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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-12-2016

Alepo, Ankara, Berln: geopoltica del desastre

Santiago Alba Rico
Cuarto Poder


Habr que analizar sus consecuencias y alertar sobre los peligros, pero a nadie puede extraar lo ocurrido. Era cuestin de tiempo. Tanto el asesinato del embajador ruso en Ankara como el atentado de Berln se inscriben en una lgica imparable que, fruto a su vez de una acumulacin histrica anterior, comenz hace ya cinco aos: eso que la revista Esprit llam nuevo desorden global y Pablo Bustinduy, del modo ms elocuente, geopoltica del desastre.

Para entender ese marco catastrfico que demanda nuevas catstrofes, en un rebote sin fin entre paredes cerradas, conviene abordar el contexto desde la denuncia de una ilusin muy peligrosa que parece imponerse entre la izquierda, y ello precisamente cuando la izquierda retrocede en todo el mundo. Conocidos militantes anti-imperialistas latinoamericanos, por ejemplo, interpretan el asesinato del embajador ruso en Turqua como una respuesta al creciente protagonismo de Rusia y China en el mundo, describiendo ese protagonismo, en tono positivo, como la peor pesadilla para EEUU. Esta interpretacin incurre, a mi juicio, en una doble ceguera. La primera es la de considerar que el pistolero turco, al disparar sobre el diplomtico, estaba defendiendo de algn modo los intereses estadounidenses, si es que no estaba dirigido o comandado directamente desde Washington. La segunda, ms grave, es la de considerar que una pesadilla para los EEUU es necesariamente una liberacin para la Humanidad; que cualquier acontecimiento o alianza o cambio geoestratgico que ponga en dificultad a los EEUU se corresponde automticamente con una erosin del capitalismo y un fortalecimiento de la democracia, la justicia social y los DDHH en todo el mundo.

Se dira ms bien que est ocurriendo lo contrario de lo que esperbamos y desebamos. El declive indudable de los EEUU se corresponde con una desdemocratizacin radical que anticipa a escala ampliada y global una repeticin negra del sangriento siglo XX, pero con una nueva polarizacin autista y sin esperanza. Estamos de nuevo podramos decir en 1914, si bien no hay ninguna revolucin de Octubre a la vista y s, en cambio, un aumento colosal de las fuerzas destructivas y de los imperialismos y neofascismos que las gestionan. Los radicales van ganando y, an ms, estn ya en los gobiernos; no somos nosotros ni la clase obrera ni el proletariado en armas construyendo el socialismo. Los radicales son los otros y sera un error imaginarse como alternativa radical cuando la alternativa radical tambin son los otros y no menos apostar por uno de los radicales enfrentados arguyendo que sus bombardeos areos, sus violaciones de los DDHH, su autoritarismo y su capitalismo mafioso pone en aprietos a los EEUU. La justa indignacin contra un mal concreto no introduce necesariamente en el mundo ningn bien concreto y, si no tenemos recursos para proponer materialmente una alternativa, podemos acabar multiplicando y hasta magnificando los males concretos.

La izquierda tiene razn en obsesionarse con Siria. Hay que comenzar por alguna parte. Podramos empezar por Sykes-Picot o por el pacto del Quincey o por Afganistn o por la ms reciente y criminal invasin de Irak. Cualquier punto es al mismo tiempo una condensacin y una oportunidad de intervencin. Pero es bueno comenzar all donde de pronto son los pueblos los que toman la palabra. Empecemos en 2011. Una parte de la izquierda insiste en reprochar a esos pueblos sospechosamente rabes su inoportunidad y torpeza, como culpables de esta nueva geopoltica del desastre, en una acusacin semejante a la del juez machista que exime de responsabilidad al violador porque su vctima llevaba una falda corta o tena pelo y cuerpo o sencillamente respiraba. Si esos pueblos, que no podan ganar, no se hubieran levantado contra el opresor Este argumento es tan ultraconservador tan sovitico si se quiere que en realidad es tremendamente de derechas. Lo es hasta el punto de proporcionar argumentos a las nostalgias imperiales: cunto mejor hubiera sido que los filipinos hubieran aceptado el yugo espaol en 1898, ms benigno que el estadounidense que lo sigui; y qu error el de los rabes en 1914 al rebelarse contra el imperio otomano, sustituido por el atroz colonialismo ingls y francs; y qu locura la de los palestinos en 1936, cuando se rebelaron contra el protectorado britnico sin comprender que iban a caer en las garras de Israel. Eso por no hablar de los revolucionarios rusos que en 1917 no comprendieron que su levantamiento contra el zarismo iba a traer consigo la guerra civil, el estalinismo, los gulags y, setenta aos ms tarde, la ms catastrfica restauracin del capitalismo (y del zarismo).

Ahora bien, es cierto que Siria es de alguna manera la va muerta de la revolucin democrtica que comenz en 2011, as como el principio de la desdemocratizacin que, desde all, se extiende hoy por el mundo. Siria devuelve el protagonismo a las dictaduras: las ya existentes se envalentonan (Arabia Saud o Irn), las nuevas son an ms severas que las derrocadas (Sisi en Egipto y la sombra de Hafter en Libia) y las que parecan superadas se contraen (la deriva autoritaria de Erdogan en Turqua). Siria es tambin la causa de la doble radicalizacin que caracteriza el neofascismo europeo: el ascenso de la extrema derecha y la reactivacin del yihadismo terrorista. Siria es tambin la causa de la decadencia de la hegemona estadounidense que, de manera indirecta, explica a su vez el triunfo electoral del neofascista Trump en Washington. Siria es tambin la causa, en fin, del retorno de la Rusia putinesca, hipernacionalista y mafiosa, a la escena internacional, mediante bombas no menos destructivas ni ms liberadoras que las de EEUU en Irak y en Afganistn o las de Israel en Gaza.

De todas estas calamidades, cierto, son responsables los pueblos que reclamaron pacficamente una pizca de democracia, unos gramos de dignidad, unos centmetros de justicia social y no la dictadura que les respondi con bombas de barril; las potencias occidentales que los abandonaron; las teocracias del golfo que aprovecharon la ocasin para imponer sus agendas; las milicias yihadistas que se nutrieron de hurfanos desesperados y nihilistas europeos y los pases Rusia e Irn que utilizaron todos los medios a su alcance los mismos que EEUU tantas veces en Amrica Latina o en Vietnam o en Irak para sostener hasta el lmite a un tirano asesino al que no le gusta que su pueblo tenga pelo y cuerpo y respire. De la desdemocratizacin del planeta tienen la culpa las mujeres y hombres que pedan democracia, o todos aquellos que, de derechas y de izquierdas, de forma activa o pasiva, los han sacrificado? El paralelismo de la guerra civil espaola no es ni exagerado ni fraudulento: la victoria all del fascismo fue el umbral, no lo olvidemos, de la segunda guerra mundial. La diferencia hoy es que la izquierda no juega ningn papel y por lo tanto la guerra mundial que se avecina terror contra terror en metstasis locales no dejar ningn margen a las luchas democrticas. La democracia ha muerto. Los DDHH apenas una buena idea pertenecen al pasado. Asad, gran triunfador, es el modelo; y a la izquierda impotente y vencida le gusta ese modelo porque incluso en EEUU se ha impuesto, como ellos queran, un protodictador. El mundo multipolar es un mundo multidesptico, lo que sin duda es un gran progreso para los que creen que los pueblos del mundo llevan medio siglo pidiendo a gritos (libertad! libertad!) bombas multinacionales rusas, iranes, chinas, indias, sirias, egipcias en lugar de solo americanas.

No me gusta la palabra fascismo. En primer lugar porque funciona ya como una ltote: es decir, a fuerza de utilizarla sin criterio para subrayar la gravedad de un fenmeno ha acabado por quitar importancia a su objeto. A nadie la asusta el fascismo, que pertenece al pasado y no define sino nuestro deseo subjetivo de indignacin. Y sin embargo hay motivos para asustarse. No sabemos cmo llamar al nuevo fascismo, que es adems muy diferente del de los aos 20 y 30 del siglo pasado. El fascismo clsico era antirreligioso, anticonservador y revolucionario; incluso anticapitalista en su discurso y su liderazgo. Al mismo tiempo arraig y se extendi en una Europa ideolgicamente polarizada y realmente revolucionaria que ya no existe. Pero podemos llamar fascismo con prudencia a lo que viene a lo que se est imponiendo en el sentido de que el fascismo clsico fue el resultado de y acompa a un proceso de desdemocratizacin radical, exactamente igual que ahora. Si Siria es, de alguna manera, la fuente contaminante o una de ellas la responsabilidad de las grandes potencias y de la propia izquierda en este proceso de desdemocratizacin es innegable y reprobable. En un mundo en el que ya no hay alternativa sistmica, ni siquiera imaginaria, y en el que los medios de destruccin se han multiplicado al infinito, se va cerrando cada vez ms el campo de nuestras elecciones polticas. En un mundo as la lucha por la democracia, los DDHH y la justicia social queda postergada sine die -y prohibida y criminalizada en nombre de la seguridad fsica y cultural. En un mundo as, entre bombardeos y atentados terroristas, habr que buscar y encontraremos sin duda buenos motivos egostas, antropolgicos, de pura supervivencia geopoltica, para escoger entre una dictadura u otra: Trump, Putin, Asad, Le Pen o el ISIS. Pero ninguno de esos motivos podr ser nunca de izquierdas.

En la Historia todo ha empezado siempre ya. Pero todo empez esta vez porque unos pueblos locos quisieron respirar y reclamaron democracia, justicia y dignidad. Y todos los gobiernos y todos los partidos sin excepcin corrieron a enterrarlos e imponer, contra ellos, contra todos nosotros, un neofascismo global. Alepo, Ankara, Berln son algunos de sus terrenos de juego.

Fuente: https://www.cuartopoder.es/tribuna/2016/12/21/alepo-ankara-berlin-geopolitica-del-desastre/9436



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