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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-12-2016

Integracin regional
Con los pueblos todo, sin los pueblos nada

Javier Tolcachier
Pressenza


Revisemos algunos de los principales hechos polticos recientes. En varios de ellos encontraremos pistas relevantes sobre el sentir y el pensar de las poblaciones que nos ayuden a reflexionar sobre perspectivas a futuro.

En Colombia, el plebiscito que deba ratificar por voto popular la primera versin de los acuerdos de paz entre el gobierno y las FARC-EP no tuvo aprobacin mayoritaria. El dato relevante, ms all del medio punto porcentual de ventaja de los que optaron por el No al acuerdo, fue la abstencin superior al 60% del padrn. La falta de participacin popular en el proceso previo y el halo de ser funcional a una estrategia de posicionamiento gubernamental fueron factores significantes para que muchos dieran la espalda a tan transcendental decisin.

Una abstencin cercana al 65%, sobre todo en el segmento ms joven, fue tambin uno de los elementos destacados en las elecciones municipales de Chile transcurridas el pasado 23 de Octubre. En dicha compulsa el gobierno, envuelto en absoluto descrdito, perdi ms de 30 alcaldas. Algunas de ellas, como la emblemtica comuna de Valparaso, pas a manos de un joven de 35 aos, Jorge Sharp, miembro del movimiento autonomista junto al tambin joven diputado Gabriel Boric. La derecha cosech la mayor parte de las prdidas del gobierno de coalicin que preside Michelle Bachelet.

Algo ms al Norte, en la revolucionaria Bolivia, los electores vedaron en febrero de esta ao la posibilidad de una nueva reeleccin del presidente Evo Morales Ayma. El tambin apretado resultado del referendo que como ya es de rigor fue manipulado por una campaa sucia de los medios de la oposicin se dirimi por algo menos del 3% en contra de la propuesta propiciada por los partidarios del gobierno.

Tambin hubo municipales en Brasil que, luego del golpe parlamentario contra la presidenta legtima Rousseff, constituyeron un derrumbe electoral del hasta entonces gobernante Partido Trabalhista, perdiendo ms de la mitad de las 635 alcaldas conseguidas en la eleccin de 2012. La recesin, las denuncias de corrupcin direccionadas convenientemente por un mega aparato meditico y el apoyo a la derecha de sectores medios fueron los causantes de la debacle. Aqu tambin la suma de los que no votaron, los que votaron en blanco o nulo, super en algunos casos como en Belo Horizonte a la suma de los principales candidatos en liza. En Sao Paulo, dicha suma fue del 38.5%, superior a la cantidad de votos obtenidos por el ganador Joao Doria Jr. (alrededor del 34%). Segn el artculo de Rafael Tatemoto en Brasil de Fato para los representantes de movimientos populares brasileos, este fenmeno indica un repudio de buena parte de la poblacin al sistema poltico nacional.[1]

Pasando las fronteras regionales, el mismo repudio parece evidenciarse en buena parte de la poblacin norteamericana que llev a la presidencia al billonario Trump. An perdiendo el llamado voto popular (no definitorio en el sistema electoral estadounidense), Trump logr conectar con el descontento de millones de ciudadanos desfavorecidos por la financiarizacin econmica y la deslocalizacin industrial. Pero sobre todo, concit el apoyo de personas hastiadas de saberse ignorados por la burocracia y el sistema lobista que la mandata en nombre de las grandes empresas y fondos de inversin. Es interesante recordar que tambin Obama, en el discurso de campaa que lo llev a la primera presidencia, hizo tambin hincapi en su supuesta aversin a las decisiones que se toman en los pasillos de Washington. Revelador acerca de las preferencias del establishment poltico es saber cmo vot la burocracia en esta ocasin. En el Distrito de Columbia (el D.C.), donde est localizada la capital norteamericana, la candidata Clinton obtuvo un 92.8%. [2]

Otro personaje poco previsible y sumamente violento fue tambin electo en Filipinas en Mayo de este ao como presidente. Rodrigo Duterte, cuya apologa de la mano dura contra el narcotrfico le vali el apoyo popular, fue alcalde de la ciudad de Davao durante varios perodos. La ubicacin geogrfica es sumamente sugestiva: Davao se ubica en el extremo sur de Mindanao, la segunda isla del archipilago, a mxima distancia de la hegemnica capital Manila, sindicada como foco de corrupcin por excelencia.

