Portada :: Europa
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-12-2016

La extrema derecha es hija de la globalizacin

Alberto Garzn
eldiario.es


Pensemos la globalizacin como si fuera un juego. Cada jugador comienza con una determinada dotacin de recursos y termina con otra distinta, y por lo tanto durante la partida puede haber ganadores y perdedores. Nos vamos a concentrar en tres jugadores. Por un lado est el jugador llamado trabajador urbano chino, que comienza con 5 euros. A otro jugador le llamaremos superrico mundial y comenzar el juego con 100 euros. Y al tercer jugador le llamaremos clases populares occidentales, y comenzar con 10 euros. Al cabo de veinte aos finaliza el juego y se hace recuento. Ahora el trabajador urbano chino tiene 9 euros, lo que no est nada mal porque es un 80% ms de lo que tena de partida. Sin embargo, el superrico ha ganado mucho ms y tiene ahora 165 euros, pero eso significa slo un crecimiento del 65% sobre sus recursos iniciales. Finalmente, el jugador clase media occidental tiene ahora 10 euros, esto es, lo mismo que al comienzo.

Los datos de este juego no han sido inventados sino que forman parte del ltimo trabajo de Branko Milanovic, especialista en desigualdad econmica e investigador principal de ese rea en las Naciones Unidas y el Banco Mundial. En efecto, lo que este trabajo proporciona es informacin emprica a favor de una hiptesis con la que trabajbamos desde hace dcadas. A saber, que la globalizacin ha producido ganadores y perdedores que se distribuyen a lo largo del mundo del siguiente modo.

Por un lado, aunque los superricos son una minora (el 5% ms rico) pero son los que ms se han beneficiado en trminos absolutos del proceso (de cada 100 dlares de nuevos ingresos entre 1988 y 2008 se han llevado 44). Los superricos estn fundamentalmente en Estados Unidos, pero tambin en Europa Occidental, Japn y Oceana. Milanovic los llama plutcratas globales. En el grfico de ms abajo ocupan el punto C.

Por otro lado, lo que podramos llamar las clases medias asiticas son las principales ganadoras del juego en trminos relativos. Como partan con recursos muy pequeos, las ganancias que han tenido en torno al 12% del total de los nuevos ingresos absolutos- han supuesto un crecimiento relativo del 80%. Estas personas se sitan en el centro de la distribucin de ingresos de sus pases, que es sobre todo China pero tambin India, Tailandia, Vietnam e Indonesia. Naturalmente clase media significa una cosa distinta a lo que significa en Occidente, pero grficamente podramos identificarla con las capas urbanas de China. En el grfico son el punto A.

Finalmente, a lo que llamamos clases populares occidentales son aquellos sectores que son ms ricos que los asiticos que acabamos de describir pero que se encuentran en los estratos ms pobres de sus propios pases, que son fundamentalmente los de Europa Occidental, Norte Amrica, Oceana y Japn. Son los que no han ganado nada con la globalizacin y, de hecho, son sus vctimas porque han sido golpeados por procesos de desindustrializacin, el incremento de la competencia econmica internacional y un mercado de trabajo global que hace an menos competitivos a los trabajadores no cualificados. En el grfico son el punto B.

Lo anterior es una foto de la distribucin de ingresos a nivel mundial, y como tal tiene sus limitaciones. El trabajo completo de Milanovic proporciona mucha ms informacin til para entender qu est significando la globalizacin en trminos de desigualdad de ingresos y, en cierto sentido, las transformaciones en la estructura de clase. Lo que me interesa resaltar ahora es que lo apuntado aqu conforma el terreno material en el que se mueve la batalla poltica, por decirlo as. Esto es, sera imposible entender fenmenos como Donald Trump, Le Pen, el crecimiento de la extrema derecha en el norte de Europa, el 15-M o las movilizaciones sociales en Europa del Sur sin atender a estas transformaciones. Igualmente, sin comprender estos cambios es imposible plantear estrategias polticas correctas o adecuadas para la izquierda.

Lo que estamos diciendo es que las clases populares de Europa son parte de las grandes perdedoras de la globalizacin y que, por eso mismo, buscan, a veces de forma consciente y otras de forma intuitiva, proyectos polticos de proteccin ante la expansin de la pobreza, inseguridad, precariedad e incertidumbre.

A finales del ao 2014 un estudio del Pew Research Center mostr lo debilitada que estaba la confianza en el libre mercado en Europa del Sur. A la pregunta de si el libre mercado era mejor para la gente, en el mundo occidental respondan afirmativamente el 63% (frente al 30% que respondan negativamente). Pero en Espaa slo el 45% estaba de acuerdo con la afirmacin (el 51% en contra), veintids puntos menos que en 2007. En Grecia el porcentaje fue del 47% (50% en contra), Italia el 57% (31% en contra), Francia 60% (39% en contra) y en Japn el 47% (51% en contra). Estos datos contrastan con los de los pases ganadores de la globalizacin, como los llamados pases emergentes. Por ejemplo, en Vietnam el 95% estaba de acuerdo con que el libre mercado era mejor (frente al 3% que contestaba negativamente), y en China ese porcentaje era del 76% (frente a un 18%). En suma, estos datos abundan en la percepcin subjetiva que tienen las poblaciones de diferentes pases sobre la globalizacin. Y es natural, por lo visto ms arriba, que los ganadores materiales de la globalizacin apuesten por ms libre mercado mientras que los perdedores materiales de la globalizacin dejen de confiar en la mano invisible a nivel mundial.

Para la izquierda, esto que acabamos de describir es fundamental. En la teora marxista del siglo XIX se asuma que bajo el capitalismo se dara un proceso permanente de proletarizacin, es decir, de conversin de las clases medias en proletariado. Esto provocara, segn las interpretaciones ms deterministas, que la inmensa mayora de la poblacin, ahora convertida en proletaria, viera con claridad su antagonismo con la clase explotadora y, por lo tanto, que se sumara a la revolucin socialista. El conocido paso de la clase-en-s-misma hacia la clase-para-s-misma. Sin embargo, aquel esquema no encajaba bien en una sociedad en la que iban surgiendo estratos sociales asalariados que no eran proletarios de cuello azul sino estratos intermedios, o en la que incluso iban emergiendo asalariados y proletarios cada vez mejor remunerados y que se alejaban de las capas ms pobres de la sociedad. Si a ello le sumamos un enfoque mundial, en el que los trabajadores pobres de los pases ricos son ms ricos que los trabajadores ricos de los pases ms pobres, las cosas se complican. En todo caso no es objeto de este artculo profundizar en esta cuestin particular. S, en cambio, preguntarnos por qu en occidente, en donde s se ha dado cierto proceso de empobrecimiento relativo y absoluto de grandes sectores sociales, la respuesta poltica tiende a articularse por la extrema-derecha y no por la izquierda.

Si analizamos el proyecto que ofrece la extrema derecha, por ejemplo Le Pen o Trump, encontraremos un patrn comn ciertamente general: la promesa de proteccin material a las vctimas de la globalizacin y la crisis. Lo singular es que se dirige nicamente a los sectores nacionales, pues el discurso va acompaado de valores y principios profundamente racistas y nacionalistas, que enfrentan a los pobres en funcin de su identidad tnica. Y han conseguido calar especialmente en los sectores ms empobrecidos y menos cualificados de sus sociedades.

El siguiente grfico, por ejemplo, refleja el perfil socioeconmico de los votantes de cada partido que se present a las elecciones presidenciales francesas de 2002. El eje horizontal describe la actitud econmica (ms izquierda significa ms intervencin estatal, ms derecha significa ms liberalismo) y el eje vertical describe la actitud cultural (ms arriba significa mayor tolerancia cultural y ms abajo significa menos tolerancia cultural). Como se puede observar, el Frente Nacional (FN) era profundamente hostil al multiculturalismo (que es una caracterstica del ultranacionalismo) pero ambiguo en lo econmico. Esto ltimo es algo comn a los nuevos partidos de la extrema derecha europea, que no encajan en el tradicional trade off entre Estado y mercado (no son ni liberales ni socialistas) porque defienden una suerte de capitalismo nacional. Esto consiste bsicamente en combinar liberalismo paternalista interior y proteccionismo exterior, siempre desde el punto de vista de una poblacin nativa que est siendo atacada desde fuera (de ah el dominante euroescepticismo). No es cierto, por lo tanto, que la extrema derecha sea neoliberal, y de hecho es habitual encontrar en sus discursos alusiones a la justicia social, o a lo social en general, siempre referenciadas nicamente para los nacionales.

Lo que me parece relevante es observar cmo la condicin socioeconmica sugiere diferencias notables en ambas actitudes. Por ejemplo, los menos tolerantes son los trabajadores sin cualificacin y los agricultores, pero tampoco destacan por su tolerancia los trabajadores cualificados y los autoempleados. Por el contrario, los ms tolerantes son los directivos, los profesionales tcnicos y los profesionales de la industria sociocultural. Ms significativa es an la actitud segn cualificacin educativa. Como se puede observar, en la lnea discontinua, cuanto mayor cualificacin educativa formal ms propensin hacia la tolerancia cultural (y liberalismo) y cuanto menos cualificacin educativa formal mayor propensin hacia la intolerancia cultural (y proteccionismo). El trabajo y el grfico es de Simon Bornschier en Kriesi, H. (ed) (2008): West european politics in the age of globalization, y cabe anotar que en los aos siguientes a 2002, y especialmente tras el inicio de la crisis de 2008, el Frente Nacional subray an ms en su perfil antiliberal y proteccionista. En suma, parece que existe una relacin entre la intolerancia cultural y la mayor exposicin a la competencia econmica internacional, lo que parece razonable: es ms fcil ser racista cuando ves tu puesto de trabajo peligrar por culpa de otro, el diferente.

