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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-12-2016

Las izquierdas en la crisis del imperio

Atilio A. Boron
Rebelin


Una nota reciente de Santiago Alba Rico examina lo que, a su juicio, constituye un grosero error de interpretacin de conocidos militantes anti-imperialistas latinoamericanos que, como el que suscribe esta nota, piensan que el asesinato del embajador de Rusia en Ankara es, en trminos objetivos, una respuesta al creciente protagonismo de ese pas en el sistema internacional. [1] En su escrito Alba Rico incurre en una serie de equivocaciones que no pueden ser pasadas por alto y que es preciso sealar y corregir. Dado que para ilustrar ese diagnstico equivocado, segn nuestro autor, se toman textualmente algunos pasajes o expresiones de un artculo de mi autora publicado poco antes en este mismo medio siento, a los efectos de evitar confusiones entre los lectores, la necesidad de formular algunas precisiones. [2] Ser breve, pese a la amplitud de la temtica, para poner en cuestin algunas lneas esenciales de la argumentacin de nuestro autor.

1. Jams he dicho, ni conozco alguien que lo hubiera hecho, que la sola puesta en aprietos a la dominacin norteamericana en el tablero de la geopoltica mundial se corresponda automticamente con un ataque al capitalismo y el avance de la revolucin, la democracia y los derechos humanos en todo el mundo. No hay automatismos ni determinismos en la dialctica de la historia, de modo que aquella ecuacin debe ser descartada de antemano. Pero, por otro lado, no se puede ignorar el papel crucial, indispensable, insustituible, de Estados Unidos en la reproduccin y mantenimiento global del capitalismo. Derrotas o retrocesos de Washington en el tablero de la poltica internacional no necesariamente abren las puertas a la democracia y los derechos humanos, pero cuando el sostn fundamental o el sheriff solitario, para usar la expresin de Samuel P. Huntington- del capitalismo mundial y de los despotismos que asolaron al mundo desde finales de la Segunda Guerra Mundial experimenta un traspi eso, en principio, es una buena noticia porque se abre una pequea fisura en un muro hermticamente sellado. O acaso la derrota de EEUU en Vietnam no signific un avance democrtico y en materia de derechos humanos en ese pas devastado por once aos de bombardeos norteamericanos? Y el reflujo de la influencia norteamericana experimentado por Washington en Amrica Latina desde la eleccin de Hugo Chvez Fras a la presidencia de Venezuela, en Diciembre de 1998, no inaugur acaso un ciclo que, con todos sus defectos e insuficiencias, podramos caracterizar como virtuoso y positivo para nuestros pueblos? Y las revoluciones en el mundo rabe, que derrocaron a las tiranas de Ben Ali y Hosni Mubarak en Tnez y Egipto, fieles sirvientes de la hegemona norteamericana en la regin, no nutrieron la esperanza lamentablemente frustrada despus- de un nuevo comienzo?

2. En su nota nuestro autor incurre en un grave error desgraciadamente muy extendido en el campo de las izquierdas: habla de los imperialismos, as, en plural. Pero el imperialismo es uno slo; no hay dos o tres o cuatro. Es un sistema mundial que, desafortunadamente, cubre todo el planeta. Y ese sistema tiene un centro, una potencia integradora nica e irreemplazable: Estados Unidos. Tiene el mayor arsenal de armas de destruccin masiva; controla desde Wall Street la hipertrofiada circulacin financiera internacional; decreta la extraterritorialidad de las leyes que sanciona su Congreso e impone sanciones a terceros pases que incumplen las leyes estadounidenses; controla a su antojo los flujos de comunicaciones que se procesan a travs de la Internet y la telefona a escala mundial; dispone de un fenomenal aparato de propaganda sin rivales en el mundo- con epicentro en Hollywood; casi la mitad del presupuesto militar mundial y segn sus propios expertos, cuenta con algo ms de un millar de bases militares instaladas en los cinco continentes. Cules son los otros imperialismos que compiten con este? Como latinoamericano preguntara a los cultores de la teora de la pluralidad de imperialismos que por favor me digan cuantas bases militares tienen rusos y chinos en Amrica Latina y el Caribe. La respuesta es cero, contra ochenta de Estados Unidos y sus compinches de la OTAN. Que me digan cuntos golpes de estado o procesos de desestabilizacin pusieron en marcha Mosc y Beijing en esta parte del mundo, contra los ms de cien que tuvieron su origen en Washington. O que me digan quin arrebat la mitad de su territorio a Mxico: habrn sido los rusos, los chinos, Irn quizs? Cuntos presidentes o prominentes lderes polticos y sociales de la izquierda fueron asesinados por rdenes de Rusia y China? Respuesta: ninguno. Y Estados Unidos? La lista sera interminable. Mencionemos apenas algunos de los ms conocidos: Augusto Cesar Sandino, Farabundo Mart, los jesuitas en El Salvador y tambin en ese pas Monseor Oscar Arnulfo Romero, Salvador Allende, Orlando Letelier, los generales constitucionalistas chilenos Ren Schneider y Carlos Prats Gonzlez, el ex presidente boliviano Juan Jos Torres, Omar Torrijos, Jaime Rolds y los miles detenidos, desaparecidos y asesinados en el marco de la Operacin Cndor. Confieso que a medida que escribo y rememoro estos datos siento una creciente indignacin ante los crmenes del imperialismo y, tambin, ante la incomprensin de algunos camaradas de la izquierda de las elocuentes lecciones de nuestra historia que los deberan inducir a ser mucho ms rigurosos a la hora de hablar sobre el imperialismo. Con estos antecedentes a la mano la sola idea de una pluralidad de imperialismos no es otra cosa que un disparate, una frase hueca, un autntico nonsense que ofusca la visin de lo que ocurre en el mundo real.

