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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-12-2016

Hay ms de una verdad que contar sobre Alepo

Robert Fisk
The Independent


Los polticos occidentales, los expertos y los periodistas se aprestan a reinicializar sus narrativas en los prximos das, ahora que el ejrcito de Bashar al-Assads ya ha recuperado el control del este de Alepo. Descubriremos si los 250.000 civiles atrapados en la ciudad de verdad eran tantos. Oiremos mucho ms sobre por qu no fueron capaces de salir cuando el gobierno sirio y la fuerza area rusa comenzaron su feroz bombardeo de la parte oriental de la ciudad.

Y aprenderemos mucho ms sobre los rebeldes a los que Occidente EEUU, Gran Bretaa y nuestros amigos rebanacabezas en el Golfo han venido dando apoyo. Estos incluyen a al-Qaeda (alias Jabhat al-Nusra, alias Jabhat Fateh al-Sham), la gente como George W. Bush la llamaba que cometi los crmenes contra la Humanidad en Nueva York, Washington y Pennsylvania el 11 de septiembre. Se acuerdan de la Guerra contra el Terror? Se acuerdan de la maldad pura de al-Qaeda? Se acuerdan de todas las advertencias de nuestros amados servicios de inteligencia y seguridad en el Reino Unido sobre cmo poda llevar al-Qaeda el terror a Londres? Se acuerdan?

No cuando los rebeldes, incluida al-Qaeda, defendan bravamente el este de Alepo; entonces, no. Porque se estaba tejiendo para nosotros una potente narrativa sobre herosmo, democracia y sufrimiento, un cuento de buenos chicos contra malos chicos tan explosivo y falsario como las armas de destruccin masiva.

En los tiempos de Saddam Hussein cuando unos pocos sostenamos que la invasin ilegal de Irak llevara a la catstrofe y a un indecible sufrimiento, y que Tony Blair y George Bush nos estaban llevando por el camino de la perdicin, se nos exiga siempre mostrar nuestra repugnancia por Saddam y su rgimen. Tenamos que recordar constantemente a nuestros lectores que Saddam era uno de los Tres Pilares del Eje del Mal.

Pues aqu va de nuevo el mantra habitual, que tenemos que repetir ad nauseam para evitar el habitual correo cargado de odio y el oportuno maltrato acosador que se dispensar hoy a quienquiera se atreva a salirse de la endeble y mendaz versin autorizada de la tragedia siria:
S, Bashar al-Assad ha destruido brutalmente vastas zonas de sus ciudades en su batalla contra quienes quieren derrocar su rgimen. S, este rgimen tiene un sinnmero de pecados en su haber: tortura, ejecuciones, crceles secretas, asesinatos de civiles y si incluimos a la milicia siria, tericamente bajo control del rgimen una espeluznante versin de la limpieza tnica. S, debemos temer por las vidas de los valientes mdicos del este de Alepo y de las personas que han estado bajo sus cuidados. Cualquiera que haya visto el pateo a que fue sometido el joven sacado de la fila de refugiados huyendo de Alepo la pasada semana por parte de los hombres del servicio de inteligencia del rgimen debera temer por la suerte de todos aquellos a quienes no se permiti cruzar las lneas gubernamentales. Y se puede recordar que el sombro informe de la ONU sobre los 82 civiles masacrados en sus hogares en las ltimas 24 horas.

Pero lleg la hora de contar la otra verdad: que muchos rebeldes a quienes ha venido dando su apoyo Occidente y a los que nuestra prepstera Primera Ministra Theresa May bendijo indirectamente cuando se postr ante los rebanacabezas del Golfo la semana pasada se cuentan entre los combatientes ms crueles e implacables del Oriente Prximo. Y aun cuando hemos estado lloriqueando por los atrocidades del Estado Islmico durante el asedio de Mosul (un acontecimiento demasiado similar al de Alepo, aunque nadie lo dira leyendo las narrativas habituales), hemos ignorado a propsito el comportamiento de los rebeldes en Alepo.

Hace solo unas semanas, entrevist a una de las primeras familias musulmanas escapadas del este de Alepo durante un alto el fuego. El padre acababa de recibir la noticia de que su hermano haba sido ejecutado por los rebeldes a causa de que l haba cruzado la lnea de frente con su mujer y su hijo. Conden a los rebeldes por cerrar las escuelas y colocar armamento cerca de los hospitales. Y no era un badaluque pro-rgimen: incluso deca sentir cierta admiracin por el buen comportamiento del Estado Islmico (EI) en los primeros das del asedio.

Por esos mismos das, los soldados sirios me confiaban en privado su conviccin de que los norteamericanos dejaran que el EI saliera de Mosul para volver a atacar al rgimen en Siria. Un general norteamericano lleg incluso a expresar su temor a que los milicianos chiitas iraques pudieran impedir al EI escapar hacia Siria a travs de la frontera iraqu.

Bueno, pues es lo que pas. En tres grandes columnas de camiones suicidas y miles de simpatizantes armados, el EI cruz el desierto para pasar de Mosul en Iraq, y de Raqqa y Deir ez-Zour en la Siria oriental, al asedio, una vez ms, de la hermosa ciudad de Palmira.

Resulta sumamente instructivo observar la cobertura periodstica de esos dos sucesos paralelos. Casi todos los titulares de hoy hablan de la cada de Alepo en manos del ejrcito sirio, cuando lo natural habra sido hablar de su reconquista contra los rebeldes. En cambio, se dice que el EI ha reconquistado Palmira, cuando dado su criminal comportamiento lo que debera decirse es que la antigua ciudad romana haba cado una vez ms bajo la grotesca dominacin del EI.

