Portada :: Espaa
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-12-2016

Las XVIII Jornadas Libertarias de CGT-Valencia debate sobre las causas del fracaso de las revoluciones
La Revolucin anarquista y los lmites de la utopa

Enric Llopis
Rebelin


El dolor la volvi conservadora, escribi la poeta Adrienne Rich en 1969. Es poltico el instante en que un sentimiento penetra el cuerpo. El dolor al que el ser humano se ve sometido le hace cada vez ms frgil, mientras el mundo se vuelve cada vez ms prepotente. El profesor de Teora de la Comunicacin de la Universitat de Valncia, Antonio Mndez Rubio, recurre tambin a las ideas del psicoanalista y mentor del freudomarxismo, Wilhelm Reich, en el texto Escucha pequeo hombrecito. Habla de ese pequeo fascista que se hospeda en cada individuo. Qu problemas hacen fracasar los proyectos revolucionarios?, se preguntan las XVIII Jornadas Libertarias de CGT-Valencia, que abordan el 80 aniversario de la revolucin social (anarquista) en Espaa.

Siguiendo a Reich, tal vez la revolucin no se afiance porque no ha cambiado la estructura psquica de los seres humanos: se interpone un muro entre ellos y la vida. Y adems de las corazas que revisten el carcter, la soledad aparece como un punto crtico, es donde se fragua la necesidad del otro (soledad y comn son pares indisociables). Bajo las condiciones de un orden social adverso, los individuos ms sanos son los expuestos a los peores sufrimientos, advierte Mndez Rubio. Hoy lo sistemtico y lo subjetivo compiten en brutalidad, se produce un fracking del sujeto, que se halla radicalmente fracturado y envenenado. El exceso de dolor, por tanto, explica el repliegue y el acorazamiento en la soledad. sta es la pregunta en el 80 aniversario de la revolucin anarquista: La voluntad de vivir y de cambiar pueden hacer de la derrota un punto de arranque? Cundo se escucha una caracola, como los nios, el adulto percibe el sonido del mar? Antonio Mndez Rubio defiende una potica poltica.

Otro planteamiento es el de la Federacin Anarquista de Gran Canaria (FAGC). Se dedicaban a la accin directa y a la difusin cultural, pero el reparto de pasquines sobre el uso de la bicicleta o la apostasa hizo que afloraran las contradicciones. Les decamos que no contaminaran a personas indigentes que ni siquiera tenan zapatos, explica Ruyman Rodrguez. Estbamos a mil kilmetros de la realidad. A finales de 2011 se produjo el gran viraje, de modo que hoy, cuando alguien introduce cuestiones tericas en las asambleas, le quitan el turno de palabra. La gran mayora de activistas de la FAGC son actualmente pobres, inmigrantes y gente sin formacin ideolgica clsica. En la organizacin slo quedan cuatro anarquistas ilustrados. Todo es prctica, asegura Ruyman Rodrguez. Uno de los ejemplos es la implicacin en Comunidad Esperanza, cuatro bloques de viviendas ocupados en Santa Mara Gua (Gran Canaria) en 2013, donde se ha realojado a 207 personas, 76 familias y ms de un centenar de menores. Consumado el giro, la Federacin Anarquista de Gran Canaria se dedica a la ocupacin, la paralizacin de desahucios y las huelgas de alquileres. Han ocupado ms de 300 inmuebles.

Por qu fracasan los proyectos revolucionarios? Entre otros factores, Rodrguez destaca la falta de una estrategia realista, y la tendencia al repliegue cuando se alcanza un objetivo. Y ello pesar de que, en la lucha por la vivienda digna, la fase ms dura llega tras la paralizacin del desahucio: la negociacin con el banco o el casero, impedir la reversin de lo conseguido En la prctica la revolucin es jodidamente dura, sostiene el activista. La cuestin ya fue objeto del debate entre los clsicos de la Idea. En El corto verano de la anarqua, Hans Magnus Enzensberger recoge las diferencias entre Diego Abad de Santilln, quien pensaba que la Revolucin inaugurara una nueva era de fraternidad y bondades; y Garca Oliver, que adverta de lo contrario. Tras el entusiasmo de primera hora, posiblemente llegaran los ajustes de cuentas, las contradicciones y los hechos que no casan con las visiones (idlicas) de los libros.

