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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-11-2005

El abrazo del oso de Estados Unidos
El Imperio de la negacin

Mike Marqusee
CounterPunch

Traducido para Rebelin por Felisa Sastre


En la poca de auge del colonialismo britnico, francs, belga o portugus, si se hubiera preguntado a los ciudadanos de Londres, Pars, Bruselas o Lisboa si sus pases eran la sede de un gran imperio transcontinental, habran contestado sin dudar que s, y la mayora lo hubiera hecho con orgullo. Pero hoy, si se para a un estadounidense en la calle, y se le hace la misma pregunta, es probable que todo lo que se consiga sea una mirada de sorpresa.

Estados Unidos mantiene bases militares en 140 pases extranjeros (no es necesario recordar que en su territorio no existen bases de otros pases). Gracias a su desmesurado gasto militar- que supone ms que el del conjunto de los siguientes 32 pases mejor armados del mundo-, EE.UU. dispone de un poder coercitivo mundial y nico: un monopolio que trata de conservar a cualquier precio, tal como la actual National Segurity Strategy deja bien claro. Estados Unidos reclama y ejerce la prerrogativa, que deniega a las dems naciones-estado, de derribar a otros gobiernos y ocupar otros pases. Valindose del Fondo Monetario Internacional, del Banco Mundial y de la Organizacin Mundial del Comercio, determina el destino econmico de la mayora de la gente del planeta. La realidad es que el destino de miles de millones de personas que viven fuera de las fronteras de Estados Unidos depende de las decisiones tomadas en Washington.

Sin embargo, se nos dice, no es un Imperio. La verdad es que Estados Unidos prefiere el dominio indirecto al directo, de forma que su dominacin, en la mayora de los casos, se lleva a cabo a travs de alianzas militares y comerciales en lugar de recurrir a las conquistas abiertas. Pero los imperios del pasado tambin utilizaban esos mtodos, as que lo que constituye la singularidad estadounidense es su persistencia, en la mayora de los casos sincera, en negar su imperialismo.

Poco despus de la invasin de Irak, Donald Rumsfeld insista en Aljazira: No somos una potencia colonial; nunca lo hemos sido. Lo mismo aseguraba Colin Powell: Nunca hemos sido imperialistas. Tratamos de instaurar un mundo en el que la libertad, la prosperidad y la paz lleguen a constituir el legado de todo los pueblos. Ambos parecan sorprendidos y ofendidos ante la idea de que nadie pudiera pensar de otra manera.

La letana de negativas se remonta a pocas pasadas. Sandy Berger, consejero de Clinton para la Seguridad Nacional, describa Estados Unidos como la primera potencia mundial de la historia que no tiene un poder imperial. Nixon, en sus memorias, afirma que EE.UU. es la nica gran potencia sin una historia de aspiraciones imperialistas. Cuando, en 1965, Johnson envo tropas para derribar al Gobierno electo de la Repblica Dominicana, insista Durante toda nuestra historia nuestros soldados se han despegado en el exterior, en muchas tierras, pero siempre han vuelto cuando ya no eran necesarios. El objetivo de Estados Unidos nunca es el suprimir la libertad, sino el de protegerla siempre.

La historia de la negacin coincide con la historia de las intervenciones, y ello nos retrotrae hasta las primeras dcadas de la Repblica, cuando las fuerzas estadounidenses se implicaron en acciones militares para proteger a sus barcos mercantes en el Mediterrneo, el Caribe, Sumatra y Per. En la poltica exterior estadounidense, el respeto a la soberana de otros pases siempre ha ocupado un segundo lugar a continuacin de los intereses comerciales propios. A finales del siglo XIX, EE.UU. se anexion Hawaii y docenas de pequeas islas en el Pacfico, e hizo uso de la fuerza militar para asegurarse puntos de apoyo para los mercados de China y Japn.

En 1898, cuando Estados Unidos arrebat Filipinas, Cuba y Puerto Rico al agonizante imperio espaol, anunci la llegada de una nueva poca de libertad en las tierras liberadas. Los filipinos se tomaron en serio aquella retrica y se rebelaron contra la dominacin, mediante la fuerza, de los estadounidenses. 250.000 filipinos y 4.200 estadounidenses murieron tras ms de una dcada de brutal contra-insurgencia. Las vctimas estadounidenses se haban multiplicado por diez en relacin con las habidas en la guerra hispano-estadounidense, sin embargo en los libros de texto de historia, de forma rutinaria, se dedica mucho ms espacio a esta ltima guerra que a la primera.

Estados Unidos, declar Woodrow Wilson, era la nica nacin idealista del mundo. Wilson pregon la autodeterminacin nacional como la piedra angular del nuevo orden mundial pero despleg las tropas en el exterior con ms frecuencia que ninguno de sus predecesores: contra Mjico, Hait, Repblica Dominicana, Cuba, Panam, Nicaragua y la recin nacida Unin Sovitica.

Gracias a los libros de texto de historia, a Hollywood, a la televisin y a los polticos (demcratas y republicanos), el pueblo estadounidense se mantiene en la ignorancia de su pasado imperial. Cada una de las intervenciones estadounidenses se presenta como una respuesta altruista a un momento de crisis. Al no existir un imperio estadounidense, ni modelo, costumbres o sistema de dominacin extraterritorial, las razones para cada intervencin se evalan segn las apariencias. De algn modo, siempre coinciden de forma mgica los principios de la libertad y la felicidad humana con los intereses nacionales de Estados Unidos o, para ser ms precisos, con los intereses econmicos de la elite estadounidense.

En los ltimos aos, la realidad de que Estados Unidos es un Imperio ha dejado de ser un secreto, incluso entre los propios estadounidenses. Comentaristas como Robert Kaplan y Niall Fergusson han apremiado a Estados Unidos para que deje de lado sus remilgos y afronte sus responsabilidades imperiales. Rememorando de nuevo la pesada carga del hombre blanco (que Kipling exigi que asumiera Estados Unidos en la poca de la guerra en Filipinas), alegan que los imperios han sido y pueden se beneficiosos, y que Estados Unidos es un Imperio liberal, o, en palabras de Michael Ignateff: Un imperio light, una hegemona mundial que se basa en el libre mercado, la democracia y los derechos humanos.

Parece que el uso de esta nueva retrica imperial queda, en gran medida, reservada a algunos sectores de intelectuales- tanto liberales como conservadores. Bush y sus portavoces tiene mucho cuidado en evitarla o refutarla, ya que la mayora de los estadounidenses se sienten incmodos o desconcertados con ella, y resulta inaceptable para aquellos en Asia, frica y Latinoamrica cuyas vida y conciencia han quedado marcadas por los movimientos anticoloniales.

La oposicin a la dominacin extranjera no es una sacudida emocional, sino que se basa en la historia y la experiencia y en el estudio de probabilidades (entre las que no hay que olvidar que la potencia imperial pondr sus propios intereses por encima de los de la gente a la que gobierna. La racionalizacin e incluso las formas de dominio imperial cambian, pero la realidad subyacente no vara: el poder decisivo, militar y econmico, permanece en manos de una elite distante.

Tanto si se habla de un Imperio descafeinado o del unilateralismo de Bush, se puede escuchar la antigua cantinela sobre el excepcionalismo estadounidense; la difusin de que Estados Unidos tiene un solo destino, y ste est inmerso en el destino de la humanidad. Pero la Historia nos ha enseado que muchos pueblos, en muchos lugares del mundo, temen el altruismo de los Estados Unidos. En un poema de los primeros aos 20, titulado Evening Land (La tierra del atardecer), D.H. Lawrence deca:

Estoy tan aterrorizado, Estados Unidos,

Por el abrazo metlico de tu contacto humano,

Y, tras l,

El afilado, tortuoso y altruista amor desinteresado

El amor infinito

Como un gas venenoso.

http://www.counterpunch.org/marqusee10262005.html



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