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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-12-2016

La globalizacin ha muerto

lvaro Garca Linera
Rebelin


El desenfreno por un inminente mundo sin fronteras, la algaraba por la constante jibarizacin de los Estados-nacionales en nombre de la libertad de empresa y la cuasi religiosa certidumbre de que la sociedad mundial terminara de cohesionarse como un nico espacio econmico, financiero y cultural integrado, acaban de derrumbarse ante el enmudecido estupor de las lites globalfilas del planeta.

La renuncia de Gran Bretaa a continuar en la Unin Europea ‒el proyecto ms importante de unificacin estatal de los ltimos 100 aos‒ y la victoria electoral de Trump ‒que enarbol las banderas de un regreso al proteccionismo econmico, anunci la renuncia a tratados de libre comercio y prometi la construccin de mesopotmicas murallas fronterizas‒, han aniquilado la mayor y ms exitosa ilusin liberal de nuestros tiempos. Y que todo esto provenga de las dos naciones que hace 35 aos atrs, enfundadas en sus corazas de guerra, anunciaran el advenimiento del libre comercio y la globalizacin como la inevitable redencin de la humanidad, habla de un mundo que se ha invertido o, peor an, que ha agotado las ilusiones que lo mantuvieron despierto durante un siglo.

Y es que la globalizacin como meta-relato, esto es, como horizonte poltico ideolgico capaz de encausar las esperanzas colectivas hacia un nico destino que permitiera realizar todas las posibles expectativas de bienestar, ha estallado en mil pedazos. Y hoy no existe en su lugar nada mundial que articule esas expectativas comunes; lo que se tiene es un repliegue atemorizado al interior de las fronteras y el retorno a un tipo de tribalismo poltico, alimentado por la ira xenofbica, ante un mundo que ya no es el mundo de nadie.

La medida geopoltica del capitalismo

Quien inici el estudio de la dimensin geogrfica del capitalismo fue Marx. Su debate con el economista Friedrich List sobre el capitalismo nacional en 1847 y sus reflexiones sobre el impacto del descubrimiento de las minas de oro de California en el comercio transpacfico con Asia, lo ubican como el primer y ms acucioso investigador de los procesos de globalizacin econmica del rgimen capitalista. De hecho, su aporte no radica en la comprensin del carcter mundializado del comercio que comienza con la invasin europea a Amrica sino en la naturaleza planetariamente expansiva de la propia produccin capitalista.

Las categoras de subsuncin formal y subsuncin real del proceso de trabajo al capital con las que Marx devela el automovimiento infinito del modo de produccin capitalista, suponen la creciente subsuncin de la fuerza de trabajo, el intelecto social y la tierra, a la lgica de la acumulacin empresarial, es decir, la supeditacin de las condiciones de existencia de todo el planeta a la valorizacin del capital. De ah que en los primeros 350 aos de su existencia, la medida geopoltica del capitalismo haya avanzado de las ciudades-Estado a la dimensin continental y haya pasado, en los ltimos 150 aos, a la medida geopoltica planetaria.

La globalizacin econmica (material) es pues inherente al capitalismo. Su inicio se puede fechar 500 aos atrs, a partir del cual habr de tupirse, de manera fragmentada y contradictoria, an mucho ms.

Si seguimos los esquemas de Giovanni Arrighi en su propuesta de ciclos sistmicos de acumulacin capitalista a la cabeza de un Estado hegemnico: Gnova (siglos XV-XVI), los Pases Bajos (siglo XVIII), Inglaterra (siglo XIX) y Estados Unidos (siglo XX), cada uno de estos hegemones vino acompaado de un nuevo tupimiento de la globalizacin (primero comercial, luego productiva, tecnolgica, cognitiva y, finalmente, medio ambiental) y de una expansin territorial de las relaciones capitalistas. Sin embargo, lo que s constituye un acontecimiento reciente al interior de esta globalizacin econmica es su construccin como proyecto poltico-ideolgico, esperanza o sentido comn, es decir, como horizonte de poca capaz de unificar las creencias polticas y expectativas morales de hombres y mujeres pertenecientes a todas las naciones del mundo.

