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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-12-2016

Entre Fidel Castro y la dictadura de los mercados

Bruno Adrie
Rebelin


En un artculo titulado: Cmo puede una persona comprometida a favor de los derechos humanos llorar a Fidel Castro un hombre quien mat y reprimi a su propio pueblo? [1] y publicado en la edicin del pasado 26 noviembre de The Telegraph, el periodista James Kirkup pretende poner en dificultad una izquierda de la que, obviamente, no forma parte, confrontndola con sus propias contradicciones. En efecto, se pregunta, cmo puede la izquierda compaginar su admiracin por Castro con su tradicional apoyo a los derechos humanos? Partiendo del principio segn el cual un periodista debe tener la posibilidad de criticar a quienes nos gobiernan, invita al lector de izquierda, precisamente al lector que sostiene a Castro y su rgimen, a descubrir el ltimo informe de Amnesty International, un informe agobiador ya que revela que en Cuba, hay periodistas y militantes de defensa de los derechos humanos que son regularmente sometidos a detenciones arbitrarias por motivo de delito de opinin. Deseoso de contrarrestar cualquier tentativa de argumentacin, nos recuerda que sabe perfectamente que en Cuba el sistema de sanidad es muy bueno, que el sistema de educacin es bueno (y por qu no muy bueno?) y los estndares de vida relativamente buenos. Aunque admite que el rgimen de Batista (dictador cuyo nombre no menciona) era pretty awful too, considera, sin embargo, que nada puede justificar que hoy se derrame una sola lgrima en honor del tirano comunista. En efecto, cmo puede uno llorar a quien lo hizo todo para impedir que las vctimas de su sistema abandonaran la isla ese paraso terrenal dice ironizando para salir en busca de otros lugares ms amenos, no dejndoles a estos desdichados otra salida que zarpar en balsas poniendo as su vida en riesgo. Y nos pregunta: Si el rgimen castrista est tan seguro de beneficiarse del apoyo carioso de un pueblo libre y feliz, por qu se niega a darle la posibilidad de elegir a sus propios lderes? [2]

Poniendo el dedo en la llaga, James Kirkup insiste: cmo pueden los izquierdistas, tan comprometidos en favor de la defensa de los derechos humanos y de las libertades polticas, dar su apoyo a este rgimen represivo? No vaya a engaarse el lector, esta pregunta es puramente retrica y James Kirkup ya tiene la respuesta: es por causa de Amrica que la izquierda apoya a Castro, a causa de su hostilidad hacia Amrica (quiere decir hacia los Estados Unidos) que los partidarios de los derechos humanos de izquierda le dan su apoyo al rgimen castrista, a causa de una hostilidad injusta hacia esta Amrica que ha sido en palabras de James Kirkup, el mayor contribuyente a la riqueza, a la sanidad y a la libertad que haya conocido el mundo.

Admitamos que James Kirkup tiene razn de condenar un rgimen que condena a los opositores (no armados), a los periodistas (independientes) y las reuniones (espontneas) de ciudadanos ansiosos de compartir y expresar su desacuerdo con el sistema. Pero delira cuando pretende que los Estados Unidos son el mayor contribuyente a la riqueza, a la sanidad y a la libertad que haya conocido el mundo. Antes de soltar tan discutibles evidencias, habra debido por lo menos leer por ejemplo Das de destruccin, das de revuelta, de Joe Sacco y Chris Hedges o The Divide de Matt Taibbi para comprender el tema de la pobreza en los EEUU; habra podido leer tambin el Financial Crisis Inquiry Commission Report que revela los detalles de la crisis financiera del 2008; y a estas buenas referencias, habra podido aadir unos cuantos libros de Michael Parenti, de Noam Chomsky o de Gabriel Kolko, por ejemplo, antes de afirmar que la libertad es uno de los objetivos de la poltica extranjera estadounidense.

Es verdad que entretanto, y para agradarle, podemos concederle que s, que es verdad el hecho de que los EEUU han garantizado y todava garantizan la acumulacin de riquezas de una lite que no escatima medios para salir adelante, de una lite dotada de muchos recursos y que, cuando tropieza, obesa y lucrada por un exceso de estafas y de prcticas dudosas, se encuentra instantneamente rescatada por el Estado, para que los negocios retomen su curso, para que se multipliquen las inversiones, para que el dinero vuelva a producir dinero, matando de paso, si se debe, la economa real (y se debe) y que Wall Street pueda seguir viviendo a todo tren esnifando con una indudable elegancia y serenada por el ronroneo de los motores sobrecilindrados de su blido las toneladas de cocana que unos despiadados, sobreinformados y sobrearmados servicios de inteligencia, tienen la mala suerte de no poder detener en las fronteras obviamente demasiado porosas de una pas no obstante sobrevigilado.

No se tratar en estas lneas de justificar las detenciones de periodistas o de activistas cubanos, y aun menos de sacrificar al culto de la personalidad del lder carismtico que fue Fidel Castro. Nos negamos a ser infantilizados y pensamos que frente al poder, uno debe permanecer desconfiado, interrogar, pedir justificaciones, comprobar los hechos.

Pero, ubiquemos a Castro en su contexto y en el corazn de su accin.

Despus del fracaso de la Moncada el 26 de julio de 1953 despus de un exilio de varios aos en los EEUU y en Mxico, despus de la epopeya del Granma y de los aos de lucha junto a hroes annimos y a la figura legendaria de Ernesto Guevara, Castro entra en La Habana el 8 de enero de 1959. Nombrado primer ministro, emprende un viaje a los EEUU donde no lo recibe un presidente Eisenhower quien acaba de empezar una partida de golf. De vuelta a La Habana, emprende una reforma agraria, confisca todas las propiedades de ms de 420 ha a sus dueos. Une decisin que desencadena la ira del ogro estadounidense. Al enterarse de la noticia, el golfista (el golfo?) Eisenhower, presidente de un pas de tenderos multimillonarios que lo sujetan por las orejas, da la orden de lanzar acciones cubiertas contra Cuba. En Washington, donde el derecho de propiedad es un valor sagrado, se contempla incluso la posibilidad de asesinar a Castro. Tocar el dinero robado, eso s que vale la pena capital!

El 4 de marzo de 1960, la explosin del buque La Coubre en el puerto de La Habana hace 127 muertos y Castro considera los EEUU como responsables de la matanza. El 17 de marzo, Eisenhower decide invadir la isla. El 8 de mayo, Cuba reanuda sus relaciones diplomticas con la URSS y el 29 de junio confisca (una confiscacin ms!) las refineras Texaco, Shell y Esso que se niegan a refinar el crudo que Cuba ha empezado a comprar a la Unin Sovitica. El 8 de julio, los EEUU rebajan la cuota azucarera cubana en su mercado interior. Entonces, Castro se hace con los centrales azucareros y las compaas de telfono y de electricidad. El 15 de octubre, suprime las propiedades urbanas, asestndole otro golpe al gran vecino. A los cuatro das, los EEUU ponen trmino a sus exportaciones hacia Cuba, declaran, el 16 de diciembre, un boicot total y rompen las relaciones diplomticas con La Habana el 3 de enero de 1961.

La llegada a la Casa Blanca de John Fitzgerald Kennedy el 20 de enero de 1961 no cambia nada a los planes estadounidenses. El 15 de abril, tres aeropuertos militares cubanos son bombardeados y durante las exequias consecutivas al bombardeo, Castro se declara socialista. Despus del fracaso del desembarco de la Baha de los Cochinos el 17 de abril, el presidente estadounidense desata la operacin Mangosta, un programa que agrupa operaciones de guerra econmica, operaciones encubiertas y el apoyo a grupos de opositores cubanos. Durante toda la duracin de este plan, se registran ms de 700 operaciones de sabotaje contra objetivos econmicos. Ante esta avalancha de agresiones, Castro acepta la propuesta de Jrushov de instalar misiles en la isla. El 2 de diciembre, el jefe del Estado cubano se declara marxista leninista para el resto de su vida.

Entonces, estalla la crisis de los misiles. Primero mantenida entre los bastidores de la diplomacia, acaba revelndola a los ojos del pblico un presidente actor que la presenta con tono grave, un presidente que no es ms que el portavoz de los verdaderos directores de la poltica exterior reunidos en el Council on Foreign Relations de Nueva York. El mundo est al borde de una catstrofe nuclear. Y todo eso a causa de una reforma agraria, a causa de unas cuantas nacionalizaciones, a causa de esta mana inaceptable que ha tenido la Cuba castrista de querer recuperar su soberana. Menuda desproporcin! Y por encima de eso, consideran que Rusos y Cubanos son responsables de haber trado el mundo hasta el umbral de la destruccin final. Ser necesario ser antiamericano para subrayar aqu la hipocresa de los sermoneadores washingtonianos, de los doctores de moral anglosajones, de los lacayos de un capital que dominan a la perfeccin el pker mentiroso de la diplomacia? Cmo diablos podan condenar la instalacin de cohetes rusos en Cuba, sabiendo que haban hecho lo mismo en Turqua? Cmo puede uno no pensar que tienen una mente estrecha estos artistas de la compraventa, de estos marrulleros que pregonan la palabra libertad por todas partes, de estos vaqueros borrachos que huelen a sudor y a orina, que le obligan a jugar y que le ponen un revlver en la sien tan pronto como usted les saca un pquer por el simple hecho que han decidido desde el principio que la pasta debe acabar en los morrales que echan al cuello de sus caballos antes de escapar en la nube de polvo de un relinchante galope?

