Portada :: Amrica Latina y Caribe :: Nicaragua, la aoranza de la revolucion sandinista
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-07-2004

Sandino traicionado, 25 aos despus

Daniel Martnez C.
ANCHI


En estos das inevitablemente nerudianos, recuerdo que sal de Nicaragua a mediados de 1990, despus que la derrota electoral diera inicio al ms brutal programa de retroceso de realizaciones y desaparicin de la memoria colectiva de un pueblo. La frase de Neruda que entonces se qued girando en mi dolor dice "Hasta luego, patria ma. Me voy pero te llevo conmigo", y la escribi el poeta cuando parti al exilio en 1949.

Aunque jams me sent exiliado de Chile, despus del dramtico golpe de Estado del 73, he vivido 25 aos como un exiliado del sandinismo. No de Nicaragua, que es geogrfica, sino de Sandino, que es idea, accin y sentimiento, y al cual le dediqu, junto a mi compaera, los mejores aos de mi vida.

El 19 de julio de 1979, treinta aos despus del exilio de Neruda, un reducido grupo de chilenos, mezclados con miles de nicaragenses, entrbamos a Managua para asistir a un momento con aromas de redencin de nuestras luchas. La derrota del dictador Somoza sonaba a reivindicacin de Salvador Allende; las miles de banderas rojo y negro traan remembranzas de ideales que creamos hipotecados para siempre.

La sensacin de que todo era posible y que los oprimidos de Nicaragua, y por su intermedio todos los del mundo, haban inaugurado una nueva etapa de la historia erizaba la piel; los himnos y las canciones revolucionarias -entre las que se incorporaba "Venceremos" y las ms sentidas canciones de Violeta- y la emocin de todo un pueblo, demostraban que se poda tocar el cielo con las manos.

En esos das fundacionales, conoc a varios miembros de la Direccin Nacional del FSLN, entre ellos, a Carlos Nez, ante quien me presentaron bajo la etiqueta de chileno. Este me pregunt :Tu eres de esos que le echan la culpa al Imperialismo para justificar la derrota de Allende? Yo, creo, contest con dignidad y asum que habamos cometido errores, pero aad que no haba que despreciar la fuerza del imperialismo. En los aos que siguieron, por desgracia, la criminal ofensiva desatada por Reagan y el sabotaje de la contra me daban poco a poco la razn, y fue el dramtico origen de bromas cmplices con el Comandante Nez.
 
A medida que se institucionalizaba la Revolucin Popular Sandinista, maduraban las grandes virtudes de mantener el pluripartidismo, una economa mixta, la libertad de prensa y avanzaban a pasos agigantados la educacin, la salud, el empleo y la participacin del pueblo en la toma de decisiones.

Al derrocamiento del dictador seguan la entrega de las tierras a los campesinos, la justicia a sus torturadores y policas criminales, la nacionalizacin de los pocos y pobres bienes de la nacin centroamericana. La excelente poltica internacional desarrollada por el FSLN durante la guerra, y que fue factor determinante para la ofensiva final y la toma del poder; se maduraba en una Poltica Exterior de Estado, cuya audacia y transparencia ganaba simpata y adeptos en los organismos internacionales, Europa y Amrica Latina  y el Caribe. Los pases ricos vean con buenos ojos el modelo de revolucin y los pases pobres se sentan identificados por la dignidad con que el sandinismo discuta de igual a igual con el gobierno norteamericano de la poca.

A contracorriente de estos logros, el FSLN se negaba a abandonar sus estructuras y costumbres verticales, propias de la guerra, y en lugar de abrirse a una militancia que daba sus primeros pasos democrticos, se encapsulaba en una Direccin Nacional jerrquica y progresivamente autoritaria, que a nombre de una necesaria unidad cultivaba el culto a la personalidad.

La guerra contrarrevolucionaria, financiada y respaldada por Reagan, que corrompi todo el sistema interamericano y puso en evidencia la doble moral de la "democracia" norteamericana, comenz a socavar los recursos materiales de una nacin pobre y asediada. El FSLN,  o por lo menos su Direccin Nacional que segua sin renovarse, comete un error de apreciacin que ser decisivo a futuro. Pierden la brjula y no comprenden que la violencia que les haba permitido tomar el poder no les permitira conservarlo y se dejan arrastrar a una guerra de desgaste imposible de ganar. Con esto no quiero decir que no haba que hacer frente a la ofensiva reaganeana, pero el drama reside en que la vanguardia omiti convertirse en un partido democrtico, popular y participativo y as hacer entender a la nacin nicaragense que esa no era una guerra del FSLN, sino de todo el pas.

