Portada :: Chile
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-12-2016

El camino es la recompensa o las dificultades de crear un Frente Amplio

Juan Pablo Luna y Fernando Rosenblatt
CIPER


Mientras parte la derecha chilena coquetea con el exitoso estilo Trump-xenfobo, la izquierda ms joven mira al Frente Amplio uruguayo para intentar una fuerza poltica distinta de la Nueva Mayora. Juan Pablo Luna y Fernando Rosenblatt analizan aqu las debilidades y fortalezas de este plan considerando la historia del modelo original (una hermandad forjada con sangre) y el escenario en que se mueve esa nueva izquierda, emergida del movimiento universitario: jvenes de elite, ABC1, sin insercin en los sectores populares. Un texto que ayuda a pensar en las vas de solucin a la crisis que se estn tejiendo.

La frase del ttulo corresponde al discurso que pronunci el maestro Oscar Tabrez durante la bienvenida a la seleccin uruguaya luego de obtener el 4 lugar en el mundial de Sudfrica. Tal vez, la sentencia del maestro sea tan o ms apropiada para pensar la poltica que el ftbol. Muchas veces, los actores polticos incurren en lo que se denomina mmica institucional. Observando que una determinada institucin o forma de hacer las cosas da buenos resultados en otro contexto, se importa la forma esperando llegar al mismo puerto.

Un buen ejemplo se observa en la construccin de los Estado-Nacin en Europa, institucin que los latinoamericanos adoptamos sin conseguir los mismos resultados.

En Europa, el Estado-Nacin fue el resultado de un largo proceso que dur ms de cuatro siglos- en que la autoridad poltica se fue centralizando a travs del enfrentamiento entre distintos tipos de seores de la guerra y sus ejrcitos. La guerra, y la logstica necesaria para poder hacer la guerra de modo eficiente les permiti a dichos monarcas contar con el despliegue territorial propicio para poder ejercer soberana y subyugar a sus rivales. Quienes triunfaron en ese proceso, sin proponrselo, crearon lo que hoy conocemos como Estados-Nacin.

Luego de la independencia de Espaa, las colonias latinoamericanas replicaron este formato institucional. Pero nuestros Estados-Nacin, construidos por decreto, eran ms bien de papel. A diferencia de las guerras europeas, las guerras de independencia y civiles que sacudieron nuestro continente en los siglos XVIII y XIX se pelearon al interior de cada territorio, no en sus fronteras. As, en lugar de afianzar la soberana estatal, las guerras devastaron las sociedades, minaron el control territorial del Estado y la capacidad de nuestras sociedades de desarrollarse productivamente. Esta situacin persisti en muchos pases hasta casi 1870, cuando distintos liderazgos autoritarios lograron centralizar mnimamente el poder estatal.[1]

En sntesis, aunque el formato de Estado-Nacin era similar en Europa y Latinoamrica, el funcionamiento de uno y otro termin siendo muy diferente.

La clave de las diferencias est en el proceso, no en la forma o en el objetivo trazado por los emuladores: los europeos crearon el Estado-Nacin sin quererlo; los latinoamericanos se propusieron crear Estados-Nacin y no pudieron ms que imitar la forma.

A LA URUGUAYA

Recientemente, Revolucin Democrtica, el Movimiento Autonomista, y un variado conjunto de organizaciones han anunciado la pretensin de constituir un Frente Amplio que se plantee como alternativa a al duopolio. La exitosa candidatura de Jorge Sharp en Valparaso provey nuevos bros a esta iniciativa. Recientemente, se ha anunciado que la nueva organizacin probablemente lleve como candidato presidencial a Carlos Ruiz.

Los frentes no son nuevos en la poltica chilena. Chile tuvo una temprana experiencia en los aos 30, en que se constituy un Frente Popular exitoso. Esto lo convierte en uno de los pases latinoamericanos con ms larga experiencia en la conformacin de frentes populares. No obstante, las nuevas organizaciones de izquierda que emergieron en buena medida a partir del movimiento estudiantil, han declarado que el Frente Amplio uruguayo es el modelo que lo inspira. Por supuesto, inspirar no supone convertirse en un modelo a emular o imitar, y eso es algo que los promotores del Frente Amplio chileno parecen tener claro.

No obstante, en esta columna queremos remarcar que existen desafos significativos para lograr que esta nueva instancia frenteamplista pueda tener el xito de la versin uruguaya.

El rasgo esencial que distingue al Frente Amplio de Uruguay de otras experiencias formalmente similares, es su capacidad de reproducir en el tiempo y de propagar territorialmente, un partido orgnico de masas. Su habilidad de sostener altos niveles de movilizacin por ms de 45 aos, as como la reproduccin entre generaciones de una identidad partidaria, es impactante en trminos comparados.

El Frente Amplio de Uruguay se forj en 1971 a partir de la coalicin de partidos de izquierda, fracciones de los partidos tradicionales, pero adems, incluy un movimiento de bases, de ciudadanos independientes. Se forj en un momento de alta polarizacin, y en oposicin a gobiernos que se haban vuelto cada vez ms autoritarios (an en el contexto pre-dictatorial).

El surgimiento del Frente Amplio tambin se produjo con el trasfondo de ms de una dcada de estancamiento y varios aos de crisis econmica, en pleno apogeo de la Guerra Fra y en la primavera de la Unidad Popular en Chile (Ver Pieiro, Prez y Rosenblatt). De hecho, es interesante que el Frente Amplio que hoy inspira a las jvenes organizaciones chilenas fuera fuertemente influido por la experiencia de Chile a principios de los 70. En suma, este contexto histrico fue propicio y clave en la constitucin del ADN del partido poltico de izquierda en formacin.

Esas condiciones histricas no estn presentes hoy en el caso de Chile y su ausencia genera dos obstculos de enorme envergadura para el Frente Amplio en formacin: cmo generar vnculos orgnicos y relativamente estables con sectores relevantes de la ciudadana?, cmo generar grados razonables de cohesin interna?

Estos obstculos no necesariamente limitan la capacidad del Frente Amplio para lograr xitos electorales. No obstante, sin vnculos orgnicos estables y sin una estructura interna en que lo colectivo pese ms que liderazgos individuales, es muy difcil lograr persistir en el tiempo y eventualmente gobernar con xito.

UNA SOCIEDAD FRAGMENTADA

Analicemos por qu ambos obstculos son difciles de sortear para el novel Frente Amplio chileno.

Primero, en el Chile actual no existen los niveles de unidad de la clase trabajadora y de los movimientos sociales que se daban en Uruguay (y en ese plano, en buena parte de la regin) en los aos 70.

Una de las grandes metas que se propuso el Frente Amplio, desde sus orgenes, fue la construccin de puentes slidos entre el movimiento social y la organizacin partidaria, siempre apuntando a la unidad de accin.

Otro de sus elementos distintivos es que, junto a la coalicin de sectores y partidos polticos, en los primeros documentos se menciona explcitamente la existencia de bases partidarias organizadas de manera autnoma y que rpidamente fueron teniendo lugar en la direccin partidaria. Se integraba as un movimiento de independientes de base que haba florecido en menos de un ao a lo largo del pas (ver Pieiro, Prez y Rosenblatt). Es decir, las bases polticas estaban organizadas desde la concepcin misma del Frente Amplio y, adems, eran auto-convocadas y se organizaban solas (en algunos alineadas con algn sector poltico-partidario, pero eran esencialmente de base). Para la eleccin nacional de 1971 (unos meses despus de fundado el FA) constituan un ejrcito de voluntarios, disponibles para organizar y movilizar.

Chile posee hoy una sociedad civil sumamente fragmentada, en trminos socioeconmicos, territoriales, y funcionales (ver columna Alcaldes para ricos y alcaldes para pobres). Por fragmentacin funcional nos referimos a una situacin en que existen mltiples movimientos sociales, pero usualmente se enfocan en asuntos o problemticas especficas. En estas columnas los hemos llamado ciudadanos monotemticos (ver columna Por qu usted puede estar ayudando a la crisis de nuestra democracia). Si bien esos movimientos tienen xito al generar accin colectiva y visibilizar problemas en distintas polticas pblicas, es difcil que provean la base para la articulacin de un partido poltico con horizontes ms amplios. Esto, porque la necesidad de los partidos de tomar posicin sobre un vasto abanico de temas rpidamente puede entrar en conflicto con quienes sostienen demandas intensas pero muy acotadas.

En cuanto al movimiento sindical,que ha sido un componente esencial del xito del Frente Amplio uruguayo, en Chile no slo es estructuralmente dbil, sino tambin sumamente fragmentado. En este sentido, cabe recordar que adems de la represin y eliminacin de los militantes de los partidos de izquierda, la dictadura chilena introdujo reformas tendientes a la atomizacin estructural del sindicalismo, eliminando la negociacin colectiva, la coordinacin entre empresas y ramas de actividad, e introduciendo la competencia sindical a nivel de cada empresa particular. Luego, la sub-contratacin permiti tambin fragmentar a la planta trabajadora de cada empresa. Estos rasgos estructurales permanecen en pie luego de casi tres dcadas de poltica democrtica.

En sntesis, la sociedad civil chilena no posee los grados de organizacin y coordinacin entre organizaciones que permitan forjar una amplia coalicin social y poltica.

IZQUIERDA ABC1

En este contexto, el Frente Amplio chileno enfrenta un enorme desafo estructural, tpico de sociedades desiguales y fragmentadas: cmo construir plataformas programticas comunes, que permitan al mismo tiempo movilizar a amplios sectores de la ciudadana y dar unidad interna al partido en formacin?

Ya en sus orgenes, el Frente Amplio chileno es muy estrecho. Representa en buena medida, la iniciativa de una masa crtica surgida de las movilizaciones estudiantiles y sus derrames ulteriores, pero sin insercin popular.

Son, en otras palabras, jvenes de elite, ABC1, que deben trabajar mucho para salir de sus zonas de confort (uoa, Santiago, Providencia, Valparaso), e intentar as generar lazos orgnicos con el mundo popular.

A ese mundo popular, lo conoce mucho mejor la UDI que ellos. Y en todo caso, es un mundo popular al que la poltica (al menos la partidaria e institucional), le resulta hoy muy ajena y muy desagradable.

En suma, no solo falta recuperar el respaldo que encontraron las movilizaciones estudiantiles en 2011. Sobre todo, falta lograr enraizarse en la clase trabajadora, en los sectores populares. No hay masividad de base sindical o poblacional.

Adicionalmente, al Frente Amplio de Chile le falta la movilizacin desde abajo, que potenci los inicios del Frente Amplio uruguayo en 1971. El nuevo Frente Amplio debiera ser capaz de traducir y canalizar la adhesin, hasta ahora inorgnica, a alguno de sus liderazgos a la construccin poltica desde abajo. Para eso, tambin debe estar menos orientado a potenciar el liderazgo de sus figuras principales, y ms enfocado en la construccin de poder desde abajo y desde los territorios.

En este plano, las redes sociales viralizaron hace un par de semanas un divertido instructivo para ayudar a diferenciar a Giorgio Jackson y Gabriel Boric. Aunque divertido, ese instructivo da cuenta del brutal personalismo del que dependen dos de las organizaciones clave del Frente Amplio en formacin. En el Frente Amplio de Uruguay, ya desde 1971, los lderes individuales eran relevantes, pero la masividad y la activacin de base era (y es) un rasgo definitorio. Esto es, precisamente, lo que suele atraer del caso uruguayo a quienes vienen del mundo de los movimientos sociales en Chile. Y lo que al mismo tiempo, lo hace ms difcil de emular en una sociedad contempornea.

UNA COMUNIDAD DE SANGRE

Al igual que la ausencia de vnculos fuertes con la sociedad civil, la posible falta de cohesin interna compromete el proyecto poltico chileno.

Cmo se forj la unidad interna del Frente Amplio uruguayo que hizo posible que durante ms de 40 aos solo sufriera escisiones menores y sin consecuencias polticas significativas (el que se fue termin perdiendo votos y qued en el ostracismo poltico)?

El Frente Amplio uruguayo surgi, al igual que el chileno, enfrentado a un duopolio: el de los partidos Blanco y Colorado. Los partidos tradicionales constituan un cartel poltico que haba congelado la competencia programtica para asegurar la moderacin de las polticas pblicas y que, protegido por la Ley de Lemas y el funcionamiento de un sistema de reparto clientelar muy extendido, haba bloqueado sistemticamente la irrupcin de terceras fuerzas desde comienzos del siglo XX.

Cuando la Ley de Lemas no fue suficiente, ambos partidos tradicionales aprobaron en 1996 una reforma constitucional (introduciendo el ballotage), logrando bloquear la llegada del Frente Amplio al gobierno por un perodo adicional.

As, el Frente Amplio de Uruguay, que gana las elecciones en 2004, haba pasado 33 aos en la oposicin a gobiernos blancos y colorados; teniendo como nica experiencia de gobierno, dos perodos en la Intendencia de Montevideo.

Tal vez ms relevante fue la experiencia del partido durante la dictadura cvico-militar (1973-1985). En ese perodo, el Frente Amplio de Uruguay estuvo proscrito y sus militantes fueron sistemticamente perseguidos, exterminados, encarcelados, o exiliados. En este sentido, el Frente Amplio se constituy casi inmediatamente despus de su fundacin, en una comunidad de sangre.

Los lderes sobrevivientes tenan muertos en comn, as como haban compartido aos de crcel, exilio, o clandestinidad. Esas experiencias dolorosas y trgicas tambin estimulan el surgimiento de lealtades personales. Y dichas lealtades contribuyen a que las disputas individuales, propias de todo partido poltico, sean absorbidas y canalizadas por la organizacin. La vieja Concertacin se forja tambin sobre esas bases. Sus limitaciones tienen ms que ver con la prdida de los vnculos con la sociedad civil que con la falta de cohesin interna (ver Por qu la elite poltica no puede entender lo que quiere la sociedad).

Adicionalmente, el Frente Amplio de Uruguay adquiri mucha gimnasia organizacional a partir de la coordinacin de la oposicin a las reformas de mercado impulsadas en los 90 por ambos partidos tradicionales. El proceso reformista fue impulsado por los gobiernos del Partido Nacional (1990-1995) y del Partido Colorado (1995-2000) y (2000-2005). Este proceso encontr su freno en la oposicin liderada por el Frente Amplio en alianza con el movimiento sindical, por la va del uso de mecanismos de democracia directa. A raz de todo esto, y an hoy, podra decirse que en el Frente Amplio de Uruguay, el todo sigue siendo ms que las partes, y el partido es mucho ms que la suma de sus candidatos o liderazgos principales.

Los movimientos y partidos polticos que se proponen construir un Frente Amplio en Chile tienen por delante el desafo de superar la enorme dependencia de unos pocos lderes muy emblemticos. El haber surgido a partir de una instancia de movilizacin intensa pero relativamente inorgnica en el 2011, los vuelve ricos y diversos, pero al mismo tiempo frgiles.

De hecho, tanto Revolucin Democrtica como la original Izquierda Autnoma sufrieron ya quiebres o conflictos internos relevantes, motivados por conflictos derivados de decisiones estructuralmente similares a muchas que debern tomar en el futuro (aceptar el pacto tcito con la Concertacin que permiti a Giorgio Jackson llegar sin competencia a la diputacin por Santiago; la posicin favorable de Gabriel Boric respecto a la candidatura de Jorge Sharp en Valparaso).

En definitiva, los grupos que buscan formar el Frente Amplio de Chile cuentan a su favor con la pica del movimiento estudiantil, uno que sin duda marc la historia reciente del pas. Sin embargo, no parece claro que esta experiencia pueda engendrar los niveles de lealtad y cohesin interna, necesarios para construir un proyecto de organizacin estable y exitoso en el mediano plazo.

En aparente contraposicin con lo anterior, el Frente Amplio chileno podra contar con una ventaja respecto a su contraparte uruguaya: la relativa apertura del mercado poltico en Chile en funcin de la crisis de representacin que hoy atraviesa el pas.

No obstante, esa ventaja es aparente y le jugar en contra. El Frente Amplio original adquiere altos niveles de cohesin interna perdiendo elecciones durante varios ciclos electorales. Los partidos tradicionales pierden muy lentamente su arraigo electoral, y siguen manteniendo una alta capacidad de movilizacin electoral y de reproduccin de sus identidades partidarias. En dicho contexto, las candidaturas frenteamplistas, hasta entrados los aos 90, eran casi testimoniales: no podan ganar. El problema es que cuando se tienen chances reales de ganar la eleccin, cuando las candidaturas pueden terminar siendo exitosas, inevitablemente hay que tomar decisiones difciles que llevan a disputas internas.

En dicho contexto, no es fcil promover la postergacin de la ambicin individual o evitar transitar por encrucijadas que tensionan los valores de la organizacin. En esas instancias, las organizaciones diversas y sin mucha cohesin se quiebran, alienando a militantes que atrajeron en su formacin y que rpidamente se sienten traicionados en sus valores. Y an cuando se evita una fractura, es muy difcil mantener la corresponsabilidad necesaria por parte de una masa crtica de militantes a favor del desarrollo de la organizacin.

En sntesis, la secuencia y la temporalidad importan y las dificultades iniciales pueden traducirse en fortalezas. No es lo mismo desarrollar una organizacin fuerte en un contexto de vulnerabilidad, que hacerlo teniendo xito rpidamente. Aspirar a cargos de eleccin popular, y eventualmente gobernar sin haber desarrollado la cohesin interna, puede convertirse en flor de un da.

Adems de los dos desafos propios del proyecto, el contexto institucional chileno tampoco es muy halageo para la construccin de partidos polticos (sea el Frente Amplio o cualquier otro). El hiper-presidencialismo vigente en Chile y el nuevo sistema electoral que comenzar a regir en la prxima eleccin parlamentaria, son algunas de las variables institucionales que dificultan la construccin de organizaciones partidarias; en tanto no generan incentivos propicios para la construccin y el fortalecimiento de organizaciones partidarias.

El nuevo sistema electoral, por ejemplo, impulsa la fragmentacin partidaria. Y este tipo de incentivo dificulta la construccin de organizaciones fuertes. Si bien el futuro est abierto, y es posible que ms adelante se genere un nuevo equilibrio competitivo entre grandes fuerzas polticas, es probable que el futuro cercano sea uno en que predomine la fragmentacin poltica (ver Per, el futuro poltico de Chile?).

Dicha fragmentacin se condice con el probable descongelamiento del sistema poltico de la transicin y el surgimiento de mltiples proyectos de nuevas fuerzas polticas de las que solo una muy pequea minora tiene probabilidades ciertas de sobrevivir y crecer en el largo plazo.

Para terminar, volvamos al principio. La frase del maestro Tabrez estuvo antecedida de las siguientes: No nos quedemos solo con los resultados para valorar lo que se hace, el xito no son solo los resultados, sino las dificultades que se pasan para obtenerlo y el espritu de plantearse desafos para superarlos.

Como hemos sealado aqu, la construccin de nuevos partidos (y no solo nos referimos al caso del Frente Amplio) es sumamente compleja e improbable. Ms en el contexto de las condiciones estructurales que hemos descrito en columnas previas de esta serie. Pero sealar la improbabilidad del objetivo, y sus dificultades, no debe ser ledo como imposibilidad. Hacer poltica supone ensayar estas transformaciones. En retrospectiva, cuando todos pensbamos que los jvenes no estaban ni ah, estall la movilizacin social, y alter para siempre el orden precedente. Y en cualquier caso, el camino es la recompensa.

[1] Sobre estos argumentos vase Tilly, C. (1992). Coercion, capital, and European states, AD 990-1992. Wiley-Blackwell y Centeno, M. A. (2002). Blood and debt: War and the nation-state in Latin America. Penn State Press.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter