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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-12-2016

Las drogas y la paz

Gearid Loingsigh
Desove


El punto cuatro de ambas versiones del Acuerdo Final de Paz trata el tema de las drogas, y los cultivos ilcitos. El tema no ha recibido tanta atencin ni discusin como los otros puntos. Pero vale la pena mirarlo, pues si Colombia cambia como resultado de este proceso, uno de los aspectos donde se puede medir fcilmente el progreso sera en este punto.

El acuerdo sobre cultivos ilcitos enuncia varios propsitos loables para la sociedad colombiana y el mundo entero.

Aspiramos a un pas sin narcotrfico, que debe ser un propsito mancomunado de todos y todas e implica transformaciones en el mbito poltico, institucional y de la sociedad en general con el fin de consolidar una cultura basada en valores contra el narcotrfico y el lavado de activos

Aqu se nota una de las primeras confusiones quieren un pas sin narcotrfico o sin consumo de drogas ilcitas? Pues son lo mismo. Cmo Antonio Escohotado demuestra en su obra maestra Historia General de las Drogas, el consumo de las drogas viene de antes de los tiempos paganos y se consideran todava un don divino. [1] Todos los pueblos, segn Escohotado tienen sus drogas sagradas que luego de un tiempo pasan a ser de consumo cotidiano y por fuera de las ceremonias religiosas o sociales donde iniciaron su camino entre nosotros. Dos de las drogas ms famosas que comenzaron su carrera como sagradas son el alcohol (particularmente el vino) y el tabaco. El narcotrfico es el resultado de otro fenmeno, que algunas drogas que eran legales, hoy son perseguidas, tal como el opio y sus derivados y la hoja de coca y sus derivados. Su ilegalizacin, nada tiene que ver con cuestiones de salud pblica sino con los intereses geo-estratgicos de los pases del norte, particularmente, aunque no exclusivamente los EE.UU. (tal es el caso de opio) y cuestiones de competencia entre empresas o industrias grandes como es el caso de la cocana, y la marihuana. [2] As si lo que les interesa erradicar es el narcotrfico, pues legalizando las drogas se erradica el trfico ilegal de drogas.

Siguen apuntando a una perspectiva prohibicionista, aunque con un enfoque de responsabilidad compartida, la vieja consigna de Francisco Santos cuando era el vice-presidente de Uribe. En el punto 4.3.5 piden una conferencia internacional sobre las drogas donde El Gobierno Nacional promover en ese espacio una discusin sobre los compromisos y responsabilidades y en general la responsabilidad compartida entre pases productores y consumidores a la hora de enfrentar el problema. (nfasis fuera del original). No hay ningn punto donde se plantea siquiera una discusin sobre la legalizacin, aunque s se habla de evaluacin objetiva de la lucha contra las drogas, que se podra interpretar como algo que incluye un replanteamiento del problema y el marco penal. Pero no es explcito y por lo tanto no formar parte de la poltica oficial del Estado despus de la desmovilizacin de las FARC.

Este punto contiene mucha hiprbole y adems ignora por completo el rgimen jurdico real que rige en materia de drogas a nivel internacional.

El primer punto es que no habla de cultivos ilcitos sino de cultivos de uso ilcito y esa confusin se debe a la influencia de las ONG quienes nunca queran reconocer el papel de la ONU en la fumigacin y la persecucin de la hoja de coca. El tratado internacional que rige en la materia es la Convencin nica de 1961. Dicha convencin habla de cultivos ilcitos y exige, en su artculo 22 No1, la erradicacin total de la hoja, incluyendo las matas silvestres. Lo que prohbe es la hoja de coca y sus derivados. Para la ONU (los mismos seores que las ONG y las FARC nos prometen velarn por la paz y bienestar en Colombia), el cultivo como tal es ilcito.

Las FARC y el gobierno tambin acordaron:

Que la poltica debe mantener el reconocimiento de los usos ancestrales y tradicionales de la hoja de coca, como parte de la identidad cultural de la comunidad indgena y la posibilidad de la utilizacin de cultivos de uso ilcito, para fines mdicos y cientficos y otros usos lcitos que se establezcan. (nfasis fuera del original).

Dicho reconocimiento de los usos ancestrales, no obstante el fallo del Consejo de Estado, no existe. En 2015, el Consejo de Estado fall con sentido comn sobre los usos tradicionales y la venta de productos que contienen la hoja de coca (pero no cocana) fuera de los resguardos, [3] pero va en contrava de los tratados internacionales firmados por Colombia. La Convencin nica en el artculo 49 afirma categricamente que La masticacin de hoja de coca quedar prohibida dentro de los 25 aos siguientes a la entrada en vigor de la presente Convencin. Claro, no lograron poner fin a los costumbres indgenas y hoy en da no lo han descartado, pues los gobiernos se han opuesto a las reformas de la Convencin nica. Simplemente existe una suspensin tcita de ese artculo, dejando esa pelea para un futuro cuando el narcotrfico se haya eliminado o reducido significativamente.

El otro punto es que hablan de usos para fines mdicos y cientficos y otros usos lcitos que se establezcan. Est bien, no slo nadie debe oponerse a eso, sino ya est reglamentado por la misma Convencin nica y la Jefatura Internacional de Fiscalizacin de Estupefacientes, la entidad de la ONU encargada del tema. Cada ao la JIFE autoriza la produccin de opio y hoja de coca para usos medicinales y regula su suministro y transporte a nivel mundial. Es decir, eso ya est autorizado, pero Colombia no es uno de los pases donde se puede cultivar coca con esos fines, pero Bolivia y Per s lo son. Tendra ms sentido, simplemente pedir que Colombia sea uno de los pases autorizados para la produccin lcita. Claro eso no quiere decir que el que quiera puede sembrar, sino la JIFE autoriza el pas, y luego se determina en que regiones y adems las cantidades de coca y de cocana que se pueden producir. Por fuera de este debate quedan los usos tradicionales medicinales, pues los trminos medicinales y cientficos no estn definidos y hay cierta margen de maniobra en este punto, aunque a la hora de exportar dichos productos, necesitaran la autorizacin de la JIFE, algo que no ocurra. El uso medicinal tradicional estara limitado al pas. Es por eso, que la legalizacin de la marihuana medicinal en algunas partes de los EE.UU. no ha significado mayor problema para el gobierno gringo, pues se legaliz el uso medicinal y no existe trfico legal de los productos ms all de las fronteras internas de cada estado y por supuesto no existe ni est permitido por la legislacin el trfico internacional.

Existen unos aspectos positivos como el reconocimiento del consumo de drogas como un problema de salud pblica y dentro de eso, abogan por la reduccin de daos. El tema de reduccin de daos, es algo muy discutido en muchos pases, pero no en Colombia. No sabemos hasta qu punto las FARC lo entienden, pero podemos estar seguros que Santos y De la Calle, no tienen la menor idea. Pues, la reduccin de daos, incluira cosas como el intercambio de jeringas usadas por limpias con el fin de reducir el contagio de VIH, hepatitis C y otras enfermedades transmitidas por el intercambio de lquidos corporales., incluira la disponibilidad de jeringas limpias y nuevas en las crceles, pipas, educacin frente a las drogas, lugares seguros donde los toxicmanos pueden tomar sus drogas, tratamientos y diagnsticos oportunos de VIH y Hepatitis C y reparto gratuito de condones entre los trabajadores sexuales. Teniendo en cuenta el pas que tenemos, donde la salud es un lujo, donde el alcalde nuevo de Bogot cierra todos los programas sociales y de medicina para las poblaciones marginadas, alguien toma en serio estas loables declaraciones? Lo ms seguro es que como eso forma parte del debate internacional a alguno de los asesores le parecera buena idea meterlo, sabiendo que jams iban a cumplirlo, pero de pronto servira como referente en el debate respecto a la produccin y el creciente consumo de drogas en Colombia. Las polticas de reduccin de daos, generalmente marcan un cambio hacia regmenes menos prohibicionistas.