Una segunda razn por la que fracasan las revoluciones es la delegacin del poder. Se ha dado el caso de mujeres aguerridas y bragados obreros de la construccin que, en una mesa de negociacin con responsables del Cabildo canario, se han derretido ante los cantos de sirena del poltico, ante el tpico de haremos todo lo posible o este asunto es una prioridad en nuestra agenda. Hay un gran peligro del poder en la cercana, el falso amiguismo del poder nos acaba devorando, apunta el activista de la FAGC. Un tercer motivo de las revoluciones frustradas es la represin, que se percibe fcilmente cuando la ejerce el PP, pero no tanto en otras circunstancias: cuando la Guardia Urbana en manos de Ada Colau reprime a los manteros o, seala Ruyman Rodrguez, cuando el responsable de los palos es un nuevo concejal con el que compartamos birras en el 15-M. En esos casos, hay muchas veces en que se produce una identificacin con el poderoso; es el masoquismo que sirve para justificarnos y dar una explicacin a por qu estamos en la mierda. Entonces llega el nihilismo pasivo, puramente contemplativo y derrotista. Cuando este sentimiento afecta al pueblo revolucionario, estamos perdidos.

Causas que pueden frustrar los proyectos revolucionarios son el incremento de la infraestructura en los movimientos sociales y, en consecuencia, el miedo a la prdida. Constatada esta realidad, en la Federacin Anarquista de Gran Canaria se renen en el campo, como si furamos pastores o bandoleros, destaca Ruyman Rodrguez. En la Comunidad Esperanza y en los movimientos sociales puede advertirse, tambin, una necesidad de movimiento y tensin permanente para evitar el anquilosamiento. As, la comunidad ha crecido y mantenido el pulso cuando ha tenido que soportar la presin municipal o se ha movilizado para frenar otros desahucios. La ltima reflexin viene provocada por el ajuste entre metas y logros. La distopa fascista se basa en entelequias, como la grandeza de la patria o la gran misin de la cristiandad; sin embargo, la utopa anarquista se fundamenta en realidades tangibles y constatables: tres comidas al da, techo y libertad.

El historiador Josep Quevedo se ha dedicado durante aos a la investigacin de la guerra de 1936 y el anarcosindicalismo. Ingres en las Juventudes Libertarias en 1972, y cuatro aos despus en la CNT. Ha calculado, desde la mexicana de 1910, unas 50 revoluciones que de un modo u otro se han denominado proletarias; pero todas fracasaron menos una, la de 1936 en el estado espaol. Hasta alcanzar ese hito, considera que hay un siglo de aprendizaje acumulado, si se considera que en 1838 se constituy en Catalua el primer sindicato, de carcter autnomo y del sector textil. Pensar que el sujeto de la revolucin pueden ser el partido o el ejrcito es una quimera, afirma; para los anarcosindicalistas el actor fundamental es el sindicato. Uno de los puntos que ms discusiones ha avivado es el de la violencia. Tras 17 aos de investigacin en la comarca de La Cerdanya (Girona), sostiene que de los 269 asesinatos atribuidos a la CNT, 240 corresponden realmente a muertes por disputas familiares, domsticas o de lindes, entre otras. No podemos caer en los discursos de nacionalcatlicos y comunistas que achacan la violencia al anarcosindicalismo.

Tampoco ha resultado menor la polmica historiogrfica sobre la entrada de cuatro ministros anarquistas en el gobierno de la II Repblica, en noviembre de 1936: Juan Garca Oliver (Justicia), Federica Montseny (Sanidad), Juan Peir (Industria) y Juan Lpez (Comercio). Frente a las crticas en torno a las posibles contradicciones ideolgicas, Josep Quevedo defiende que la CNT no perpetr la toma del poder, ni se present a las elecciones. Adems, nunca se dej de estar en el frente revolucionario: de los miles de milicianos que se dirigieron al frente de Aragn, la mayora pertenecan a la organizacin confederal; resalta la oposicin al franquismo de los anarquistas, por ejemplo en el periodo 1946-1952. Por qu fracasan las revoluciones? El historiador afirma que en 1936 la accin revolucionaria funcion porque exista una sociedad paralela. Nosotros la tenemos, disponemos de bolsas de trabajo o escuelas de formacin?, se pregunta. Se afilian a nuestras organizaciones los precarios y los manteros? S que se haca en los aos 30, pero no hoy. Funcionamos ms como un sindicato de la aristocracia obrera, que de tipo anarcosindicalista, remata.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter