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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-12-2016

La invasin a Panam
Una herona de la Little Hiroshima

Hernando Calvo Ospina
Rebelin


Era el 19 de diciembre de 1989. Luego de cenar, la pareja se haba dedicado a construir el pesebre. Haban colocado casi todo: la Virgen Mara, San Jos, los pastores, la vaca, el asno y una buena cantidad de figuritas plsticas. Ella haba tenido que explicar veinte veces a Jorge, el menor de cuatro aos, por qu se deba esperar hasta el 25 de diciembre para poner al nio Jess: ese da naca.

A la hora de irse a dormir, los bebes se opusieron de hacerlo en sus camas. Queran dormir cerca del pesebre. Ana, la madre, acept con la condicin de que estuvieran al lado opuesto, cerca del ventanal. Ah les pusieron un colchn.

Haba msica en algunos lugares cercanos. El ambiente festivo estaba en aumento porque ya se ola a navidad, particularmente en este barrio panameo del Chorrillo. Su marido se fue a la cama. Ella se senta extraa. Aunque estaba cansada prefiri sentarse en el piso a leer un libro. A momentos observaba con ternura a sus dos varoncitos. El tiempo fue pasando.

Miro el viejo reloj que estaba sobre el televisor y se dio cuenta que faltaba poco para que una manecilla tapara la otra: era casi media noche. Entonces el aparato comenz a vibrar. Ella mir las paredes, el techo y puso los ojos en las figuritas que cambiaban de lugar. Todo temblaba! Escuch un terrible estruendo, luego otro y otros. Por unos segundos crey que era otra maniobra del Ejrcito estadounidense, acantonado a los alrededores del Canal.

Se levant como un resorte y se lanz a la habitacin, donde su marido ya estaba parado en calzoncillos. Ambos fueron a la ventana y con temor se asomaron. Vivan en un cuarto piso. Resplandores y explosiones por todas partes: la invasin, la invasin! Fueron los gritos angustiados que escucharon casi a coro. Los helicpteros disparaban cohetes contra e l Cuartel del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa Panamea , no muy lejos de ah.

Corrieron a la sala. Ella abri la puerta, saliendo al balcn para presenciar el inicio del apocalipsis. Los gritos de terror aumentaban por todas partes, tanto como las explosiones y las rfagas de tiros. Ella entr y se lanz sobre los nios, que ya estaban sentados llorando asustados. Los abraz. Levant los ojos y vio a su marido parado en la mitad de la sala sin saber qu hacer. Trae un colchn! Trae un colchn!, le grit. El hombre reaccion, pero para gritarle que deban poner los nios al lado del pesebre para que la Virgen Mara los protegiera.

Trae un colchn, por Dios, trelo!, le grit desesperada. La virgen no protege ahora!, le precis. Al no verlo reaccionar, con resplandores entrando por el ventanal y el terremoto a sus pies, corri hasta la habitacin de los nios, agarr el colchn que sobraba y lo levant como si fuera pluma. Se los puso encima a los bebes que no paraban de llorar en pnico.

Los aviones supersnicos surcaban, dejando su ruido que reventaba los odos y los vidrios. El cielo estaba rojizo debido al reflejo de las explosiones y los incendios. El ruido de las aspas de los helicpteros estaba por todas partes. Los cohetes tambin venan desde la baha tan prxima: los barcos caoneaban.

De repente, por la puerta entr una especie de rayo enceguecedor. Cuando abri los ojos todo segua iluminado y temblando, pero haba una especie de humo con olor imposible a saber. En el lugar del pesebre y el televisor solo haba una mancha como de aceite negro y cenizas. Ni la virgen se haba salvado.

Su marido, aterrado y mudo, miraba aquello y miraba a donde estaban los bebes. Si no hubiera sido por ella

Ana record que era dirigente comunal, por eso deba calmarse y tratar de ayudar. Fue a la puerta de salida, encontrando a todo el vecindario en caos, sin saber qu hacer.

Le dijo al marido que haba que irse de ah con los nios, pues una bomba poda acabar con el edificio de siete pisos. Se deba buscar refugio. El sali cargando los bebes, y ella se fue gradas arriba para exigir que se desalojara la edificacin. Entonces vio, en el ltimo piso, a dos viejitos que lloraban y gritaban, pidindole al nieto que se quitara del balcn de enfrente. El joven amenazaba a un helicptero con un revolver que ya no tena balas. Ana le grit que por su culpa iban a bombardear el edificio. El, como enloquecido, exclamaba a todo pulmn: yanquis asesinos!, yanquis hijosdeputas!. Los tres vieron cuando una especie de rayo laser parti en dos, por la cintura, al joven. Ni una maquina aserradora lo hubiera hecho con tanta facilidad. Gritos y ms gritos de pnico e impotencia ante ese horror. Ana empuj a los abuelos, obligndolos a bajar, aunque ya no queran ni vivir.

Abajo se encontr con su marido. Todos los nios que ah haba estaban en pnico total. Ella, con cautela, abri el portn y fue saliendo. Su marido ni se atrevi a detenerla. Ella era as. En diagonal ardan varias edificaciones. Con cada estallido de las bombas los gritos eran generales, pues se crea que caan sobre sus cabezas.

Mujeres y hombres que corran en cualquier direccin, llevando en brazos hasta tres nios. Nios que cargaban nios. Ancianos arrodillados en los quicios de las puertas orando.

En la esquina, a unos cien metros vio a tres hombres de civil que disparaban contra los helicpteros. Corri hasta ellos y pidi un arma. No haba.