3. No entiendo la extraordinaria centralidad que Alba Rico le atribuye a Siria en los asuntos mundiales. Menos todava que este sufrido pas sea la va muerta de la revolucin democrtica que comenz en 2011, o que haya sido Damasco quien le devolvi protagonismo a las dictaduras, o la fuente contaminante de la desdemocratizacin. Francamente, no lo comprendo. Menos an que se diga que Rusia e Irn, al igual que hiciera EEUU en Amrica Latina o Vietnam, utilizaron todos los medios a su alcance para sostener hasta el lmite a un tirano asesino como Bashar al Assad. Rusia, y en mucho menor medida Irn, intervienen cuando la destruccin del pas pareca inexorable ocasionada, precisamente, por Washington y sus aliados. Lo hacen cuando la tragedia humanitaria desencadenada por . la pasin norteamericana por la democracia y los derechos humanos o por sus imperativos geopolticos? se ensa contra ese pueblo para inventar una guerra civil, como hicieron en Libia, derrocar a Assad, aislar a Irn privndolo de su nico aliado significativo y facilitar el asalto final contra la Repblica Islmica. Para ello la Casa Blanca reclut con la inestimable ayuda del Reino Unido, Arabia Saudita e Israel- un ejrcito de mercenarios a los cuales la prensa occidental, alentada desde Washington por la por entonces Secretaria de Estado Hillary Clinton, exalt hasta convertirlos (como antes a la siniestra contra nicaragense y despus a los bandidos apostados en Bengasi, que culminaran su cruzada democratizadora linchando a Gadaffi y desmembrando a ese desdichado pas) en virtuosos combatientes por la libertad. Fue la propia Clinton quien luego reconoci que nos equivocamos al elegir a nuestros amigos. Cundo lo dijo? Cuando Estados Unidos ya no pudo proseguir por completamente infundada- con su campaa de acusaciones sobre el programa nuclear iran y la Casa Blanca tuvo que cambiar de tctica. Ellos saban, como todo el mundo, que el nico pas que tiene armas nucleares en Oriente Medio es Israel, pero eso no es problema para Washington y sus peones europeos. Al cambiar de tctica, al caerse aquel pretexto para la ofensiva norteamericana, los delincuentes plantados en territorio sirio se autonomizaron de sus antiguos jefes y protectores y una parte de ellos dio nacimiento al Califato y a diversas variantes del yihadismo, se dedicaron a degollar y decapitar infieles, robar petrleo y, con el beneplcito de Washington, comenzar a venderlos a treinta dlares el barril, para debilitar -de pura casualidad noms, no hay que ser mal pensados!- a tres enemigos de Washington: Rusia, Irn y Venezuela, grandes exportadores de ese precioso recurso. El ms elemental anlisis de la situacin no puede sino concluir que Siria, por lo tanto, no es -jams podra haber sido!- la causante de la desdemocratizacin del planeta sino un despedazado pas destruido casi por completo por el imperialismo, y que gracias a la intervencin de Rusia se puso temporario fin a una masacre promovida y consentida por la metrpolis imperialista y sus secuaces. Que la injerencia de Rusia haya estado motivada por intereses geopolticos propios porque en Tartus, Siria, se encuentra la nica base militar rusa existente fuera de su propio territorio, no quita que con su intervencin militar se han salvado miles de vida mientras que las potencias occidentales y los intelectuales sometidos a su hegemona- se prodigaban en ejercicios meramente retricos o en huecos discursos lamentando la tragedia pero sin ofrecer la ms mnima alternativa. Una testigo presencial de esta tragedia en Alepo, la monja Guadalupe Rodrigo, lo manifest con una rotundidad y sensatez que me encantara hallar en los escritos de tantos analistas cuando dijo que lo que est sucediendo en Siria est muy lejos de ser una guerra civil. Si hubiera que ponerle una etiqueta sera ms bien una invasin. [3]

4. Lo anterior no significa que Assad represente ni de lejos un ideal poltico para la izquierda. La insinuacin de que quienes se oponen a la sangrienta poltica norteamericana en Siria son admiradores de un personaje como Assad o de un modelo poltico como el imperante en Siria es un insulto que carece por completo de fundamento. La afirmacin de que la democracia ha muerto. Los DDHH apenas una buena idea pertenecen al pasado. Assad, gran triunfador, es el modelo; y a la izquierda impotente y vencida le gusta ese modelo porque incluso en EEUU se ha impuesto, como ellos queran, un protodictador es asombrosa, por lo injusta e injuriosa.

Lo menos que debera hacer Alba Rico al lanzar una acusacin tan tremenda es tratar de fundamentarla, diciendo cul terico de la izquierda, o cules fuerzas de esa orientacin han manifestado su gusto por el modelo sirio o su alborozo por la eleccin de Donald Trump. La izquierda, en sus distintas variantes, ha sido siempre la enemiga jurada del fascismo y el baluarte de los procesos de democratizacin en todo el mundo. O cree nuestro autor que los capitalismos democrticos lo son porque la burguesa y la derecha se propusieron alguna vez en algn pas construir un orden democrtico? Quin si no la izquierda fue la protagonista de las grandes luchas democrticas en todo el mundo? Por eso cuando le adjudica la responsabilidad en este proceso de desdemocratizacin, cosa que le parece innegable y reprobable, incurre en un gravsimo yerro y, adems, lanza una ofensa gratuita a millones de gentes que en los cinco continentes y desde la izquierda se juegan la vida para construir un mundo mejor, un orden democrtico donde imperen la libertad, la justicia y los derechos humanos. Agravio que, por otra parte, se construye a partir de un rotundo error de interpretacin histrica, a saber: afirmar que el fascismo clsico fue el resultado de y acompa a un proceso de desdemocratizacin radical, exactamente igual que ahora. La relacin causal fue exactamente la inversa: el fascismo fue, segn Clara Zetkin, un castigo porque el proletariado fracas en su intento de realizar la revolucin y, aadimos nosotros, una represalia por los desafos planteados por la radicalizacin del impulso democrtico en los aos de la primera posguerra y, despus, en el marco de la Gran Depresin. Su respuesta fue desdemocratizar al orden poltico instaurando la dictadura desembozada de la burguesa. Esta tesis fue defendida desde un principio por la Tercera Internacional y reafirmada en los escritos de -aparte de la ya mencionada Zetkin- Len Trotsky, Karl Radek, Ignazio Silone, Antonio Gramsci y Palmiro Togliatti, entre otros.

5. Recapitulando: el imperialismo es un sistema que lo podemos representar con tres crculos concntricos. En su ncleo fundamental hay un pas, Estados Unidos, que es quien ejerce la funcin dirigente y dominante. Luego hay un segundo anillo formado por los estados vasallos del capitalismo desarrollado, con quienes Washington mantiene relaciones que en algunos temas puntuales pueden dar origen a tensiones y contradicciones pero que, ante una amenaza sistmica se agrupan rpidamente en torno a los dictados de la Casa Blanca y se convierten en dciles peones de las ms siniestras decisiones que pudieran emanar de Washington. Por ejemplo, despus del 11-S, pases europeos cuyos dirigentes estn siempre prestos a pontificar sobre la importancia de los derechos humanos colaboraron en viabilizar los vuelos secretos de la CIA transportando presuntos terroristas hacia lugares seguros en donde torturarlos y desaparecerlos, fuera del alcance de la legislacin estadounidense. [4] Para Zbigniew Brzezinski evitar la confabulacin de los vasallos, es decir, de este segundo crculo, y mantener su dependencia en cuestiones de seguridad es uno de los tres principales objetivos del imperio. La OTAN es la expresin ms ntida de la aplicacin de este principio. El tercer crculo del sistema imperial est constituido por las naciones de la periferia o semi-periferia capitalista, es decir, ese vasto y tumultuoso tercer mundo formado por las naciones de Asia, frica y Amrica Latina y el Caribe, que es preciso, siempre segn Brzezinski, mantener bajo control. [5]

Por consiguiente, cualquier proceso de debilitamiento del ncleo duro del imperialismo, Estados Unidos, o de su segundo crculo, los vasallos, es en principio auspicioso que tendr, como contrapartida, la violenta reaccin de Washington. Que ello finalmente madure en una direccin correcta y en algunos pases d nacimiento a un proceso democrtico y emancipador ya es otra cuestin y depender, como todo, de la inteligencia y voluntad con que las fuerzas sociales y polticas del campo popular encaren la lucha de clases y se aprovechen de los cambiantes equilibrios geopolticos internacionales. La emergencia de actores cada vez ms poderosos en la estructura internacional -la irrupcin de China, el retorno de Rusia, el lento pero irreversible ingreso de la India, la Organizacin de Cooperacin de Shanghi (OCS) y los BRICS, para sealar apenas los ms importantes- est dando lugar a un naciente multipolarismo que si bien no puede ser caracterizado como intrnsecamente anti-imperialista modifican, a favor de los pueblos, las condiciones objetivas bajo las cuales se libran las luchas por la democracia, la justicia y los derechos humanos en la periferia con independencia de los rasgos definitorios de los regmenes polticos imperantes en China, Rusia, la India o cualquier otro actor involucrado. Esa es la clave para entender la violenta reaccin norteamericana ante ese nuevo orden emergente, que erige barreras intolerables a su pretensin de supremaca incontestada. La historia latinoamericana y caribea de los ltimos aos no habra sido posible de haber persistido el unipolarismo que sigui a la implosin de la Unin Sovitica. Puede no ser de agrado para nuestro autor, pero s lo ha sido para todos los lderes y movimientos populares de Amrica Latina y el Caribe, desde Fidel y Chvez hasta Lula y Kirchner que ha visto ampliar sus mrgenes de maniobra en la complejidad de la nueva realidad internacional. No es lo ideal, como hubiera sido un inslito florecimiento del socialismo, la democracia, la justicia y los derechos humanos en el capitalismo desarrollado. Pero lo que hemos visto ha sido exactamente lo contrario. Y en el mundo que realmente existe ser preciso que avancemos en nuestras luchas sin esperar el advenimiento de aquellos cambios en el primer mundo.

6. Nuestro autor pone trmino a su nota extremando el pesimismo que impregna toda su argumentacin. Declara, resignadamente, que ya no hay alternativa sistmica, ni siquiera imaginaria. No creo que en una amable conversacin personal (como la que sostuve con l ms de una vez en el pasado) pudiera decir algo semejante. Creo que tal vez la sorpresa al comprobar como muchos de sus amigos latinoamericanos interpretaban lo ocurrido en Ankara y la premura de la crtica lo llev a escribir algo que podra ser visto como una reformulacin, en trminos filosficamente an ms radicales, de la absurda tesis de Francis Fukuyama sobre el fin de la historia. Estoy seguro que Alba Rico no adhiere a esa tesis. Sin embargo es indudable que las dificultades con que tropieza la creacin de una alternativa sistmica al capitalismo global son inmensas. Estados Unidos construy el imperio ms poderoso que jams haya existido en la historia de la humanidad. Sus dispositivos de hegemona y dominacin son formidables; su capacidad de control y sometimiento tambin. Pero el inicio de su decadencia ya es inocultable. Lo reconocen los propios mandarines del imperio as como los estrategas del Pentgono y la CIA. Y, tambin es cierto, que hoy no se avizoran las formas concretas que podra asumir una alternativa sistmica. Pero s sabemos, a ciencia cierta, que el capitalismo est llegando a su lmite porque tal como lo asegurara el Comandante Fidel Castro Ruz en la Cumbre de la Tierra en Ro, en 1992, su reproduccin est destruyendo las condiciones medioambientales que hicieron posible la aparicin de la vida humana en el planeta Tierra. El ecosocialismo ha aportado agudas reflexiones y muchos datos concretos sobre esta insoluble contradiccin entre capitalismo y naturaleza. Y los pueblos estn a la bsqueda de alternativas, tanto reales como imaginarias, sin esperar a que los intelectuales las inventemos. Las aportaciones de las etnias originarias de Amrica Latina y el Caribe sobre el buen vivir son una prueba de ello. La idea de que otro mundo es posible ha ganado millones de adeptos en todo el mundo. La gravedad de la irresuelta crisis general del capitalismo, estallada hace ya ms de ocho aos, hizo posible que en Estados Unidos, en Europa, en el Sudeste asitico y en Canad grandes manifestaciones populares adopten como consigna unificadora la crtica al capitalismo, algo inimaginable hasta hace unos pocos aos cuando al capitalismo ni siquiera se lo nombraba. Bertolt Brecht dijo una vez que el capitalismo era un caballero que no deseaba ser llamado por su nombre. Su anonimato lo invisibilizaba y de ese modo ocultaba su carcter de rgimen social de explotacin. Ahora se lo nombra y se lo escribe y, en un desarrollo tan inesperado como promisorio, se lo lea en las pancartas de los jvenes norteamericanos del Occupy Wall Street, y en las de los espaoles del 15-M que no slo denunciaban al capitalismo sino que hacan lo propio con la farsa democrtica que ste haba montado y que haba perdido toda legitimidad.

En un mundo en el que, segn las conocidas cifras divulgadas por Oxfam, el 1 por ciento ms rico del planeta posee ms riquezas que el 99 por ciento restante es inviable, no ya en el largo sino en el mediano plazo. La apelacin que la derecha mundial hace al neofascismo global es un sntoma de su impotencia y demuestra la gravedad de la amenaza difusa, por ahora inorgnica, que plantea la protesta de los oprimidos y, por ende, de la izquierda. Es cierto que lo que se vislumbra no es lo que quisiramos. En mi caso, me gustara una reedicin de la triunfal entrada del Movimiento 26 de Julio a La Habana en cada rincn del planeta. Eso no est en el horizonte, pero el lento pero progresivo desmoronamiento del orden imperial ofrece la oportunidad de intentar construir ese mundo mejor que todos anhelamos. Los formatos clsicos de la revolucin son productos histricos. Esperar ahora el caonazo del Aurora para dar la seal para el comienzo de la revolucin bolchevique es un anacronismo, un canto a la melancola. Pero aunque no se lo vea el viejo topo de la revolucin sigue trabajando, con ahnco paralelo al desenvolvimiento de las insolubles contradicciones del sistema capitalista. Y la morfologa de esa futura revolucin es impredecible. Como lo fue la Comuna para Marx y Engels en 1871; como lo fueron los Soviets en 1917; como lo fue la guerrilla en Cuba en la segunda mitad de los cincuentas; o el vietcong en Vietnam en los aos sesentas y setentas. Las revoluciones nunca copian, son siempre creaturas originales. El hecho de no poder divisar los perfiles precisos de la rebelin en ciernes no significa que esta no exista. Parafraseando a Gramsci concluimos diciendo que en coyunturas como las actuales el pesimismo de la inteligencia no debera ser el recurso que sofoque el optimismo de la voluntad sino un estmulo para perfeccionar nuestros mtodos de anlisis social, de tal suerte que nos permitan vislumbrar en los entresijos del viejo orden en crisis los actores emergentes y las semillas de la nueva sociedad.

Notas:

[1] Alepo, Ankara, Berln: geopoltica del desastre, en Rebelin, 22 Diciembre 2016. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=220751

[2] De Sarajevo a Ankara, en Rebelin, 20 Diciembre 2016. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=220659

[3] "Una guerra planeada en un escritorio", en http://www.mdzol.com/nota/710319-monja-argentina-en-alepo-siria-una-guerra-planeada-en-un-escritorio/

[4] Hemos examinado ese tema en Atilio A. Boron y Andrea Vlahusic, El lado oscuro del imperio. La violacin de los derechos humanos por Estados Unidos (Buenos Aires: Ediciones Luxemburg, 2009), pp. 57-61.

[5] Cf. su El gran tablero mundial. La supremaca estadounidense y sus imperativos geoestratgicos (Buenos Aires: Paids, 1998).


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


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