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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-12-2016

Algunas preguntas para el no asalariado del pensamiento oficial

Carlos Luque Zayas Bazn
Rebelin


Las tecnologas digitales hacen posible hoy una produccin cinematogrfica desvinculada de los grandes centros que tradicionalmente han gestionado esa industria. Es un cine que se suele llamar o considerar como independiente, con obvia referencia a sus nexos anteriores, que a su vez son llamados oficiales, pero sin que se pueda definir con la claridad del pasado si, ya independientes de aquellos, ahora no son dependientes de nadie.

El trmino de independiente es por tanto muy polmico toda vez que la verdadera independencia, si no existe casi en ningn campo de loa creacin cultural, mucho menos existe en la industria del cine. Como compleja industria que contempla tambin la publicidad, promocin y las negociaciones para su posterior distribucin, aun cuando con frecuencia ese cine requiere mucho menos logstica e inversin, no puede independizarse totalmente de la necesidad de mecenas, ni de los intereses de quienes lo financian. A travs de esas entidades internacionales y habitualmente mixtas, transitan dineros e intereses meticulosamente tercerizados e invisibilizados mediante productoras, festivales, reconocimientos y premios, cuya intrincada madeja es muy difcil de caracterizar. Desde aos atrs Cuba es tambin escenario de ese fenmeno y de un cine independiente que con bastante frecuencia aborda una temtica que es muy bien sostenida y recibida en los circuitos internacionales. Sobre todo destacan en la preferencia y rpida resonancia internacional aquellos temas que abrevan en los conflictos del pasado revolucionario, pero tambin en el presente. Aunque la historia revolucionaria cubana, como cualquier otro proceso social, es un tejido de aciertos y errores, y unos y otros tienen, como no puede ser de otra manera, una inextricable relacin con los eventos nacionales e internacionales de cada momento, hay un tipo de temtica del cine independiente, y tambin de producciones que todava siguen auspiciadas por la entidad estatal, que focaliza su inters en los aspectos ms sombros de los conflictos, o que se han sobredimensionado en su significado histrico o en su verdadera dimensin. Algunas de esas producciones tienen innegables valores artsticos, en la estricta dimensin del manejo de los recursos del arte cinematogrfico, otras se quedan en el intento, y hay ejemplos de ningn valor. Tal como ocurre en cualquier cine, sea o no independiente.

Ahora: qu significa ese denodado inters en hurgar una y otra vez en un pasado de errores sin contextualizarlos, y en algunos casos sacrificando la obtencin del valor del arte en aras de la resonancia y relieve del tema? Por qu los que se dedican preferentemente a recrear las temticas oscuras del pasado, no pueden concebir obras que testimonien desde un arte que no tiene por fuerza que ser del realismo rampln de aquel considerado como el socialista, la realizacin de otros muy distintos destinos, igualmente preados de conflictos humanos y sociales, que indudablemente tambin han germinado en la poca que arranca en el 1959 cubano? Es slo porque los destinos trgicos, dolorosos y conflictivos, el eterno drama humano, siempre ha sido la mejor levadura del arte?

Es que slo existen o han existido en Cuba individuos mandados, conducidos, frustrados, amargados, desorientados, parametrados y aniquilados en sus aspiraciones? Es sostenible, es verosmil en el campo del arte; es cierto, es sostenible en el campo de la realidad? Por qu la mirada insistente y retroactiva sobre los errores histricos encuentra tan rpidamente eco y sustento, premios y resonancias en tan variados escenarios ajenos a Cuba?

Es coherente repetir que estos son otros tiempos, para validar las propuestas, posturas y valoraciones de los que, cual viajeros detenidos como estatua de sal por mirar constantemente atrs, no tienen en cuenta que aquellos tambin eran otros tiempos, y con ello negarse a un anlisis ms profundo de sucesos que hoy solamente se califican de errores, sin ms?

