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(el Pueblo quiere la paz)
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-12-2016

Debera ser Sortu marxista?

Boltxe


Nuestro colectivo lleva varios aos analizando crticamente la deriva reformista de una parte de la Izquierda Abertzale. Nadie puede acusarnos de no argumentar nuestras advertencias y crticas: muy probablemente seamos el nico colectivo que lo estamos realizando sistemticamente casi desde el inicio del deslizamiento hacia la nada de sectores independentistas. Hemos priorizado la crtica terica ms que la propuesta estrictamente practicista por cuatro razones de peso:

Una, la historia confirma una y mil veces que sin teora revolucionaria no hay prctica revolucionaria, que a lo sumo hay un deambular desorientado, zigzagueante, hacia la integracin en el sistema al que se combate. El giro hacia la normalizacin social suele empezar de manera tenue, suave, apenas perceptible excepto para quienes analizan la realidad fijndose en los sutiles detalles tericos y prcticos. Y siempre empieza ocultndolo a la militancia. Alguien dijo que el diablo se esconde en los detalles. Otra persona insisti en que en los insignificantes matices se esconde la semilla de desarrollos posteriores. Como en todo, la base terica adquirida te permite fijar la atencin en esos indicios invisibles para quienes desprecian el conocimiento terico. La teora te avisa, te ahorra tiempo y te evita errores.

Dos, en las condiciones de 2008 en adelante el clima ideolgico dominante en la Izquierda Abertzale todava no era consciente de la magnitud de los cambios mundiales que se estaban precipitando desde haca dos dcadas. No son cambios meramente polticos sino que afectan a la dinmica del capital porque crean nuevas formas y algunos contenidos nuevos. Los documentos oficiales de la Izquierda Abertzale, incluida esta ltima propuesta de Sortu, han permanecido ciegos, sordos y mudos ante tales cambios, como hemos demostrado al analizar el documento de EH Bildu Denon Herria. Incluso desde antes de 2008 ha primado y prima el politicismo superficial. El ltimo documento de Sortu, del que aqu entresacamos el prrafo definitivo, el que lo sintetiza todo, repite los tpicos al uso del neo reformismo y, como veremos, pone la guinda en la sopa eclctica a no ser que en el debate se gire espectacularmente hacia la izquierda revolucionaria, posibilidad tan remota que la descartamos.

Tres, la descartamos porque la historia de la lucha terica muestra que la ideologa burguesa una en esencia y mltiple en sus formas, recupera rpidamente los espacios perdidos ante la conciencia crtica cuando se debilita y desaparece la lucha terica. Mientras que el capitalismo se embrutece y se afina y perfecciona, a la vez, desaparece la lucha terica abertzale, tanto ms necesaria cuando que es la de un pueblo trabajador nacionalmente oprimido. Qu es la lucha terica? Simplemente es decir la verdad y argumentarla, como veremos luego. Sin esta lucha permanente la ideologa burguesa recupera el poder alienador que tuvo. La importancia de la lucha terica se multiplica en los periodos de crisis, de transformaciones sociales demoledoras intensas y profundas, como el actual, y ms an cuando esos cambios superan y niegan los simplismos de la izquierda desbordada por los acontecimientos.

Y cuatro, en los ltimos lustros se han conjugado los cambios sociales, la represin adaptada y mejorada, la deriva reformista y el apagn terico. Son demasiados golpes en poco tiempo. La psicologa humana tiende a buscar dosis de seguridad emocional y una gua cuando, desorientada, es sacudida por terremotos sociales, referenciales y emotivos, como le ha ocurrido y ocurre a buena parte de la militancia abertzale. En ausencia de respuestas claras y propuestas precisas que emergen desde el interior de las masas gracias a la lucha terica de sus organizaciones revolucionarias, bajo presiones as, la psicologa humana tiende a aceptar sin grandes reflexiones las grandilocuentes vaguedades del reformismo que an no ha aparecido abiertamente como tal, que an conserva alguna legitimidad de su pasado de gloria revolucionaria. Lo emocional, la afectividad, el mundo subjetivo se vuelven una rmora y se agarran a lo inmvil cuando solo reciben una nica propuesta ambigua e imprecisa y por ello capaz de llenar los vacos fundamentales durante un tiempo. Es as como se comprende que se desinflen muchos cientos de militantes avezados y formados durante aos de lucha heroica, con grandes logros en su haber.

