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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-12-2016

La Republiqueta de Morales

Ricardo Ragendorfer
Pjaro Rojo


El gobernador de Jujuy, Gerardo Morales, se ha revelado como un autntico animal poltico. Y con un instinto -como se dice ahora- proactivo ante los embates de la adversidad. De hecho, en los ltimos das supo articular un pase de facturas digno de enumeracin. Primero, fustig al secretario general de la OEA, el uruguayo Luis Almagro, a quien no dud en definir como un agente kirchnerista. Luego, se las agarr con la canciller verncula, Susana Malcorra, por haber dicho que el cautiverio de Milagro Sala tiene impacto en la imagen del pas. Y, finalmente, convoc a una cumbre de la UCR -la pata minoritaria de la alianza Cambiemos- debido a su impresin de que por semejante asunto el Poder Ejecutivo nacional le habra soltado la mano. El disparador de esa animosidad casi sinfnica fue el desdichado comienzo del juicio oral a la lder de la organizacin barrial Tpac Amaru.

Ya se sabe que en la maana del 15 de diciembre, desde el banquillo de los acusados, ella hizo de su indagatoria un alegato emitido en vivo por todas las seales de noticias, con la consiguiente repercusin internacional. Una pieza de oratoria que puso al descubierto las pulsiones vengativas de Morales, junto al carcter autoritario, violento y racista de su gestin. Demasiado costo para un expediente, por dems, kafkiano. Su eje procesal: unos huevos lanzados en octubre de 2009 sobre el actual mandatario -cuando an era senador-, durante una protesta en la que Milagro Sala no particip.

Aquella fue la primera escala de su linchamiento judicial, alimentado por un sinfn de acusaciones posteriores. Acusaciones construidas con la metodologa clsica en la materia: datos ficticios, pruebas plantadas, testigos extorsionados y el arresto de personas inocentes, empezando por ella misma, cuya detencin ilegal transcurre desde el 16 de enero en el Penal del Alto Comedero.

Es probable que Morales no haya imaginado el alcance de tal osada. Ni que su ya enfermizo empeo por prolongar el encierro de aquella mujer terminara enturbiando las relaciones exteriores del gobierno macrista que -de manera disparatada y a contramano de los tratados internacionales- deposit en l la potestad de incumplir las resoluciones -vinculantes- de la OEA, la ONU y la Comisin Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). Estas, desde luego, exigen su inmediata liberacin y la de otros presos polticos de esa provincia. Pero al ms puro estilo de la ltima dictadura, la respuesta ms ntida de las fuerzas vivas del lugar consisti en atribuir tal inadmisible injerencia a una campaa anti-jujea en el exterior. S, con esas mismas palabras. La historia se repite en forma de farsa.

Tanto es as que un grupo de diputados oficialistas -sin duda, influenciados por el sistema penal de la Revolucin Francesa- presentaron en la Legislatura local un proyecto de ley para que el Ejecutivo someta a consulta popular el encarcelamiento de Milagro Sala y sus compaeros de infortunio.

En paralelo, fatigaba los estudios de TV porteos uno de los inquisidores del Gobernador. Se trataba del fiscal anticorrupcin -tal es el nombre del cargo que ocupa- Joaqun Milln Quintana. Y ante todo micrfono que se le puso a tiro, no vacil en repetir: Los organismos internacionales, por cuestiones de distancia, tienen claras dificultades para entender la investigacin.

Sin embargo, bajo estas expresiones algo pintorescas subyace un panorama estremecedor.

El corazn de las tinieblas

Justo cuando el doctor Milln Quintana desgranaba desde Buenos Aires sus opiniones en la radio La Red, a 1500 kilmetros de all se produca una brutal represin a los presos del penal de Villa Gorriti, un ex centro clandestino de detencin situado en San Salvador de Jujuy. An estaba caliente el cuerpo del interno Nelson Cardozo, de 21 aos, suicidado horas antes por una patota de penitenciarios.

Acaso era un dao colateral de la investigacin aludida por el fiscal? Por lo pronto, el hilo que vincula dicho asesinato con las desventuras de Milagro Sala es el parentesco de la vctima con su to, Alberto Esteban Cardozo, otro rehn del caso. Su infortunio merece ser contado.

Beto -como todos lo llaman- languidece en esa misma crcel desde abril, cuando fue arrestado por el juez Pablo Pulln Llermanos en el marco de una causa que chorrea realismo mgico: un intento de homicidio contra su propia persona. En resumidas cuentas, este dirigente de la agrupacin Tekur -aliada a la Tpac- haba denunciado en octubre de 2007 a dos personas que haban querido matarlo a tiros. Sus nombres: Fabin vila y Jorge Pez. ste ltimo, ya convertido en la garganta profunda de la pesquisa y beneficiado por ello con la libertad, dijo que Cardozo se haba defendido tambin a tiros. Un grave crimen para el magistrado, quien resolvi recluirlo tras las rejas.

Fue el inicio de su va crucis.

