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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-12-2016

Libia, sepultada en el crimen y el silencio

Higinio Polo
Topoexpress


No sabemos cuntas personas han muerto en Libia a consecuencia de la brutal intervencin de la OTAN en 2011. Algunas fuentes hablan de unos treinta mil muertos; otras, aumentan esa cifra. Por su parte, la Cruz Roja calcula unos ciento veinte mil muertos, pero no hay duda de que esa guerra que inici la OTAN ha destruido el pas y arrojado a sus seis millones de habitantes a una pesadilla siniestra.

En marzo prximo se cumplirn seis aos del inicio de la matanza: desde buques y aviones, Estados Unidos, Francia y Gran Bretaa lanzaron un diluvio de bombas y de misiles de crucero. Justificaron la guerra y la carnicera con la resolucin 1973 del Consejo de Seguridad de la ONU, que slo hablaba de utilizar las medidas necesarias para proteger a la poblacin civil que estuviera amenazada, y que autoriz una zona de exclusin area, pero no la invasin del pas. No haba autorizacin alguna para iniciar una intervencin militar, ni mucho menos un ataque para derrocar el gobierno. China y Rusia, as como la India y Alemania, se abstuvieron en aquella votacin del Consejo de Seguridad, y, posteriormente, a la vista de la guerra impuesta, tanto Mosc como Pekn denunciaron la abusiva interpretacin que haban hecho Washington, sus aliados europeos y la OTAN de la resolucin del Consejo. Sudfrica, que tambin haba votado a favor de la resolucin, denunci despus el uso desmesurado del acuerdo para forzar un cambio de rgimen y la ocupacin militar del pas.

Fue tal la hipocresa de Washington, Londres y Pars, que sus aviones llegaron a bombardear a la poblacin civil en Bengasi y Misrata, entre otras ciudades libias, matando a centenares de personas, pese a que supuestamente intervenan en su defensa. Previamente, las fuerzas rebeldes fueron entrenadas por instructores militares norteamericanos y de otros pases de la OTAN, al tiempo que les facilitaron armamento sofisticado e informacin, y el Departamento de Estado norteamericano trabaj para crear un Consejo Nacional de Transicin para imponerlo como nuevo gobierno tras la derrota de Gadafi. De hecho, desde antes del inicio de la agresin militar, comandos militares britnicos y norteamericanos (en operaciones aprobadas por Cameron y Obama, violando la legalidad internacional) se haban infiltrado en Libia y llevaban a cabo acciones de sabotaje y asesinatos selectivos. Los militares occidentales llegaron al extremo de utilizar vestimenta similar a los milicianos del bando rebelde, para camuflar su intervencin ante las instituciones internacionales: eran militares de la OTAN, pero nunca reconocieron su condicin, y adiestraron a los rebeldes y lucharon junto a ellos.

Durante el verano de 2011, la OTAN lanz miles de misiones de combate, y envi comandos de operaciones especiales para reforzar los ataques de los rebeldes, armados y apoyados por la alianza occidental. El 20 de octubre, sin fuerzas para resistir, Gadafi huy de Sirte y su convoy fue atacado por aviones norteamericanos y franceses, y, finalmente, fue detenido por destacamentos rebeldes, ayudados por esos comandos de operaciones especiales norteamericanos. Despus, lo asesinaron a sangre fra. Cinco das antes del asesinato de Gadafi, el primer ministro britnico, Cameron, y el presidente francs, Sarkozy, volaron a Libia, a la zona controlada por los rebeldes, mientras los equipos de la CIA norteamericana trabajaban para localizar a Gadafi y asesinarlo. Su muerte fue celebrada por Obama, Cameron y Sarkozy.

Violando la resolucin de la ONU, utilizando de nuevo la guerra como instrumento de su poltica exterior, Estados Unidos y sus aliados consiguieron sus propsitos. Los bombardeos de la OTAN destruyeron aeropuertos, infraestructuras y puertos del pas, centros oficiales, cuarteles, carreteras, y centenares de miles de personas fueron forzadas a huir, segn estimaciones de la ONU, convirtindose en refugiados en su propia tierra. Las reservas y recursos del pas en el extranjero fueron intervenidos por los gobiernos occidentales. Hoy, la economa del pas es apenas una tercera parte de lo que era antes de la intervencin de la OTAN en 2011. Despus, estall la lucha de banderas entre los distintos grupos armados (como ocurri en Afganistn tras el triunfo de los seores de la guerra, apoyados tambin por Estados Unidos); lleg el caos al pas, la devastacin, los milicianos fanticos y bandidos armados que se apoderaron de todo. Libia pas a ser una pesadilla, donde los secuestros, los centros de tortura clandestinos, los asesinatos, las violaciones de mujeres, se han adueado de la vida cotidiana en el infierno; y donde faltan incluso alimentos y medicinas, hasta el punto de que en muchas ciudades, como en Bengasi, los habitantes se ven obligados a comer alimentos podridos y ratas.

