Portada :: Feminismos :: Violencias
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-12-2016

Cultura de la Violacin & Violencia sexual
Cultura de la violacin: complicidad y silencio en torno a la violencia sexual

Brbara Tardn Recio y Jess Prez Viejo
lamarea.com

Se mantiene y ampara porque nuestros gobiernos y estados incumplen de forma sistemtica sus responsabilidades en materia de prevencin, proteccin, asistencia y reparacin a las vctimas y supervivientes. Condonan la violencia sexual y arropan la impunidad de quienes agreden.


La historia de la humanidad podra relatarse en relacin constante con la historia de la violencia sexual, tal y como venimos investigando desde diferentes disciplinas en los ltimos aos. El matiz es importante, aunque tambin muy doloroso, porque nos aboca irremediablemente a escarbar en las cloacas de un patriarcado an ms tenebroso de lo que podramos sospechar. Parece insoportable imaginarse que todas las mujeres han sufrido alguna forma de violencia sexual en su vida (acoso, abuso, agresin).

Sin embargo, as es, aunque la sociedad niegue tal evidencia. No hay mujer que no haya sido asaltada por exhibicionistas, manoseada sin quererlo, o burdamente acorralada con repugnantes piropos de contenido sexual nada agradable. Otras, aunque permanezcan en silencio, fueron abusadas en la infancia, agredidas o acosadas sexualmente por conocidos o amigos y, en algunos casos, por desconocidos. Pese a la magnitud de los datos que ofrecen los organismos internacionales de derechos humanos y las organizaciones feministas, convivimos con normalidad en todos los contextos polticos y sociales, con una de las formas de violencia machista y vulneracin de derechos humanos ms extremas.

Todo ello gracias a dos culpables: quienes agreden sexualmente, pero tambin a la cultura de la violacin. La expresin cultura de la violacin, acuada por el discurso y prctica poltica feminista, hace referencia a toda la estructura lo que Galtung ha considerado en denominar como violencia estructural y cultural, que justifica y alimenta, y que acepta y normaliza la existencia de la violencia sexual.

Es una forma de violencia simblica, como dira Bordieu, que tiene un efecto sedante, porque, al estar tan aceptada, pasa desapercibida por la inmensa mayora. Sin embargo, es la que permite que la violencia directa se produzca (las violaciones, los acosos, los abusos, la tortura sexual). La conforman un conjunto de creencias, pensamientos, actitudes y respuestas basadas en prejuicios y estereotipos de gnero relacionados con la violencia sexual.

La cultura de la violacin, que se expresa mediante dogmas patriarcales, crea machos varones violentos que utilizan los cuerpos de las mujeres, las nias y los nios, y se apropian de ellos imponiendo sus deseos a travs del miedo, mientras generan un dao extremo en las vctimas y supervivientes. Se sostiene porque existe todo un sistema, el patriarcado, que considera que todos los cuerpos de las mujeres y aquellos cuerpos no normativos pertenecen a los hombres por contrato, por un contrato sexual, como dira la terica feminista de Carol Pateman. Un contrato sagrado e intocable. Es decir, pueden ser cuerpos violados o agredidos sexualmente cuando las circunstancias lo requieran: en la guerra de forma innata, en periodos de paz, en democracia o, incluso, si un rgimen poltico establece que es conveniente.

Es una obviedad invisible o mejor dicho, invisibilizada intencionadamente, por accin o por omisin, gracias a un sistema consentidor que, desde sus estructuras patriarcales, ofrece un escenario impune donde se desarrolla, y entre cuyos actores no los nicos, pero s los culpables directos se encuentran los hombres que la ejercen. En este sentido, mucho se ha escrito falsamente sobre la naturaleza depredadora del hombre devorador sexual, cuyos instintos justifican los delitos sexuales. De igual manera que aquellos que siguen apuntalando la impunidad del violador, al considerarlo un loco incapaz de controlarse, o un chico perfectamente normal incapaz de violar. Mi hermano no se hace violador de un da para otro, afirm la hermana de uno de los agresores sexuales del conocido caso de Pamplona.

Como si ciertamente alguien se hiciera violador de un da para otro. Cada vctima tiene un nombre propio, una vida, un futuro que, de repente, se ve truncado y sumido en una espiral de consecuencias graves y devastadoras a corto y largo plazo. Consecuencias que afectan a su proyecto vital, generando secuelas fsicas, emocionales, psicolgicas, conductuales, sexuales y sociales, y que atentan contra todos los derechos humanos bsicos, cuya titularidad debera estar protegida por los estados. Nombrarlas implicara asumir responsabilidades y dar luz a uno de los rincones ms oscuros de nuestra sociedad, pero no nombrarlas nos hace cmplices de este sadismo. La cultura de la violacin transforma a las vctimas en culpables: El juez me viol otra vez, nos cont una mujer con la que las expertas intervinieron en un recurso especializado.

Normaliza la violencia sexual como innata a los deseos sexuales, convirtiendo la violencia en erotismo: Todas las mujeres tienen la fantasa de la violacin. Omite una educacin sexual en las aulas que, por efecto desencadenante, promueve la alternativa de la pornografa mainstream patriarcal y violenta adulta como nica escuela de aprendizaje: Nos tenemos que poner todas a cuatro patas y el primero que se corra, pierde, nos narr una chica en un instituto en relacin a un juego recurrente entre grupos de adolescentes.

Es una cultura en la que las mujeres sienten la amenaza continua de la violencia sexual desde que toman conciencia, que ampara el silencio entre iguales en la familia o en la sociedad, que considera que las mujeres provocan la agresin sexual, o que muestra una gran tibieza en torno al consentimiento. La cultura de la violacin se mantiene y ampara porque, igualmente, nuestros gobiernos y estados incumplen de forma sistemtica sus responsabilidades en materia de prevencin, proteccin, asistencia y reparacin a las vctimas y supervivientes. Condonan as la violencia sexual y arropan la impunidad de quienes agreden.

La nica va para cambiar el rumbo de la Historia pasa por tomar conciencia de cmo se construye y mantiene, desenmascarar sus estrategias al tiempo que sealamos y denunciamos a los culpables, investigar los delitos, educar y sensibilizar a la sociedad, atender las necesidades de las vctimas y supervivientes, y adoptar las medidas que sean necesarias para erradicarla. De lo contrario, permanecer vigente una cultura de la violacin que cuestiona e invalida los valores democrticos, de ciudadana y de igualdad, condonando as a todos los responsables directos e indirectos de semejante atrocidad.

Brbara Tardn Recio es consultora internacional experta en violencia de gnero y derechos humanos.
Jess Prez Viejo es doctor en Trabajo Social y psiclogo experto en violencia de gnero y violencia poltica.

Fuente: http://www.lamarea.com/2016/11/24/cultura-la-violacion-complicidad-silencio-torno-la-violencia-sexual/

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de las autoras mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter