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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-12-2016

Respuesta a Atilio Born
Imperialismo, imperialismos, Siria

Santiago Alba Rico
Rebelin


De entrada quiero pedir disculpas a mi amigo Atilio Born. Merezco -y acepto humildemente- su contundente respuesta a una cita abusiva en un artculo de urgencia. Ni el dolor ni la conviccin eximen de la cortesa, y menos la que reclama un intelectual -y, an ms, una persona- cuyo trabajo terico y militante aprecio desde hace aos. Si no cit su nombre fue por dos motivos. El primero un cierto pudor respetuoso hacia el amigo. El segundo un cierto pudor respetuoso hacia uno de los intelectuales marxistas que menos representan -o representaban- la posicin criticada en mi artculo.

Digo representaban porque su legtima respuesta, a la que yo haba dado razones, da la razn, sin embargo, a mi crtica general. Ahora s, mi artculo sobre geopoltica del desastre incluye tambin a Atilio Born, como si en realidad hubiese sido escrito para dar respuesta a su respuesta. La cita abusiva que me reprocho se ha convertido, a travs de su nota reactiva, en una justificacin retrospectiva de mi abuso. Por eso tengo poco que aadir a lo ya escrito.

Aadir algo. O repetir mucho. Atilio Born nos apabulla en su respuesta con datos incontrovertibles sobre la hegemona militar estadounidense. Quiero creer que en este punto estamos todos de acuerdo, incluido el Pentgono. No es eso lo que est en discusin. Como los imperios declinan y pasan, segn la expresin de Escipin, destructor de Cartago, y la historia no acaba, de lo que se trata es de saber si en los ltimos aos se han producido cambios en esa hegemona y si han trado o no perspectivas de liberacin para la humanidad. Equivocado o no, esa es la cuestin que abordaba en mi texto a partir de tres presupuestos:

a) el debilitamiento global del imperio estadounidense

b) el hecho de que ese debilitamiento se produce en un contexto general en el que son las derechas, y no las izquierdas, las que llevan ventaja y proponen alternativas

y c) que la cuestin siria es al mismo tiempo el ndice y el acelerador de un nuevo desorden global en el que el vaco relativo estadounidense ha sido ocupado por un avispero de luchas inter-imperialistas

La cuestin central -veremos- es la ltima y es la que desgraciadamente hace casi imposible el debate. Antes de llegar a ella como a un callejn sin salida, dir brevemente dos palabras sobre los dos primeros puntos.

a) La criminal y catastrfica ocupacin de Iraq -coincidiendo con el despegue poltico de un ciclo emancipatorio en Amrica Latina, la eclosin de China y la decadencia en picado de Europa- min la capacidad de estabilizacin de los EEUU, que es la facultad que consagra y legitima a una gran potencia en relacin con sus rivales: destruy un Estado soberano, entreg su gobierno al enemigo Irn y abri la caja de Pandora del sectarismo y el yihadismo en la zona. Cuando estallan en 2011 las primaveras rabes, cada gesto de Obama debilita an ms su influencia regional: incapaz de tomar partido entre Arabia Saud y Turqua, entonces enfrentados, patoso y a remolque en Libia, errtico en Siria, su ausencia acaba permitiendo que tanto sus aliados como sus enemigos, emancipados de su tutela, acaben ocupando el proscenio regional. El 12 de junio de 2015, al hilo de la crisis medioriental, lo resuma as Wallerstein, poco sospechoso de filo-otanismo o imperialismo: Todo este tiempo Estados Unidos realmente ha ido perdiendo su autoridad en el resto del mundo. De hecho, ya no es hegemnico. Quienes protestan y sus candidatos han estado notando esto pero lo consideran reversible, pero no lo es. Estados Unidos es ahora un socio global considerado dbil e inseguro. Esta no es meramente la visin de los Estados que en el pasado se han opuesto con fuerza a las polticas estadunidenses, como Rusia, China e Irn. Esto es tambin cierto para los aliados presumiblemente cercanos, como Israel, Arabia Saudita, Gran Bretaa y Canad. A escala mundial, el sentimiento de confiabilidad de Estados Unidos en el mbito geopoltico se movi de casi 100 por ciento durante la poca dorada a algo mucho, mucho menor. Y empeora a diario. La reaccin regional al asesinato del embajador ruso en Ankara ofrece una prueba reciente y clamorosa. Si el embajador hubiera sido estadounidense y su asesinato hubiera servido para que Washington cerrara un acuerdo con Turqua, muchos de esos que confunden anti-mperialismo con anti-americanismo hubieran concebido sin duda sospechas conspiranoicas. Lo cierto es que el atentado de Ankara ha servido para acelerar y profundizar un acuerdo entre Rusia, Turqua e Irn que deja an ms fuera de juego a Estados Unidos.

b) Si aceptamos este debilitamiento de la hegemona estadounidense, tenemos que preguntarnos por el recambio o la alternativa. Y aqu voy a permitirme un relato un poco ms largo. Veamos. La derrota de la URSS en la Guerra Fra tuvo efectos calamitosos en Europa, donde el neoliberalismo pudo acabar sin resistencia la obra de demolicin empezada por Thatcher y Reagan una dcada antes, pero liber tambin fuerzas centrfugas potencialmente incmodas. EEUU y la UE pudieron aprovechar el legtimo malestar anticomunista en los pases de la antigua URSS y estimular y cooptar esos movimientos populares que recibieron el nombre de revoluciones naranjas. Pero siempre se olvida que la revolucin bolivariana hubiera sido imposible bajo la Guerra Fra y que el ciclo progresista latinoamericano, con su impulso soberanista y democrtico, fue hijo tambin de la derrota sovitica. En 2011 el nico lugar del mundo donde la Guerra Fra no haba terminado era el mundo rabe, congelado bajo la triple garra de un equilibrio mortal: las dictaduras locales, las intervenciones occidentales, las respuestas yihadistas. La espontnea revuelta de millones de personas, de Marruecos a Bahrein, era una oportunidad para acumular potencia soberanista global frente a la crisis tambin global y el imperialismo estadounidense declinante. No fue as. Esa revolucin democrtica fue combatida o frenada por todos, incluidos los que la haban comenzado unos aos antes, luminosos pioneros, en Amrica Latina. El socialismo del siglo XXI se comport de un modo muy parecido al del siglo XX y, mientras defenda a sus pueblos en el continente americano, apoyaba a las dictaduras rabes en el Norte de frica y en el Prximo Oriente, y todo ello en nombre de la teora de los tres crculos formulada por Atilio Born -uno de los pocos, por cierto, que se solidariz al inicio con las revueltas rabes-; una teora que, adems de olvidar que los crculos han sido sustituidos por maraas u ovillos, ofrece algunos ngulos ciegos desde el punto de vista tico y poltico: jerarquiza las luchas populares, como lo haca la antigua URSS, y sacrifica a todos los que, ignorantes de la teora de los tres crculos, tratan de sacudirse desde su territorio una dictadura criminal sin consultar a la izquierda espaola o a la izquierda venezolana.

El hecho, en todo caso, es que la derrota de las revoluciones rabes coincide con la reversin del ciclo progresista latinoamericano, de tal manera que el vaco relativo dejado por los EEUU es ocupado, como seala Wallerstein, por las agendas independientes tanto de sus aliados como de sus rivales, todas igualmente criminales, aunque menos estabilizadoras que el monodominio estadounidense, por no hablar del bidominio de la Guerra Fra, que no en vano muchos izquierdistas perezosos recuerdan con nostalgia. Pero el problema no es el caos adventicio sino la derrota de la opcin democrtica global y su sustitucin por un rgimen derechista y autoritario mundial en el que las contracciones identitarias o sectarias y la lucha promiscua por recursos y prestigio nos devuelven -en mi opinin- a las guerras inter-imperialistas no-ideolgicas de principios del siglo XX. Los marxistas, en efecto, no podemos hablar de imperialismos porque desde Lenin y Rosa Luxemburgo -con todas sus diferencias- sabemos que el imperialismo, nacido hacia 1870, es una fase del capitalismo. Como bien explica Hobsbawm en La era del imperio el proceso que lleva a la catstrofe de 1914 tiene que ver con la disputa, dentro del capitalismo en proceso de globalizacin , entre Estados-nacin occidentales. Entre estas potencias occidentales Hobsbawm incluye, por supuesto, a Rusia y Japn, pero tambin a Espaa tras su derrota en Cuba y Filipinas frente a los EEUU. Slo hay un imperialismo, pero puede haber muchas potencias imperialistas, y su condicin de tales no se define por su mayor fortaleza o debilidad sino por sus ambiciones en el marco del capitalismo globalizado. Si yo habl de imperialismos era solo a modo de argucia retrica, para alertar contra el peligro de identificar el imperialismo con su coyuntura americana y para recordar que hoy, como en 1914, el imperialismo -igual que el ser aristotlico- se dice de muchas maneras. Atilio Born me regaa porque, al contrario, l cree que la coyuntura americana y su formidable poder militar resumen y agotan el imperialismo histrico. Yo no soy antiamericano sino anti-imperialista. Por eso soy pesimista. Veo que, tras la derrota de la revolucin democrtica global en Amrica Latina y en el mundo rabe, el anti-imperialismo tiene muy poco asidero organizativo y territorial mientras que el imperialismo multiplica sus instrumentos y sus formatos. Me atrevera a definir la compra masiva de tierras por parte de China en frica como una prctica imperialista y a describir tambin como inter-imperialista el forcejeo en Ucrania entre Rusia, la UE y EEUU. Si estamos en vsperas de una nueva Primera Guerra Mundial, deberamos recordar el peligro que supone para los pueblos convencerse de que nuestro imperialismo es anti-imperialista o sirve tcticamente, en todo caso, a la causa de la libertad. Los pueblos van hoy perdiendo, como casi siempre, y tienen poco que ganar tomando partido por Rusia o por Irn frente a Arabia Saud o Qatar. Estamos -en puridad- peor que en 1914, pues la tradicin marxista ha sido inhabilitada por la experiencia sovitica y no ha sido reemplazada por ninguna otra praxis liberadora. Por eso, antes que tratar de aplicar con pinzas ticamente dudosas la teora de los tres crculos me parece ms sensato no engaarse, asumir la derrota y hacer una propuesta realista, como la que, por ejemplo, hacen Toni Domenech y los editores de Sin Permiso en relacin con Siria. Si estamos viviendo una nueva Primera Guerra Mundial habr que construir un movimiento anti-guerra y anti-imperialista contra la intervencin de las potencias regionales para exigir el derecho de autodeterminacin kurdo y del conjunto de la poblacin siria contra los distintos fascismos que han devorado la revolucin (http://www.sinpermiso.info/textos/alepo-y-las-izquierdas).

En ese sentido, y como penltimo exordio, pedira a mi amigo Atilio Born que no me imitase a la hora de abusar -o de estirar- las citas. Que en estos momentos no haya alternativas no quiere decir que se haya acabado la historia sino que vivimos provisionalmente una historia sin alternativas. Ha ocurrido muchas veces antes y no ha sido el final. Fukuyama interpret la derrota de la URSS y el monodominio estadounidense como una clausura holywwodiense del conflicto. Es Atilio Born el que cree en la omnipotencia de los EEUU. Yo digo, al contrario, que nunca ha habido ms conflictos y, por lo tanto, ms historia que ahora. Nunca hemos sido ms desgraciadamente histricos y nunca la historia ha penetrado tanto nuestras vidas. Pero vamos perdiendo y nada garantiza que en los prximos aos vayamos a concebir la alternativa capaz de frenar una derechizacin global acompaada de contracciones identitarias, relativismo moral y cambio climtico pre-apocalptico. Ojal hubiera terminado la historia. No ha acabado y es atroz. No ha acabado: podemos y debemos seguir luchando. Es atroz: podemos perder de nuevo. E incluso para siempre.

c) Pero todas las reflexiones anteriores tienen un lmite, y no lo pone mi voluntad de entendimiento ni la de Atilio Born. Ambos sabemos -y me tranquiliza- que lo mximo que podemos reprochar al otro es un error. El lmite lo pone Siria. Si sobrevaloro el papel de Siria no es por etnocentrismo poltico. Nos gusta creer que el lugar donde vivimos es el centro no slo del mundo sino de su transformacin. He parasitado durante tantos aos Amrica Latina que se me conceder al menos -espero- la voluntad de ecuanimidad. Puedo estar equivocado pero ecunimemente. Lo que digo, en todo caso, es que Siria, tumba de las revoluciones rabes, es el lugar donde se ha revelado y se ha agravado la debilidad de EEUU y constituye la mnada perfecta de ese nuevo desorden global caracterizado por el conflicto inter-imperialista; y que ello es as como consecuencia de la derrota de una revolucin legtima, doblegada con el concurso de una decena de actores internacionales, incuida esa Amrica Latina progresista que ha apoyado sin reservas y con mentiras a Bachar Al Asad y prefiere hoy creer el testimonio de una monja que el de los activistas -muchos de ellos comunistas- que han sobrevivido a la crcel y a las bombas de barril.

Aqu se acaba todo debate terico. De hecho aqu se anula el que podran haber abierto las reflexiones anteriores. Atilio Born y yo hablamos de dos pases que se llaman Siria, pero que estn en planetas diferentes. No voy a repetir de nuevo lo que he escrito ya tantas veces; lo que han explicado otros mejor que yo. Atilio Born est convencido de que EEUU, por va interpuesta o directa, ha promovido protestas, pagado mercenarios y finalmente invadido -segn la expresin monjil- un pas soberano que jugaba un papel objetivamente emancipatorio (junto a Irn y Hizbullah) en el orden medioriental; y que Rusia (que no es un imperialismo y que, por lo tanto, funge como anti-imperialista) le ha parado felizmente los pies. Esta es justamente la posicin que yo abusivamente le atribua en mi primer artculo y que ahora l confirma sin mucho margen de interpretacin.

Me duele que mi amigo Atilio Born, tan sensible, comprometido y perspicaz, uno de los pocos que en 2011 tuvo el coraje de tomar distancias respecto de la postura de Chvez y apoyar las revoluciones rabes, abone ahora un relato que da voz a una monja y se la quita a sus afines sobre el terreno, sacrificados a la teora de los tres crculos junto a la verdad misma. Si Boron cree realmente ese relato fantasioso no hay nada que discutir. Pero si Born cree eso no es a m a quien tiene que convencer; que se lo cuente al cristiano Michel Kilo, a los comunistas Yassin Al-Haj Saleh, Samira Khalil o Riad At-turki, al palestino marxista Salama Keyle; o a tantos y tantos activistas sirios, muertos o encarcelados, cuya existencia Atilio prefiere negar antes que cometer la incongruencia de pedirles que dejen de luchar en Siria por lo mismo que l lucha en Argentina o incluso la bajeza de alegrarse de su derrota. Que se lo cuente a los muchachos que aparecen (y desaparecen) en este documental: Ecos del desgarro. Recuerdo con amargura, pero ya con nostalgia, la defensa que algunos hicimos desde Europa y desde Tnez del primer Chvez, incomprendido y despreciado por una parte de la izquierda europea. Ms amargura me produce hoy ver esa misma mirada europea dirigida desde Amrica Latina hacia los valientes revolucionarios sirios que no han encontrado ni siquiera el apoyo y solidaridad de los nicos de quienes podan desearla y esperarla.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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