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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-12-2016

Los milagros de Ftima Bez

Joaqun Arriola
Deia


Uno de los mayores logros del programa neoliberal vigente desde los aos 80 es haber expulsado a la clase obrera del espacio de la representacin poltica socialmente inteligible y haber transfigurado la cuestin social. Esta ha pasado de ser un asunto que versaba sobre salarios, convenios y derechos laborales a convertirse en un asunto de rentas, transferencias sociales y derechos humanos que, al parecer, no eran la cuestin de los obreros y sus cosas.

Esta evolucin ha sido necesaria para lograr insertar los salarios en un lugar privilegiado entre las variables econmicas que navegan segn les da el viento, que en jerga econmica se traduce como adaptndose al ciclo econmico. Una flexibilidad salarial afanosamente buscada por quienes buscan con ello hacer cada vez ms rgida la nmesis de los salarios, que no son otra cosa que los beneficios (por mucho que los economistas formados en la tradicin del dogma ortodoxo sigan empecinados en que su contraparte inversa son los precios).

La ministra Ftima Bez es un buen ejemplar de poltico curtido en la nueva ola del contrato social posneoliberal, que no es otro que el preliberal, es decir, el que vincula las ganancias con las ayudas a los pobres y no con los salarios y que tiene como modelo social al rico Epuln y al pobre Lzaro, solo que de nuevo, con la ayuda de la jerigonza econmica, se habla de curva de Laffer y otras zarandajas para convencernos de que la suerte del asalariado depende de lo llena que est la bolsa del propietario.

Ftima Bez dirige un ministerio en el que el trabajo ha sido sustituido por el empleo. Y no es balad el cambio de denominacin: la ministra, participando de una cultura muy hispana, muy hidalga y muy pepera, tiene un profundo, enorme, jesutico, desprecio por el mundo del trabajo manual, asalariado. Por eso dedica la mayor parte de sus esfuerzos a promover cosas como el autoempleo, la economa social (como si acaso hubiera otra asocial) y cree que la solucin al problema del paro est en que cada parado reciba un cursillo exprs de empresario y se lo monte por su cuenta. Ni siquiera le llama la atencin el hecho de que en Espaa haya tantas empresas como en Alemania, pero menos de la mitad de ocupados. Tampoco parece llamarle la atencin que los pases con menor tasas de paro sean tambin los que precisan un menor nmero de empresas para dar trabajo a su poblacin: Suiza solo necesita tres empresas por cada cien ocupados; en Gran Bretaa o Alemania solo hacen falta seis empresas para dar empleo a cien personas; en Dinamarca, Finlandia o Austria, ocho; en Francia, ms dados a tener bares y cafs en todos los pueblos y barrios -una costumbre que llena de empresas las estadsticas- les basta con once empresas por cada cien empleados. Con la excepcin de Blgica y de Suecia, con catorce empresas por cada cien empleados, son precisamente los pases con mayores tasas de paro los que tienen un mayor nmero de empresas: Grecia, 17 por cada cien ocupados; Italia, quince, y Espaa, doce.

La ministra ha puesto todo su empeo en abaratar los costes de los chiringuitos empresariales y tambin, por supuesto, de las grandes empresas. En primer lugar por la va directa: el objetivo de las reformas laborales ha sido, es y ser reducir los costes salariales para aumentar los mrgenes de beneficio. En esto hay que reconocer que, a pesar de las apariencias, pues ha sido la reforma de la ministra Bez la que ha hecho desaparecer de facto la negociacin colectiva, por ahora est teniendo en este asunto un resultado ms parecido al de la reforma del Estatuto de los Trabajadores y los pactos sociales de la poca de Felipe Gonzlez y sus ministros de trabajo Almunia y Chvez, que inauguraron la primera dcada de salarios planos desde el inicio del milagro econmico espaol en pleno franquismo. La dinmica salarial que inaugura el gobierno del PP con su reforma laboral es muy similar, pues desde el gran batacazo de 2009 los salarios reales se han mantenido estables en Espaa. Hasta podramos decir que es una gestin muy socialdemcrata si la comparamos con la que se dio durante el periodo de Aznar, pues desde Javier Arenas a Zaplana los ministros del ramo se aplicaron con mucha mayor enjundia a esto de reducir salarios y lograron entre 1993 y 2006 un ciclo de reduccin de salarios reales del nivel ms elevado de la historia al equivalente al que haba en 1979. Por eso podemos pensar que quiz sea la aparente tibieza de los actuales gestores lo que ha llevado al ex presidente Aznar a apartarlos de su corazn.

Ms dada a aplanar que a socavar, una de las medidas estrella de esta ministra para reducir costes salariales son las tarifas planas a la Seguridad Social. Poco importa que con ello haya necesitado estrellar contra la pared la hucha de la Seguridad Social, y tirar del ahorro para pagar pensiones, es decir gasto corriente, una de las costumbre ms nefastas del tinglado empresarial hispano y causa de la ruina de todo proyecto empresarial a largo plazo. Contra lo que afirma una y otra vez, la garanta de las pensiones no es el empleo, sino los salarios: si el empleo aumenta, pero los pensionistas lo hacen ms rpido, solo el aumento de los salarios, y por tanto de las cotizaciones, puede compensar la diferencia para garantizar las pensiones. Desde que el PP lleg al gobierno en 2011, las personas de ms de 65 aos han aumentado en 645.000; pero los ocupados son 70.000 menos que entonces y en trminos de empleos a tiempo completo, 328.000 menos. Es decir, si los ancianos han aumentado un 8% y los ocupados a tiempo completo son un 2% menos, la remuneracin del trabajo tendra que haber aumentado un 10% para mantener la misma relacin entre ingresos y gastos. Sin embargo, en 2016 las rentas del trabajo, 613.000 millones de euros, son solo dos mil millones ms que en 2011 y han disminuido en trminos reales (es decir descontada la inflacin) un 1% desde entonces. En estas condiciones solo hay dos salidas: o reducir las pensiones o aumentar las cotizaciones, es decir, las rentas del trabajo.

Ahora quieren resolver el desaguisado haciendo que una parte de los impuestos sufrague las prestaciones que la recaudacin no es capaz de cubrir. Pero no se contempla establecer por ejemplo un impuesto especial a las ganancias o al patrimonio para que los beneficiados reales de las tarifas planas aporten por las cuotas que no se han ingresado; nada de eso. La ministra, fiel a su tradicin de escuela de negocios, podr llegar a lo sumo a aceptar que sea el presupuesto general el que sufrague parte de las pensiones, pero sealando muy bien cuales y durante cunto tiempo.

Con ello logra un doble objetivo: que sean los impuestos pagados por los trabajadores que cotizan IVA e IRPF los que compensen las cotizaciones de los trabajadores que reducen su contribucin gracias a la tarifa plana. Como siempre, un sistema de solidaridad entre trabajadores que no se presenta como tal, sino como el resultado de los milagros de Ftima Bez para salvar la Seguridad Social de la ruina. Por otro lado, al sacar las pensiones de viudas y hurfanos del sistema de reparto vinculado a las cotizaciones obligatorias, se insertan las transferencias hacia estas personas en el discurso de la beneficencia social, tan del gusto del pensamiento reaccionario que personifica la ministra. Lo llamativo es que algunos sindicatos, hurfanos de padre y madre, incluso de ideologa para tiempo de quebrantos, aplaudan y promuevan este tipo de solucin fiscal al problema de ingresos de la Seguridad Social, creado por la poltica salarial -diz que de empleo- del propio gobierno.

Fuente: http://www.deia.com/2016/12/27/opinion/tribuna-abierta/los-milagros-de-fatima-banez



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