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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-12-2016

Muri Andrs Rivera, el ltimo gran escritor argentino del siglo XX
El interminable aprendizaje de la escritura, que termina con uno mismo

Mario Hernandez
Rebelin


Haba nacido el 12 de diciembre de 1928 como Marcos Ribak Schatz, hijo de inmigrantes obreros de madre ucraniana y padre polaco; pero para sus lectores fue, es y ser por siempre el seudnimo que adopt, Andrs Rivera, por haber vivido en la calle Andrs Lamas y haber ledo La vorgine de Jos Eustasio Rivera. En ese hogar de militantes comunistas donde creci no faltaban los libros. Su itinerario lector se inici con Los miserables de Vctor Hugo, la triloga Manhattan Transfer de John Dos Passos y El sonido y la furia de William Faulkner. Despus, por recomendacin de su to materno trotskista y tipgrafo, Felipe Schatz, lleg a El juguete rabioso, Los siete locos y Los lanzallamas, de Roberto Arlt.

Trabaj como obrero en una fbrica de Villa Lynch, donde aprendi el oficio de tejedor, entre 1950 y 1957, donde fue elegido por sus compaeros, todos peronistas, secretario de la comisin interna. Entonces se haba casado con Rene Dana, una militante del PC, con quien tuvo a sus dos nicos hijos: Carlos y Jorge.

En 1957 empez a trabajar en el diario del PC La Hora, donde se vincul con Juan Gelman, Juan Carlos Portantiero, Jos Luis Mangieri y Roberto Tito Cossa, entre otros camaradas de ruta. Ese mismo ao, a los 29 aos, public su primera novela, El precio, en la editorial Platina de Bernardo Edelman, tambin miembro del Partido Comunista. Los aos 60 fueron tiempos difciles. Lleg la expulsin del PC, acusado de nacionalista burgus, enemigo de la clase obrera y populista, por escribir un mal cuento, Cita, dedicado a Gelman y a Portantiero tambin expulsados del partido previamente por abrazar el maosmo y por publicarlo en La Rosa Blindada, la editorial de otro expulsado: Jos Luis Mangieri. Pronto se separara de la madre de sus hijos y hacia fines de esa dcada se unira a Susana Fiorito, su compaera desde entonces, con quien abrira una biblioteca popular en un barrio obrero y el centro de documentacin de historia de la clase obrera Pedro Milesi. Entre el 70 y el 74 vivi en Crdoba y fue testigo privilegiado de las luchas obreras de Sitrac-Sitram. La pareja tuvo que regresar a Buenos Aires porque Carlos, el hijo mayor de Rivera se enferm de cncer y muri poco tiempo despus.

Del 1974 al 1981 trabaj en El Cronista Comercial, donde firmaba como Pablo Fontn. Yo no quera publicar por dos razones. Primero: ningn editor habra querido hacerlo. Segundo: si publicaba, iba a dar lugar a equvocos peligrosos. Pero escrib: Nada que perder y Una lectura de la historia, dos libros que se publicaran ms tarde. All estaba el trabajo de diez aos de silencio forzado. El mismo silencio que le ocurri a muchos, reflexionaba Rivera que volvera al ruedo de la publicacin, luego del regreso de la democracia, con En esta dulce tierra (1985), que obtuvo el Segundo Premio Municipal de Novela. En esos aos ley que Juan Jos Castelli, el orador de la revolucin, muri de un cncer en la lengua. Esa pequea semilla, algo ledo como al pasar, dispar una de sus ms grandes novelas: La revolucin es un sueo eterno, obra por la que obtuvo el Premio Nacional de Literatura en 1992.

Durante la dcada del 90 Rivera public novelas y cuentos: El amigo de Baudelaire (1991) La sierva (1992),Mitteleuropa (1993), El verdugo en el umbral (1994), El farmer (1996), que fue adaptada recientemente al teatro por Pompeyo Audivert y Rodrigo de la Serna; La lenta velocidad del coraje (1998), El profundo sur (1999) y Tierra de exilio (2000). La ltima etapa de su produccin se prolonga otra dcada ms con Ese manco Paz (2002), en la que rescata la olvidada figura del general Jos Mara Paz; Cra de asesinos (2004), Esto por ahora (2005), Punto final(2006), Por la espalda (2007), Traslasierra (2007), Estaqueados (2008), Guardia Blanca (2009) y Kadish (2011), su ltima novela de tan slo 67 pginas. La nouvelle es el modo que tengo para expresarme. El que necesita cerca de doscientas pginas, debera limpiar la mitad, sugera Rivera y admita que quiz haba publicado demasiado y que no haba sabido retener algunos materiales.

Hasta la victoria siempre, compaero Andrs Rivera y que la revolucin sea un sueo eterno.


Fragmentos de la charla ofrecida por el escritor Andrs Rivera el 13 de agosto del 2011 en la Biblioteca Popular Eduardo Marted (Pasco 555) del barrio de Balvanera (CABA)

Desgravacin y Edicin: Mario Hernandez

Literatura comprometida  

Uds. saben que se habla de literatura comprometida. Esa expresin se acu -a mi juicio-, cuando Jean Paul Sartre entr decididamente en el campo poltico e ideolgico. El dio pie a este trmino: literatura comprometida, expresin a la que algunos hemos y seguimos adhiriendo.

En la literatura argentina, la narrativa siempre estuvo comprometida. Les voy a leer dos o tres ttulos como ejemplo:El Matadero de Esteban Echeverra, Amalia de Jos Mrmol y Emma Zunz (cuento incluido en el libro El Aleph) de Jorge Luis Borges.

Ah est parte de nuestro pasado y el Borges que nos quieren vender. El mismo que escribi Emma Zunz, que es un cuento comprometido poltica e ideolgicamente.

Amalia de Jos Mrmol est escrita por un unitario. Un enemigo declarado de Juan Manuel de Rosas, a quien no se trata de reivindicar, porque a mi juicio fue el mayordomo de los grandes hacendados y terratenientes bonaerenses que siguen hoy. Basta asomarse a la Sociedad Rural y ah estn, formando parte de la Mesa de Enlace cuatro o cinco apellidos de origen italiano. Pero detrs estn esos grandes hacendados que vienen desde la inconclusa Revolucin de Mayo. Son los que intent combatir Moreno, los que enfrent Castelli y los que erigieron a Rosas como su representante poltico e ideolgico, al punto que no es osado afirmar que La Mazorca fue el primer Grupo de Tareas que conoci el pas.

Las organizaciones de Derechos Humanos contabilizan 30.000 desaparecidos, y hablan de los Grupos de Tareas. La Mazorca fue un Grupo de Tareas. Inaugur el universo de los Grupos de Tareas que tienen nombre y apellido, varios, voy a dar solamente dos: Emilio Eduardo Massera y Ramn Camps, que fue Jefe de la Polica de la Provincia de Buenos Aires. Para no hablar de todos aqullos que mandaron al exilio o a la muerte, a miles y miles de argentinos. Esto habla tambin de cun fuerte es la tradicin de la literatura comprometida argentina con los ttulos que acabo de leerles.

No hay otra para los intelectuales argentinos. No hay posibilidades de evadirnos del mundo en el que vivimos.

El panorama actual

Personalmente soy un privilegiado. Slo porque no vivo miserablemente? No, vivo muy bien. El Premio Nacional de Literatura me proporciona una cantidad respetable de dinero mes a mes. Creo que se equivocaron cuando me dieron el premio, no se dieron cuenta y ah est.

Entonces, pienso qu ocurre hoy, despus de esta breve enunciacin de nuestro pasado, en la literatura de ficcin. En primer lugar hay que destacar un hecho: hace dcadas que desaparecieron esas editoriales argentinas que fomentaban el libro y daban pie para que los jvenes escritores, que por primera vez debutaban con sus inditos en el mundo real de la ficcin, pudieran hacerse conocer. Hoy eso ha desaparecido. Hoy los escritores e intelectuales argentinos enfrentan o tocan el timbre en grandes editoriales espaolas, que se han expandido por todo el pas. Hoy es muy difcil encontrar sellos jvenes, llevados adelante por argentinos -y no pretendo hacer reivindicaciones criollas- y con la mira puesta en expandir los libros de autores argentinos.

Por cierto, los representantes polticos del Estado Nacional se preocupan de otros asuntos, menos de la cultura. No hay una editorial que est sostenida por los representantes polticos del Estado, que con participacin de escritores argentinos, pueda abrirles las puertas a aqullos que por primera vez incursionan en el mundo de las letras. Este es un panorama, me animo a decir, desolador.

Dcadas atrs, se dio el fenmeno, que escritores jvenes armbamos editoriales. Yo particip de una de ellas junto al poeta Juan Gelman y algunos otros. La llevamos adelante yendo por las libreras de la calle Corrientes, distribuyendo nosotros los libros, llevndolos a los diarios para que hicieran alguna nota y vendindolos a nuestros amigos, a conocidos, al mdico que nos atenda. Eso ha desaparecido. Hoy las libreras de la calle Corrientes tambin son grandes centros de venta de libros. Es difcil encontrar libreros que tengan opinin propia sobre los libros que venden. Estn exhibidos en mesas que dicen novedades, otras aluden a los libros argentinos recin aparecidos y luego la literatura norteamericana y alguna francesa que llega poco. Ac todava se siguen vendiendo a los escritores norteamericanos, cosa que no me parece nada mal. Debo decir que si hubo una literatura que me influenci, que pes en mi trabajo de autor de narrativa, fue la norteamericana. Puedo citar dos nombres, que a Uds. no les van a resultar ajenos: William Faulkner, el autor de El sonido y la furia y Ernest Hemingway, autor de algunos cuentos realmente notables y de novelas muy flojas como Por quin doblan las campanas, donde puso en juego su compromiso con la Repblica Espaola y su liberalismo avanzado. Recuerden que Hemingway se suicid y hay fotos que lo muestran abrazndose con Fidel Castro. Creo que su ltimo libro, El viejo y el mar, lo escribi en Cuba donde tena una vivienda que haba comprado con los ingresos que le reportaban la venta de sus libros.

Hay desatencin del Estado, las grandes editoriales son de origen espaol y no hay movimientos de escritores jvenes, que lleven una tarea de difusin de su propia obra o la creacin de sellos editoriales. Un trabajo que realmente significa mucho esfuerzo para colocar lo que producen. Este es el panorama que les puedo ofrecer, de hecho es lo que a mi juicio existe y forma parte de la realidad argentina.

La literatura argentina cuenta con buenos narradores

Voy dar dos nombres: Juan Jos Saer y Ricardo Piglia. Sobre la obra de Eduardo Belgrano Rawson, creo que es muy buen escritor, que parece sentirse cmodo en San Luis y ha producido poco, pero insisto, se encuentra entre los mejores narradores de la actual literatura argentina.

En cuanto a mis libros, particularmente puedo reivindicar La revolucin es un sueo eterno y El farmer, porque implicaron para m una tarea singular que requiri un gran esfuerzo.

No soy para nada un admirador de Rosas, pero me tuve que poner en su piel cuando escrib El farmer, no traicionarme, es decir, que aquello que represent Rosas en su tiempo no me inhibiera de ponerme en su piel y hablar como si fuera l. Creo que lo logr. Esos dos libros son los que puedo defender y de los que mi memoria conserva una impresin gratificante.

Escritores como Belgrano Rawson, como yo, como Saer en su momento, no pueden esperar otra cosa que reuniones como stas, en que de pronto se pone de pie un lector y te habla de algo que a uno le es familiar, menciona un ttulo que tambin lo es, y entonces la memoria te golpea como una campana dicindote: acordate que esto lo escribiste vos. Realmente es para agradecer que haya lectores que digan que un ttulo o un libro que uno ha escrito le ha enseado mucho. Yo nombr a Faulkner, a Hemingway, porque la primera versin de El precio (1957), dira que tena una impronta faulkneriana abusiva, abundante, excesiva. La nueva versin que correg es otra cosa, forma parte de este interminable aprendizaje de la escritura, que termina con uno mismo.

Ahora, estoy en un momento que puedo decir con Borges, que no leo, releo. Eso es lo que hago, releo textos que ya he ledo, vuelvo a poner los ojos sobre algunos cuentos de Hemingway, sobre algunas pginas de Faulkner, sobre algunos textos que aparecen en los diarios, y por los cuales me entero qu opinan ciertos escritores argentinos o no. Y dnde estn parados en este mundo, dnde se ubican, con quines o contra quines estn, porque siempre se est contra algo. Un escritor nunca es neutral.

Cuando me animo a recorrer desde Callao hasta el Obelisco las libreras de la calle Corrientes, y me paro en el umbral de algunas de ellas y miro a su interior, a ojo de buen cubero, digo: Hay como 5.000 libros que no voy a leer nunca. Alguna vez esa reflexin me result casi aterradora. Hoy la ma no es la resignacin de aqul que pone la otra mejilla para la otra bofetada, pero es realmente imposible.

No vivo de los talleres de escritura

Tengo mi puerta abierta para aqullos que me traen sus textos y yo respondo, pero no vivo de los talleres de escritura. No quiero que mis ingresos vengan de ese mundo, es decir, de un mundo cruzado por la ansiedad, por el deseo de saber, de aprender, pero con una necesidad muy intensa de salir a la luz. Yo no comulgo con eso. Mis ingresos provienen de mis derechos de autor, del Premio Nacional de Literatura y de los anticipos de la Editorial Planeta, uno de los grandes sellos de origen hispnico.

Tacho lo que he escrito porque releo al da siguiente

La maana me concede toda la frescura que dan 5 o 6 horas de sueo, un buen desayuno y me pongo a escribir. A veces escribo 5 o 6 pginas de un cuaderno, porque escribo a mano, y otras, cero. Tacho lo que he escrito porque releo al da siguiente. Son recomendaciones de escritores como Faulkner y Hemingway; que uno no termine un captulo, sino que lo deje a terminar, para poder retomarlo bien al da siguiente. Leo lo que escrib el da anterior y puedo tacharlo o no, puedo limpiar, a esa tarea me someto con muchsimo placer.

Yo no lea a Borges

Por azar conoc a la novia de Borges, Estela Canto, no Mara Kodama. Estela tiene un libro que se titula Borges a contraluz. Estela Canto fue una novelista exquisita y su hermano, Patricio, fue el traductor de la novela de Norman Mailer que lo llev al xito editorial: Los desnudos y los muertos. Patricio Canto era tan buen traductor que se hizo cargo del slang, del lunfardo de los afroamericanos. Estela y su hermano Patricio, venan de una familia uruguaya que haba perdido su fortuna. Vivan juntos en un departamento de la calle Tacuar. Un da, Estela perpetr una de esas audacias que siempre se le reproch en la Revista Sur, que diriga y fund Victoria Ocampo; ingres a La Hora, un matutino editado por el Partido Comunista. Ah la conoc a Estela, a quien interpel de un modo muy brusco: -Y vos, quin sos?.

Estela que tena un cuello muy grcil, gir la cabeza hacia m y me dijo con una dulzura que bordeaba el desprecio: -Yo soy Estela Canto.

Nos hicimos muy amigos y ella rompi con uno de mis prejuicios, me incit a que leyera a Borges a quien yo no lea por una razn ideolgica, ya que el Partido Comunista lo haba puesto, digamos, en penitencia, en un cono de sombra. Estelita me convoc a que lo leyera, luego me dio sus libros que son cartas que se enviaban y esplndidas fotografas de ambos. Ah descubr a Borges. Voy a decir una sola de las cosas que Borges me entreg generosamente con sus libros: me ense a adjetivar.

A Borges hay que leerlo todo. Cuando lo releo siempre descubro algo distinto y puedo incorporarlo a mi propia mochila.

-Qu me quiere decir con referentes ideolgicos?

Le con mucho placer a Marx y Engels. Para aqullos que quieran llevar adelante un ensayo que se respete a s mismo, basta con leer La situacin de la clase obrera en Inglaterra, uno de los primeros libros de Engels. Cualquiera de nosotros lo puede leer. Ud. lee el Manifiesto Comunista, y el mismo, est escrito bellamente. Deje de costado la ideologa. Son datos de la realidad. He ledo a Gramsci, sus Cartas desde la crcel, y son realmente notables. Mussolini supo lo que haca cuando lo encerr y lo dej morir en la crcel.

A Isaac Babel (1894-1941) lo liquid la burocracia estalinista. Era un escritor realmente notable. El mundo estalinista ahog todas las expresiones de una literatura que debera haber sido heredera de los grandes escritores rusos del siglo XIX, comenzando por Chjov.

No suena la Marcha Peronista con la Presidenta Cristina Fernndez de Kirchner

Hoy es difcil localizar en eso que se llama clase obrera, un mundo que enfrente a la estancia, a lo que simboliza la Sociedad Rural. Qu es hoy la clase obrera? Quines se identifican como sus representantes polticos e ideolgicos en este pas? El peronismo ya no, porque ni siquiera la Presidenta de la Nacin habla del peronismo. Por cierto, en la Casa Rosada, tienen un saln donde hay un retrato de Pern y Eva Pern, ineludibles, pero no suena la Marcha Peronista con la Presidenta Cristina Fernndez de Kirchner.

Es un Poder Ejecutivo, comenzando por la Presidenta, muy diplomtico. Ingresan todos, los torturadores y los torturados. Tambin he visto en la TV el retrato de la dirigente socialista Alicia Moreau de Justo.

Cuestiones personales

Yo conoc a Pir Lugones. Ella tiene, a mi juicio, una frase inmejorable: Soy la nieta de un poeta y la hija de un torturador. Su padre que tambin se llamaba Leopoldo. Pir era la responsable de la desaparecida librera de Jorge Alvarez que estaba en la calle Talcahuano. Hace dcadas, caminando, me la encontr en Talcahuano y Corrientes. Pir era una mujer de una notable belleza y muy imperativa. Me dijo: Qu hacs vos por ac? Y le respond: Camino, Pir. Entonces me dijo: Ven y par un taxi para llevarme a su departamento de la calle Rivadavia. [] realmente era un placer estar con Pir. Despus la mat la dictadura. Era realmente muy coqueta, demoraba dos horas para arreglar su pelo, los colores de su cara. Cuando ingresa a Montoneros -yo alcanc a verla una sola vez-, tena la cara de una monja, limpia, plida, desprovista de todo maquillaje y se manejaba con un tono enftico, de dogma. Pir estaba comprometida hasta la muerte con la propuesta de Montoneros. Y la mataron.

Yo no he sido torturado. Viva en Crdoba y salv mi vida cuando un seor que se llama Luciano Benjamn Menndez, apuntaba sus fierros para hacer de Crdoba un mundo feudal y silencioso. Sal de Crdoba para Buenos Aires porque mi hijo mayor enferm. Embarqu para Buenos Aires. El muchacho muri y yo salv mi vida.

Yo tengo mucha cautela cuando aludo a la ternura, porque es una expresin, como cario u otro sinnimo, que se expresa muy poco en la vida cotidiana. Ud. sale al umbral de su casa y con la persona que transita por la vereda solo habla de sus relaciones con el dinero. Que necesita dinero para esto y aquello, un prstamo y as. La ternura se refugia en consecuencia en los mbitos privados donde puede desplegarse o no.

La pereza yo no la veo. Es una eleccin de cmo escribir, de la que me hago cargo y trato de mejorar en la medida que escribo. Mi ltimo libro es Kadish y habrn advertido que no llega a las 70 pginas. Tengo que agradecer al editor de Planeta que me la publique.

A David Vias le debe haber estallado el corazn porque la dictadura le mat dos hijos cuando estaba en el exilio. Sin embargo, retorn y escribi. Hay que ubicarlo entre esa reducida falange de escritores argentinos que todava el mundo puede reivindicar.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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