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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-12-2016

Ahora le toca a Estados Unidos

Ariel Dorfman
The New York Times


El presidente electo Salvador Allende llega a rendir el ltimo homenaje al general Ren Schneider. Credit Robert Quiroga/Associated Press

DURHAM, Carolina del Norte Es tristemente familiar para m la indignacin y alarma que muchos estadounidensessienten ante la noticia de que sus servicios de inteligencia han confirmado que Rusia intervino en las recientes elecciones con la intencin de que Donald Trump fuera el prximo presidente.

He vivido antes esa misma indignacin, esa misma alarma.

Para ser ms especfico: la maana del 22 de octubre de 1970, en lo que por entonces era mi casa en Santiago de Chile, escuch, junto a mi mujer Anglica, un flash extraordinario por la radio. Un comando de ultra-derecha haba atentado contra el General Ren Schneider, jefe de las fuerzas armadas chilenas. No haba esperanza de que sobreviviera a los tres balazos que haba recibido.

Anglica y yo tuvimos la misma reaccin: es la CIA, exclamamos, casi al unsono. No tenamos en ese momento pruebas fehacientes de ello si bien con el tiempo aparecera abundante evidencia de que tenamos razn, pero no dudbamos de que se trataba de otro intento ms de Estados Unidos de subvertir la voluntad del pueblo chileno.

Seis semanas antes, Salvador Allende, un socialista de frreas convicciones democrticas, haba ganado la presidencia, a pesar de que Washington haba gastado millones de dlares en una campaa de guerra psicolgica y desinformacin tratando de prevenir aquella victoria. El gobierno de Richard Nixon no poda tolerar esa revolucin sin violencia que propona Allende, su programa de liberacin nacional y de justicia social y econmica.

El pas estaba plagado de rumores de un posible golpe de Estado. Ya haba sucedido en Irn y Guatemala, en Indonesia y Brasil, donde mandatarios reaciosa los intereses norteamericanos haban sido derrocados. Ahora le tocaba el turno a Chile. Y, debido a que el general Schneider se opona tenazmente a esos planes, lo haban ultimado.

La muerte de Schneider no impidi que Allende asumiera el mando, pero la CIA, obedeciendo las rdenes de Henry Kissinger, prosigui su asalto a nuestra soberana durante los prximos tres aos, con sabotajes a nuestra economa (que grite de dolor, segn palabras textuales de Nixon), y tambin promoviendo bombazos y asonadas militares. Hasta que, finalmente, el 11 de septiembre de 1973, Allende fue depuesto, y muri en el Palacio de La Moneda. Fue el comienzo de una dictadura letal que durara diecisiete aos. Aos de tortura y ejecuciones, largos aos de desapariciones, persecucin y exilio.

En vista de tanto dolor, se podra presumir que estara justificado cierto regocijo de mi parte al ver a los estadounidenses agitados y furiosos ante el espectculo de su propia democracia mancillada por una potencia extranjera, como fue mancillada la nuestra y la de tantas otras naciones por Estados Unidos. Y, en efecto, es irnico que la CIA, la misma agencia que para nada le import la independencia de esas naciones, ahora se lamente de que sus tcticas hayan sido imitadas por un pujante rival internacional.

Puedo saborear la irona, pero confieso que no siento regocijo alguno. No se trata tan solo de que, habiendo adquirido la nacionalidad estadounidense y habiendo votado en esta ltima eleccin, de nuevo sea vctima de este tipo de siniestra intromisin. Mi desaliento deriva de algo que va ms all de un sentido personal de vulnerabilidad. Estamos ante un desastre colectivo: quienes votan en Estados Unidos no deberan sufrir lo que nosotros, los que votamos en Chile, ya padecimos. Es intolerable que el destino de los ciudadanos, del pas que fuere, sea manipulado por fuerzas forneas.

Y es peligroso subestimar y despreciar la seriedad de esta violacin de la voluntad popular. Cuando Trump niega, como lo hacen tambin sus aclitos, que su eleccin como presidente fue fruto, como aseguran los servicios de inteligencia, de la intervencin rusa, se est haciendo eco, extraamente, de los mismos argumentos con que nos respondieron los opositores de Allende cuando muchos chilenos acusamos a la CIA de interferir en nuestros asuntos internos. Trump usa trminos idnticos a aquellos que se rean de nosotros en ese entonces: tales alegatos, dijo, son ridculos e inverosmiles, pura teora de la conspiracin, puesto que es imposible saber quin est detrs de esto.

En Chile, s que terminamos sabiendo quien estaba detrs de esto. Gracias a la Comisin Church del senado y su valiente informe de 1976, el mundo descubri los crmenes de la CIA, los mltiples modos en que haba destruido la democracia en pases extranjeros con el supuesto fin de salvarlos del comunismo.

Estados Unidos merece, como lo merecen todas las naciones del planeta incluyendo, por cierto, a Rusia la posibilidad de elegir a sus lderes sin que alguien en alguna sala remota en un pas lejano determine el resultado. El principio de coexistencia pacfica y respeto mutuo es la piedra fundacional de la libertad y la auto-determinacin de los pueblos, un principio que, nuevamente, ha sido vulnerado, perjudicando esta vez a Estados Unidos.

Qu hacer, entonces, para restaurar la fe en el proceso democrtico?

Primero, tiene que haber una investigacin pblica, independiente, transparente y exhaustiva de manera que, si ciudadanos estadounidenses y agentes extranjeros colaboraron para adulterar el ltimo proceso electoral, ellos sean expuestos y castigados, por muy poderosos que sean. El presidente electo debe exigir tal investigacin en vez de mofarse de ella. La legitimidad de su rgimen, ya menoscabada por la significativa mayora de Hillary Clinton en el conteo del voto popular, depende de ello.

Pero hay otra misin, ms elevada, que tendra que emprender el pueblo mismo de Estados Unidos, hagan lo que hagan los polticos y los funcionarios de inteligencia. Las implicaciones de este asunto deplorable deberan llevar a una meditacin incesante y despiadada acerca de los valores, las creencias y la historia de este pas compartido.

Estados Unidos no puede, de buena fe, denunciar lo que se ha perpetrado contra sus ciudadanos decentes si no est dispuesto a confrontar lo que se perpetr en su nombre contra ciudadanos igualmente decentes de otros pases. Y como resultado de esta auto-examinacin, tendra que resolver firmemente nunca ms llevar a cabo tales actividades altaneras e imperiales.

Qu mejor ocasin para que Amrica se mire en el espejo, qu mejor momento que este para que el pas de Abraham Lincoln enfrente su propia y autntica responsabilidad?

 


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