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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-12-2016

John Maynard Keynes escribi su Teora General en 1936. Si lo hubieran congelado para despertarlo hoy, qu dira sobre este convulso 2016?
Lleg la hora de resucitar la economa keynesiana?

Larry Elliot
The Guardian


Imaginemos este escenario: a finales de 1936, poco despus de la publicacin de la Teora General, su clsico, John Maynard Keynes es congelado criognicamente para ser devuelto a la vida 80 aos despus.

El panorama en ese momento era desalentador. Empezaba la Guerra Civil en Espaa, las purgas de Stalin estaban a toda marcha y Hitler haba desobedecido el Tratado de Versalles remilitarizando la regin de Renania. La recuperacin de la Gran Depresin an era frgil, era el ao de la marcha de Jarrow en Reino Unido y Franklin D. Roosevelt ganaba por segunda vez las elecciones presidenciales en EEUU.

Cuando se despierta en 2016, Keynes quiere saber qu ha ocurrido en las ltimas ocho dcadas. Le dicen que el desempleo masivo de los aos treinta se resolvi por fin pero solo porque las grandes potencias redoblaron la produccin militar mientras se lanzaban a la guerra por segunda vez en 25 aos.

La buena noticia, se entera Keynes, es que las lecciones de los aos treinta fueron aprendidas. Los gobiernos se comprometieron a mantener la demanda en un nivel alto para lograr el pleno empleo. Adems, reciclaron los impuestos acumulados durante los aos de crecimiento slido y los convirtieron en mayor inversin en infraestructuras pblicas. Tambin tomaron medidas para asegurarse de que la brecha entre ricos y pobres fuera cada vez menor.

La mala noticia es que lo aprendido un da se olvid. El perodo entre la reeleccin de Roosevelt y la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca se puede dividir en dos partes: los 40 aos hasta 1976 y los 40 siguientes.

Keynes descubre que los gobiernos se han apartado de sus ideas. En lugar de registrar supervit presupuestarios cuando tienen viento a favor y dficits en las pocas de vacas flacas, funcionan con dficit todo el tiempo. Los gobiernos no saben distinguir entre inversin y gastos corrientes.

En el Reino Unido, diciembre de 1976 marca un punto de inflexin. A principios de ese mes se produjo un momento crtico cuando el Consejo de Ministros, dividido y sumido en el caos, acord adoptar la austeridad a cambio de devolver un prstamo del Fondo Monetario Internacional, necesario para apoyar a una libra en cada libre.

Despus de eso, le dicen a Keynes, ha habido un cambio de paradigma. Los miembros del Partido Laborista haban sido monetaristas a su pesar; los fieles de Thatcher que llegaron despus eran fieles creyentes. Levantaron los controles al movimiento de capitales, abandonaron el pleno empleo como objetivo principal de las polticas econmicas, redujeron el poder de los sindicatos, recortaron los impuestos para los que ms tenan, y permitieron que se profundizara la desigualdad y que las finanzas crecieran a medida que bajaba la produccin.

Ni una palabra ms, dice Keynes, ya s qu pas despus. La embestida contra las organizaciones de trabajadores y los recortes en el gasto pblico achicaron la demanda efectiva, disimulada por la baja en las tasas de inters. El dinero barato caus un pequeo aumento de inversiones productivas aunque menor comparado con la especulacin en la bolsa de valores y el mercado de propiedades. Finalmente, la burbuja explot y, igual que en 1929, se desencaden una terrible crisis econmica.

Eso explica por qu los titulares de los peridicos que Keynes lee en el ao 2016 se parecen tanto a los de 1936 con las altas tasas de desempleo y la falta de crecimiento que entonces y ahora generaron un enorme resentimiento. Eso explica tambin los resultados de los referendos en el Reino Unido y en Italia, los de las elecciones presidenciales en EEUU y el creciente apoyo a los partidos de la extrema derecha en Francia y Alemania.

Aun as, Keynes se sorprende al descubrir que la crisis no ocurri ni en 2016 ni en 2015, sino ocho aos antes. Qu ha pasado durante todo ese tiempo?, se pregunta el economista britnico.

Le explican que, en un primer momento, los bancos centrales rebajaron las tasas de inters a niveles nunca vistos. En el Reino Unido, los costes de endeudamiento se redujeron hasta 0,5%, un porcentaje an ms bajo que el mnimo de 2% con el que la libra sali del patrn oro en 1931. No fue todo. Los bancos centrales tambin compraron bonos del sector privado con el objetivo de aumentar el suministro de dinero y reducir as el tipo de inters del mercado (tambin llamados tipo de inters a largo plazo).

Las dos iniciativas merecen la aprobacin de Keynes. En su trabajo aconsejaba polticas monetarias agresivas para que las tasas de inters ms bajas estimulasen las inversiones del sector privado: en la mayora de los casos, es lo que saca a las economas de la recesin.

Qu han hecho los gobiernos?

Pero, dice Keynes, la poltica monetaria tal vez no sea suficiente si la cada es grave. Hay ocasiones en que no importa lo bajas que estn las tasas de inters, las empresas privadas no invierten porque ven el futuro como demasiado incierto. La gente ahorra el dinero en lugar de gastarlo. Las polticas monetarias se vuelven como el soma, la droga del libro Un mundo feliz, de Aldous Huxley: calma los nimos y oculta el hecho de que algo raro est sucediendo.

A Keynes le cuentan que se necesitaron dosis cada vez ms grandes de soma para que la economa global siguiera funcionando, con bajas inversiones que derivaron en una pobre productividad y con tasas de crecimiento muy por debajo de las registradas en los aos previos a la crisis. Keynes hace la pregunta obvia: si las polticas monetarias dejaron de ser efectivas, qu han hecho los gobiernos para ayudar?

Es obvio poner el tema sobre el tapete. La Teora General de Keynes puntualiza que el deseo de invertir del sector privado se ve afectado por espritus animales. Cuando estn bajos, los gobiernos deberan interceder con inversin pblica, incluso a costa de crear un dficit presupuestario ms elevado: gracias al mayor crecimiento que resultar de esta medida, la inversin se pagar a s misma con creces.

Keynes se horroriza cuando le dicen que, salvo un breve estmulo colectivo en el ao 2009, no se sigui este enfoque. Los gobiernos empezaron a preocuparse enseguida por el tamao de los dficits y recortaron la inversin pblica.

Pero un bajo crecimiento significa que la reduccin del dficit llevar ms tiempo del esperado y las tasas de inters ultra bajas durante gran parte de la dcada han vuelto a derivar en burbujas en el precio de los activos. Los niveles de endeudamiento del sector privado estn subiendo. Para Keynes, todo es predecible de una forma deprimente. Hora de volver a 1936.

Pero antes de que regrese a su tiempo, le piden a Keynes un consejo para los legisladores de 2016. El economista dibuja tres alternativas al estado actual de las cosas. Los planes de recortar los impuestos y gastar en infraestructura de Trump producirn a corto plazo un gran crecimiento, pero Keynes no est muy entusiasmado. Teme que la inversin en el tipo de infraestructura pblica que EEUU necesita verdaderamente no sea mucha y que el estmulo est mal enfocado.

La segunda opcin sera abusar de las tasas de inters, en mnimos, y lanzarse a pedir prstamos para proyectos de inversin a largo plazo. Segn Keynes, los gobiernos podran hacerlo sin alarmar a los mercados mientras sigan sus enseanzas y los prstamos sean solamente para invertir.

La tercera opcin requiere ms creatividad con la expansin cuantitativa (QE, por sus siglas en ingls), dice Keynes. En lugar de usar el dinero slo para el juego de la especulacin, por qu los gobiernos no lo aprovechan para financiar la infraestructura? Construir viviendas con la QE tiene sentido; inflar el valor de las viviendas, no.

Hay otra salida, aade Keynes, a la que nos estbamos acercando poco a poco en 1936. Lleg tres aos despus. No la recomiendo.

Traducido por Francisco de Zrate

Fuente: http://www.eldiario.es/theguardian/Llego-hora-resucitar-economia-keynesiana_0_590391672.HTML

 



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