En el campo de las argumentaciones, qu objetivos persigue esa insistente rememoracin de PM, el caso Padilla, Virgilio Piera, etc., sin tener en cuenta la evolucin posterior de la poltica cultural cubana, sin tener en cuenta que aquella no fue toda la cultura, ni de aquellos aos, ni de los aos posteriores? Por qu desvincular y focalizar como los nicos representativos, o dignos del dolor memorioso, los dramas personales, de los grandes dramas que comprometan la vida y el destino de amplios conglomerados humanos?

Los que revuelven y rememoran, siempre que lo creen oportuno, aquellos sucesos, no casualmente son los mismos que califican la definicin central de Palabras a los Intelectuales poco menos que obsoleta, superada, inoperante, o afirman que es el concepto menos importante de los enunciados en aquella charla de Fidel. Desprecian de un plumazo a quienes la citan, hasta el cansancio, dicen. Y cundo es que llegar el momento de llegar a la fatiga de esa mirada que constantemente parece tener una fijacin traumtica por los errores cometidos por personas que quizs fueron (o no), oportunistas, o de estrechos horizontes, o que creyeron estar cumpliendo con su deber, o que cometieron errores por cumplir con honradez con el que creyeron entonces su deber? Por qu es superior y mucho ms digno de reivindicarse el drama del artista a cualquier otro drama humano? Por qu el drama de Salieri es menos digno de conmiseracin que el de Mozart, si son dos seres humanos enfrentados al mismo angustioso destino del hombre consigo mismo y la complejidad de su poca, a sus grandezas y tambin a sus flaquezas?

Era siempre aquel funcionario el ser deleznable, falto de conviccin, miserable moral, mediocre sin inteligencia, asalariado y oportunista? Era, es, siempre el que escribe una obra o filma una pelcula, o concibe un poema, ese ser superior, alado, sin mancha y sin tachas, no oportunista, sino imbuido de una limpia conciencia superior, que no aprovecha ninguna coyuntura propicia para sintonizar con una moda temtica y as ganar espacios y aupar sus intereses?

Ante la imposibilidad de tener un diagnstico medianamente confiable desde el campo del conocimiento de las profundas motivaciones psicolgicas del ser humano, y sobre todo si eso yace en el pasado: por qu y sobre que fundamento indiscutido e indiscutible ha de ser siempre el funcionario el ser mediocre, el deleznable oportunista, el dogmtico, el ser desalado y desalmado? Y por qu si lo fueron algunos, como presumible resulta en la diversidad humana, relacionar o permitir que se relacione un fenmeno individual con el espritu de un proyecto social? Por qu contribuir a ello bajo el pretendido argumento de la reivindicacin de una memoria que lo ha sido con creces por la obra cultural misma del proyecto cubano?

El escritor, el intelectual y el artista anterior al 59 no confront ese tipo de dilema con los intereses colectivos de un proyecto en revolucin como el que devino en el 59, obviamente porque no exista proyecto alguno que lo sumara en su seno, pero tambin por una razn ms simple: porque el artista no exista, no importaba, era la ltima carta de la baraja, una isla solitaria dentro de otra isla sometida. Es precisamente cuando comienza a ser incorporado a la gesta cultural y social, cuando se dignifica su condicin profesional, cuando se le reconoce su papel de actor importantsimo, que afloran y pueden aflorar sus preocupaciones y contradicciones y exigencias, es cuando se le comienza a reconocer su derecho de ser y sobre todo de tener la capacidad de exigir que nunca tuvieron antes. Determinadas concepciones artsticas (dgase el intento temporalmente muy acotado de imponer los cnones del realismo socialista) de una parte de las estructuras ideolgicas de aquella revolucin naciente, crearon un nuevo caldo conflictivo, pero hubo tambin otra parte, la que angustiosamente se fue imponiendo en medio de otra tarea mayor y mucho ms compleja, que emergi, se impuso y reconoci con la publicacin de sus obras, a aquellos que sufrieron los errores cometidos. Por qu la insistente mirada hacia aquellos aos y esos conflictos no tienen en cuenta esa evolucin? El arte mayor de todas las pocas siempre ha sido capaz de esa mirada profunda y abarcante, holstica y compleja. Ese tipo de mirada que le hizo decir a Marx que aprenda mucho ms en ciertas novelas que en los mismos libros de historia Por qu es tan reacia entre nosotros esa mirada, por qu se premia y eleva y difunde con inusitada rapidez internacional una mirada tan puntual, tan focalizada, tan minuciosamente concentrada en una zona de lo sombro y no en el claro oscuro y en todos sus matices?

Hay muchos intentos de respuesta, pero su ncleo se asientan en una mitologa de muy vieja data y de un origen bien preciso: el artista crea belleza, se asocia casi espontnea y automticamente a la rebelda, a la verdadera libertad, a la iconoclasia, a la conciencia crtica, al ser libre y casi desasido de responsabilidades, y si tiene y acepta algn compromiso es con la verdad, con la memoria histrica, con las injusticias, y consigo mismo, es decir, con su conciencia. Parte del aura mitolgica se adorna con solo una responsabilidad: le corresponde la exigencia de hacer denuncias, o cunto ms, preguntas, sin casi ninguna atencin responsable por las respuestas. Pero, nadie paga por esa tarea?

El campo de la creacin artstica tiene a mano esa narrativa prestigiosa; dgase artista y ya el imaginario se inclina con reverencia a las connotaciones ureas e incontaminadas del trmino; dgase funcionario, y se entra en un campo de inmediato minado por las despreciables connotaciones de un mito tenebroso, en cuya edificacin mucho tienen que ver los aportes de la creacin artstica misma, as como en la construccin de su propio mito personal, mucho aporta la pose artstica. Es obvio, no importa que el polica, o el crtico, cumpla bien sus funciones, slo mencionarlo provoca una sonrisa irnica, no importa que cuando truene lo invoquemos y se agradezca su proteccin, o que estemos en buenos trminos slo cuando se nos alabe o proteja: la imagen del funcionario y del polica y hasta la del crtico, siempre estar injustamente aureolada por una sombra sospechosa, (as, del crtico se sospecha que es un artista frustrado, bilioso, etc), tanto como la del artista aparece nimbado de un manto de indiscutible superioridad en todos los rdenes. Si a eso se agrega la magia indiscutible de la palabra y el poder de los medios de difusin, sobre todo si es la palabra escrita, ya contamos con el arma poderosa que ha sembrado, regado y sostenido esa mitologa.

Por supuesto que no hay sorpresa si, al citar entre nosotros al Che, tambin se repite una y otra vez slo la idea segn la cual el pensador no debe ser un asalariado del pensamiento oficial. En ese mismo prrafo, un poco ms arribita, el Che afirma que el pecado original del intelectual es no ser verdaderamente revolucionario. Lo mismo que se recita tanto la primera idea, sera tambin de atender la otra opinin y por lo menos debatir ambas.

Pero no todo intelectual y pensador que coincida con una concepcin mayoritaria, o que coincida con las concepciones del poder poltico e ideolgico legitimado por las mayoras, es un asalariado descerebrado y sumiso o dcil, en cuanto eso significa que sostenga sus ideas sin conviccin y solo por la paga de sus servicios. Es frecuente que quien le falte al respeto al otro se lo falte a s mismo, o quien le dispute la sinceridad o la honestidad al prjimo, tambin ponga en solfa la propia al reservarse el trono de la pureza. Con que prueba de veracidad es el otro el asalariado y no ud.? O en el caso en que ambos lo sean, por qu el otro no defiende sus ideas con la misma limpia conviccin con que ud dice defenderla?

Como tampoco todo creador de belleza est tan desasido de lazos financieros. Y, ciertamente, no todo intelectual es por definicin no revolucionario. El juicio del Che tiene ciertas connotaciones filosficas de otra ndole que se podran discutir en otra ocasin, ya que no es la cita socorrida. Pero en este segundo campo existe otro mito: se libra de cualquier otra responsabilidad al artista aduciendo que concebir una obra valiosa es su revolucin, as lo revolucionario en el campo artstico es concebir y lograr una obra con indiscutidos valores estticos (que son en fin los valores que determinada corriente de su poca valoriza o define como los valores definitorios de lo artstico.) Y con ello se confunden dos universos muy distintos: no es ni puede ser lo mismo, ni conlleva a las mismas consecuencias lo que revoluciona en el campo de la concepcin artstica, de lo que revoluciona en el campo poltico y social. Cuntos indiscutibles creadores de una belleza que nos parece ahora indiscutida y eterna (Borges, Vargas Llosa, entre nosotros) no estn en las antpodas de las concepciones sociales revolucionarias? Cul es y cmo se define el derecho que tiene el creador, la obra artstica, para desasirse de toda responsabilidad extra artstica? Quizs slo en el caso de artistas que han vivido y han muerto en la miseria por el desconocimiento de su obra o por no vender su pluma. Y sobre todo, qu hacer cuando lo que se pretende, sanciona y se admite como valor artstico est indiscutiblemente relacionado con intereses extra artsticos y teniendo en cuenta que el valor artstico no es un invariante abstracto y atemporal, ni intemporal, sino un resultado cultural, una construccin epocal?. Cuando esa relacin existe, no le corresponde al creador ninguna responsabilidad social? O en todo caso: no le corresponde al creador ninguna otra responsabilidad cuando su obra es financiada y sostenida por otros? Sobre todo en la creacin cinematogrfica, que es una industria o algo casi imposible de hacer todava sin algn sustento financiero, en su concrecin o en su distribucin, cmo no considerar los intereses (a veces notoriamente extra artsticos) que tienen los que la financian, premian o difunden?

En estos tiempos surgen creadores que argumentan el deber de rendir homenaje a la memoria de escritores y artistas que, como cualquier otra persona de aquellos aos, afrontaron y confrontaron las complejas contradicciones de sus biografas, sus peculiaridades psicolgicas en tensin con los avatares, sus concepciones e intereses en los escenarios convulsos de una revolucin, no slo realizada por sus lderes, seres falibles como el que ms, sino por toda la gama de las grandezas y miserias humanas de todos sus actores, donde la virtud y el acierto no siempre tenan que estar del lado de la creacin inmaculada, como tampoco la vileza humana y la mediocridad del lado de los llamados funcionarios. Pero en una narrativa que se desea maximizar, el manto del prestigio victimizado, arropa slo o preferentemente a un grupo de los actores, y el escarnio y la mala memoria a otro.

Los que insisten una y otra vez en recrear los fantasmas del pasado, y en ventilar o crear los fantasmas del presente, califican a los que opinan distinto de superrevolucionarios, o de domesticados, o de asalariados del pensamiento oficial, recordando una y otra vez aquellas palabras del Che, pero sin preguntarse nunca ni poner en duda otros ngulos del problema. Como los arduos y alambicados caminos por donde fluyen los dineros en el mundo de hoy son tan sofisticados y brumosos que no permiten aclarar y denunciar sus fuentes e intereses, se consideran desatados de turbios intereses. Viven del ter quizs slo los improbables ngeles, y por tanto lo primero que debieran aclarar, ya que para ellos otros son los asalariados, es cul es el criterio que purifica el sustento de los aportes que lo sostienen, es decir, en virtud de qu no se consideran asalariados, y por qu ese que sustentan sus creaciones sera limpia y moralmente superior a otros. Una vez que eso est aclarado comprenderamos mejor los intereses en lidia y por cierto, su verdadera naturaleza. Y no ser la primera vez que los que hoy pagan, abandonen y desprecien maana cuando ya no vean utilidad ni an en una verdadera obra artstica. Hoy no resulta extrao ver premiados temas, no el arte. Y si es con respecto a Cuba, mucho ms. Ya hay varios tristes ejemplos.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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