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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-12-2016

Ciclos de irritacin en los medios

Mikel Arizaleta
Rebelin


El modo cmo polticos alemanes y otros personajes pblicos han reaccionado esta semana ante lo sucedido en Berln manifiesta un cambio evidente a juicio del periodista alemn Christian Stcker: la histeria parece ser aceptada por la sociedad.

Otrora el ciclo de noticias en el relato de hechos sorprendentes y extremos discurra as: Suceda el hecho, informaban los medios sobre l, por lo general primero la radio y la televisin y ms tarde los medios impresos.

Luego manifestaban y explicaban las autoridades o instituciones pertinentes lo que realmente haba ocurrido y por qu. Se recogan y publicaban las reacciones ante lo dicho, se formulaban peticiones y elevaban exigencias intentando sacar tajada poltica del hecho.

A veces algunas de las propuestas se ponan en prctica fueran muy razonables o no. Por ejemplo la prohibicin en 2006 de lquidos en los bolsos de los viajeros de los aviones.

Pero de ese otrora no ha pasado tanto tiempo, lo dicho ocurra hace tan slo diez o quince aos; por ejemplo en los atentados terroristas del 11 de septiembre del 2001 el ciclo transcurri ms o menos como lo arriba relatado, eso s, ahora acompaado de emisiones permanentes en los grandes canales de noticias, e informaciones ininterrumpidas en los medios jvenes de online.

En los atentados terroristas del 2005 en Londres la cosa cambi algo: las primeras imgenes del tnel del metro, mediante supervivientes del atentado, nos llegaron per flick, una plataforma socio-medial, que diramos hoy. Pero, por lo dems, el ciclo sigui transcurri siguiendo los parmetros relatados.

Cuando en la maana del lunes en Berln un triler se precipita en el mercado navideo arrollando y matando a varias personas e hiriendo a otras, el relato fue otro. El ciclo: hecho, averiguacin, encasillamiento, reaccin, exigencia no funcion. Ahora se exige, se reacciona -desconectado polticamente- antes de que sea claro qu es lo que realmente ocurri. Algo que impide una reflexin de cierto nivel, pero que cada vez nos sorprende menos.

Muy en primera lnea se cuelan los provocadores oficiales, se twittea: son los Merkels Tote!, los muertos de Merkel!, uno se convierte en supuesta vctima vertiendo y expandiendo comentarios que intranquilizan, con razn, a personas con cierta dignidad. No importa tanto el que sea o no verdad, lo importante es salir rpido y vociferar, enmierdar a alguien.

Lo prfido de esta estrategia provocadora es que cuando las primicias vociferadas y transmitidas se demuestran falsas y mendaces, tergiversadoras, apenas tienen consecuencias penales y sociales. Si se demuestran correctas, a los ojos de sus fans parecen justificar otras manifestaciones vertidas anteriormente con total descaro y falsedad. Diramos que la verdad en un caso justifica el enmierdamiento en otros.

Esa tradicin de esperar hasta que se aclare qu es lo que realmente ocurri, para luego opinar y exigir, ha sido rebasada en este poca de la inmediata publicidad merced a los medios sociales. Por lo visto se trata de resaltar lo ms rpidamente los puntos emocionales, desgajados de los hechos. Y gana quien primero vocea.

11 de marzo de 2004: Una serie de atentados enlut Madrid. La justicia espaola aos despus concluy que aquella operacin, atribuida sucesivamente a la ETA y despus a Al Qaeda, fue de inspiracin islamista. Cierta prensa espaola con el Gobierno de Jos Mara Aznar dirigen al principio sus sospechas contra ETA, luego determinada prensa manipuladora e interesada con Aznar y sus ministros a la cabeza, de manera terca y taimada y teniendo ya datos en su poder, mienten a los espaoles: dicen que ha sido ETA sabiendo que es mentira, porque esa mentira les puede resultar beneficiosa polticamente. Este engao no tuvo consecuencia judicial alguna para el gobierno y sus manipuladores.

La histeria como diagnstico no es moda en el mundo cientfico, pero parece reverdecer en el mundo de la comunicacin poltica y periodstica de nuestros das. Hay que recordar que la estrategia terrorista del Estado Islmico tiene dos objetivos declarados: provocar histeria y meter una cua e impulsar la desavenencia entre los musulmanes de Europa y el resto de la poblacin. Es lo que se dice en su misma propaganda. Por tanto se debiera pensar si con nuestras informaciones y comentarios pretendemos convertirnos en propagandistas de los terroristas contribuyendo a sus objetivos.

Agur a aquel tiempo del viejo ciclo informativo en el que se esperaba la aclaracin del hecho antes de reaccionar, pero los polticos y periodistas profesionales debieran pensar urgentemente que hasta ahora la histeria en ningn lado, ciencia o razonamiento es signo ni caracterstica destacada de calidad. Tampoco de respeto y humanismo.

Si realmente gana quien primero escribe terminamos perdiendo todos.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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