Regres desilusionada. Propuso de quedarse ah porque no haba a donde ir. Se acurrucaron, al interior del edificio. Unos se abrazaron. Llorando, hombres y mujeres, se pusieron a esperar que llegara la luz del da, quizs sera menos espantosa aquella horrible pesadilla.

A las 6h15 las explosiones continuaban. Ella abri el portn lentamente, asom la cabeza y se encontr con varios hombres con el rostro pintado. Se sinti muerta cuando le apuntaron con sus inmensas armas. Ellos empezaron a gritarle varias cosas, de las que solo entendi go, go, go, fuera, fuera, fuera. Hicieron seas para que salieran con las manos en alto. Los invasores ya se haban apoderado de casi todas las casas y edificios. Uno, con cara de latino, les dijo en espaol que deban ir hacia Balboa, un puerto que queda en la desembocadura del canal de Panam, por el Ocano Pacfico. Como a 5 kilmetros de ah.

Los tanques estaban entrando al Chorrillo masivamente. De ellos se fueron bajando invasores que, a gritos en ingls, pedan que desocuparan las casas y edificios. Entonces empezaron a tirarles adentro un pequeo dispositivo que las incendiaba. Era una espeluznante magia. Igual estaban haciendo en San Miguelito, otro barrio de gentes humildes.

Ana quiso ayudar a una mujer herida que apenas poda caminar, y que tena al pequeo hijo en los brazos. Los soldados apuntaban amenazantes. Otra mujer vino en apoyo, a sabiendas que podan ser asesinadas por no levantar los brazos.

Haba muchos muertos en las calles, todos civiles. Un nio de unos diez aos seal, horrorizado, los cuerpos de dos compaeritas de estudio en medio de un gran charco de sangre. Ana sinti que se le parta el alma cuando reconoci a su vecina abrazada a sus dos hijos, los tres casi calcinados.

Nunca se haba escuchado gritos ms desgarradores: un tanque pas sobre dos hombres, aunque uno de ellos estaba sentado en la calle herido. Las orugas los dejaron como papilla. Los sesos volaron a varios metros. Varias personas vomitaron o cayeron arrodilladas al presenciarlo. Esto se repiti varias veces durante el trayecto.

Se caminaba entre cadveres. Los invasores tenan libertad para asesinar. Ejecutaban a civiles en plena calle por el tan solo hecho de haberles gritad o Yankee go home, Yanqui, fuera!

No se permiti que se auxiliara a los heridos, ni que los familiares tocaran a sus muertos. Los camiones de los invasores venan a buscarlos y se los llevaban. Muchos capitalinos vieron cuando los incineraban con lanzallamas en las playas. Otros cientos de cuerpos fueron lanzados a fosas comunes.

Aunque en los barrios de los ricos salieron a tomarse fotos con los invasores , portando la bandera estadounidense. Esas mujeres queran hasta besarlos. En algunos lugares del campo tambin se les ofreci Coca-Cola y cigarrillos.

Fue la invasin estadounidense llamada Causa Justa: el desembarco areo ms grande despus de la Segunda Guerra Mundial. Sobre este pequeo pas de tres millones de habitantes, cay todo el poder militar de la primera potencia mundial: 26.000 soldados que parecan sedientos de sangre.

La invasin se convirti en un campo experimental de la tecnologa blica ms avanzada, la que luego se utilizara contra Irak en 1991. Por ejemplo, el rayo que acab con el pesebre y el televisor de Ana, y que parti al nieto . El avin bombardero invisible Stealth tuvo ah su bautizo.

Las Fuerzas de Defensa de Panam no tenan ni 3000 hombres de combate. No contaba con defensa area. Civiles y militares dieron su vida por la soberana y la patria, no por el general Manuel Antonio Noriega.

Porque fueron ms de 4000 los asesinados bajo el pretexto de capturar al dictador por represor y narcotraficante. Militar que hasta pocos meses antes haba sido uno de los preferidos de Estados Unidos en Amrica Latina. Asalariado de la CIA, y gran amigo de George Bush padre, fue el puente entre la mafia colombiana y la CIA para el trfico de cocana que financi la guerra contrainsurgente en Centroamrica, en los aos ochenta. Pero en un arranque de soberana, quiso que Estados Unidos no tuviera el mnimo control sobre Panam, empezando por el Canal. Y los pecados que nunca le haban visto al general, fueron noticia mundial

Cuando invadieron, no lo pudieron encontrar. La CIA qued ridiculizada. Tuvieron que ofrecer dinero por su captura. El se entreg el 3 de enero de 1990.

Los invasores se ensaaron contra el Chorrillo y San Miguelito porque saban que ah ellos no eran bienvenidos. De esos barrios apenas quedaron algunas columnas de hormign. Los mismos soldados estadounidenses empezaron a llamar al Chorrillo su Little Hiroshima . La pequea Hiroshima, comparndolo con la bomba atmica soltada por Estados Unidos sobre la ciudad japonesa el 6 de agosto de 1945. La gran mayora de panameos lo reconocen como el Barrio Mrtir.

Herona y mrtir fue Ana. Ella dej a su marido con los nios y se fug del campo de concentracin donde los haban metido en Balboa. Se uni a quienes combatan las tropas invasoras. Les hizo varias bajas y averi un helicptero. La mujer que disparaba a su lado vio cuando Ana recibi la bala en el pecho. Agonizante, le dijo: cuntale a mis hijos de m. Por poco no le logran abrir la mano para recuperar el fusil.

Algunas fuentes:

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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