Las palabras cuentan. Porque estos son los hombres nuestros compis, me figuro, si hay que atenerse a la narrativa yihadista habitual que, tras la primera ocupacin de la ciudad, cortaron la cabeza al acadmico de 82 aos que trat de proteger los tesoros romanos, para volver a colocar luego sus gafas en la cabeza decapitada.

Segn admiten ellos mismos, los rusos lanzaron 64 bombardeos areos contra los atacantes del EI en las afueras de Palmira. Pero dadas las enormes columnas de polvo levantadas por los convoyes del EI, por qu no lleg a sumarse la fuerza area estadounidense al bombardeo de su peor enemigo? Pues no: por alguna razn, los satlites y los drones y los servicios de inteligencia de los EEUU no llegaron a percatarse. Tampoco lo hicieron cuando el EI utiliz idnticos convoyes de camiones suicidas para asediar Palmira la primera vez que ocuparon la ciudad, en mayo de 2015.

No ofrece la menor duda el revs que Palmira representa tanto para el ejrcito sirio como para los rusos, aunque sea ms simblico que militar. Funcionarios sirios me aseguraron a comienzos de este ao que jams se permitira que el EI regresara a Palmira. Haba una base militar rusa en la ciudad. La fuerza area rusa haca ejercicios de sobrevuelo. Una orquesta rusa haba tocado en las mismas ruinas para celebrar la liberacin de Palmira.

Y bien, qu ocurri? Lo ms probable es que los militares sirios, simplemente, no dispusieran de hombres bastantes para defender Palmira cuando estaban cerrando el cerco sobre Alepo.

Tenan que recuperar Palmira, y rpido. Pero para Bashar al-Assad el fin del asedio de Alepo significa que el EI, al-Nusra, al-Qaeda y todos los dems grupos salafistas y sus aliados ya no pueden afirmar que disponen de una base, o crear una capital, en la larga lnea de grandes ciudades que constituye la espina dorsal de Siria: Damasco, Homs, Hama y Alepo.

Volvamos a Alepo. La habitual y ahora desmayada narrativa periodstica precisa de refresco. Estos ltimos das ofrecen la prueba. Tras meses de condenar las iniquidades del rgimen sirio al tiempo que se echaba niebla sobre la identidad y la brutalidad de sus oponentes en Alepo, las organizaciones de derechos humanos olindose la derrota de los rebeldes comenzaron hace slo unos das a difundir crticas que incluan a los defensores del Alepo oriental.

Pongamos el caso del Alto Comisionado para Derechos Humanos de la ONU. Despus de que la semana pasada insistiera en sus habituales y perfectamente entendibles temores por la poblacin civil del este de Alepo y su personal mdico, as como por los civiles sujetos a represalias gubernamentales y los centenares de hombres que podran haber desaparecido tras cruzar las lneas del frente, la ONU, de repente, comenz a expresar otros temores.

Durante las dos ltimas semanas, el Frente Fatah al-Sham [es decir, el EI!] y el batalln Abu Amara parecen haber secuestrado y asesinado a un nmero desconocido de civiles que haban pedido a los grupos armados que se alejaran de sus vecindarios para ahorrar vidas de civiles.

Y contina: Tambin hemos recibido informaciones, segn las cuales, entre el 30 de noviembre y el 1 de diciembre, los grupos armados de oposicin dispararon contra civiles que trataban de huir. Adems, se han registrado ataques indiscriminados sobre reas densamente pobladas del oeste de Alepo dominado por el gobierno y del este rebelde.

Yo sospecho que oiremos ms cosas por el estilo en los das venideros. El mes prximo leeremos tambin un libro nuevo que pone los pelos de punta, Mercaderes de hombres, de la periodista italiana Loretta Napoleoni, sobre la financiacin de la guerra en Siria. Habla de las fuerzas gubernamentales y de las fuerzas rebeldes en trminos de secuestradores exprs, pero tiene tambin palabras dursimas para nuestra profesin periodstica.

Escribe, por ejemplo, que reporteros secuestrados por grupos armados en el este de Siria cayeron vctimas de una sndrome de Hemingway: los corresponsales de guerra que apoyan la insurgencia confan en los rebeldes y ponen sus vidas en sus manos, porque estn aliados con ellos. Pero la insurgencia no es ms que una variante del yihadismo criminal, un fenmeno moderno con una sola lealtad: el dinero. Demasiado dura con nuestra profesin? Somos realmente aliados de los rebeldes?

Desde luego, nuestros amos polticos lo son. Y por la misma razn que los rebeldes secuestran a sus vctimas: dinero. De aqu la desgracia del Brexit para May y su corte bufonesca de ministros, que la semana pasada se postraron ante los autcratas sunes que financian a los yihadistas de Siria en la esperanza de ganar millones de libras esterlinas con ventas de armas pos-brexit al Golfo.

En unas horas, el Parlamento britnico debatir sobre la delicada situacin de los mdicos, las enfermeras, los nios y civiles heridos de Alepo y otras zonas de Siria. El grotesco comportamiento del Gobierno del Reino Unido ha conseguido que ni los sirios ni los rusos presten la menor atencin a nuestros miserables lloriqueos. Y eso, tambin, debe formar parte de este cuento.


Traduccin para www.sinpermiso.info: Miguel de Puoenrostro

Fuente original: http://www.independent.co.uk/voices/aleppo-falls-to-syrian-regime-bashar-al-assad-rebels-uk-government-more-than-one-story-robert-fisk-a7471576.html



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