Sin embargo, este punto del Acuerdo Final sigue siendo prohibicionista, no slo por las declaraciones generales que se hace frente al narcotrfico sino por las propuestas concretas que contiene para los campesinos. Primero proponen alternativas a la coca dentro del marco de las propuestas rurales en el punto 1, propuestas que nada de bueno tienen para el campesinado y como se analiz en otro artculo, representan el triunfo del agro-negocio, es decir los capitalistas e inversionistas agrarios sobre los campesinos. [4] Esos proyectos no quitarn la necesidad econmica de los campesinos y lo ms probable es que vuelvan a sembrar coca y amapola y podemos estar 100% seguro que la suspensin de la accin penal en su contra de dos aos propuesta en el artculo 4.1.3.4 no les basta. Pero el problema no es tiempo, sino que esa visin prohibicionista sigue vigente. Tanto que el uribismo aprovech esa visin de las FARC y el gobierno (valga recordar que el Acuerdo es de los dos, y no slo de una de las partes) e insert las siguiente perlas en la nueva versin.

Primero redujeron el tiempo de dos aos a uno, algo que puede molestar a los hinchas del proceso pero si aceptamos la visin prohibicionista y la persecucin de los campesinos, pues la diferencia entre un ao y dos es una cuestin tcnica y no de fondo como debe ser. Pero el ms grave es lo siguiente que aparece en la pgina 101 de la nueva versin.

Ser compromiso de todas las personas que hayan tenido relacin con conductas asociadas a cualquier eslabn de la cadena de los cultivos de uso ilcito y sus derivados, en el marco del conflicto, y que comparezcan ante la Jurisdiccin Especial para la Paz, aportar ante la Sala de Reconocimiento de Verdad, de responsabilidad y de determinacin de los hechos y conductas de la Jurisdiccin Especial para la Paz, los elementos necesarios de los que tengan conocimiento de una manera exhaustiva y detallada, sobre las conductas cometidas y las circunstancias de su comisin, as como las informaciones necesarias y suficientes de las que tengan conocimiento para atribuir responsabilidades. Todo ello debe contribuir a garantizar los derechos de las vctimas a la reparacin y a la no repeticin (nfasis fuera de lo original).

 

Es decir, los campesinos cultivadores de coca y los raspachines tendrn que comparecer ante la JEP para contar todo. Se criminaliza a todos los que hayan tenido relacin con cualquier eslabn, y eso va desde las mujeres que cocinan comida para los raspachines hasta los generales hoy da detenidos. Escucharemos al liberal izquierdoso decir que no nos preocupemos que eso est pensado para los contadores etc. Valga recordar que esa perla la escribieron Uribe y sus secuaces, personas rodeadas de contadores, generales y abogados corruptos. Entre sus filas hay ms de un criminal de esta naturaleza ya condenado. Realmente quieren que nos traguemos ese sapo crudo? Aqu tenemos otro mecanismo de perseguir al campesinado y de pronto quitar la tierra a los que no comparecen ante la JEP.

Una visin prohibicionista que golpea al campesino y no cambiar para nada las reglas del narcotrfico. Ausente del Acuerdo Final es cualquier propuesta de revisar la Convencin nica y dems tratados internacionales, como han propuesto muchos acadmicos y organizaciones sociales, aunque alude a ellas sin tener el coraje de decirlo claramente. Pudieron proponer la despenalizacin del consumo de drogas (que no es lo mismo que la legalizacin ni la dosis mnima). Seran propuestas mnimas, pero no. La nica incgnita de este episodio es exactamente cual droga estaban fumando las FARC cuando acordaron eso.


Notas

[1]
Escohotado, A. (2004) Historia General de las Drogas, Madrid: Espasa Forum.

[2] Para mayor informacin vase Bewley-Taylor, D.R, (1999). The United States and International Drug Control 1909-1997, London: Pinter.

Bertram et al (1996). Drug War Politics: The Price of Denial , London: University of California Press.

Boville Luca de Tena, B. (2000). La Guerra de la Cocana, Madrid: Editorial Debate.

[3] El Tiempo (22/06/2015) Avalan consumo y comercializacin de productos con hoja de coca www.eltiempo.com

[4] Vase http://www.elsalmon.co/2016/11/renegociando-el-acuerdo-el-silencio-de.html


(*) Para rplicas y contra rplicas: [email protected]  

(**) Artculo publicado en el Desove N 27 de la Revista El Salmn. Disponible: https://issuu.com/elsalmonurbano/docs/el_salmon_n.27_versi__n_final_dic_2

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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