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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-12-2016

La revolucin y los sillones rotos

Javier Gmez Snchez
Joven Cuba


Hoy no es el da de la mujer, ni siquiera es el da de las madres, pero quisiera escribir sobre la presencia femenina. Tambin de cmo nos acostumbramos a estudiar en las escuelas solo los grandes acontecimientos histricos reduciendo un proceso tan complejo como la Revolucin Cubana a un puado de eventos como Girn o la Crisis de Octubre y ni siquiera estos son bien entendidos. No es algo privativo de nuestras escuelas, en todos los sistemas de enseanza, la historia se reduce a un grupo de frases hechas ordenadas cronolgicamente.

Ahora que se habla tanto de la inclusin de la mujer, que se hace contabilidad de cuantos miembros femeninos tiene el Buro Poltico o el Comit Central. Piensa uno en las mujeres, que si no las nicas si fueron las ms conocidas en su participacin en la Revolucin Cubana: Celia Snchez, Haydee Santamara, Melba Hernndez, Vilma Espn, Pastorita Nuez, Tet Puebla, Tamara Tania Bunke.

Otras muchas estuvieron ah de diversas maneras: Asela de los Santos, Elsa Castro, Lidia Doce, Clodomira Acosta, Zoila Ibarra, Elda Prez, Mara Antonia Figueroa, Rebeca Chvez, Isabel Rielo, Mirta Rodrguez, Marcia Leiseca, Marta Rojas, Aleida March, Natalia Bolvar

En su carta a Fidel el Che recuerda cuando nos conocimos en casa de Mara Antonia

Tanto el Movimiento 26 de julio, como el Directorio Revolucionario y el Partido Socialista Popular, tenan participacin femenina. Pero esta era limitada por la propia vida que llevaba la mujer de esa poca. Las labores conspirativas eran mucho ms fciles para el hombre.

Los hombres trabajaban en la calle, se reunan en un bar a beber, llegaban tarde o pasaban la noche fuera del hogar familiar o matrimonial. Eso formaba parte de lo socialmente aceptado.

Incluso la participacin durante el da en reuniones era complicada para las mujeres. Una mujer que anduviera con hombres sin tener un compromiso matrimonial con uno de ellos era vista con cuestionamiento.

Ms difcil an era en las cdulas clandestinas en los pueblos del interior, donde todo el mundo se conoca y se cumpla el dicho: Pueblo chiquito, infierno grande.

Una de las propagandas que el rgimen batistiano hizo contra los asaltantes del Moncada fue apelar a la mentalidad machista y discriminatoria de la sociedad cubana de la poca para mancillar la imagen de las dos nicas mujeres participantes en el asalto.

Los prejuicios estaban tan profundamente arraigados que Silvia Gil, adolescente cuando el Moncada y luego trabajadora de la Casa de Las Amricas junto a Hayde , recuerda lo que pens cuando escuch en las noticias que haba dos mujeres entre los asaltantes: Deben ser dos prostitutas   No se conceba otra manera en que una mujer soltera poda andar lejos de su casa con un grupo de hombres. (1)

Haydee Santamara deca que de todos los lugares donde se reunan los revolucionarios donde ms senta temor de ser capturada era en los moteles de mala muerte. Esos lugares eran ideales para los contactos cuando los cuadros eran hombre y mujer, pero ella saba que sera explotado extensamente por la propaganda batistiana.

El machismo tambin estaba arraigado en las filas revolucionarias.

La propia Hayde recordaba con frustracin su poca de combatiente clandestina cada vez que la presentaban a alguien: Yo nunca era Hayde, siempre era la hermana de Abel o la novia de Boris.   (2)

En la organizacin de la caravana de autos que se dirigiran al Cuartel desde la Granja Siboney, Melba y Hayde fueron peloteadas de un carro a otro, nadie las quera con ellos. Hasta que Fidel Castro logr imponerlas en el ltimo carro.

Celia Snchez escribi una carta exigiendo ser incluida en el yate Granma. Despus de varias evasivas, Frank Pas termin por darle la tarea de organizar el recibimiento de la expedicin.

Muy pocos saben que Hayde, con su experiencia del Moncada, logr que Frank cambiara el plan de alzamiento de Santiago incluyendo un esquema de evacuacin de todas las fuerzas y evitar as que los revolucionarios se sacrificaran en puntos de la ciudad que se podan volver ratoneras como haba pasado con el Hospital Saturnino Lora.

Muchos revolucionarios tenan la intencin y conviccin de inmolarse, fue ella la que tuvo una visin ms lcida y pragmtica de cmo llevar a cabo las acciones revolucionarias. Lamentablemente, por desconocimiento, la mayora de los cubanos de hoy cree que la participacin de estas mujeres en la Revolucin se redujo simplemente a estar ah.

El mayor peligro para la existencia del pelotn femenino en la Sierra Maestra no eran las tropas batistianas sino los numerosos capitanes y comandantes rebeldes que consideraban que aquello era un disparate. Otorgar grados a las mujeres no fue costumbre en el Ejrcito Rebelde. Tal vez no se hizo para evitar exabruptos entre la tropa masculina.

A muchos jvenes revolucionarios, quienes estaban luchando con mayor o menor conciencia por un cambio social, les era difcil escapar de la dictadura de sus propias familias. Para unos incluso signific una ruptura con ellas. Tomar el camino de la revolucin significaba abandonar el ideal burgus del hogar y el matrimonio. Paradjicamente siendo muchos revolucionarios en lo poltico, no lo eran en otros mbitos.

El filme Clandestinos   lo refleja cuando las mujeres del grupo tienen este dilogo: -Yo pens que t dormas con Piro? -No, l quiere pero yo no quiero hasta que nos casemos. Yo quiero hacer las cosas como deben ser.

Despus del triunfo las responsabilidades otorgadas a las mujeres en la direccin del Gobierno Revolucionario siguieron siendo secundarias hasta muchos aos despus.

Pero habra que preguntarse: Cuntas mujeres haba entre los dirigentes de la Revolucin Francesa, de la Revolucin de Octubre, de la Revolucin China o aqu mismo en la Revolucin del 30? La Revolucin Cubana comenz a cambiar el panorama y ya la Revolucin Sandinista si tuvo mujeres comandantes.

Personalmente no creo que una mujer sea especialmente mejor o peor que un hombre en labores de direccin u organizacin. Trato de pensar siempre en las personas como tales ms all de su sexo, as como de su raza, algo para lo que todava lucho contra los prejuicios que me han sido legados.

Pienso que una mujer puede hacer las cosas tan bien o tal mal como un hombre. Que puede ser igual de eficiente y de honesta como tan inepta o corrupta como un hombre. He trabajado en lugares dirigidos por mujeres que han funcionado muy bien y en otros que han funcionado muy mal. En la misma proporcin que si hubiesen estado dirigidos por hombres.

Las miserias y los errores humanos son universales. La virtud tambin.

En definitiva, estoy escribiendo esto un Da de los Padres.

Notas:

(1) Hayde Santamara. Cuban Revoluctionary. She led by trasgression . Margaret Randall. Duke University Press. 2015

(2) Boris Luis Santa Coloma. Asaltante al Cuartel Moncada. Particip en la ocupacin del Hospital Saturnino Lora. Fue torturado y asesinado junto a Abel Santamara.

Fuente: https://jovencuba.com/2016/12/19/la-revolucion-y-los-sillones-rotos/


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