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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-12-2016

El activista Octavio Alberola participa en las XVIII Jornadas Libertarias de CGT-Valncia
Hay que dejar de pensar en las revoluciones por decreto

Enric Llopis
Rebelin


En la tarjeta de presentacin dice escuetamente Libertario, pero Octavio Alberola (Alaior, Baleares, 1928) fue adems coordinador del grupo clandestino Defensa Interior (DI), formado en 1962 tras un acuerdo de la CNT, la FAI y la Federacin Ibrica de Juventudes Libertarias. Se trataba de reactivar la lucha contra la dictadura franquista. En el libro El anarquismo espaol y la accin revolucionaria (1961-1974), que Alberola public con Ariane Gransac en 2004 (La Llevir-Virus), se explican los pormenores. La organizacin secreta prepar atentados, fallidos, contra Franco en San Sebastin (1962) y Madrid (1963).

El activista fue detenido en Blgica (1968) por denuncias de la polica franquista, y en Francia junto a otros nueve compaeros- en 1974. A partir de 1998 se implic en la batalla por la anulacin de las sentencias contra los anarquistas Francisco Granados y Joaqun Delgado, ejecutados a garrote vil en la prisin de Carabanchel, en 1963, acusados de la colocacin de dos bombas en la Puerta del Sol. Se les ajustici, pese a que los jvenes nada tuvieran que ver con los hechos. El activismo libertario de Octavio Alberola comenz en Mxico, pas al que lleg con su familia en 1939 y donde form parte de la CNT espaola. Tambin colabor con los exiliados cubanos en Mxico para el derrocamiento de Batista, pero despus se mantuvo en posiciones (libertarias) muy crticas con el comunismo de Fidel Castro.

Aunque a sus 88 aos no se muestre partidario de las conmemoraciones, ha participado en las XVIII Jornadas Libertarias de CGT-Valncia en torno al 80 aniversario de la revolucin libertaria en Espaa. Frente a los que consideran el anarquismo una religin, Alberola asume una perspectiva ms amplia y un punto relativista. Porque ciertamente en 1936 se produjeron experiencias revolucionarias en una parte de Espaa, pero hoy gobierna Rajoy. Y tambin es verdad que una parte de los movimientos que se reclaman anticapitalistas, tratan de romper con el sistema, pero lo hacen desde dentro del marco oficial. Es como ilusionarse con que, como la jaula es de oro, ya no es una jaula. El activista, que con los aos ha colaborado en una mirada de colectivos libertarios de todo el mundo, se expresa con claridad, en trminos generales e inteligibles. Una parte de los trabajadores estn contentos, hoy, con el sistema de explotacin en el que nos hallamos, aspiran nicamente a incrementar el nivel de consumo y mejorar sus condiciones laborales, explica.

En este punto radica una de las grandes dificultades para el cambio. Los niveles de vida y consumo son superiores a los que existan en los aos 30, y el trabajador que ha conseguido algo lucha para que no se lo quiten. A ello se aade el fracaso de experiencias previas como los socialismos de estado, e incluso el de aquellos que se pretendan de rostro humano. Octavio Alberola pone el ejemplo de los trabajadores cubanos, que aspiran a elevar sus niveles de consumo como en otras partes del mundo. Muchas de sus reflexiones pueden leerse en el libro Pensar la utopa en la accin. Trazas de un anarquista heterodoxo (Bombarda), editado en 2013, donde recopila algunos de los artculos publicados desde 1950.

Siempre que los movimientos contestatarios han conseguido algo, es porque han luchado de manera radical; cuando han caminado por los cauces del sistema, puede que hayan alterado algunos aspectos incluso de los ms lesivos- pero no se ha dado una transformacin real, asegura Octavio Alberola. Por eso se sorprende cuando algunos compaeros confan en los cambios desde dentro. Sin embargo, con un punto de pragmatismo, no desprecia las luchas solidarias y por un mundo ms justo desde el interior de la jaula. Tampoco se declara pesimista: principios como la asamblea, la autogestin o la accin directa han penetrado en movimientos como el 15-M o los Occupy, y tambin en sectores que en principio no se reclaman anarquistas.

Apela a las reflexiones de Bakunin y Foucault, quien teoriz sobre los conflictos y luchas por la libertad que emergan, en cualquier coyuntura, como respuesta al poder: Y me da igual que esto se haga en nombre de los derechos humanos o del anarquismo. Porque Alberola tampoco idealiza las acciones revolucionarias de hace 80 aos: Hubo contradicciones, y adems la situacin es hoy muy distinta. Una de las principales diferencias es la conciencia sobre el capitalismo como sistema destructor de la tierra y el entorno, que amenaza con hacer imposible la vida humana en el planeta. ste debate se halla actualmente en los movimientos sociales, pero tambin en las instituciones y universidades. Octavio Aberola considera que esta idea medular facilita la proyeccin de las experiencias locales, respetuosas y autogestionarias, que hoy asumen en mayor o menor grado- quienes siempre han defendido formas jerarquizadas de organizacin. Precisamente la conciencia de los lmites finitos del planeta y la creciente explotacin de la vida, permitiran confiar en los avances para romper la jaula de oro.

Defiende un anarquismo no dogmtico, de ah que los problemas del mundo actual no los quiera encerrar en debates sobre la anarqua. La cuestin reside en las sociedades humanas: tal vez haya que remontarse al Neoltico y los orgenes de la propiedad privada. Desde una perspectiva libertaria, cree en la existencia de la lucha de clases y el enfrentamiento de unos sectores oprimidos contra otros, en muchos casos inducidos por los nacionalismos. Ante ese panorama, el anarquismo no es una doctrina ni entelequia, sino una aspiracin a ser libre. Estas afirmaciones ya las hicieron en el pasado los tericos de la Idea y est muy bien reivindicarlos- pero otras tradiciones de pensamiento dijeron lo mismo. Tambin Marx, concede Alberola, pero se top con las contradicciones que engendra el poder y las derivas hacia un capitalismo de estado. Mucha gente, se considere o no anarquista, toma del pasado lo que le parece recuperable, concluye.

Hijo de un maestro racionalista, de la vieja escuela de Ferrer i Gurdia, considera decisivo el trabajo de difusin cultural y de crear conciencia. No se ha de imponer nada. La clave reside en el pensamiento crtico y la creatividad. Al final, todos somos seres humanos anarquistas, cristianos o lo que sea- con necesidades que satisfacer. Se trata, en mi opinin, de acabar con el sistema de dominacin que nos impide ser libres, sea el capitalismo, el socialismo o como se quiera llamar. Se pueden encontrar ejemplos de maestros en la escuela pblica, la privada e incluso la religiosa (no dogmtica) que tratan de despertar la conciencia crtica. Pero quienes gobiernan intentan imponer una mentalidad rgida y acrtica, el poder exige siempre obediencia, resume Octavio Alberola.

Otro puntal de su propuesta son las experiencias concretas en las que se pueda vivir de un modo diferente, en otros trminos, ganarle espacios al sistema. En un artculo titulado Ser revolucionario hoy, publicado en Kaos en la Red, el activista defenda la coherencia con el ideal libertario en todo momento y circunstancia. El artculo se integraba en un debate con Toms Ibez, Antonio Carretero y Jos Luis Carretero sobre la renovacin del anarquismo, el anarcosindicalismo y el movimiento libertario. Por qu ser consecuentes? Es sindolo como se es revolucionario, y se contribuye ms eficazmente a cambiar el mundo autoritario. Y no slo de palabra, sino en la praxis de cada da y en la medida que las circunstancias lo exijan y posibiliten.

Octavio Alberola ha participado en la universidad popular de Perpin, en la que se promueve el debate y el saber compartido. Asiste gente variopinta y no se requiere ningn ttulo de profesor. Se trata, por tanto, de una iniciativa que opera dentro del sistema, s, pero que contribuye de manera crtica al cambio. Lo importante es que no se pierda la perspectiva lejana- de transformacin social, opina el veterano anarquista. Hay que dejar de pensar en una revolucin por decreto, en la que todo cambiar supuestamente- de un da para otro. Es la enseanza que extrae tambin de la participacin con grupos indgenas en conflictos por la defensa del territorio. Defienden su espacio vital y, tras la batalla, vuelven a la normalidad. Pero queda lo importante: las expectativas y aprendizajes generados en la lucha.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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