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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-12-2016

Alepo, la tumba de la izquierda

Santiago Alba Rico
Ctxt


Para matar a gran escala, lo sabemos, hay que mentir y adems insultar y despreciar a las vctimas. Eso es lo que hizo EEUU en Iraq o lo que ha hecho siempre Israel en Palestina. Toda la izquierda comparti en 2003 esta denuncia al lado de la gente normal y decente; y se indign y se condoli al lado de la gente normal y decente tras los bombardeos de Bagdad o de Gaza.

Pues bien, ocurre que eso que tanto nos duele y enrabieta cuando son EEUU o Israel los verdugos se ha convertido en la rutina mental de la izquierda en su relacin con Siria. Hemos aceptado mentir a gran escala para que el rgimen de Asad y sus aliados ocupantes Rusia, Irn y Hezbollah maten a gran escala; y al hacerlo no slo hemos abandonado y despreciado a las vctimas, sino que nos hemos separado de la gente normal y decente. Una buena parte de la izquierda mundial se ha situado, en efecto, al margen de la tica y al lado de los dictadores y de los muchos imperialismos que doblegan la zona. En una Europa en la que crece el neofascismo y el terrorismo islamista a velocidad acelerada, este nuevo error, sumado a tantos otros, nos puede costar muy caro.

Para permitir a Asad matar a gran escala ha hecho falta mentir mucho: ha hecho falta negar que el rgimen sirio fuera dictatorial y afirmar, an ms, que es antiimperialista, socialista y humanista; ha hecho falta negar que hubo una revolucin democrtica muy transversal, no sectaria, en la que participaban millones de sirios, muchos de ellos de izquierdas, que no se reconocan en una direccin o un partido (una especie de 15M gigantesco cristalizado en Consejos y Coordinadoras Locales); ha hecho falta negar la represin brutal de las manifestaciones, las detenciones, las torturas, las desapariciones; ha hecho falta negar la legitimidad del Ejrcito Libre Sirio; ha hecho falta negar los bombardeos con barriles de dinamita y el uso de armas qumicas por parte del rgimen; ha hecho falta negar o justificar los bombardeos masivos de la Rusia de Putin; ha hecho falta negar la tolerancia de todos (Asad, Rusia, Irn, EEUU, Arabia Saud, Turqua) hacia el crecimiento del ISIS; ha hecho falta negar la ocupacin iran de Siria; ha hecho falta negar el imperialismo ruso y su excelente relacin con Israel; ha hecho falta negar la indiferencia errtica de EEUU, que slo ha intervenido para dejar el paso libre al mismo tiempo al rgimen sirio y a Arabia Saud; ha hecho falta negar el embargo de armas, que ha dejado la rebelin en manos de los sectores ms radicales, tan contrarrevolucionarios como el propio rgimen; ha hecho falta negar la existencia de manifestaciones simultneas contra Asad y contra el ISIS (u otras milicias yihadistas) en pueblos y ciudades destruidos y asediados; ha hecho falta negar la ausencia del ISIS en Alepo, expulsado por el ELS en 2014; ha hecho falta negar el sufrimiento y terror de la poblacin alepina bajo asedio; pero ha hecho falta lo peor negar el herosmo, el sacrificio, la voluntad de lucha de miles de jvenes sirios que se parecen a nosotros y quieren lo mismo que nosotros; ha hecho falta an peor y peor despreciarlos, calumniarlos, insultarlos, convertirlos en terroristas, mercenarios o enemigos de la libertad.

Nunca la izquierda, frente a una revolucin popular, se ha comportado de un modo tan innoble: no slo no se ha solidarizado con ella ni una vez derrotada ha honrado a sus hroes y lamentado el desenlace, sino que les ha escupido en la cara y ha celebrado su muerte y su derrota. Coherentes con este negacionismo tpicamente imperialista (o estalinista) se ha situado al lado de la extrema derecha europea y ha reprimido adems las movilizaciones en nuestras ciudades, criminalizando para colmo a la izquierda sensata que, al lado de la gente normal y decente, ha denunciado los crmenes de Asad y sus aliados sin dejar de denunciar asimismo los de Arabia Saud, Turqua y EEUU ni por supuesto el fascismo intolerable, en todo equivalente al del rgimen, del ISIS o del Frente-al-Nusra.