Pero volvamos a la principal pregunta de James Kirkup: Si el rgimen castrista est tan seguro de beneficiarse del apoyo carioso de un pueblo libre y feliz, por qu se niega a darle la posibilidad de elegir a sus propios lderes? A nuestro parecer, esta pregunta es mezquina y no tiene sentido.

Primero porque la antfona democrtica, la cancin del sufragio universal se ha convertido en un cuento chino. Ha credo algn da la lite estadounidense en la democracia? De ser el caso, la habra instalado de verdad, esta democracia, en su propio pas. Y, en cada eleccin, no habra aplastado los electores bajo los cilindros compresores de una ensordecedora propaganda. No habra permitido que se arreglaran los escrutinios usando, por ejemplo, voting machinesde funcionamiento caprichoso vendidas y cuidadas por empresas que pertenecen a senadores demcratas o republicanos. Adems, no habra puesto en marcha un sistema en el que el elegido no es quien ha recibido la mayora de los votos. No, nunca ha credo en la democracia esta lite tan dispuesta a acortar, mediante asesinatos, guerras civiles, golpes de Estados y bombardeos, las experiencias ms prometedoras emprendidas en Amrica latina : Zapata, Allende, Rolds, Torrijos, Chvez, Zelaya y muchos otros. Esta lite cree tan poco en la democracia que ha mantenido excelentes relaciones con una retahla de dictadores (siempre de derechas) como Trujillo, Batista, Pinochet, Stroessner, Bnzer, Videla que han garantizado la prosperidad de sus negocios. Y, por fin, last but not least, sera bueno que James Kirkup, el enamorado de Amrica, comprendiera que las democracias son sistemas polticos muy permeables a la manipulacin de las opiniones, permeables a los soft coups financiados por organizaciones como la NED [3], el IRI [4], la Open Society y otros dispositivos inventados para la desdicha de la naciones que todava quieren resistir a la poltica de la puerta abierta, a la poltica del saqueo rebautizado globalizacin, de este falso proceso inevitable que no tiene otra meta que engordecer los bolsillos de los piratas de la finanza fisgona y desregulada. Recuerden Otpor en Serbia, Kmara en Georgia, Pora! o el movimiento Euromaidan en Ucrania.

Es muy triste decirlo, Mr. Kirkup, pero slo un gobierno fuerte, capaz de controlar la informacin, podr resistir las campaas de prensa orquestadas por periodistas no del todo independientes trabajando para grandes grupos relacionados con intereses capitalistas estadounidenses. Slo un gobierno consciente de vivir en estado de sitio podr con lucidez darse la posibilidad de contrarrestar la accin nada espontnea de sediciosos comprados y de opositores mercenarios, armados y colocados en la escena (seudo)libertaria para la ocasin.

Dear Mr. Kirkup, le fue fcil realizar su artculo, rpidamente escrito, rpidamente rematado, no pensado siquiera, no vale la pena, ya que retoma, vuelve a recitar, vuelve a repetir, reciclndola, la cancioncilla ya grabada en las cabezas propagandizadas de sus lectores anmicos, de sus lectores pequeos ingenuos burgueses que, como usted, viven muy bien, consideran muy aceptable nuestro occidente imperialista productor de riquezas, consideran justo y generoso este capitalismo que les mima, les mantiene en buena salud y dentro de cuyos lmites, sobre todo, se creen libres, perros ahtos y soolientos, acurrucados en el claroscuro estrecho de las opiniones removidas, felices de vivir ahogados en la celda acolchada de los folletos escritas por usted, en el pluralismo engaoso de un catequismo nico pregonado por sus colegas, en el machaqueo desodorizado de las explicaciones aceptadas, servidas con un embudo en el gaznate de los engatusados-engatusadores que consideran que es descorts, una putada en el fondo, que se les importune y que se atreva a trazar grafitis vengativos en el mrmol pulido de sus ignorancias petrificadas.

Y para terminar, Mster Kirkup, hago una hiptesis, que someto a los historiadores: Cul es la diferencia entre una dictadura de izquierda y una dictadura de derecha? Pues, mire, a m me parece que una dictadura de izquierda es una dictadura que se ha convertido en una dictadura para resistir los ataques de la dictadura de los mercados mientras que, por lo contrario, una dictadura de derecha es una dictadura que ha abierto las puertas de la ciudad a la dictadura de los mercados. Con las dictaduras de derecha que colaboran con ellos, los mercados pueden a la vez extorsionar a los habitantes y ser, cada da, los invitados de honor en la mesa del alcalde que les ha jurado lealtad.

Entonces, entre Fidel Castro y la dictadura de los mercados

Notas:

[1] "How can anyone committed to human rights mourn Fidel Castro a man who killed and repressed his own people? by James Kirkup, The Telegraph, 26 November 2016.

[2] If the Castro regime is so confident that it enjoys the loving support of a happy and free people, why does he deny a proper chance to vote on their own leaders?

[3] National Endowment for Democracy

[4] International Republican Institute

Bruno Adrie. Autor y traductor.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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