Desde luego, la derecha hizo su papel de mensajera de los intereses agresores, pero se le combati de mala manera y en ausencia de un proyecto que legitimara el poder adquirido en la lucha de liberacin nacional, la necedad y obcecacin del Comandante Humberto Ortega llevaron al sacrificio de una generacin de jvenes en los campos de batalla. La sangre de los cados sirvi de plataforma para unas elecciones fraudulentas y destinadas de antemano a reinstalar en el poder a un repugnante grupo de nicaragenses vende patrias, reciclados en demcratas y nacionalistas.

Fueron muchos los errores subsanables en esos aos. Uno de ellos germin en la Costa Atlntica nicaragense, donde la inexperiencia en asuntos tnicos y un subyacente racismo de algunos militantes del FSLN, provenientes de la vertiente del Pacfico, detonaron una rebelin indgena de races doblemente legtimas. Doblemente, porque obedecan a las reivindicaciones histricas de las etnias y porque slo una revolucin de liberacin nacional, como la iniciada por el sandinismo, haca posible la autonoma regional. Es decir, el FSLN pierde de vista que la recuperacin de la Nacin para las mayoras, conllevaba en el caso nicaragense, la autonoma regional para las etnias de la Costa Atlntica.

Por fortuna para el pas, la capacidad de correccin de algunos de sus dirigentes nacionales y cuadros medios del FSLN  y un inconmensurable respaldo internacionalista, permiten dar un golpe de timn a una guerra fraticida y convertirla en un proceso de pacificacin, consulta democrtica y que habra de dar a luz un Estatuto de Autonoma de la Costa Atlntica de ejemplar valor. Este caso no fue asimilado por el FSLN como una leccin para enfrentar otras debilidades y se sacrific su carcter de paradigma.

A medida que avanz la guerra, la brecha entre las bases revolucionarias y una nueva clase "sandinista" se ahondaba y - salvo honrosas excepciones de cuadros medios - la pertenencia a las cpulas del poder militar o poltico del pas fue entendida como un derecho a privilegios, ms que a una responsabilidad que reclamaba una conducta ejemplar.

Los ltimos coletazos de la Guerra Fra y las crnicas de la "muerte anunciada" del socialismo real, contribuyeron al descalabro y una dcada despus de haber llegado al poder, el FSLN no sabe cmo conservarlo o compartirlo de manera patritica, sin poner en riesgo la totalidad del proyecto. Arrastrado por su vanidad personal, y una reiterada tendencia a negarse a ver la realidad, el Comandante Daniel Ortega cede ante las presiones internacionales y de la derecha nicaragense, para convocar a elecciones adelantadas, con la esperanza de recuperar en las urnas la legitimidad democrtica que durante diez aos no haba querido construir en su partido y el pueblo.

Los resultados son conocidos. La soberbia y la ingenuidad de la Direccin Nacional del FSLN recibieron una bofetada el 25 de febrero de 1990. La Revolucin Popular Sandinista perda. Se daba inicio al ms formidable ejercicio de borrar la memoria colectiva de un pueblo, de manera deliberada y perversa.

Doa Violeta viuda de Chamorro, una buena mujer, desprovista de las mnimas aptitudes polticas, permiti desde la presidencia de la repblica, el desmantelamiento programado de las conquistas populares, la poltica de "tierra arrasada" de todo lo que oliera a sandinismo. El sometimiento inmediato y total a la administracin norteamericana cerraron el cerco.

Los exiliados chilenos arrastramos por la dispora el ejemplo de un Allende y el de muchos miembros de la resistencia que dignificaron con su sacrificio la derrota artera del golpe militar. El sandinismo de base, las fuerzas populares que derrocaron a Somoza y enfrentaron a la Contra en las montaas de Nicaragua, slo han tenido el amargo sabor de ver a sus principales dirigentes, defender sus privilegios, negarse a una autocrtica profunda y equivocar reiteradamente la ruta de la democratizacin y dignificacin del FSLN, requisito indispensable para retomar el poder.

La accin demoledora de la estrategia reaganeana fue decisiva para la derrota del FSLN. El fracaso haba llegado mucho antes de las elecciones y la derrota de Daniel Ortega en las urnas no fue ms que la confirmacin del desastre anunciado. Carlos Nez no estuvo all para presenciarlo, haba muerto, enfermo y desgastado, meses antes y no pudimos discutirlo. Tal vez fue mejor. Tal vez...



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