Las cuatro razones bsicas expuestas nos llevaron a priorizar la lucha terica, sabiendo adems que dentro de la parte oficial de la Izquierda Abertzale se encrespaban las discusiones al esfumarse las promesas que justificaban tantas dejaciones y abandonos, que fuera de esa oficialidad otros colectivos se autoorganizaban para, con mayor o menor acierto, crear nuevas organizaciones, y que varias movimientos y organizaciones estaban en una reflexin propia o iban a abrir debates congresuales. Los hechos nos han dado la razn por nuestra insistencia en la lucha terica en su sentido estricto y nos ensean, nos confirman, que ha llegado el momento de abrir nuestras aportaciones al problema de la organizacin revolucionaria, como ya habamos avisado al final de nuestra ltima entrega dedicada al Lenin Eguna mediante la actualizacin de las Tesis de abril.

En efecto, si hasta ahora el debate sobre la forma organizativa revoloteaba por entre todos nuestros comentarios y aportaciones, ha llegado el momento de incluirlo como un componente decisivo en cualquier documento: por un lado, porque la posicin de Sortu es ya pblica y, por otro lado, porque tambin desde la izquierda se dan pasos en esa direccin fundamental.

En el punto 10 del cuaderno de las Bases Ideolgicas que Sortu ha presentado como texto a discutir en un debate ya zanjado con antelacin en las cuestiones decisivas, aparece esta propuesta que muy probablemente ser aceptada:

Sortu recoge las experiencias terico-prcticas de la izquierda y de los movimientos de liberacin nacional de todo el mundo y cuenta con el marxismo como uno de los principales mtodos de anlisis de la realidad social, eso s, adecundolo a las condiciones de Euskal Herria, porque lo que Sortu persigue es la construccin del socialismo, no la fidelidad al dogma.

Es revelador que una de las primeras referencias explcitas al marxismo, si no la primera, a lo largo de los documentos oficiales desde hace varios aos haya sido ahora para reducirlo a un simple mtodo de anlisis, muy importante, eso se dice, pero nada ms que un mtodo de anlisis como otros ms. Alguien malpensado podra imaginar que se trata de una concesin verbal a sectores militantes cabreados, como podra ser el caso del punto 17: Sortu considera un principio irrenunciable el derecho a la rebelin contra toda forma de opresin, dominacin y autoritarismo. Pero lo fundamental no radica en las sospechas, sino en la falsedad de la frase que reduce el marxismo a un mtodo de anlisis y en las contradicciones insolubles que aparecen cuando se asume el derecho a la rebelin pero no se asume simultneamente la praxis marxista en su coherente radicalidad.

As redactado el punto 10, hay que decir que el marxismo NO es un mtodo de anlisis como los restantes. El hecho de que despus de hablar de socialismo, etc., durante ms de sesenta aos de historia de la Izquierda Abertzale solo pueda decirse que el marxismo en un mtodo de anlisis, esta escueta frase muestra la sima sin fondo a la que han tirado la lucha terica y el bagaje crtico almacenado en ms de medio siglo.

Ya en 1845 y con el lenguaje al uso en la joven izquierda europea, qued claro que de lo que se trataba no era solo interpretar el mundo, sino transformarlo, es decir, que no bastaba con usar un mtodo de anlisis del mundo sino que haba que empezar a revolucionarlo. Sortu se ha anclado en ha interpretacin, en el anlisis. Se nos contestar que Sortu y EH Bildu asumen la necesidad de la transformacin social, que esa expresin se repite insistentemente en los documentos. Es cierto: el concepto de revolucin socialista ha sido sacrificado en aras del de transformacin social, lo que supone un retroceso cualitativo hacia el reformismo.

Todas y todos debiramos saber qu significa en lo esencial el concepto de revolucin socialista: el poder en manos del pueblo en armas organizado en democracia consejista como base de la Comuna o Estado obrero, que socializa las fuerzas productivas, instala el plan econmico y acelera en lo posible la extincin histrica de la ley del valor. Pero qu significa la transformacin social? Si ojeamos diccionarios vemos que significa hacer que algo cambie o sea distinto, pero sin alterar totalmente todas sus caractersticas esenciales, o hacer cambiar de forma a una persona o a una cosa. Vemos que la transformacin se limita a la forma, a lo externo, no a la esencia interna.

Un tercer diccionario sostiene lo anterior y nos remite a transmutar: Convertir una cosa en otra, una definicin ambigua en extremo si lo comparamos con muy preciso de transubstanciacin: Convertir totalmente una substancia en otra. Pero ningn diccionario de los que hemos consultado relaciona transformar con transubstanciar porque la primera atae al cambio de forma, a la re-forma, y la segunda al cambio de substancia, de cualidad, de esencia, etc., a la revolucin. Las categoras filosficas nos dicen que la dialctica entre contenido y continente, esencia y forma, substancia y apariencia, etc., se influyen mutuamente, no pudiendo existir una sin otra, alternndose los papeles segn los momentos del proceso del que se trate, pero que en definitiva, mientras existe el mismo proceso, lo decisivo es el contenido, la esencia, la substancia que son las que identifican la cualidad permanente del problema que tratamos.

No son discusiones bizantinas sino de mtodo racional de pensamiento. Transformar no es revolucionar, esto lo saba muy bien Comte, el fundador de la sociologa como ciencia social antisocialista. Transformar es cambiar de forma pero no de substancia; la segunda en cambiar cualitativamente la esencia de una realidad transubstancindola en otra. La substancia del capitalismo es la explotacin social para aumentar la propiedad burguesa de las fuerzas productivas. La substancia del socialismo es la desaparicin del sistema salarial y de la propiedad privada. La substancia de la transformacin social es la de re-formar aspectos de la propiedad privada. Dicho de otro modo: revolucionar la opresin nacional es obtener la independencia; transformar la opresin nacional es suavizarla mediante reformas otorgadas por los Estados espaol y francs.

El marxismo NO es un mtodo de anlisis: es una gua para la revolucin que debe aplicarse segn las condiciones concretas de cada pueblo. La diferencia entre el simple mtodo de anlisis y la gua revolucionaria, expuestas en aislado, separadas entre s, radica en que el mtodo de anlisis no tiene por qu exigir e integrarse en la accin, en la gua prctica, mientras que esta segunda s debe integrar al anlisis como parte del proceso: hablamos de la praxis, de la dialctica entre anlisis de las partes y de la sntesis en la lucha. Anlisis hay muchos, tantos como reformistas y demagogos sean o no de la casta intelectual: sntesis prcticas hay pocas porque la praxis, adems de peligrosa, exige la dialctica entre accin revolucionaria y teora revolucionaria.

El marxismo S tiene un mtodo de anlisis que, para este debate, podemos decir que es el compuesto por la dialctica de la historia, o si se quiere por el materialismo histrico y dialctico. Pero ese mtodo es parte de la totalidad que le engloba. Es una parte esencial sin la que el marxismo perdera su esencia, un mtodo que explica el poder terico del marxismo, pero que no lo agota porque, al final, lo decisivo es el criterio de la prctica, el resultado de la accin, la que valida parcial o totalmente al mtodo, o lo niega. El mtodo dialctico no puede aprenderse de memoria, los manuales solo pueden explicarlo superficialmente porque debe estudiarse en la accin, en la lucha interna de la opresin que queremos destruir y del poder que queremos construir.

La formacin en el mtodo de anlisis que S tiene el marxismo, sin embargo, es necesaria, es imprescindible porque mediante la contrastacin abierta de la praxis colectiva, mediante la explicacin de los rudimentos de la dialctica facilita mucho la mejora de la militancia prctica y terica. Hay que tener en cuenta que el mtodo dialctico materialista no se parece en nada a la ideologa burguesa y a su forma de ver e interpretar lo que sucede: es justo su contrario. Son dos mtodos histricamente contrarios: la dialctica marxista nos remonta a las primeras resistencias intelectuales y armadas de las clases, sexos y pueblos explotados, mientras que la ideologa burguesa se remite a la contrarrevolucin platnica. El capitalismo ha aadido componentes nuevos a la irreconciliabilidad entre ambos mtodos generales.

Fijmonos en otra constante histrica que tambin se est viviendo en la Izquierda Abertzale: mientras que cuesta mucho tiempo formar buenas y buenos militantes, necesitndose un esfuerzo continuado de lucha terica para mantener su capacidad crtica, por el contrario el poder burgus necesita mucho menos tiempo para inocular el virus reformista cuando la izquierda ha debilitado la permanente formacin terico-poltica y menos aun cuando la ha abandonado. Entonces, en ese desierto, la militancia solo tiene el recurso de su propia iniciativa en la formacin y del estudio en los movimientos populares, en grupos y colectivos sabedores de la importancia de la teora marxista.

Debemos pasar a la siguiente cuestin: cmo estudiar concretamente la realidad vasca si durante los ltimos aos se ha abandonado la formacin terica marxista? Una especie de respuesta crptica, esotrica y hermtica, la podemos intuir en el punto 10 arriba citado: mediante el empleo de otros mtodos de anlisis. Cules? No se citan, no se nos dice si, por ejemplo, es mediante la sociologa del conflicto, o la comprensiva weberiana, o la teora de los juegos, o la del interaccionismo simblico, o la del estructural-funcionalismo, o la de las tesis de Bourdieu, o de la Escuela de Frankfurt, o la habermasiana, o la de Laclau, o la teora de los sistemas de Luhmann O ser la de la etnometodologa? Ninguna de estas?

No sern las escuelas de la economa clsica o neoclsica con su fiereza marginalista? O los abundantes keynesianismos? O las de la |sociedad postindustrial, de servicios y de ocio, de la economa de la inteligencia, de la economa inmaterial, o la economa social y cooperativa dechado de concordia pacfica entre lobos y corderos? Sern los mtodos de anlisis que demuestran la extincin de la clase obrera y del pueblo trabajador, pero no dicen nada de si existe o no la burguesa? O ser el ciudadanismo, la gente? O acaso ser el mtodo que emplea el diario Gara-Naiz para no criticar nunca al imperialismo y a su industria cultural? Tampoco se nos dice. Entonces?

Parece que la militancia de Sortu no tiene derecho a saber qu mtodos de anlisis diferentes al marxista emplea su direccin, del mismo modo que tampoco tubo derecho a conocer el resultado ltimo del debate Zutik Euskal Herria, escamoteado para la mayora. S tiene derecho a leer que la errnea tesis de que el marxismo es uno ms entre otros mtodos, muy importante, pero solo eso. Pero es una tesis falsa porque la diferencia de todos los dems mtodos y el marxista radica en algo esencial: esos mtodos no estn pensados para combatir al capitalismo desde una estrategia orientada al comunismo.

Dejando ahora al margen a Pierre Bourdieu por razones de espacio, estos mtodos de anlisis sociolgico, econmico, poltico, cultural, etc., evitan en mayor o menor grado posicionarse contra el capitalismo, o lo defienden sutil o burdamente. Con matices, tienen elementos neokantianos, estructuralistas, positivistas, y, en lo econmico, rechazan la teora de la plusvala, la importancia central de la produccin, de la ley del valor, etc., centrndose en el nivel de la circulacin de la mercanca, en las tesis psicologicistas de la preferencia subjetiva, en el esoterismo de la mano invisible del mercando ignorando que oculta el puo de acero de la OTAN y del poder imperialista

Al margen de sus diferencias, estos y otros mtodos coinciden en la creencia de que a pesar de las fluctuaciones y desequilibrios de la sociedad, al final esta siempre recupera su equilibrio armnico prolongado. Los conflictos y tensiones pasajeros terminan siendo funcionales al sistema porque ste dispone de fuerzas que tienden al equilibrio, a la armona bajo la presin de las leyes del mercado que necesita e impone la normalidad: de este modo que reinstauran el progreso. El evolucionismo lento, gradualista, sin sobresaltos, equilibrado y centrado entre los extremos, es otra constante de la ideologa burguesa que vertebra a estos mtodos.

El evolucionismo cree que han desaparecido para siempre las contradicciones antagnicas, subsistiendo las diferencias formales resolubles mediante acuerdos y negociaciones. Arkaitz Rodrguez asume de pleno esta concepcin al hacer suyas las ideas aristotlicas del equilibrio como virtud (DeiaDeia, 13 de diciembre de 2016) esencialmente idntica al lema de la extinta UCD: la razn est en el centro. Arkaitz Rodrguez reconoce que el equilibrio genera contradicciones, pero que deben y pueden resolverse mediante mucha pedagoga. Yendo al ncleo del problema: lo que dice este dirigente es lo mismo que la teora de la Accin Comunicativa de Habermas y, por no extendernos en las pequeitas diferencias que les distinguen, la teora del Conflicto Social de Darendorf que viene desde el burgus Hobbes, para reforzarse con Touraine, Giddens y otros.

na de las maneras ms estrambticas de intentar cambiarnos la liebre revolucionaria por el gato evolucionista es el mito de revolucin tranquila ideado por el reformismo del Frente Amplio uruguayo para ocultar su proimperialismo; otra forma ms burda incluso es la de Syriza y la de Podemos. Disimulndose tras la demagogia de la defensa de los derechos ciudadanos, la revolucin tranquila y/o democrtica, la movilizacin democrtica, etc., es decir, variables sobre el mismo tema, siempre eluden lo concreto refugindose en lo abstracto, en lo ambiguo, en los famosos significantes vacos que pueden ser rellenados con los intereses capitalistas en Uruguay, con los de la Troika en Atenas y con los de la patria de la gente en el Estado espaol. Y en Euskal Herria?

Estos mtodos se adaptan como anillo ideolgico al dedo de las clases medias empobrecidas por la crisis y despreciadas por la alta burguesa. Sobre todo son muy del agrado de la casta intelectual asalariada en empresas privada o pblica, de las y los acadmicos y profesores universitarios que se creen superiores al resto porque embellecen con mil colores los dogmas del poder. Odian la ley de la dialctica de la unidad y lucha de contrarios, la tachan de metafsica, porque el mtodo dialctico les enfrenta a la disyuntiva callar o rebelarse, y el sueldo manda. Rechazan la dialctica entre evolucin y revolucin aupando la primea al altar del nico dios y condenando la segunda al infierno eterno: borrando hasta su nombre de los documentos porque, parafraseando a la Biblia, se les puede aplicar aquello de no adorars a otro dios que la evolucin, o lo mximo al dios de la revolucin tranquila, expresin al gusto del expresidente uruguayo Mujika que lo al rey emrito espaol y se pleg a los intereses de su burguesa y de Estados Unidos, pero que, en contrapartida, disfrut de los honores de EITB y de Gara-Naiz.

La direccin provisional de Sortu dice que el socialismo vasco ha de construirse con unos mtodos que no especifica en absoluto, excepto al marxista que es indirecta y disimuladamente definido como dogmtico. No dice, insistimos en este silencio, qu mtodos deben emplearse o cuales maneja ya en sus debates al margen de la militancia, pero una simple lectura de los documentos y declaraciones en prensa nos descubren que muy probablemente sean algunos de los aqu expuestos. Volvemos a hacer la pregunta anterior: no tiene derecho la militancia a saber qu mtodos de estudio de la realidad emplea su direccin? Debemos esperar a que se aclare este silencio en el debate que se est realizando? Y mientras tanto, con qu mtodos se ha construido la lnea actual?

Conviene saber que el origen histrico de los mtodos expuestos proviene en su forma ideolgica remota de la contrarrevolucin platnica, como hemos dicho arriba. En su contenido actual, provienen de la ideologa democrtico-burguesa del siglo XVI y sobre todo XVII, llegando a su crisis de agotamiento a finales del XVIII y comienzos del XIX, cuando fue reforzada y/o sustituida segn las variantes por el positivismo neokantiano de la sociologa como ciencia neutral. El summum filosfico de esta corriente es el kantismo, que detuvo su desarrollo ante la crudeza objetiva inevitable de tres revoluciones decisivas: la norteamericana, la francesa y la haitiana. Una muestra perfecta de la versin progresista de estos mtodos es el documento de EH Bildu Denon Herria. La tesis, que no teora, del partido-movimiento de Sortu pertenece tambin a esta corriente, como expondremos en textos posteriores.

A estas alturas de bibliografa e historiografa accesible muy fcilmente, es un sarcasmo o peor, muestra de ignorancia supina y malvola, insinuar que el marxismo es dogmtico, y ms an hacerlo desde una base interpretativa como la que hemos visto a partir de los documentos oficiales, artculos hemos citado uno solo de la masa enorme disponible y otras declaraciones en prensa. Estamos ante una reedicin ms suave de las tcticas de desprecio, desprestigio, insulto y marginacin de los sectores militantes que no comulgan con ruedas de molino, como los empleados hasta muy recientemente? El tiempo lo dir.

Hegel tiene razn cuando dice que el dogma consiste bsicamente en anular una de las dos contradicciones unidas en su lucha permanente, absolutizando una de ellas y negando arbitrariamente la otra. Rota esta dialctica de la lucha interna a toda verdad, lucha interna a partir de la que se enriquece, la verdad se transubstancia en dogma. Todo en pensamiento racional humano confirma este principio dialctico. Hegel est en lo cierto, Kant est en lo errneo: el dogma vertebra la lnea oficial de la Izquierda Abertzale. La nica solucin posible para Sortu es hacerse marxista.

Fuente: http://www.boltxe.eus/debiera-sortu-marxista/



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