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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-12-2016

pocas de opresin...

Jaime Richart
Rebelin


Adivinemos cmo una sociedad humana verdaderamente avanzada podr juzgar nuestra poca, en Occidente y sobre todo en Espaa. Me refiero a esa sociedad de la antehistoria, y de futuro donde se ignorarn estas dos palabras: tuyo y mo; donde no habr fraude, engao ni malicia mezclndose con la verdad y llaneza; donde la justicia estar en sus propios trminos, sin que la osen turbar ni ofender los del favor y los del inters, que tanto ahora la menoscaban, turban y persiguen; donde la ley del encaje no se habr sentado en el entendimiento del juez, porque entonces no habr qu juzgar, ni quin sea juzgado...

Los polticos suelen repetir cuando les conviene la frase atribuda a distintos personajes histricos y principalmente a Confucio "los pueblos que no conocen su historia estn condenados a repetirla". Pero yo me atrevo a responderla pues, si bien se mira, no tiene sentido. Porque si los pueblos repiten la historia, incluidos los errores cuya definicin habra que consensuar, no es porque no la conozcan sino porque estn condenados a lo que para cada pueblo significa cumplir con su destino en cada circunstancia y por su propia idiosincrasia.

En efecto. Estn condenados a repetirla, la conozcan o no, porque podrn variar a lo largo de la historia las circunstancias y la gravedad de las decisiones de caudillos y mandatarios, pero lo que no cambia es la condicin humana, ni sus pasiones ni sus debilidades. Lo nico que cambia son los ropajes, los escenarios, el estilo, el modo de manejar el disimulo y el grado de la brutalidad de los jerarcas. A fin de cuentas, slo unos cuantos fabrican la historia, otros pocos la escriben y el resto la padece. Por eso es que los supuestos errores, la ambicin, la codicia, la ansiedad y la voluntad de poder en cada pueblo, es cosa de minoras. Y si la brutalidad de stas se ha dulcificado en apariencia (porque en la realidad se oculta), es porque tambin se han atemperado paralelamente las reacciones de las masas. Pero en el fondo siempre es ms o menos lo mismo. No hay variaciones de hondura. Lo que varan son los espejuelos, el pan y circo, y hoy las nuevas tecnologas... que enajenan ordinariamente a las masas. Gracias a ello, las sublevaciones, las rebeliones y las guerras son menos probables, al menos en Europa y en los pases del mismo sistema. Pero son la pereza, la indolencia y la debilidad creciente lo que determina el hecho, no porque no haya causa eficiente...

Cindonos a Europa y por ejemplo, la convulsin que supuso para ella la revolucin francesa hizo retroceder la religiosidad que exista hasta entonces y abarcaba 1800 aos, hasta ser prcticamente barrida de las conciencias. El vaco fue llenado inmediatamente por una regresin a la conciencia de la individualidad de otras pocas. Y una bquica horda de livianos nigromantes, pseudomagos y ocultistas entra en estampida, presa de un arrobamiento desmedido propios de la medieval. Toda la sociedad de una u otra manera los buscaba...

Pues bien, algo no muy diferente ocurre hoy, aunque sea de otra naturaleza. Pues acaso no sabemos en Espaa, sin ir ms lejos, que salvo una dcada de desenfreno en que los poderes econmicos y el poder poltico le iniciaron en las inditas delicias del consumo que luego se volvieron contra l, el pueblo (y cuando digo pueblo me refiero a la clase trabajadora que no es independiente) ha vuelto a pocas de servidumbre? Acaso no es patente que cada da, cada semana, cada mes son una incgnita para el trabajador por la voluntad del empresario, y que la incertidumbre sobre lo que le espera al da siguiente es la argamasa de su vida? Acaso el trabajador y el empleado podrn sensatamente acariciar la idea de formar una familia y atender debidamente a la prole que por eso mismo ya no desea tener? Acaso podrn siquiera idear un plan de vida o un afn? No. Su vida ser un viaje a ninguna parte, una barca a la deriva, sin confar siquiera en un digno retiro al final. Y quiz lo peor y por si fuera poca su desventura, es precisamente que lo saben, que sus mritos, su optimismo, sus esfuerzos y su empuje no habrn de servirles por s mismos para nada. Estn condenados a la ruina. Acaso no es una situacin humana y social equivalente a aquellas pocas en que los poseedores trataban a quienes les servan levemente por encima del trato que dispensaban a la naturaleza y a las bestias? La diferencia formal es si acaso que las gentes, hoy, tienen ms suerte: hacen el amor con libertad, comen y asumen la locura eramista atareadas en digerir los postmodernos narcotizantes. Eso basta para refrenar sus impulsos de muerte y de violencia y en ltimo trmino, como dice Byung-Chul Han, para deprimirse y dirigirlos contra s mismas en lugar de culpar de su eventual fracaso al sistema.

Esto es lo que les distingue de sus congneres de otros tiempos: los actuales conocen perfectamente su historia y pese a ello estn condenados a repetirla. Pero es porque la historia se repite por su propia inercia. Es la del triunfo eterno de los desalmados sobre los que han sido domeados por una educacin en sumisin basada en incrustar en su epidermis los escrpulos. Es la de las atrocidades, unas veces y la opresin siempre, de minoras que se fortalecen a lo largo de ella, mientras las grandes mayoras de los dbiles legan permanentemente su debilidad...

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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