El fin de la historia

La globalizacin como relato o ideologa de poca no tiene ms de 35 aos. Fue iniciada por los presidentes Ronald Reagan y Margaret Thatcher, liquidando el Estado de bienestar, privatizando las empresas estatales, anulando la fuerza sindical obrera y sustituyendo el proteccionismo del mercado interno por el libre mercado, elementos que haban caracterizado las relaciones econmicas desde la crisis de 1929.

Ciertamente fue un retorno amplificado a las reglas del liberalismo econmico del siglo XIX, incluida la conexin en tiempo real de los mercados, el crecimiento del comercio en relacin al Producto Interno Bruto (PIB) mundial y la importancia de los mercados financieros, que ya estuvieron presentes en ese entonces. Sin embargo, lo que s diferenci esta fase del ciclo sistmico de la que prevaleci en el siglo XIX fue la ilusin colectiva de la globalizacin, su funcin ideolgica legitimadora y su encumbramiento como supuesto destino natural y final de la humanidad.

Y aquellos que se afiliaron emotivamente a esa creencia del libre mercado como salvacin final no fueron simplemente los gobernantes y partidos polticos conservadores, sino tambin los medios de comunicacin, los centros universitarios, comentaristas y lderes sociales. El derrumbe de la Unin Sovitica y el proceso de lo que Gramsci llam transformismo ideolgico de ex socialistas devenidos en furibundos neoliberales, cerr el crculo de la victoria definitiva del neoliberalismo globalizador.

Claro! Si ante los ojos del mundo la URSS, que era considerada hasta entonces como el referente alternativo al capitalismo de libre empresa, abdica de la pelea y se rinde ante la furia del libre mercado ‒y encima los combatientes por un mundo distinto, pblicamente y de hinojos, abjuran de sus anteriores convicciones para proclamar la superioridad de la globalizacin frente al socialismo de Estado‒, nos encontramos ante la constitucin de una narrativa perfecta del destino natural e irreversible del mundo: el triunfo planetario de la libre empresa.

El enunciado del fin de la historia hegeliano con el que Fukuyama caracteriz el espritu del mundo, tena todos los ingredientes de una ideologa de poca, de una profeca bblica: su formulacin como proyecto universal, su enfrentamiento contra otro proyecto universal demonizado (el comunismo), la victoria heroica (fin de la guerra fra) y la reconversin de los infieles.

La historia haba llegado a su meta: la globalizacin neoliberal. Y, a partir de ese momento, sin adversarios antagnicos a enfrentar, la cuestin ya no era luchar por un mundo nuevo, sino simplemente ajustar, administrar y perfeccionar el mundo actual pues no haba alternativa frente a l . Por ello, ninguna lucha vala la pena estratgicamente pues todo lo que se intentara hacer por cambiar de mundo terminara finalmente rendido ante el destino inamovible de la humanidad que era la globalizacin. Surgi entonces un conformismo pasivo que se apoder de todas las sociedades, no solo de las lites polticas y empresariales, sino tambin de amplios sectores sociales que se adhirieron moralmente a la narrativa dominante.

La historia sin fin ni destino

Hoy, cuando an retumban los ltimos petardos de la larga fiesta del fin de la historia, resulta que quien sali vencedor, la globalizacin neoliberal, ha fallecido dejando al mundo sin final ni horizonte victorioso, es decir, sin horizonte alguno. Trump no es el verdugo de la ideologa triunfalista de la libre empresa, sino el forense al que le toca oficializar un deceso clandestino.

Los primeros traspis de la ideologa de la globalizacin se hacen sentir a inicios de siglo XXI en Amrica Latina, cuando obreros, plebeyos urbanos y rebeldes indgenas desoyen el mandato del fin de la lucha de clases y se coaligan para tomar el poder del Estado. Combinando mayoras parlamentarias con accin de masas, los gobiernos progresistas y revolucionarios implementan una variedad de opciones posneoliberales mostrando que el libre mercado es una perversin econmica susceptible de ser reemplazada por modos de gestin econmica mucho ms eficientes para reducir la pobreza, generar igualdad e impulsar crecimiento econmico.

