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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-12-2016

Del pancatalanismo al panoportunismo

Pasqual Esbr
Rebelin


Para los sufridos lectores de la edicin catalana de El Pas, cualquier viernes puede ser Viernes de Dolores si caen en la tentacin de leerse el semanal artculo de Culla i Clar. Luz del Trento nacionalista y martillo de herejes unionistas, sus textos son ms bien repetitivos y simplones. Uno llega a la conclusin que solo el sistema de cupo poltico que practica el rotativo justifica su permanencia. Pero debe reconocerse que, de vez en cuando, Culla ensea la patita y nos aporta datos sobre por dnde van los tiros en el campo soberanista. Eso sucedi, por ejemplo, el pasado 16 de diciembre con el artculo Cavour vs. Garibaldi.

Veamos. Su origen estaba en una protesta del Gobierno galo a propsito de la iniciativa del Parlamento cataln, a propuesta de la CUP, en defensa del derecho de autodeterminacin de los llamados Pases Catalanes, incluyendo el departamento francs de los Pirineos Orientales (Catalunya Nord, para los iniciados). Lo que intenta decir Culla i Clar, y en eso estoy de acuerdo con l, es que fue una soberbia metedura de pata, sobre todo, y eso lo digo yo, si se quiere ganar aliados a nivel internacional para conseguir la secesin. A continuacin, supongo que en su condicin de historiador, nos recuerda la maniobra de Cavour, cediendo Saboya y Niza a Francia a cambio de la ayuda de Napolen III en el enfrentamiento de Cerdea-Piamonte con Austria; con la oposicin de Garibaldi que, al fin y al cabo, haba nacido en Niza. En otras palabras, el posibilista Cavour habra neutralizado a Garibaldi, un cupero avant la lettre. Lo que calla Culla quien, como buen soberanista, siempre ha tenido una concepcin muy etnicista, a lo Herder, de la nacin, es que los citados territorios cedidos por Cavour, formaban parte del reino sardo-piamonts por puras circunstancias histricas. En absoluto tenan algo que ver con Italia, por cuestiones lingsticas, por ejemplo. El dialecto originario de Saboya es franco-provenzal y el de Niza provenzal. Ah, pues, ah falla la comparacin. Pero para lo que es realmente importante, a saber, facilitarle el trabajo a Diplocat, el tinglado montado para ganar apoyos internacionales, el smil es correcto.

De hecho los sntomas de evitar que Francia no fuera demasiado hostil a una posible secesin, se remontan a algunos aos atrs. Por ejemplo, en 2009 se cumplan los 350 aos del Tratado de los Pirineos, que supuso la cesin de la Catalua traspirenaica a Luis XIV. El nacionalismo cataln siempre haba considerado que dicho tratado era en s mismo espurio. Sin embargo el acontecimiento no produjo los aspavientos a esperar. El pruss todava no estaba en marcha, pero sin dudas los engranajes se estaban poniendo a punto. Otro ejemplo: 11-12 de setiembre de 2013, ochocientos aos de la derrota de Muret y muerte del rey Pedro II de Aragn, algo que tradicionalmente los historiadores empesebrados nos han presentado como la frustracin de un posible estado occitano- catalan (para dichos personajes Aragn, por supuesto, ni pincha ni corta). Y, sin embargo, silencio absoluto. Bueno, en este ltimo caso, siempre se puede aducir que, dada la fecha del calendario, haba cosas ms importantes de las que ocuparse.

Los llamados Pases Catalanes parten de una utilizacin poltica de una realidad cientfica, la unidad de una lengua, llmese cataln o de otra manera. Prueba de esa utilizacin, a la que solo se puede tachar de oportunista, es el hecho de que Andorra, el nico estado existente que, hoy por hoy, tiene el cataln como lengua oficial (y eso le supone una cierta presencia internacional, incluso en la sesin inaugural de la Asamblea General de las Naciones Unidas) no forma parte de los Pasos Catalans. Natural: tampoco es cuestin de ponerse a malas con un pas en el que los padres de la patria tienen sus ahorrillos.

Dejando aparte que la reivindicacin de un estado de los Pases Catalanes es pura entelequia, lo que trasluce la argumentacin de Culla i Clar, quien no creo que hable motu proprio , es que con tal de conseguir la secesin de Catalua, se est dispuesto a echar por la borda cualquier residuo de romanticismo. Con la particularidad de que a lo que se renunciara tendra ms de Crcega (lingsticamente itlica), que de Saboya o Niza.

Y con eso entramos en una cuestin que el cantante Raimon plante hace algn tiempo y que le vali las iras de los ciberindependentistas: qu futuro le deparara la secesin de Catalua a la lengua en el resto de su rea de expresin. Me consta que en Valencia, en crculos que no se pueden calificar ni mucho menos como blaveros, hay una seria preocupacin a ese propsito. Y como siempre es pedaggico aprender de los otros, vale la pena recordar que los francfonos canadienses ven muy negro, desde hace ya tiempo, el futuro de su lengua en el caso de una secesin de Quebec.

Vamos a ser tan ingenuos creyendo que estas reflexiones no se las han hecho los cerebros del pruss? En absoluto. Saben perfectamente que la poltica que estn llevando a cabo compromete el futuro de la lengua, esa en cuya supuesta defensa se llenan la boca. Y eso podra afectar incluso al futurible estado independiente, en el que podran crearse escuelas en castellano, como las hay en francs, ingls, etc., o incluso abrir sede el Instituto Cervantes. Y me atrevo a pronosticar mucho xito en ambos casos.

Corolario. Aqu, como en cualquier otro lugar del mundo, la lengua es un hecho superestructural, que se utiliza a discrecin con tal de alcanzar o consolidar el poder. En los casi cuarenta aos de autonoma, la lengua ha sido en Catalua un poderoso instrumento a la vez ideolgico y de cohesin nacionalista (no precisamente de cohesin social), fundamentalmente a travs de la llamada inmersin, por un lado, mientras que, por el otro, ha funcionado como modus vivendi de amplias capas pequeoburguesas, dedicadas a la normalizacin; capas que son la base de las movilizaciones secesionistas, con la ms o menos secreta esperanza de afianzar su estatus. Pero quiz muchos de sus sueos sean el prximo lastre a soltar, en aras de la realpolitik. Manifiestos gremialistas y fundamentalistas, como el del llamado grupo Koin de hace unos meses, suenan a Garibaldi, y parece haber llegado la hora de Cavour.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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