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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-12-2016

El fin del ciclo neoliberal

Jesus Gonzlez Pazos
Rebelin


En los ltimos aos hay una interesada discusin sobre el fin del llamado ciclo de los gobiernos progresistas en Amrica Latina. El calificativo de interesada viene dado por el hecho de que, en la mayora de los casos, el objetivo principal posiblemente no sea tanto establecer una discusin vlida y necesaria sobre esa posibilidad, sino por el contrario, dejar sentado a priori que ese final es real y que el mismo se viste adems de mltiples fracasos. No vamos a alimentar aqu esta cuestin aunque, reiteramos, sera siempre una discusin vlida desde los parmetros del anlisis poltico, pero no es ese el objeto de estas lneas.

Por el contrario, mantenemos en este texto que, aunque intencionadamente ocultado, si asistimos en estos aos al fin del ciclo neoliberal. Esta afirmacin puede resultar sorprendente a muchas personas e incluso ser descalificada automticamente, ya que bien pudiera parecer que este sistema goza de un inmejorable momento poltico. Pero trataremos de aportar algunos elementos que demuestren lo arriba afirmado.

Para empezar aclaramos que este fin de ciclo no es algo que se producir de forma inmediata y en un lapso temporal pequeo. Las fases de la historia se caracterizan, en la mayora de los casos, por su amplitud y su final tambin lo es. Como sealara en su momento A. Gramsci e l viejo mundo se muere, el nuevo tarda en aparecer, y en ese claroscuro surgen los monstruos. Esta frase puede definir perfectamente el tiempo que vivimos respecto al fin del neoliberalismo tras su, en este caso histrico, efmero reinado.

Avanzada la guerra fra es el momento en el que las tesis neoliberales, representadas en su mximo exponente terico por la Escuela de Chicago, con M. Friedman a la cabeza, toman vigor e inician su proceso de implantacin y dominio. Ser 1973 cuando estos principios, aparentemente solo econmicos pero con claro contenido poltico tambin, pasan de la teora a su experimentacin prctica. El momento escogido es tras el golpe de estado de A. Pinochet en Chile, cuando la oposicin poltica, sindical y social haba sido eliminada, por lo que estas tesis podan imponerse sin temor a una contundente respuesta social.

La dcada siguiente supondr su experimentacin en sistemas de democracia representativa. Los EE.UU. de R. Reagan y la Gran Bretaa de M. Thatcher ofrecan las condiciones idneas para dar los primeros pasos en este sentido. Aunque seran pases como Bolivia (1985), seguido de otros en ese mismo continente, donde aprovechando las conocidas como transiciones democrticas se aplicaran las nuevas medidas econmico-polticas con una ortodoxia extrema. Sometimiento de la poltica a los dictados de los poderes econmicos, privatizaciones masivas de lo pblico, reduccin del estado a un papel de mero administrador, recortes de derechos en todos los rdenes, dominio de los mercados y transnacionales, son en mayor o menor medida la parte sustancial de las recetas neoliberales que ahora se imponen y que hoy son ya ampliamente conocidas. Sus consecuencias inmediatas tambin son reconocidas fcilmente pues van desde el extractivismo desenfrenado hasta el aceleramiento del cambio climtico, del empobrecimiento de las grandes mayoras en favor de las minoras dominantes, pasando por un estrechamiento brutal de los mrgenes democrticos, y todo ello incidiendo en un enorme ensanchamiento de las brechas de la desigualdad y del escandaloso y tambin desigual reparto de la riqueza. Esta situacin adems acrecentar la inseguridad en la propia vida de las personas, temor necesario para que las clases subordinadas no exijan la recuperacin de sus recortados derechos. Se buscar ahora que estas mayoras se conformen, en un marco de precarizacin no solo del trabajo sino tambin de la vida, con lo que hay (no hay alternativa deca M. Thatcher) a mayor beneficio y fortalecimiento del sistema dominante.