Con ello, el fin de la historia comienza a mostrarse como una singular estafa planetaria y nuevamente la rueda de la historia ‒con sus inagotables contradicciones y opciones abiertas‒ se pone en marcha. Posteriormente, en 2009, en EE.UU. el hasta entonces vilipendiado Estado, que haba sido objeto de escarnio por ser considerado una traba a la libre empresa, es jalado de la manga por Obama para estatizar parcialmente la banca y sacar de la bancarrota a los banqueros privados. El eficienticismo empresarial, columna vertebral del desmantelamiento estatal neoliberal, queda as reducido a polvo frente a su incompetencia para administrar los ahorros de los ciudadanos.

Luego viene la ralentizacin de la economa mundial, pero en particular del comercio de exportaciones. Durante los ltimos 20 aos, este crece al doble del Producto Interno Bruto (PIB) anual mundial, pero a partir del 2012 apenas alcanza a igualar el crecimiento de este ltimo, y ya en 2015 es incluso menor, con lo que la liberalizacin de los mercados ya no se constituye ms en el motor de la economa planetaria ni en la prueba de la irresistibilidad de la utopa neoliberal.

Por ltimo, los votantes ingleses y norteamericanos inclinan la balanza electoral a favor de un repliegue a Estados proteccionistas ‒si es posible amurallados‒, adems de visibilizar un malestar ya planetario en contra de la devastacin de las economas obreras y de clase media, ocasionado por el libre mercado planetario.

Hoy, la globalizacin ya no representa ms el paraso deseado en el cual se depositan las esperanzas populares ni la realizacin del bienestar familiar anhelado. Los mismos pases y bases sociales que la enarbolaron dcadas atrs, se han convertido en sus mayores detractores. Nos encontramos ante la muerte de una de las mayores estafas ideolgicas de los ltimos siglos.

Sin embargo, ninguna frustracin social queda impune. Existe un costo moral que, en este momento, no alumbra alternativas inmediatas sino que ‒es el camino tortuoso de las cosas‒ las cierra, al menos temporalmente. Y es que a la muerte de la globalizacin como ilusin colectiva no se le contrapone la emergencia de una opcin capaz de cautivar y encauzar la voluntad deseante y la esperanza movilizadora de los pueblos golpeados. La globalizacin, como ideologa poltica, triunfo sobre la derrota de la alternativa del socialismo de Estado, esto es, de la estatizacin de los medios de produccin, el partido nico y la economa planificada desde arriba. La cada del muro de Berln en 1989 escenifica esta capitulacin. Entonces, en el imaginario planetario quedo una sola ruta, un solo destino mundial. Y lo que ahora est pasando es que ese nico destino triunfante tambin fallece, muere. Es decir, la humanidad se queda sin destino, sin rumbo, sin certidumbre. Pero no es el fin de la historia ‒como pregonaban los neoliberales‒, sino el fin del fin de la historia; es la nada de la historia.

Lo que hoy queda en los pases capitalistas es una inercia sin conviccin que no seduce, un manojo decrpito de ilusiones marchitas y, en la pluma de los escribanos fosilizados, la aoranza de una globalizacin fallida que no alumbra ms los destinos. Entonces, con el socialismo de Estado derrotado y el neoliberalismo fallecido por suicidio, el mundo se queda sin horizonte, sin futuro, sin esperanza movilizadora. Es un tiempo de incertidumbre absoluta en el que, como bien intua Shakespeare, todo lo slido se desvanece en el aire. Pero tambin por ello es un tiempo ms frtil, porque no se tienen certezas heredadas a las cuales asirse para ordenar el mundo. Esas certezas hay que construirlas con las partculas caticas de esta nube csmica que deja tras suyo la muerte de las narrativas pasadas.

Cul ser el nuevo futuro movilizador de las pasiones sociales? Imposible saberlo. Todos los futuros son posibles a partir de la nada heredada. Lo comn, lo comunitario, lo comunista es una de esas posibilidades que est anidada en la accin concreta de los seres humanos y en su imprescindible relacin metablica con la naturaleza. En cualquier caso, no existe sociedad humana capaz de desprenderse de la esperanza. No existe ser humano que pueda prescindir de un horizonte, y hoy estamos compelidos a construir uno. Eso es lo comn de los humanos y ese comn es el que puede llevarnos a disear un nuevo destino distinto a este emergente capitalismo errtico que acaba de perder la fe en s mismo.

El autor es Vicepresidente del Estado Plurinacional de Bolivia

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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