Segn sus dichos -difundidos recientemente por su mujer, Anala Tolaba, en medios de circulacin nacional-, primero fue alojado en el clebre Pabelln 2, un sector de castigos. All le prodigaron una impiadosa bienvenida.

Tres das despus, recibi la visita de Anala en el patio de la crcel. Aquella maana haca un fro polar, y l luca demacrado, con moretones y la barba crecida; pero lo que ms le impresion a ella fue que algunos de sus cabellos se haban encanecido.

-Sacame de ac -murmur entre sollozos-. Me van a matar! Me quedo dos das ms y me matan si no me mato yo.

 

En aquellas setenta y dos horas fue sometido a extensas sesiones nocturnas de golpizas. Lo tenan desnudo, con las manos atadas a los pies. Tambin lo envolvan con el colchn para as molerlo a bastonazos. Jams pudo ver a sus verdugos porque permaneca con capucha. Y no se la quitaban ni durante el descanso de los torturadores. Aunque s conoca sus voces. Tales voces se le colaban en las hendijas del tormento para inquirir por bolsas con dinero de la Tpac y por Milagro Sala.

Esa fase de su arresto concluy horas antes de ser revisado por una mdica legista ante la celosa mirada de sus anfitriones. Por tal razn, cuando ella le pregunt que le haba pasado, la respuesta fue: Me ca por las escaleras.

Luego lo trasladaron al juzgado de Pulln Llermanos, quien no se mostraba interesado en el ataque a balazos contra sus agresores; en cambio, le solt de corrido: Si la denuncias a Milagro, vos sals hoy mismo. Esa propuesta fue repetida en otras dos forzadas visitas de Cardozo al magistrado, en ausencia de su abogada defensora.

Ella es la doctora Sara Cabezas. Y cuando solicit explicaciones por va del expediente sobre tales traslados, Pulln Llermanos nicamente atin a decir: Los orden preocupado por el bienestar de su defendido.

Cardozo sigue en la sombra. Y en medio de aquella circunstancia ocurri en otro pabelln del penal el sugestivo asesinato de Nelson, su sobrino.

En ese mismo momento, el fiscal Milln Quintana insista: Los organismos internacionales tienen claras dificultades para entender la investigacin.

El recurso del mtodo

Lo cierto es que el tratamiento carcelario aplicado sobre Cardozo constituye un leading case. Y describe con pelos y seales la lgica implementada por la Justicia jujea para cosechar testigos de la acusacin contra Milagro Sala. Una lgica extorsiva que no escatima vctimas, aberraciones ni denuncias para complicar la situacin procesal de la dirigente tupaquera. Entre estas ltimas hay de todo: desacato, amenazas, tentativas de homicidio, asociacin ilcita y lavado de activos. No menos cierto es que tanto la organizacin Tpac Amaru como los movimientos de derechos humanos vienen denunciando desde hace meses tal estado de situacin. Pero recin ahora -quizs por el impacto de las resoluciones de la OEA, la ONU y la CIDH- todo empieza a salir a la luz.

A esta altura no hay ninguna duda de que Jujuy es el laboratorio macrista del disciplinamiento social. Y eso, ya desde el inicio del gobierno de Cambiemos, cuando -el 14 de diciembre del ao pasado- la entonces flamante ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, dispuso el envo de la Gendarmera para reprimir el acampe de la Tpac frente a la sede del gobierno de la provincia. Claro que tal operacin -concebida como el debut represivo del PRO a nivel nacional- se frustr por una desafortunada maniobra del azar: el fallecimiento de 43 uniformados al volcar en Rosario de la Frontera el micro que los transportaba.

Sin embargo, el Gobernador no perdi el tiempo. Tras asumir, se apur en mandar a la Legislatura un proyecto para ampliar de cinco a nueve el nmero de integrantes de la Corte Suprema de Jujuy. As instal en el mximo tribunal a diputados radicales de su confianza, junto con parientes de sus funcionarios. Dicho sea de paso, aquel trmite parlamentario no le llev ms de 24 horas, y dos de sus elegidos acababan de votar aquella ampliacin en su condicin de legisladores. A su vez, la presidente de la Corte, Clara De Langhe, nombr a su yerno, Gastn Mercau, como juez del juzgado ad hoc para las causas contra militantes de la Tpac -cargo del cual luego sera relevado por el implacable Pulln Llermanos-, mientras el ministro de Seguridad, Ekel Meyer, colocaba a su amante, la doctora Liliana Fernndez de Montiel, en la fiscala competente en aquellos mismos expedientes. As fue diseada la arquitectura judicial para convertir a Milagro Sala en un cadver poltico. O en un cadver a secas.

As se fund la Republiqueta de Morales. Un infierno institucional con casi 800 mil habitantes, en cuya organizacin poltica -que bien se podra tildar de democrtico-fascista- resaltan las formas primarias del terrorismo de Estado.

Su verdadera naturaleza est ahora a la vista.

Fuente: http://pajarorojo.com.ar/?p=30988



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