Y un inequvoco rechazo al centralismo y la burocracia paneuropea qued en evidencia en el referendo llevado a cabo en Gran Bretaa en Junio de este ao, para decidir sobre la permanencia o salida de la Unin Europea. El Brexit triunf por 3.8%, ocasionando la dimisin del primer ministro conservador David Cameron y derrotando tambin al laborismo, que apoyaba la permanencia. La ultraderecha convoc, al igual que Trump, a los peores fantasmas de un pueblo castigado por la creciente austeridad producida por el torbellino financiero y acribillado simultneamente por proclamas xenfobas. El sector rural volc el resultado, no as las ciudades, mucho ms acostumbradas a escenarios de creciente multiculturalidad.

Del mismo modo, la propuesta de reforma constitucional del primer ministro italiano Renzi cosech en Octubre el repudio ciudadano. El 59% de los votantes dijo No y aqu el electorado s decidi acudir en buen nmero a las urnas con una participacin cercana al 65% del padrn tanto en el pas como en el extranjero.

Rechazos que recuerdan al referendo griego de 2015, en el que el 61% de los votantes (con alta participacin electoral de casi un 63%) se opusieron claramente a las condiciones indignas de rescate financiero que pretenda la llamada Troika compuesta por el Banco Central Europeo, la Unin Europea y el FMI. Dicho resultado ms all de la posterior capitulacin del gobierno Tsipras fue altamente significativo por el contexto de amenazas de estrangulacin econmica que sufri el pueblo griego a manos de la prensa global y las instituciones mencionadas.

Construir el mapa de la ola de repudio y movilizacin popular contra la corrupcin asociada a la burocracia nos llevara necesariamente a mencionar escndalos como el que culmin con la destitucin de la presidenta Park Geun-hye en Corea del Sur, la renuncia del guatemalteco Otto Prez Molina, la dimisin del primer ministro de Islandia Sigmundur Gunnlaugsson y tantos otros ms o menos sonados casos.

Claro est que no todos los acontecimientos polticos recientes coinciden con estas muestras, pero cierto patrn se exhibe en un buen nmero de ellas, lo que nos permite extraer alguna conclusin.

Desde cierto orden poltico podra decirse que en todas las regiones parece avanzar el retroceso, emergiendo las derechas y el autoritarismo ante la evidente crisis de sistema. Podra llegar a interpretarse que, adems de la enorme exclusin social producida por la economa especulativa, amplios sectores de la poblacin sienten el impacto de un mundo de vertiginosos cambios y prefieren retirarse a zonas de memoria y comportamiento social conocidas.

Podra tambin argumentarse que el xito de propuestas regresivas y neofascistas seran una simple respuesta de un sector de las lites del poder, cuestionadas masivamente por el estentreo reclamo por transformaciones profundas a partir del ao 2011. Las variantes polticas represivas podran ser ms eficaces para controlar el desborde social ante el descrdito generalizado de la casta poltica, la que cargara adems, a modo de chivo expiatorio con la culpabilidad por el desmadre ocasionado en realidad por la banca y sus socios.

Tambin podra decirse que esta oleada neonacionalista es la respuesta mecnica de los pueblos a un imperialismo global corporativo, conocido como globalizacin, que no acepta fronteras ni limitacin alguna a su voracidad capitalista.

Pero el punto de vista que nos interesa abordar en este caso, ms all del grado de acierto que pudieran contener las apreciaciones anteriores, es que los pueblos muestran con claridad su aversin a la corrupcin emergente de un sistema poltico burocrtico alejado de su base social.

Proyectado a trminos regionales, la integracin planteada en meros trminos intergubernamentales, lejos de actuar como factor de acercamiento entre pueblos, termina convirtindose en una entelequia de siglas y regulaciones absolutamente incomprensible y lejana. Dicho extraamiento, en el contexto de la multiplicacin de estamentos, funcionarios y ordenamientos reguladores, no puede sino culminar en el repudio popular.

La integracin concebida como una suerte de SupraEstado regional, con la consecuente rplica de instituciones propias del mbito estatal, no es sino una concepcin que perpeta el sello que fue impreso a los estados desde el paternalismo imperial napolonico, luego de que la correlacin de fuerzas sociales depusiera a las monarquas y aristocracias consolidando el poder de las burguesas. Dicho sesgo unitarista fue heredado e impuesto luego a la Amrica multitnica por gobiernos ilustrados racistas, por el corporativismo fascista, el socialismo centralista o sus derivados.

Esa visin asocia de manera terminante la mera posibilidad de existencia de una conjuncin social o de una identidad nacional a la existencia de un gobierno central que rena y modere las tensiones particulares, al tiempo que considera a la diversidad cultural o al federalismo real como riesgo divergente o simple concesin de conveniencia y no como la posibilidad de descentralizar soberana y efectiva decisin popular.

En tiempos de ultraliberalismo, el centralismo estatal aparece para muchos como el nico refugio posible ante la inclemencia y la impunidad de la riqueza concentrada. Sin embargo, basta acercarse a algunos casos para comprobar que eso no es necesariamente cierto. Por el contrario, muchos gobiernos, con el respaldo del poder conferido polticamente, facilitan la tarea depredadora del gran capital sin cuestionar en lo ms mnimo los resultados antisociales de su accionar.

Considerar al aparato estatal como nmesis automtica del neoliberalismo y nica defensa posible del mismo es inexacto y debilita la movilizacin y organizacin popular, dejando el ejercicio permanente de la soberana atado a instituciones que en su dinmica inmanente tienden a alejarse de la base social que les proporciona legitimidad.

Una integracin basada en la proyeccin de estas premisas tiende necesariamente a desembocar en un destino similar.

Cul es la visin superadora entonces? Acaso dejar librado todo a las fuerzas del mercado, a la ley del ms fuerte, al dominio transnacional corporativo? Eliminar la mediacin de los gobiernos a favor de los ms dbiles, para dejar el campo libre a la impudicia de los que niegan bienestar a los dems? Claro que no.

Antes de esbozar alguna variante alternativa, puede ser necesario considerar algunos puntos ms.

An cuando gobernado por movimientos de carcter progresista, sensible o an revolucionarios, si el pueblo no participa de los procesos de cambio e integracin, no habr real ejercicio de responsabilidad en la construccin y sta ser por tanto endeble. Por otro lado, si esa participacin no se verifica, cul es el mbito para el imprescindible ejercicio de acompaamiento en los necesarios cambios internos y de relacin? A lo que nos referimos aqu es a la solidez y continuidad que imprime a la transformacin social la prctica existencial revolucionaria coherente y cotidiana de quienes la protagonizan.

Si las transformaciones (o integraciones) se producen desde arriba hacia abajo, desde esquemas paternalistas, de verdad revelada o vanguardia esclarecida, la dependencia de liderazgos se hace manifiesta tarde o temprano, produciendo vulnerabilidades.

La misma fragilidad se evidencia en esos procesos como en la situacin coyuntural de nuestra regin al cambiar el signo poltico de los pases involucrados en los procesos interestatales de acumulacin de fuerzas camino a la integracin.

De este modo, pensamos que el momento de estancamiento que sufre en la actualidad el proceso de integracin regional en Amrica Latina y el Caribe sumado a las experiencias de unidad europea y las manifestaciones de rechazo popular a la degradacin de la democracia intermediada, pueden servir como invitacin a sumar pueblo a los esquemas polticos y a la integracin.

La imagen de una confederacin pluricultural de naciones, de la que emerjan estamentos no permanentes de coordinacin y asociacin, sin tener las caractersticas de gobierno regional central, puede servir para enriquecer oportunas reflexiones.

La incorporacin de la participacin popular organizada con carcter decisorio en los actuales organismos de integracin puede ser el paso inmediato y adecuado en esa direccin.

En otras palabras, pensamos que el avance de la unidad regional soberana, fraternal y solidaria debe corresponderse con un aumento del poder social genuino y la participacin directa de los pueblos y sus organizaciones de base en el proceso integrador.

O ms fcil an: Con los pueblos, todo. Sin los pueblos, nada.

Notas:

[1] http://www.brasildefato.com.br/2016/10/04/las-elecciones-representan-el-desencanto-con-el-sistema-politico-evaluan-movimientos/

[2] http://www.politico.com/2016-election/results/map/president

Fuente: http://www.pressenza.com/es/2016/12/integracion-regional-con-los-pueblos-todo-sin-los-pueblos-nada/




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