Pero esas medidas que fueron aplicndose en los llamados pases del sur en las ltimas dcadas del siglo pasado, no alcanzaron an en su totalidad al ncleo duro y/o privilegiado del modelo capitalista. Nos referimos de forma especial, aunque siempre hay excepciones, a los mismos EE.UU. y la globalidad de la vieja Europa, donde an en esos aos haba importantes resistencias a su imposicin. Sin embargo, el momento lleg con la denominada como crisis econmica, en realidad civilizatoria, del 2008. Esta crisis, en su estricta vertiente econmica pondr de manifiesto precisamente el fracaso de la mayora de las recetas aplicadas, as como de la desregulacin absoluta de los mercados y finanzas, pues eran estas mismas las que estaban en el origen de la crisis por el desorden y ambicin desmedida que supusieron en la bsqueda del mximo de beneficios a cualquier precio. Incluso hubo algn llamamiento, poco sospechoso, a la necesidad de refundar el capitalismo ante esta situacin (Sarkozy dixit). Pero, a pesar de esto, el neoliberalismo extremo aprovech el momento para lo contrario y la vieja Europa sinti los rigores de la ortodoxia neoliberal tras los llamamientos a los recortes, la imposicin de las medidas de austeridad y el estrechamiento de los mrgenes de la democracia. Precisamente, las recetas ahora aplicadas ya haban ocasionado en los aos anteriores la rebelin de gran parte de Amrica Latina y hacan que sta, en cierta medida, caminara por las sendas posneoliberales aunque no an poscapitalista.

As, en los ltimos aos sern las periferias europeas las que inicien en ese ncleo antes privilegiado del sistema, procesos de crtica y protesta. stas crecern de forma especial en toda la orilla norte del Mediterrneo, desde Grecia hasta Portugal y la oposicin poltica, social y sindical producir nuevos movimientos y/o renovar alternativas.

Pero la respuesta que inicia el fin del ciclo neoliberal no es solo la protesta encendida, sino tambin la silenciosa, y ambas denotan el cansancio y hasto ante los efectos perniciosos de este modelo impuesto y ante las acciones del establishment para dirigirlo, muestran el agotamiento de las clases bajas y medias. Se han hecho muchas lecturas, interesadas nuevamente por el sistema, ante los sucesivos castigos electorales a gobiernos diversos, sobre los resultados del Brexit y la reciente eleccin de D. Trump en EE.UU. Desde luego, que las propuestas racistas, xenfobas, machistas estn en la base que explica una parte importante de esos resultados. Pero acusar a la mayora de ingleses y norteamericanos de misginos, racistas u homfobos no es sino un anlisis que solo interesa al sistema y que queda alejado de entender esa crisis profunda del neoliberalismo.

Lo que se trata de ocultar es, como sealbamos antes, el hartazgo de las clases medias y bajas frente a las medidas neoliberales. stas han provocado un paulatino empobrecimiento y deterioro de las condiciones de vida de estas mayoras, agravadas adems con los innumerables tratados de libre comercio bilaterales y multilaterales firmados a mayor gloria de los mercados y transnacionales pero que, una vez ms, actan en detrimento de las condiciones laborales, sociales y de vida de dichas mayoras. Por ejemplo, la Inglaterra rural o suburbial de las ciudades industriales, el deprimido medio oeste de los EE.UU. as como los barrios empobrecidos de sus grandes urbes son territorios que tambin sufren el neoliberalismo. Estos espacios no son la city londinense ni la gran manzana de New York de los folletos tursticos.

Pero cuando una fase histrica cierra, surgen los monstruos y la incertidumbre reside en la orientacin que tomar el ciclo subsiguiente. Y eso es lo que ahora est en juego, el problema a resolver es esta fase de agotamiento de ese neoliberalismo que nos dejar demasiados monstruos posibles. Hay una grave posibilidad de que la salida sea hacia un neofascismo que ya se adivina en muchos pases con el ascenso de la ultraderecha. Y esto ltimo depender de que haya capacidad para articular organizaciones y movimientos sociales y polticos que construyan y pongan en marcha alternativas sistmicas vlidas desde otros valores ms justos y democrticos, de mayor y mejor redistribucin de la riqueza y que cierren las brechas de la desigualdad. En el anteriormente ncleo privilegiado del sistema, los EE.UU. y Europa, se est jugando ahora esta partida y la apuesta es saber si el posneoliberalismo ser hacia ese neofascismo posible o hacia sociedades donde la justicia social y la verdadera democracia sean realidades polticas no solo tericas.


Jesus Gonzlez Pazos, Miembro de Mugarik Gabe.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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