Como dice el comunista Yassin Al Haj Saleh, preso 16 aos en las crceles del rgimen y uno de los ms grandes intelectuales vivos, Siria revela el estado de la vieja izquierda y certifica su muerte. Cuando hace seis aos estall una revolucin democrtica mundial cuyo epicentro fue el mundo rabe, la izquierda no estaba preparada ni para protagonizarla ni para aprovecharla; ni siquiera para entenderla. Hoy, cuando las contrarrevoluciones victoriosas extienden las redivivas dictaduras rabes a EEUU y Europa, la izquierda ha quedado fuera de juego como resistencia y como alternativa. Incomodados o molestos, todos los actores abandonaron o combatieron a las fuerzas democrticas sirias y todos gobiernos, organizaciones fascistas y partidos comunistas han acabado por coincidir en el relato del mal menor que condena a Siria a la dictadura eterna, a la regin a la violencia sectaria y a Europa al terrorismo sin fin.

Esta teora del mal menor (mal menor el asesino de cientos de miles de sirios, bombardeados, torturados o desaparecidos!) ha sido la matriz histrica de esa estabilidad regional, opresora y mortal para los pueblos, que justific durante la segunda mitad del siglo XX el apoyo occidental a todas las dictaduras de la zona. Tras una revolucin malograda, ese modelo del siglo pasado vuelve ahora con ferocidad redoblada, embragado y lubricado por un sector de la izquierda que aplaude y se entusiasma con la gran victoria de Bachar Al Asad; un modelo hasta tal punto perteneciente al siglo pasado que se dira que algunos la viven esa gran victoria como si, 25 aos despus y gracias a Putin, la URSS hubiera ganado finalmente la Guerra Fra. Una cosa es segura: los que la han perdido tambin esta vez, en Siria y en Europa, y en Rusia y en Amrica Latina, son la democracia y la justicia, las nicas soluciones posibles frente a los autoritarismos, los imperialismos y los fascismos yihadistas o pardoeuropeos, hermanos trillizos que van ganando terreno sin resistencia, que se reclaman recprocamente y que, por tanto, slo podrn ser vencidos si se los combate al mismo tiempo.

Cmo definir esas revoluciones rabes que hoy mueren definitivamente en Alepo con la complicidad del yihadismo y la complacencia de la amplia alianza internacional, de derechas y de izquierdas, volcada contra Siria? Esas revoluciones fueron, sobre todo, una revuelta contra el yugo de la geopoltica que mantena congeladas, como bajo el mbar, las desigualdades y resistencias de la zona desde haca al menos 70 aos. En un mundo de relaciones de fuerza desiguales entre naciones-Estado, la geopoltica impone siempre lmites a toda poltica emancipatoria de izquierdas. La geopoltica es decir no es de izquierdas y, si hay que tomarla en cuenta para hacer mnimos progresos realistas frente a los imperialismos y en favor de la soberana, no podemos llegar al punto de contradecir los principios elementales asociados al carcter universal de toda tica de la liberacin: eso que antes se llamaba internacionalismo, cuyo impulso es necesario recuperar en una versin no-identitaria y democrtica.

El llamado mundo rabe (que es kurdo y amazigh y bereber y tubu, etc.) es el ejemplo ms doloroso de una entera regin, rehn de sus propias riquezas petroleras, sacrificado al inters comn de potencias y subpotencias en liza: la as llamada estabilidad. Cuando los pueblos de la zona se rebelaron en 2011 contra este equilibrio monstruoso, sin pedir permiso a nadie y al margen de todos los intereses inter-nacionales, la geopoltica les cay encima, como una camisa de fuerza, y la izquierda corri, al lado de sus enemigos, a anudarle las mangas y apretarle los botones de hierro.

En un contexto en el que la hegemona de los EEUU se debilita, en el que otras potencias igualmente imperialistas se independizan de su hegemona para imponer sus propias agendas y en el que el campismo de la 2 mitad del siglo XX es sustituido por un avispero de intereses reaccionarios contrapuestos muy parecido al de la 1 Guerra Mundial tambin porque no hay ah ni una sola fuerza o proyecto anticapitalista o emancipador la izquierda, sin entender nada del nuevo desorden global ni de su musculatura reaccionaria, se ha precipitado a entregar el pueblo sirio, atado de pies y manos, a un dictador asesino, a la Rusia de Putin, al Irn de los ayatols y, de paso, al Estado Islmico y a las teocracias sunes del Golfo. Es decir, a lo que muy justamente Pablo Bustinduy ha llamado la geopoltica del desastre. No lo hace ahora y en nombre del mal menor (Franco y Pinochet un mal menor!). Molesta y desbordada por esas intifadas populares que no entenda (salvo un puado de trotskistas que eran trotskistas slo porque s las entendan y las apoyaban), la izquierda mundial reaccion desde el principio de la misma manera que los gobiernos y la extrema derecha: apoyando a los dictadores. Para los imperialistas eso no ha supuesto jams un problema (nuestros hijos de puta) pero s debera plantear alguno a la gente que se dice de izquierdas, que han acabado por renunciar a comprender el mundo al tiempo que a sus principios ticos y polticos. Para abandonar a nuestros afines sobre el terreno, apoyar a sus verdugos y dejar matar a gran escala, decamos, ha hecho falta deshacerse de la verdad y someterse a los mismos clichs culturalistas, racistas e islamfobos de la peor derecha europea.

Apostando por un esquema geopoltico superado que impide abordar el nuevo desorden global, la izquierda ha abandonado, en efecto, sus principios ticos a cambio de nada; o, mejor dicho, para favorecer as el regreso, en versin expandida y agudizada, de las dictaduras, los imperialismos y los yihadismos. Este gran xito geoestratgico se ha alcanzado a costa de aceptar una triple contradiccin, incompatible con la universalidad de la tica de la liberacin y brutalmente occidental y orientalista.

Aceptar este yugo geoestratgico por lo dems ilusorio y mal fundamentado supone, en primer lugar, declarar sin vergenza que un madrileo tiene derecho a combatir una monarqua insuficientemente democrtica y un bipartidismo corrupto y a desear, sin arriesgar la vida, ms democracia y ms justicia social para su pas mientras que un sirio debe en cambio soportar una dictadura que lo encarcela, lo tortura y lo asesina y renunciar a todo atisbo de democracia y de justicia social.

Aceptar este falso yugo geoestratgico supone, en segundo lugar, declarar tambin que es mucho ms grave que encarcelen a Andrs Bdalo en Espaa que a Yassin Al Haj Saleh o a Salama Keile o a Samira Khalil, todos comunistas, en Siria; o que es mucho ms grave la detencin de unos titiriteros o el procesamiento de un concejal en Madrid que el asedio por hambre y el bombardeo de un entero pas.

Aceptar este falso yugo geoestratgico supone, finalmente, reclamar con toda naturalidad el derecho de los espaoles (o los latinoamericanos) a decidir si y cundo y de qu manera pueden rebelarse los rabes contra sus dictadores. Los sirios, al parecer, deben hacer lo que les indique desde fuera una izquierda que se ha revelado impotente, intil y ciega en sus propios pases. Eso implica, adems, vivir como una amenaza, y no como una esperanza, la voluntad democrtica y las luchas sociales de los otros pueblos: los que luchan en condiciones ms difciles por lo mismo que nosotros se convierten no en compaeros sino en enemigos, no en valientes afines con los que hay que solidarizarse sino en criminales terroristas, ese trmino que tan justamente denunciamos o relativizamos cuando lo utilizan nuestros jueces o nuestros gobiernos imperialistas.

Una buena parte de la izquierda rabe, europea y latinoamericana en resumen ha sacrificado el internacionalismo a un orden geoestratgico en el que los pueblos y sus luchas democrticas no tienen ya ningn amigo y en el que, fuera de juego y en claro retroceso, esa izquierda ha dejado avanzar sin resistencia, ahora en todo el mundo, los regmenes contra los que se alzaron los rabes en 2011. No hemos comprendido nada, no hemos ayudado nada, hemos entregado al enemigo todas las armas, incluso la conciencia. La democracia retrocede desde Siria en todo el planeta. Alepo es, s, la tumba de los sueos de libertad de los sirios, pero tambin la tumba de la izquierda mundial. Justo cuando ms la necesitamos.

Fuente: http://ctxt.es/es/20161214/Firmas/10137/santiago-alba-rico-alepo-eeuu-israel-Putin-geopolitica.htm

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