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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-12-2016

Dos activistas vascas detenidas en Grecia cuando intentaban trasladar a un grupo de refugiados

Hibai Arbide Aza
Pkara


La noche del 27 al 28 de diciembre, dos activistas vascas han sido detenidas en el puerto de Igoumenitsa (norte de Grecia) cuando intentaban acceder a un ferry con destino Italia en compaa de 8 refugiados que iban en un compartimento oculto de una autocaravana. Entre las refugiadas iba Natasha, una chica trans que ha sufrido varias agresiones por serlo y diversos jvenes de nacionalidad siria, afgana e iran. El viaje se enmarca en una campaa de desobediencia civil financiada por varios colectivos de Euskal Herria.

Estoy en un bar junto al puerto de Igoumenitsa. Faltan dos horas cuarenta y cinco minutos para que la autocaravana entre en l. Estoy solo. En la autocaravana viajan Mikel Zuloaga, Begoa Huarte y ocho refugiados. Bego y Mikel han venido a Grecia para ayudarles a pasar la frontera. El dinero lo han puesto diferentes colectivos y personas solidarias. Van a intentar llegar desde Grecia al Pas Vasco. Abro el ordenador y empiezo a redactar este texto para matar el rato y los nervios. Tengo muchas ganas de que salga bien. Quiero contar en primera persona que es posible cruzar ilegalmente un montn de fronteras.

Mikel y Bego no slo estn convencidos de hacerlo sino que quieren que sea una accin pblica. Las pertenencias personales de los viajeros no van con ellos para que, en un eventual registro del vehculo, la polica no sospeche cunta gente viaja en l. A la hora convenida voy a verles pasar. Estar cerca de ellas sin comunicarnos en ningn momento. Si todo va bien, avisar a la gente que les espera de que no ha habido problemas. Tengo una lista de las personas a las que tengo que avisar si les detienen: amigas, abogada, colectivos y partidos que van a apoyar, prensa. Bego y Mikel han grabado un vdeo explicando los motivos y reivindicando el viaje como un ejercicio de desobediencia civil que ser enviado a las teles si son arrestadas. Todo saldr bien, me digo mientras pido otra cerveza. Vamos.

La preparacin

Entre las personas que van a viajar hay una chica afgana embarazada de seis meses. Tambin est Natasha, una mujer trans que, por serlo, ha sufrido todo tipo de vejaciones en el viaje desde que hace casi un ao parti de Pakistn. Jvenes de Siria, Irak, Afganistn, Irn. Hablan diferentes lenguas pero debern estar muchas horas apretados en absoluto silencio. Son unos pocos de los 62.784 refugiados que no pueden salir de Grecia desde que la Unin Europea decidiera cerrar la Ruta de los Balcanes el pasado febrero. Estn hartas de esperar en campos de refugiados a que la Unin Europea cumpla sus compromisos de reubicacin. Hartos de esperar a que Europa respete el derecho internacional y d proteccin a quien escapa de las guerras.

Estn en una casa repasando el plan. Si hay dudas hay que plantearlas ahora. Maana todo tiene que estar claro. Sobre un mapa se sealan los puntos rojos -los lugares que, a priori, parecen ms peligrosos-. Debido a los ltimos atentados y al Estado De Emergencia en Francia, en Europa cada vez hay ms controles fronterizos. Van a ir por carretera hasta Igoumenitsa, all en un ferry hasta Brindisi y desde all por carretera hasta cerca de Bilbao. Un coche va a hacer de lanzadera, ir varios kilmetros por delante del grupo para avisar de si hay controles policiales.

Los refugiados no tienen muy claro dnde queda el Pas Vasco; la mayora quiere ir a Alemania. Estn contentas porque, al menos, saldrn por fin de Grecia. Tengo ganas de conocer sus historias. De preguntarles por qu estn aqu, cmo imaginan su futuro, si tienen miedo del viaje. Me gustara saber qu piensan de las solidarias que se arriesgan a penas muy altas de crcel por ayudarles de manera desinteresada. No hay tiempo para eso; deben repasar otra vez los detalles del viaje. Les piden por favor que, si les detienen, le digan a la polica del pas que sea que nadie est haciendo esto por dinero.

Les muestran el cubculo donde van a estar mientras cruzan los puntos rojos. Han habilitado la bodega de la autocaravana con colchones y la han tapado para que no parezca una bodega. Tiene dos metros de ancho por metro treinta de largo. Una ventanita con una rejilla para que entre bien el aire. La chica embarazada no lo ve claro. Pide disculpas y se retira del plan junto a su marido. Uno de los chicos comienza a sudar y a temblar en cuanto entra. Tiene claustrofobia, lo va a pasar realmente mal. Decide no viajar. Hay tres candidatos para ocupar sus puestos; hay que informarles del plan rpidamente. Salen en pocas horas.

Hace unos meses, Mikel me dijo que estaba cansado de esperar a que las declaraciones se conviertan en realidad. Los ayuntamientos, organizaciones, partidos y colectivos que decimos refugees welcome tenemos que pasar a la accin, sentenci, ya hay mucha gente que est ayudando a gente a pasar las fronteras pero yo creo que hay que hacerlo a mayor escala y pblico. Si los Estados no respetan los Derechos Humanos, la desobediencia civil para garantizaros no slo es legtima sino totalmente necesaria.

Me pregunta si lo veo factible. Si quieres te cuento los detalles, dice. Prefiero no saberlos. Prefiero que los sepan slo las personas que lo van a hacer.

Me pregunto a m mismo si me atrevera. Me da un poco de miedo. Me acuerdo de Ahmad Belal, que a sus doce aos nos cont la paliza que le dieron a sus padres y sus amigos cuando intentaron, sin xito, entrar en la Antigua Repblica Yugoslava de Macedonia (ARYM). Me acuerdo de Tahir, que en el campo de refugiados de Subtica, en Serbia, nos explicaba la cantidad de veces que ha intentado saltar la valla de Hungra; la misma cantidad de veces que la polica hngara le ha lanzado a sus perros y le ha hostiado para que se le quiten las ganas de volver. Me acuerdo de Juhina, que llorando tras ser desalojada de Idomeni nos deca no hemos escapado de la guerra en Siria y venido a Europa para vivir en un campamento, slo queremos una vida normal. Recuerdo los miles de euros que piden por viajar desde Grecia a Italia en barco en condiciones peores. Llevo ms de un ao viendo y relatando la situacin de los refugiados en Grecia. Siento la necesidad de hacer algo ms. Creo que s lo hara.

La detencin

Estoy en la cola para subir al ferry. Una seora rumana muy simptica me pregunta a qu hora llegar el barco. Charlamos un rato en italiano. Me cuenta que vive en Brindisi desde hace trece aos y que, igual que un montn de rumanos y blgaros, trabaja en la agricultura. En la cola slo se oye rumano, blgaro y serbio. Nada de griego ni italiano. Falta menos de media hora para la hora de partida y la autocaravana no est en la cola. In tanto arriva la nave io mi faccio un giretto le digo a mi nueva amiga. Junto a la entrada veo la autocaravana parada con un montn de policas de paisano alrededor. No puede ser. Me acerco mientras hablo por telfono, como si hablar por telfono me hiciera invisible para la polica. Estpidos nervios. Son ellas, no hay duda. Los secretas custodian al grupo de refugiados. Dos polis con uniforme de camuflaje y metralleta vigilan a Bego y Mikel. No quiero creer lo que veo. Me acerco un poco ms, veo a Natasha salir la ltima de la furgoneta. No hay duda. Les han detenido a todas.

No me subo al barco. Llamo a un amigo que conoce a una abogada en Igoumenitsa. Menos mal que est despierta. Viene a buscarme. Estoy tan nervioso que me cuesta entender el griego. Vamos a la comisara del puerto. Aviso a las compaeras de Mikel y Bego que no se pueden creer lo que les digo. No s si estn ms tristes o cabreadas. En la comisara, los policas amenazan con detenerme a m tambin. La abogada pregunta bajo qu acusacin y con qu pruebas. Falsa alarma.

Bego y Mikel estn serenos. Incluso sonren cuando nos ven. La abogada les prepara para lo peor. Van a ser acusados de trfico de seres humanos, un delito castigado con penas de prisin muy altas en Grecia. Puede que el juez dicte orden de prisin provisional aduciendo que hay riesgo de fuga porque no son griegos. Es probable que haya condena porque las pruebas son abrumadoras.

Mikel y Bego escuchan lo que dice la abogada con toda tranquilidad. No somos traficantes. No hacemos esto por dinero. Lo hacemos porque los Estados de la Unin Europea no respetan los Derechos Humanos. Nuestra motivacin es poltica. No tenemos miedo y estamos dispuestos a asumir las consecuencias de un acto que nos parece absolutamente legtimo. Le vamos a decir eso al juez dicen con absoluta calma.

La abogada dice que los refugiados no han cometido ningn delito y lo ms probable es que vuelvan a Atenas tras pasar 24 horas en el calabozo. Eso nos tranquiliza a todas. Son los verdaderos protagonistas de esta situacin.

Antes de irme, Mikel me recuerda algo que ya habamos hablado antes. Deja claro que no somos hroes. Somos personas normales que hacen -o intentan hacer- lo que est a su alcance ante una injusticia evidente. Lo nico que me da miedo de verdad es hacer el notas insiste no queremos ningn show, ningn recibimiento en el aeropuerto cuando lleguemos ni nada as. Lo nico que queremos es que, de una santa vez, empecemos a desobedecer de manera masiva estas fronteras criminales.

ACTUALIZACIN: Seis de las ocho refugiadas detenidas -entre ellas Natasha- han sido puestas en libertad a primera hora de la maana. Los otros dos refugiados estn tramitando su peticin de asilo en Grecia, por lo que la detencin se alargar unas horas ms. La fiscala considera que los refugiados no han cometido ningn delito. Bego y Mikel pasarn a disposicin judicial a lo largo del da 28 de diciembre.

ACTUALIZACIN: Video en el que reivindican el viaje como un ejercicio de desobediencia civil.

Fuente: http://www.pikaramagazine.com/2016/12/dos-activistas-vascas-detenidas-en-grecia-cuando-intentaban-trasladar-a-un-grupo-de-refugiados-desde-grecia/#sthash.13o5bYBJ.dpuf


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