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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-12-2016

El largo declive de los sindicatos en Italia

Fabrizio Burattini
Viento Sur


La fuerza creciente de la clase trabajadora, consecuencia del desarrollo econmico que, en la postguerra, transform a Italia en la segunda potencia industrial europea, combinada con la debilidad de una burguesa italiana marcada por la derrota de su aventura fascista, tuvo como subproducto que las organizaciones sindicales se transformaran en una especie de institucin capaz de condicionar profundamente la vida del pas.

Como en otros pases europeos, su punto culminante fue en los aos 1970, cuando la fuerza estructural de la clase obrera se combin con una extraordinaria movilizacin poltica y social. Desemboc en importantes conquistas (fuertes alzas salariales, mejora del mecanismo de escala mvil de salarios, un sistema de convenios colectivos nacionales que unificaron las condiciones del mundo del trabajo, un estatuto de derechos individuales y sindicales en las empresas). Pero este escenario ya no es el nuestro de hoy da.

Colaboracin y declive

La burocracia sindical, ya a final de los aos 1970, adopt una lnea moderada que condujo a la dramtica derrota de 1980 de los trabajadores de la Fiat, seguida de un perodo de derrotas sucesivas, con la destruccin de los consejos de fbrica y la aceptacin pasiva de las reestructuraciones de produccin, provocando un debilitamiento progresivo de las estructuras sindicales.

En los aos 1990 se desarrollaron sindicatos llamados de base, en primer lugar el RdB (hoy da USB) presente en la funcin pblica, despus los COBAS, presentes en las escuelas pblicas, y otras muchas siglas (CUB, SiCOBAS, UniCOBAS, etc.).

La poltica de las organizaciones sindicales mayoritarias, lejos de cualquier orientacin de clase, se expres esos aos en la pretendida concertacin con el poder poltico, con la utpica pretensin de promover una poltica de comparacin y de orientacin de las rentas de todos los italianos, con el fin de reducir la inflacin para poder formar parte de la zona euro. Naturalmente, los nicos en pagar los gastos fueron los asalariados/as.

Esta crisis de los sindicatos confederados, aunque provoc la prdida de muchos cuadros hacia los sindicatos de base o el desenganche de su actividad, no se tradujo paralelamente en una prdida del nmero de afiliados. As la CGIL, principal sindicato italiano cuyo nmero de afiliados ha oscilado siempre entre 5,5 y 6 millones, aunque la mitad sean jubilados. Son por tanto sindicatos fuertes organizativamente, pese al declive implacable de la tasa de sindicalizacin entre los trabajadores activos, que ha pasado del 50% en 1975 al 39% en 1990, para alcanzar el 32% hoy da.

El grupo dirigente de la CGIL, histrica y burocrticamente ligado al Partido Comunista, y despus sucesivamente al PDS, a las DS y ahora al PD (sobre todo a su ala izquierda), ha adoptado en los diez ltimos aos una lnea cada vez ms seguidista respecto a la poltica liberal dominante, por no hablar ya de la CISL y del UIL abiertamente favorables a las decisiones del gobierno y de la Confindustria.

Incapacidad para combatir la austeridad

Prcticamente todas las confederaciones, aunque de diferentes maneras, han sido las defensoras de la poltica de austeridad en el seno del mundo del trabajo, favoreciendo la desmoralizacin y la divisin.

Hemos llegado a una situacin en que, a la hora de renovar convenios nacionales de trabajo, las direcciones sindicales firman acuerdos que reducen los salarios y aumentan las horas de trabajo, dejando a los patronos plena libertad en la gestin de la mano de obra y salarios.

Las ltimas acciones de lucha de la CGIL a nivel nacional han sido la manifestacin y la huelga de otoo de 2014, para mostrar su oposicin al Jobs act, que consiguieron un xito, pero a las que la direccin sindical no ha querido dar ninguna continuacin, permitiendo as al gobierno suprimir el estatuto del trabajo. El mismo escenario se ha reproducido durante la lucha de los enseantes contra la contrarreforma de la escuela.

No se ha hecho nada para oponerse a las distintas leyes que facilitaban el saqueo del territorio, los nuevos recortes en salud y en todos los servicios pblicos. As, la CGIL, pese a su valoracin crtica, no ha organizado ninguna movilizacin social contra la ley presupuestaria para 2017, que confirma la lnea neoliberal del gobierno.

Un No pasivo

Sobre la contrarreforma institucional, la CGIL despus de muchas vacilaciones, se ha pronunciado en contra... pero se ha negado a organizar iniciativas pblicas significativas. Peor an, la CISL (catlica) y la UIL (PD) se han alineado abiertamente entre los apoyos de la contrarreforma.

En los aos que van de 1999 a 2011, la FIOM (Federacin de trabajadores de la metalurgia de la CGIL) se ha diferenciado de los otros aparatos sindicales, participando en las manifestaciones de Gnova contra el G8, contestando muchos acuerdos firmados por la CISL, la IUL y tambin la CGIL, oponindose a la FIAT (actualmente FCA) dirigida por Sergio Marchione... Pero esta diferenciacin, que haba suscitado muchas esperanzas entre los trabajadores, se ha ido borrando progresivamente con su nuevo lder, Maurizio Landini. Hoy da, la FIOM, fuera de declaraciones ms radicales, no se distingue en nada de la poltica negociadora del resto de sindicatos tradicionales.

La pasividad de la cspide de la CGIL es combatida por una pequea corriente interna de izquierda El sindicato es otra cosa, presente en particular entre los metalrgicos. Pero en la pasada primavera la FIOM efectu un viraje, excluyendo a una quincena de delegados de la FCA, adheridos a la corriente El sindicato es otra cosa... y culpables de haber organizado huelgas en la empresa sin el aval de la direccin sindical. Hace algunas semanas, el lder de esta corriente, Sergio Bellavita, fue despedido por la CGIL y por la FIOM, porque era culpable de haber defendido a los delegados excluidos. Esta difcil situacin ha provocado una discusin complicada en la corriente, con una fractura entre quienes, como Bellavita, considera que ya es imposible quedarse en la CGIL, y apoyan la necesidad de continuar la actividad sindical en la USB, y quienes creen necesario y posible continuar la batalla interna en la CGIL, cara al prximo congreso confederal previsto para finales del prximo ao.

Los elementos de un sindicalismo de clase

Por un lado, tenemos a las tres confederaciones sindicales que, sobre el papel, tendran todava la posibilidad y las fuerzas para suscitar amplias movilizaciones, pero que estn a remolque y/o son los mercenarios del gobierno y de Confindustria. Y por el otro, los sindicatos de base que, aunque avanzan un programa reivindicativo vlido, no han conseguido reforzarse de manera significativa y no estn en condiciones de construir una movilizacin de conjunto. Disponen de una presencia en algunos sectores (empleados pblicos, transportes, logstica, y algunas fbricas), y son capaces de organizar huelgas locales o sectoriales, pero no ya para avanzar un paso ms importante, incluyendo la construccin de un proceso unitario.

No es menos cierto que, en estos ltimos meses, las nicas movilizaciones antigubernamentales entre los trabajadores han sido organizadas por los sindicatos de base, en particular por la USB, la fuerza ms estructurada adherida a la Federacin sindical mundial con la huelga nacional del 21 de octubre y con la manifestacin del No Renzi Day del 22 de octubre que reuni en Roma a millares de personas y por la CUB, que forma parte de la Red Sindical internacional, y que ha organizado el 4 de noviembre una huelga nacional, con dos manifestaciones de varios miles de personas en Npoles y en Milan.

Nuestra organizacin trabaja por la convergencia entre las diferentes componentes del sindicalismo de clase, la interna en la CGIL y las externas. Es uno de los ejes polticos fundamentales de nuestra actividad, pero la tarea es ardua. La crisis de lo que ha sido en las pasadas dcadas el sindicalismo ms fuerte de Europa occidental contina, y slo una enrgica recuperacin de las luchas por la base parece poder detenerla.


Fuente original: https://npa2009.org/actualite/international/italie-le-long-declin-des-syndicats



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