A ese paisaje del infierno, se une la destruccin de centros pblicos, de plazas, parques y lugares donde la poblacin acuda antes de la guerra; se aade el robo de propiedades, los fusilamientos y decapitaciones pblicas organizadas por los grupos yihadistas, que han pasado a ser moneda comn de la nueva Libia. Fuentes independientes hablan de centenares de personas, tal vez miles, decapitadas por los destacamentos armados de fanticos milicianos religiosos. Grupos salafistas y yihadistas siguen controlando importantes reas del territorio, y, aunque Washington intent levantar un decorado democrtico, en las elecciones de junio de 2014, sobre un censo de tres millones y medio de personas, apenas vot el 18 % de la poblacin. Muchas ciudades han quedado convertidas en ruinas, y las minas antipersona son un peligro mortal para los supervivientes.

Varios centenares de grupos armados, enfrentados entre s, pugnan por el control del territorio y de la riqueza del pas, junto a las mafias que trafican con personas, que condenan a trabajos forzados a emigrantes, que matan con total impunidad, mientras dos gobiernos y dos parlamentos, en Trpoli y en Tobruk, (ste, apoyado entonces por la OTAN), intentaban derrotar al adversario y obtener el reconocimiento exterior. Para salir del caos, los gobiernos occidentales impulsaron el llamado gobierno de unidad nacional, que se cre en Marruecos en diciembre de 2015, presidido por Fayez al-Sarraj, aunque sigue sin establecer su autoridad en todo el pas, e incluso es incapaz de controlar Trpoli, donde existen varias decenas de milicias armadas cuya agenda se centra en apoderarse del petrleo para exportarlo, en extorsionar a la poblacin, a los inmigrantes y en traficar con personas. En otras importantes ciudades libias, como Sirte, Misrata, Tobruk, ocurre lo mismo. A su vez, el general Jalifa Haftar controla ahora Tobruk, con ayuda militar y financiera de Egipto y Emiratos rabes Unidos. Haftar es un militar libio que, tras romper con Gadafi, fue trasladado por la CIA a Estados Unidos, en los aos noventa, para, posteriormente, encabezar la milicia armada que financi la agencia norteamericana. A ellos hay que aadir las fuerzas controladas por Daesh, el autodenominado Estado Islmico, que cuenta con importantes connivencias en las monarquas del golfo Prsico.

En ese caos infernal, Washington sigue enviando grupos de operaciones especiales (como el que lleg en diciembre de 2015 a la base militar de Al-Watiya, en el distrito de An Nuqat al Khams, junto a la frontera tunecina, comando que fue bloqueado por grupos armados y obligado despus a salir del pas), y utiliza su aviacin para bombardear a milicias que no son de su agrado, mientras apoya al gobierno de Fayez al-Sarraj, aunque sigue contando con la baza de Haftar, viejo empleado de la CIA. En la prctica, las distintas milicias se bloquean entre s, y el caos es tal que no existe un bando capaz de imponerse a los dems. Estados Unidos intenta estabilizar la situacin, a travs del gobierno de Fayez al-Sarraj, aunque no desdeara apoyar a un gobierno de Haftar si consiguiera imponerse en la mayor parte del pas: quiere contar con un gobierno cliente que asegure sus intereses, y el Departamento de Estado es capaz de hacer presentable a cualquier gobierno de bandidos.

Estados Unidos y sus aliados europeos (Gran Bretaa, Francia) responsables de la tragedia del pas, estn interesados en cuestiones diferentes: Bruselas intenta contener la llegada de emigrantes desde Libia, que algunas fuentes calculan en 150.000 anuales, asunto que preocupa especialmente a Alemania; Washington pretende controlar a Daesh (con quien contemporiza en Siria, donde, de facto, es visto como un aliado en la guerra para derribar al gobierno de Damasco), desactivar los centenares de milicias, y recuperar la produccin de petrleo. A su vez, el enviado especial de la ONU para Libia, Martin Kobler, intenta, sin fortuna, mediar en el caos.

Mientras tanto, las televisiones y la gran prensa internacional dejaron hace tiempo de mostrar inters por Libia, siguiendo un guin utilizado muchas veces con xito. Libia, convertida en un estado fallido, con presencia de Daesh (que acaba de perder Sirte), donde todos los grupos y milicias cometen crmenes de guerra ante la indiferencia occidental, es hoy un pas del que ninguna potencia de la OTAN se hace responsable, aunque la tercera parte de la poblacin necesite ayuda alimentaria urgente, aunque los libios tengan que comer ratas y beber aguas pestilentes, aunque se vean obligados a contemplar constantes asesinatos y decapitaciones, aunque all la vida no valga nada, y las cancilleras sean conscientes de que los libios han sido condenados a vivir en un infierno.

Fuente: http://www.elviejotopo.com/topoexpress/libia-sepultada/

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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