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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-12-2016

Violencia, pobreza poltica y cultural en la vida cotidiana en Mxico

Ramiro Hernndez Romero
Rebelin


Entre los historiadores se ha debatido la cuestin del acontecimiento. Desde la primera corriente de la historia "profesional" que legitim el proceso de los estados nacionales en el siglo XIX, hasta las nuevas corrientes que dominan en el discurso historiogrfico hoy en da. En nuestros das existen muchas corrientes historiogrficas que los historiadores intentan dar constancia de nuestro pasado, nuestro presente, y algunas otras veces con la intensin de transformar la realidad y ver otro futuro. El positivismo, la escuela de Annales, el marxismo, por otro lado, o producto de aquellas, la nueva historia, la historia serial, historia de las mentalidades, etc., conforman un conglomerado de perspectivas. Entre los historiadores se debate para comprender lo que consideran el acontecimiento. Cada uno se posiciona para plasmar su visin y analizar la realidad histrica, que en el fondo tiene una carga ideolgica que define su posicin social, su clase, sus privilegios, etc. Sin embargo, para ser ms realistas y lejos de verlo desde un anlisis academicista que muchas veces analizan y escriben desde su torre de marfil, debemos analizarlo desde una perspectiva real y concreta. Lo que nos lleva entonces plantearnos la pregunta qu es el acontecimiento y cmo se puede observar en un momento de gran controversia social, poltica, econmica y cultural que atraviesa las relaciones sociales en Mxico de nuestros das?

El acontecimiento, desde mi punto de vista, es un punto de observacin para captar las manifestaciones sociales en el tiempo, las cuales estn entrelazadas con otros elementos que los sobrepasan. La complejidad en que se manifiestan las relaciones sociales dificulta en mayor medida para captarlas, pero se consigue abrir alguna de sus relaciones para mirar el elemento que nos permita comprender o acercarnos a esas relaciones mltiples interconectadas y tan complejas. Debe aclararse que la historia no es aquella que vive en el pasado y es ajena a nuestra realidad actual, por el contrario, nuestro presente est lleno de ese pasado, que nos marc, nos sigue y nos seguir marcando. El presente es el pasado y es posible cambiarlo con el fin de encontrar un mejor futuro. La relacin pasado-presente-futuro son parte de nuestras relaciones cotidianas. No obstante que en el presente es posible modificar la realidad, desde su mnima expresin hasta la mxima. La reflexin constante de nuestra realidad es posible, modificarla es posible, con el contacto real-constante de la vida cotidiana que nos afecta. Ante esto debemos ver cules son las relaciones cotidianas que influyen y nos afecta en nuestra vida diaria. De dnde vienen, cul es el propsito, por qu la estamos viviendo. En todos aspectos vivimos relaciones sociales que dejan poco para reflexionar. Las cuales estn muy bien estructuradas por quienes dominan y controlan el mundo de la produccin econmico, social y cultural capitalista.

Podramos hablar, en ese sentido, de un slo aspecto que mantienen dichas relaciones y comprender el acontecimiento desde algunas manifestaciones sociales que ocurren en nuestro pas: la violencia y el empobrecimiento. La violencia se mide desde diversos ngulos y perspectivas. Porque son varios tipos de violencia: la violencia poltica hasta la cultural, pasando por la econmica. Todas estas dirigidas por sectores conservadores. No hablamos de la violencia revolucionaria, aunque es muy importante pues cumple un papel fundacional para librase de la violencia conservadora y reaccionaria que tiene el fin de controlarnos socialmente, sino de la violencia pobre y mediocre que reproducimos a diario a la que nos ha empujado los grupos dominantes debido a las relaciones estrechas que tiene con la estructura social capitalista. Y a la que nos han inducido a reproducir. A esta hay que mirarla con cuidado y encontrar los elementos que le dan funcin para intentar despojarse definitivamente. Sin darse cuenta y hacer conciencia de la violencia mediocre y conservadora, no es posible pasar a un mejor estado de violencia revolucionaria poltica, econmica y cultural. sta es el arma de lucha para salir del atolladero violento conservador.

Los aspectos que nos afectan a diario en Mxico, por lo menos a la gran mayora de la poblacin, es la violencia y el empobrecimiento poltico. El empobrecimiento, que es en gran parte de la violencia estructural, no es parte de nuestras decisiones. No incidimos polticamente en la sociedad para transformarla. Es la conformacin de la sociedad a la cual nos sumerge por decisiones de los grupos sociales, polticos, econmicos, culturales dominantes que nos hunden da con da en la miseria. La violencia conservadora que reproducimos tiene un propsito: el mantenimiento de un tipo de orden social, que est planificado por los grandes poderes que dirigen el mundo.

El Mxico en los ltimos aos, meses y das las relaciones se han vuelto cada ms empobrecidas y violentas, se han profundizado en cada una de las personas y los colectivos, desde la ms mnima hasta la mxima. Individualizndolas y cosificndolas. Las cuales estn atravesadas por un sin fin de problemticas propias de unas condiciones cada vez ms en declive. El problema se debe ubicar en varios elementos que estn relacionados. Uno es la violencia y el otro el empobrecimiento. La violencia no se puede ver sin el empobrecimiento material de la poblacin. La pobreza poltica, que consiste en poca participacin en las decisiones sociales, est ligada con la pobreza material. Son sntomas de una misma expresin. En los ltimos aos el empobrecimiento se ha elevado a niveles extremos e impresionantes. En Mxico, segn la nota de Telesur publicada el da 27 de diciembre, la pobreza pas de 44,3 a 46, 2 entre 2009 y 2010.

La violencia es motivada por la desigualdad social creada por la estructura de la sociedad capitalista. Lo que se llama en la sociedad capitalista empleo, que no es la base del capitalismo neoliberal en Mxico, porque no le importa emplear, ha llevado a la poblacin a arrebatarle lo poco que le queda al compaero o compaera de clase. Adems tambin que la secuestra, la asesina, para con ello obtener ingresos para mal vivir o sobrevivir.

En los municipios de Chicoloapan, Chimalhuacn y Texcoco en el Estado de Mxico aparecen casos de asesinatos por asalto, por intento de secuestro, robo de nios, que muchas veces son para trfico o extraccin de rganos. Los asaltos se vuelven cotidianos en las bases de transporte pblico. Por ejemplo el da 15 septiembre del presente ao, un grupo de tres personas despojaron a los pasajeros que se preparaba abordar el transporte con destino a sus lugares de trabajo a las cinco de la maana. El da siguiente, en otra base, se present otro caso. Muchos de los que el sistema llama asaltantes o delincuentes, lo hacen con extrema violencia y con el uso armas de fuego de alto calibre para someter psicolgicamente a sus vctimas. Otro caso, en das previos se encontr a dos personas en el municipio de Chimalhuacn que fueron asesinadas. El padre y el hijo intentaban vender su camioneta por internet, pero los compradores resultaron ser asaltantes y secuestradores, y al final cuentas los asesinaron. Un familiar, Jos Ceferino, constantemente es asaltado, con el fin de quitarle uno de los instrumentos chatarra que invadido a la poblacin: el telfono celular. Las personas no solo estn alienadas por la violencia que usan para quitarle sus pertenencias a otras personas, sino tambin de la dependencia de un aparato chatarra (los telfonos celulares). Muchas veces a las personas que les quitan sus pertenencias son asesinadas por no dejarse despojar de objetos como estos. La gran mayora de los asaltantes venden estas chatarras para poder vivir da a da. Sin embargo tambin sucede que estos son asesinados al intentar despojar a los compaeros de clase. La violencia se torna un crculo vicioso que lo pagamos nosotros, los explotados por el sistema.

La clase dominante nos ha situado en un estado de violencia permanente. La violencia es producida y reproducida por nuestros mismos compaeros de clase, que no est dirigida hacia la clase dominante quien es la que nos empuja, sino que es contra nuestros mismos. Por qu se da entre nosotros? En primer lugar porque para quien lo hace, le resulta inmediato, la nica salida rpida posible para sobrevivir. En segundo lugar, la ignorancia a la que nos ha situado la clase dominante, nos impide mirar a fondo el problema, nuestro estado deplorable. Y lo queremos intentar de manera superficial e inmediata. En tercer lugar, la poblacin, sin conciencia y conocimientos previos para hacer frente a la violencia, se le suma la violencia simblica motivada por los llamados medios de comunicacin dominantes, que reproduce la misma violencia en su vida cotidiana.

La violencia conservadora ha sido efectiva para el control social. Hemos sido controlados por la violencia que a diario aplicamos a nuestros miembros. Entonces debemos prestar atencin a ese punto de observacin histrica para captar lo que nos acontece. Mirar al enemigo en dnde, cmo y por qu se manifiesta. Fijar bien cmo est estructurado poltica, econmica y culturalmente. Mirar desde las grandes corporaciones hasta sus empleados que integran las ONGs, las fundaciones, etc. Mirar lo que hacemos a diario para darnos cuenta que no somos nosotros sino producto de dominadores para intentar cambiarlo a toda costa.

Este es el acontecimiento al que haca alusin al principio. Un acontecimiento histrico que se ha manifestado desde que la clase popular y explotada naci como producto de las relaciones sociales, polticas, econmicas y culturales capitalistas. La violencia que reproducimos no es nueva. Si se observa detenidamente, la hemos aplicado desde hace mucho tiempo. Nos obstante que la violencia y empobrecimiento se ha presentado teniendo cambios en el tiempo. Nuestro pasado es nuestro presente, pero hace falta darle otro rumbo a la historia.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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