la razn al lder bolivariano. Venezuela se convirti en uno de los pases menos desiguales del subcontinente latinoamericano.

El contexto en el que se desenvuelve Nicols Maduro es bien distinto, como tambin es muy diferente la Venezuela de hoy a la de 1999, cuando Chvez gan la Presidencia. La situacin econmica concentra todas las preocupaciones. La gente demanda soluciones y la participacin de todos los actores implicados para solventar la coyuntura. El tiempo de las explicaciones sobre las causas ha pasado. El presidente ha entendido que es el momento del dilogo y ha llamado a una mesa de negociaciones con un objetivo claro y que concuerda con las demandas populares: abordar los problemas econmicos.

En realidad, Maduro lleva cerca de un ao ofreciendo a la derecha un marco de conversaciones. Ha sido slo ahora cuando sta ha accedido, tras sufrir su ensimo revs poltico. La fallida estrategia del pasado mes de noviembre para derrocar a Maduro -con apelaciones a un juicio poltico que no est contemplado en el ordenamiento jurdico venezolano y marchas sobre el palacio presidencial que nunca llegaron a concretarse- demuestra su incapacidad para leer el momento poltico. A la dirigencia opositora no cabe hablar de lderes, a lo sumo de dirigentes- no le qued ms remedio que sentarse a la mesa. Ella misma se haba cerrado cualquier otra salida.

Y como era de esperar, el mero hecho de acceder al dilogo ha implosionado la frgil alianza de la derecha venezolana, una amalgama de intereses personales tan slo unida por su deseo de enterrar el chavismo para siempre. Los propios simpatizantes opositores asisten estupefactos a las descalificaciones cruzadas entre los Capriles, Torrealba, Ramos Allup, Mara Corina Machado, Lillian Tintori, Carlos Ocariz Algunas se producen incluso al interior de un mismo partido. Unos arguyen que acceder al dilogo slo da oxgeno al Gobierno y retrasa la toma del poder. Los otros sostienen que quienes apuntalan al chavismo son los que optan por tcticas de choque que en ltima instancia favorecen al Ejecutivo de Maduro Y hay quien, como Mara Corina Machado, sostiene que la Mesa de la Unidad Democrtica ya no sirve como instrumento poltico y hay que crear un ente nuevo.

En una primera aproximacin el problema de la oposicin pareciera ser la pugna entre los que optan por el conflicto y aquellos que se decantan por el dilogo. Pero un anlisis ms sosegado demuestra que el asunto es ms profundo. Al principio de este artculo se sealaba que la pertinencia de cada escenario depende del objetivo que se quiera alcanzar. Y ah, en el objetivo, es donde radica la respuesta a la disfuncionalidad de la coalicin opositora. Su propsito no es alcanzar la Presidencia, una aspiracin completamente legtima en cualquier sistema democrtico. Tampoco desalojar a Maduro de la Presidencia, una pretensin tambin legtimamente democrtica.

El objetivo real es aplastar al movimiento chavista por lo que ste supone de contestacin al capitalismo neoliberal. As lo han expresado una y otra vez los dirigentes de la derecha. Y en la irrealidad de este objetivo est la explicacin ltima de su errtico comportamiento. A efectos prcticos, es imposible hacer desaparecer de la noche a la maana a una opcin poltica que cuenta con un suelo de no menos de cinco millones de personas, tal y como qued patente en las pasadas elecciones legislativas. En un contexto econmico sumamente complicado, el chavismo cosech un 40% de los votos. Es cierto que fue derrotado, pero los resultados constatan una amplia base de apoyo en lo que quizs sea su momento ms difcil.

En trminos de higiene democrtica, la derecha no puede pretender ignorar este respaldo y simular que todo el pas adversa a Maduro. Es una falacia poltica que ha acabado por volverse en su contra. Si bien ese discurso puede funcionar de cara al exterior, a lo interno de Venezuela nadie comparte este escenario de todos contra el Gobierno.

Y por ltimo, no hay que olvidar que la derecha gan las elecciones legislativas prometiendo que su mayora en la Asamblea sera determinante para enmendar el rumbo de la economa. Ha pasado casi un ao y sus votantes, muchos de ellos de aluvin, no pueden recordar una sola medida de calado econmico que haya emanado del Parlamento. De nuevo la oposicin comete otro error de diagnstico. Todo ese voto prestado esperaba que volcaran sus esfuerzos en la economa, no en maniobrar contra un presidente legtimamente elegido.

A la luz de estos pasos en falso, no es de extraar que la frgil coalicin opositora avance a pasos agigantados hacia un proceso de descomposicin. El problema no es que un sector haya optado por el dilogo y otro por el conflicto. El error de fondo estriba en su negativa a aceptar que Venezuela es un pas que ha cambiado para siempre, que el chavismo es una identidad poltica que articula a buena parte del pas y que lleg para quedarse.

Fuente: http://www.celag.org/venezuela-dialogo-o-conflicto/



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