Hay que recordar que la globalizacin tiene entre sus vctimas a los trabajadores con menos cualificacin formal, debido entre otras cosas a la fuerte competencia internacional que se ha dado en el mercado laboral mundial y que ha hecho muy poco competitivos a los trabajadores sin cualificacin. Dicho de otro modo, el nivel de cualificacin formal se ha convertido en una gran divisin poltica en las ltimas dcadas porque es una variable que tiende a determinar si ests en el lado de los perdedores o de los ganadores de la globalizacin.

En definitiva, lo que planteo aqu es que efectivamente la extrema derecha ha conseguido llegar a las vctimas de la globalizacin a travs de proyectos polticos que implican promesas de proteccin construidas mediante discursos que llevan a guerras entre pobres (entre los de muy abajo y los de abajo de una sociedad). En poltica un espacio poltico no ocupado por un actor ser ocupado, tarde o temprano, por otro. Esto es insistir en una obviedad: la extrema derecha ha llegado a las clases populares porque la izquierda anticapitalista no lo ha hecho.

Espaa y Portugal son, en gran medida, excepciones a lo que est sucediendo con la extrema derecha en Europa. Pienso que aqu la izquierda s ha sido capaz de construir una suerte de cortafuegos a la extrema-derecha, fundamentalmente a travs del 15-M y las movilizaciones sociales. Existen otras hiptesis, por supuesto. Hace unos das igo Errejn afirmaba que donde no hay fuerzas de izquierda capaces de levantar una idea de patria diferente lo capitaliza Le Pen, Orban o el FPO en Austria. Pero esto, sencillamente, no es cierto. Ni el 15-M ni las movilizaciones sociales previas hicieron alusin directa o indirecta al concepto de patria, y no es fcil determinar qu peso ha tenido ese eje discursivo de Podemos en los aos siguientes. Sin embargo, parece ms probable que los proyectos de denuncia y promesa/esperanza de proteccin ofrecidos por el 15-M y otras movilizaciones hayan sido mucho ms determinantes. Al fin y al cabo, el concepto de patria es complejo porque intuitivamente que no necesariamente- abunda en la divisin tnica. Me explico.

El capitalismo siempre ha lanzado a competir a todos contra todos, y esto que ocurre ahora no es una novedad. Los socialistas del siglo XIX lo saban y por eso entendieron muy bien que una cosa era la clase, entendida como situacin objetiva dentro de las relaciones de produccin, y otra la formacin de clase, que era la forma en la que esas mismas personas se organizaban colectivamente (como sindicatos y partidos). Una de las razones por las que se organizaban colectivamente era porque as se neutralizaba la competicin entre ellos mismos. Por decirlo bruscamente, mediante la organizacin colectiva se construa conciencia de clase. Y el discurso que lo mediaba era un discurso sobre aquello que compartan como colectivo, como clase: su papel antagonista con las clases explotadoras. As fueron surgiendo los sindicatos y los partidos socialistas del siglo XIX. Por eso tambin es tan importante la organizacin en nuestro tiempo, porque sirve para construir un nosotros que evite guerras entre pobres. Pero si uno pretende que el nosotros sea inclusivo, sumando a inmigrantes, los discursos han de construirse sobre elementos comunes y no sobre diferencias. Y el concepto de patria no permite construir con facilidad un nosotros que sume a nativos e inmigrantes, porque adems de las connotaciones histricas especficas del concepto en nuestro pas, los propios inmigrantes ya tienen su patria y probablemente no quieren renunciar a ella. Parece una aventura complicada, y arriesgada en la medida en que fortalece discursos de la diferencia que pueden ser reapropiados por la derecha. Ms sensato parece centrar los discursos que organizan directamente en la precariedad, el desempleo, lo social en general o incluso en identidades colectivas como trabajadores, clases populares o pueblos que son elementos que compartimos nativos e inmigrantes.

Sin embargo, no sera excesivamente optimista y planteara tanto los riesgos como las oportunidades de esta situacin. Por un lado, en Espaa la extrema derecha no existe porque gran parte de su espacio lo ocupa el Partido Popular (que no es una derecha asimilable a la derecha europea cristiana, con una tradicin ms democrtica y menos autoritaria). Y, por otro lado, porque la izquierda an no ha conseguido llegar al conjunto de las clases populares y, lo ms preocupante, a los ms afectados por la crisis. Esa es nuestra tarea y, de hecho, el objetivo poltico que nos hemos marcado en Izquierda Unida. Ser pueblo, estar en el conflicto, canalizar demandas sociales, construir organizacin inclusiva y defender proyectos tico-polticos serios y factibles.


Fuente original: http://www.eldiario.es/tribunaabierta/extrema-derecha-hija-globalizacion_6_594650534.html



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter